Este libro es para ti si no quieres volver a perder el sueño a causa del dinero;
quieres tener el control de tu futuro económico; estás cansada de buscar un
príncipe azul millonario; exiges independencia verdadera. Este libro es para
toda mujer que se empeñe en ser económicamente independiente.
Kim Kiyosaki
Mujer millonaria
ePub r1.0
Titivillus 21-11-2019
Título original: Rich Woman: A Book on Investing for Women - Because I Hate
Being Told What to Do!
Kim Kiyosaki, 2006
Traducción: María Andrea Giovine
Editor digital: Titivillus
ePub base r2.1
Dedico este libro a mi mamá y a mi papá,
Winnie y Bill Meyer.
Prólogo
Por Robert Kiyosaki
Hay un refrán que dice: «Detrás de un hombre exitoso siempre hay una gran
mujer». En mi caso, esto es definitivamente cierto. Yo no habría alcanzado el
éxito de no ser por mi esposa Kim. A veces me pregunto dónde estaría sin
ella.
Obviamente, cuando conocí a Kim fue su belleza exterior lo que me
atrajo. Pero en nuestra primera cita comprendí que no sólo era una cara
bonita. Tenía cerebro. Era muy inteligente. Conforme nos fuimos
conociendo, descubrí que era mucho más hermosa interior que exteriormente
y fue entonces cuando me enamoré. Si las almas gemelas existen, creo que he
encontrado la mía.
No obstante, fue en los momentos difíciles cuando descubrí que Kim
tenía una estructura interna sólida, una fuerza interior que nos sacó adelante
en algunos momentos duros que enfrentamos y dudo haber podido salir
adelante sin ella. Hubo muchas veces en que estuvimos sin dinero, sin techo,
sin transporte, y ella me abrazaba y me dejaba llorar como un niño. Ella fue
la valiente, la columna vertebral; nunca perdió la fe en mí, aunque yo sí la
había perdido.
Como la mayoría de las parejas, hemos tenido nuestras discusiones y
nuestros desacuerdos. Definitivamente no vivimos una vida como la de Ozzie
y Harriet. Sin embargo, una de las mejores cosas de los tiempos difíciles, los
altibajos y los errores es que de mi amor por Kim surgió el respeto. Ella es
dueña de sí misma. No necesita de mí para cuidarse. Es moderna, actual,
divertida, rica, amable, amorosa, bellísima e independiente.
Cuando jugamos golf, ella comienza la ronda desde el tee de los hombres.
No pide ni espera ventaja por ser mujer. Y, por desgracia, a menudo me
supera y consigue mejores marcadores que yo. Gracias a Dios no me echa en
cara sus victorias.
Al conocernos, lo único que yo tenía era un montón de deudas, una
tonelada de errores, excelentes lecciones de vida y un sueño. Ella estaba
dispuesta a compartir su vida conmigo, aunque yo no tenía nada para
convertir en realidad esos sueños. Hoy ambos hemos superado por mucho
esos primeros sueños y estamos viviendo otros más allá de nuestra
imaginación más alocada.
Sé que no fue mi dinero por lo que se casó conmigo porque cuando nos
conocimos yo no lo tenía. En cuanto a inversiones, sólo le enseñé lo que mi
padre rico me había enseñado. Abordó las inversiones como pez en el agua.
Hoy ella es mucho mejor inversionista que yo y cierra negocios mayores de
los que yo he hecho en mi vida. Es una mujer que se ha formado sola. Una
mujer millonaria.
Por eso estoy muy orgulloso de escribir este prólogo para el primero de
sus muchos libros. Ella es mi idea de un modelo a seguir para la mujer
moderna: divertida, amorosa, amable, hermosa, independiente, inteligente y
millonaria. En lo que respecta al dinero y la inversión, sabe de qué habla. La
he visto convertirse de una joven que no sabía nada sobre el tema, en una
mujer millonaria, una autoridad en la materia. Kim practica lo que predica.
Con gran placer escribo este prólogo para mi mejor amiga, socia de negocios
y esposa: Kim.
Prólogo
Por Sharon Lechter
Kim ha sido mi amiga y socia de negocios durante más de diez años. Me
siento honrada de que me haya pedido escribir este prólogo y agradezco la
oportunidad de compartir con Kim mi experiencia y su pasión.
Muchas personas de inmediato piensan que para Kim es fácil invertir
porque es la esposa de Robert. A menudo escuchamos la afirmación: «¡Para ti
es fácil decirlo!». Pero estar casada con alguien tan famoso y carismático en
realidad dificulta ser independiente y exitosa por cuenta propia. Kim ha
estado al lado de Robert y han viajado por el mundo aleccionando a millones
de personas sobre dinero e inversiones durante más de veinte años. Durante
ese tiempo, también desarrolló su propio plan de inversiones y, en el proceso,
construyó un imperio de bienes raíces multimillonario.
Con honestidad puedo decir que Kim es una mujer intensamente
independiente y que su pasión por ayudar a otras mujeres a obtener su
independencia financiera se encuentra en el centro de su espíritu. Habría sido
fácil que Kim disfrutara de la «buena vida» con el éxito de nuestra empresa y
de sus demás inversiones. En cambio, una vez que ya ha alcanzado su propia
independencia financiera, dedica sus esfuerzos a animar a otras mujeres a
obtener control sobre sus finanzas.
Cuando iniciamos The Rich Dad Company, Robert, Kim y yo sabíamos
que la mejor forma de construir la marca Rich Dad era apoyarnos en Robert
como el portavoz de la misma. Él fue, es y seguirá siendo la «celebridad» y el
exitoso autor de ventas detrás de la compañía. Tanto Kim como yo elegimos
apoyarlo «al margen» para construir la empresa y elevarla hasta donde está.
Con más de 23 títulos de la serie Padre Rico en más de 45 lenguas, ventas de
productos en 96 países y Padre rico, padre pobre en la lista del New York
Times durante más de cinco años, sentimos que era momento de fijar nuevas
metas para nuestra compañía y nosotros mismos.
En el último año, Robert nos dijo a Kim y a mí muchas veces: «Gracias a
las dos. Me han ayudado a alcanzar mis sueños, ahora es su turno. Es tiempo
de enfocarnos en lo que apasiona a cada una de ustedes». La serie Mujer
millonaria se lanza con este libro sobre mujeres e inversión; y Kim y yo
planeamos expandirnos hacia esos temas con otros libros. Este mismo año
lanzaremos la serie Familia rica con un libro que estoy escribiendo.
La pasión de Kim es animar a todas las mujeres a volverse independientes
a nivel financiero. La mía es ayudar a los padres a educar a sus hijos de
manera que todos los niños sean capaces no sólo de sobrevivir, sino de tener
éxito en el mundo financiero que enfrentarán.
Conforme leas este libro, seguramente te reconocerás en alguno de sus
personajes. Kim aborda las numerosas excusas que como mujeres nos damos
y damos a otros sobre por qué elegimos no invertir:
«Mi esposo se encargará de mí».
«Trabajo demasiado en mi empleo».
«Quiero los beneficios de un empleo».
«No tengo tiempo».
«No tengo dinero».
«No tengo la suficiente habilidad».
«Mis hijos me necesitan».
«No quiero aburrirme».
Kim aborda cada una de estas excusas y explica cómo superarlas. No te casas
esperando divorciarte. Y muchas mujeres perseveran en relaciones infelices y
enfermizas por dinero.
En un empleo, mientras más exitosa te vuelves, más ocupada estás y
menos tiempo tienes para otras tareas. Cuanto más exitosa te vuelvas como
inversionista, más tiempo libre disfrutarás. Tus inversiones trabajarán para ti,
proporcionando el dinero que necesitas en lugar de que tú trabajes por dinero.
Hace unas semanas perdí a mi padre y a un amigo muy querido. Tanto mi
madre como mi amiga se encuentran solas y asustadas. Ambas son muy
inteligentes y fueron mujeres trabajadoras antes de casarse. Ahora deben
volver a entrenarse para manejar su dinero. Esto sólo es una razón de por qué
las mujeres necesitan aprender a invertir.
La vida nos trae desafíos inesperados a todos; este libro te mostrará cómo
confiar en ti en cualquier desafío. Sin importar de dónde vienes, cuál fue tu
educación, cuánto dinero tienes actualmente o cuál pueda ser tu excusa, este
libro te mostrará el valor que se requiere para cambiar tu vida.
¿Qué mejor manera de aprender que mediante la experiencia? Kim
comparte los miedos que enfrentó cuando empezó a invertir, cómo los superó
y finalmente construyó su propio imperio independiente de nuestra compañía.
Puede que tú seas una madre recién divorciada o una mujer soltera que
enfrenta la vejez; alguien que se ha quedado viuda hace poco o una mujer
felizmente casada que se preocupa por tener dinero suficiente para el retiro.
No estás sola.
A menudo, ese primer paso es el más difícil. Al tomar el control de tu
futuro financiero descubrirás la confianza en ti misma que necesitas en todas
las áreas de la vida. Con una mayor confianza en ti encontrarás la libertad de
ser, hacer y tener lo que quieras.
Introducción
¿Por qué un libro sólo para mujeres?
En el mundo de las inversiones, cómo invertir (cómo comprar propiedades
para alquilar, elegir una acción u obtener un buen rendimiento sobre tu
inversión) es lo mismo para las mujeres que para los hombres. Sean acciones,
bonos o bienes raíces, a las inversiones no les importa si es hombre o mujer
quien está haciendo la compra, venta, posesión, remodelación o alquiler.
Entonces, ¿por qué un libro sobre inversión sólo para mujeres?
La respuesta: en lo que respecta al dinero, hombres y mujeres somos
diferentes, histórica, psicológica y emocionalmente.
Esas diferencias son la razón por la que tantas mujeres hoy en día están
en tinieblas en lo que respecta al dinero e inversión. Esas diferencias separan
a los géneros y explican por qué este libro está dedicado a las mujeres.
¡Porque odio que me digan qué hacer!
El subtítulo de este libro sale directo de mi corazón. Mi marido Robert y
algunos amigos estábamos almorzando una tarde y surgió el tema de este
libro. Mujer millonaria a todas luces era el título. No habíamos decidido
todavía el subtítulo. Pusimos algunas ideas sobre la mesa.
Entonces Robert se volvió hacia mí y preguntó: «Dime, ¿por qué estás tan
dedicada a ser independiente a nivel financiero? Esto no es algo nuevo en ti,
siempre lo has tenido dentro. Proviene de tu esencia. ¿Cuál es la razón? ¿Cuál
es la razón principal que te obliga, contra viento o marea, a ser capaz de salir
adelante por tu cuenta? Dinos qué te motiva».
Mi amiga Suzi estaba sentada junto a mí. Ella y yo pensamos de manera
en extremo similar. Tanto, que nos miramos y casi al mismo tiempo
declaramos: «¡Simplemente odio que me digan qué hacer!». De inmediato
nos pusimos a decir cuánto nos molesta y dimos varios ejemplos en que la
gente nos dijo qué hacer y explicamos cómo reaccionamos y por qué nunca
dejaremos que alguien dirija nuestra vida.
(Sé que hay muchas mujeres que entienden exactamente de qué estoy
hablando. Puede que tú seas una de ellas).
Dejamos de hablar. Miré a mi alrededor en la mesa y todo mundo estaba
en silencio y sonriendo. «Parece que tienes tu subtítulo», dijo Robert.
Desde que era joven.
No es un tema nuevo para mí. Sabía que tenía problemas para acatar
órdenes… ¡incluso desde el jardín de niños! Nadie en mi salón pasaba tanto
tiempo en el pasillo como yo. Hoy se denomina «tiempo fuera». No quería
tomar una siesta, quería jugar con mis amigos… al pasillo. Quería pintar con
los dedos, no escuchar un cuento… al pasillo. Y por favor no me hagan
comer esa horrible comida de cafetería… ya lo sé, vete al pasillo.
La maestra decía que yo era «obcecada». Simplemente no me gustaba que
me dijeran qué hacer.
Me despidieron dos veces de mi primer empleo formal después de la
universidad… ¡dos veces del mismo empleo! No es que yo fuera floja o
incompetente, justo lo contrario. Estaba muy ansiosa por aprender, razón por
la que me volvieron a contratar la segunda vez. Pero mis instintos naturales
no podían ser anulados. Simplemente era demasiado independiente y, a la
edad de 21 años, por supuesto, tenía todas las respuestas. Eso aunado a mi
desagrado por acatar órdenes, no era una buena combinación para mi
desarrollo dentro de la compañía.
Este problema estaba tan enraizado en mí que, cuando alguien de manera
autoritaria me decía que hiciera algo, aunque supiera que era lo que más me
convenía, no lo hacía: no quería que me dijeran qué hacer.
Sí, esto ha ocasionado algunos problemas en mi vida… y también me ha
hecho muy independiente, en especial a nivel financiero.
Quizá hayas oído decir: «El que tiene dinero dicta las reglas». En mi
opinión, la persona que tiene dinero puede decir a los demás qué hacer. Así
que desde temprana edad decidí ser quien dictara las reglas, no quien las
acatara.
Las cosas estúpidas que hacemos las mujeres
Robert llegó a casa una tarde y me encontró gritando frente a la televisión:
«¡Despierta! ¡No seas tonta! ¡Deja de actuar como una niña tonta! ¡Madura!».
Robert se reía de mí: «¿Qué está pasando?».
Dije con total frustración: «¡Me enloquece ver que las mujeres sean así de
estúpidas en asuntos relacionados al dinero! Esta mujer está preguntando a un
perfecto desconocido, un asesor financiero que se promueve en TV, qué
hacer con algunos miles de dólares que tiene ahorrados. Él le está dando un
mal consejo y ella sólo dice: “Oh, muchas gracias. Eso es justo lo que voy a
hacer”. ¡Pero qué estupidez! Ella es un buen ejemplo de por qué las mujeres
con frecuencia son estereotipadas en lo que respecta al dinero y las
inversiones».
«Sin duda tocó una fibra en ti», dijo Robert sonriendo. «Tal vez las
mujeres ni siquiera están conscientes de lo que deciden. Aquí está tu
oportunidad de señalárselo».
Una lista de cosas tontas.
En definitiva, había tocado una fibra en mí. Porque nosotras las mujeres en
verdad hacemos cosas estúpidas en la vida… todas relacionadas con el
dinero. Pienso que es momento de que simplemente nos volvamos más
inteligentes en la materia.
Mi punto es subrayar cómo es esencial estar preparadas
para cualquier cosa que suceda. Y animarte a que
te digas la verdad respecto a quién o qué dependes
para tu futuro financiero.
¿Que si estoy diciendo que las mujeres son estúpidas? Por supuesto que no.
Nada podría estar más alejado de la verdad. Estoy diciendo que hacemos
algunas cosas increíblemente tontas. Y la mayoría están relacionadas de
manera directa con el dinero.
A continuación, presento una lista de algunas de las cosas estúpidas que
hacemos en relación con el dinero:
Nos casamos por dinero.
Conservamos malos matrimonios o relaciones porque tenemos miedo de
no salir adelante solas a nivel financiero.
Dejamos que un hombre tome nuestras decisiones financieras prioritarias.
Aceptamos el mito de que los hombres son mejores con el dinero.
Aceptamos el mito de que los hombres son mejores inversionistas.
No desafiamos las decisiones financieras de un hombre porque no
queremos causar un problema y lastimar su ego.
Tomamos consejos financieros de supuestos «expertos» porque pensamos
que no somos suficientemente inteligentes.
Permanecemos calladas para mantener la paz.
Elegimos depender de alguien más porque (por lo menos a nivel
financiero) nos sentimos «cómodas».
Nos dejan por mujeres más jóvenes… porque permanecemos demasiado
tiempo inmóviles.
Esperamos que el hombre cambie.
Nos contentamos con un «está bien» en la vida cuando lo que realmente
queremos es un «excelente».
Un hombre se pierde, pero se niega a preguntar cómo llegar… y nosotras
lo seguimos.
Nos vendemos por debajo de nuestro valor.
Aguantamos todas las desigualdades de un empleo, por el sueldo.
Nos sentimos culpables por trabajar horas extra y no estar con nuestros
hijos.
No nos toman en cuenta para un ascenso que merecemos… y no
renunciamos al empleo.
Aceptamos menos dinero que nuestros equivalentes masculinos y, a
menudo, terminamos haciendo su trabajo.
Nos perdemos los recitales y juegos de fútbol de nuestros hijos porque
debemos trabajar.
A menudo vemos a futuro y pensamos: «Algún día…».
La mayoría de nosotras hemos hecho una o más de estas estupideces. La
conclusión es que muchas vendemos nuestra alma por dinero. El crimen real
es el precio que cobra en nuestra autoestima, nuestra seguridad en nosotras
mismas y el valor que nos otorgamos.
Sí, este libro trata sobre mujeres e inversión, pero en realidad es mucho
más que eso. Trata sobre las mujeres que toman el control de su vida y de su
dignidad. Se refiere al respeto a una misma.
Un hombre, familia, compañía o gobierno
El subtítulo original del libro era: «Para mujeres que insisten en tener
independencia financiera… y no depender de un hombre, familia, compañía o
gobierno que se encargue de ellas». Ésa es la verdadera esencia de este libro.
A lo largo de la historia se enseñó a las mujeres a depender económicamente
de alguien más y así obtener el tan anhelado bienestar financiero. Hoy esa
posición podría ser peligrosa; los tiempos, en definitiva, han cambiado.
Un hombre
Históricamente, es imposible hablar sobre hombres, mujeres y dinero sin
mencionar el sexo. Sexo, dinero y mujeres están estrechamente relacionados.
A menudo, ni siquiera vemos el efecto que tiene uno en el otro porque,
durante generaciones, nos han educado para aceptarlo como el estándar en la
sociedad.
Cuando cumplimos 16 años —algunas antes— como mujeres nos
concientizamos del inmenso poder que tenemos sobre los hombres: el poder
del sexo. Aunque la mayoría de los adolescentes siguen siendo torpes y bobos
y actúan como cachorritos con pies grandes, las chicas comenzamos a notar
que ellos, al igual que los hombres, empiezan a vernos de manera distinta…
sexualmente. A menudo, cuando somos muy jóvenes notamos que los
hombres mayores nos sonríen, algunos chiflan, otros hacen insinuaciones
obvias o simplemente se quedan mirando y babean.
Estoy segura de que todas podemos recordar a «esa chica» de nuestro
salón, la «más desarrollada» que el resto de nosotras. En mi salón era
Melody. A los catorce años se sabía diferente, tenía una ventaja sobre
nosotras y hacía gala de su sexualidad recién encontrada. Cuando estábamos
empezando la secundaria, Melody salía con chicos de preparatoria. Y en la
preparatoria con los de la universidad. Ella sabía cómo obtener toda la
atención que deseaba de los hombres.
Ahora me doy cuenta de que Melody no es la excepción a la regla. La
mayoría de nosotras, si somos honestas, sabe lo poderosa que puede ser
nuestra sexualidad. Un poco de coqueteo puede conseguir muchas cosas.
La necesidad sexual de los hombres es la que nos da un poder inmenso
desde temprana edad y comienza a dar forma a nuestra visión sobre qué hacer
y cómo actuar para conseguir lo que deseamos en el mundo. Y la fórmula
funciona… siempre y cuando seamos jóvenes y sexualmente atractivas. Pero
el tiempo pasa y las cosas cambian.
Un punto decisivo.
Tenía catorce años. Un día, regresando de la escuela, entré por la puerta
principal y escuché a mi mamá hablando con una de sus mejores amigas en el
comedor. Mientras me dirigía a ellas, mamá me vio con el rabillo del ojo y
me indicó que no me acercara para que las dejara en privado. Entré a la
cocina para comer un bocadillo. Mientras sacaba el cartón de leche del
refrigerador, no pude evitar escuchar su conversación.
Era claro que la amiga de mi madre, Gloria, estaba muy alterada. «Yo
sabía que teníamos nuestros problemas», dijo. «Pero, por nuestros hijos, no
pensé que realmente me dejaría».
«¿Qué dijo?», preguntó mamá.
«Que ha estado viendo a una mujer, mucho más joven, durante el último
año», dijo. «Según él, lo hace sentir un héroe. Aparentemente yo lo hago
sentir una desilusión».
«¿Sabías sobre esa aventura?», preguntó mamá.
«Para ser honesta, sospechaba que algo estaba pasando, pero en realidad
no quería saber. Simplemente esperaba que fuera una cana al aire y que al
final las cosas volvieran a la normalidad».
«Entonces, ¿en tu interior lo sabías?», dijo mi mamá.
«Sí, imagino que sí. Simplemente no quería admitirlo», confesó Gloria.
«Durante años nuestro matrimonio no ha sido muy bueno. Hemos tenido cada
vez menos en común. Él tenía su carrera y yo a los niños. Él viajaba por
cuestiones de negocios y yo me quedaba en casa».
«Entonces, si tu matrimonio no estaba funcionando y sabías que él tenía
una aventura, ¿por qué te quedaste con él?».
«Por los niños», contestó Gloria rápidamente.
«¿Los niños?», preguntó mamá sorprendida. «Gloria, tus hijos ya están
grandes. Tu hijo acaba de graduarse de la universidad. Debe haber otra
razón».
Gloria dudó y luego dijo con tranquilidad: «No me fui por el dinero.
Aunque el matrimonio no era bueno, por lo menos me daba seguridad
financiera. Me asustaba pensar que tendría que vivir por mi cuenta. No he
trabajado en veinte años. No sé si puedo lograrlo sola. Sí, nuestro matrimonio
se ha estado deshaciendo por años, pero mi único consuelo es que
económicamente estaba bien».
Escuché que Gloria comenzaba a llorar. «Simplemente no sé qué voy a
hacer. Es aterrador enfrentar la realidad a los 45 años, sola y teniendo que
ganarme la vida. Nunca imaginé que estaría en esta situación».
Coloqué el cartón de leche en el refrigerador y fui a mi habitación.
Mientras subía las escaleras escuché que la amiga de mamá decía:
«Simplemente no sé si pueda mantenerme a nivel financiero». Esas palabras
tocaron una fibra en mí.
Pensé para mis adentros: «Aquí está esa mujer con un matrimonio
miserable y lo tolera porque depende de su marido para que la mantenga». En
ese punto me di cuenta de que la vida no necesariamente era el cuento de
hadas de «vivieron felices para siempre» que yo creía. Recuerdo que ese día
tomé una decisión y me dije: «Nunca dependeré de un hombre, ni de nadie,
para el caso, en cuanto a mi vida financiera».
Y esa decisión me ha guiado toda la vida.
Quizá sea tiempo de cambiar la fórmula.
Por favor, debes saber que no estoy en contra de los hombres. Los adoro.
Simplemente no quiero depender de ellos a nivel financiero. Y hay tantas
mujeres dependientes hoy en día.
Con frecuencia conozco mujeres de cuarenta y tantos o cincuenta y tantos
años, divorciadas y con dificultades financieras. La historia es más o menos
la misma: «Éramos tan felices de jóvenes. Luego nos fuimos separando. Y
me dejó por una mujer más joven. Por primera vez en mi vida, estoy por mi
cuenta».
Tengo mucha suerte. Mamá y papá han sido maravillosos modelos para
mí en cuanto al matrimonio. Han estado casados más de 50 años y los
considero ejemplos y maestros de cómo sostener un matrimonio amoroso,
duradero y respetuoso.
Por desgracia muchos otros no pasan la prueba del tiempo. La tasa de
divorcio es alta: uno de cada dos matrimonios termina en divorcio. No estoy
diciendo que se deba planear un divorcio. Afirmo que se debe ser realista y
prepararse para tener éxito financiero sin importar qué pase. En cuanto a
Gloria, no tenía «plan B». Tenía un solo plan: permanecer casada a toda costa
a cambio de una vida material cómoda.
La fórmula de usar nuestra juventud y atractivo sexual para conseguir la
atención e influencia que deseábamos y obtener lo que queríamos, nos
funcionó a muchas a los veintitantos y treinta y tantos, pero no para lograr lo
que deseamos a los cuarenta, cincuenta y sesenta y tantos años. Es una
pérdida de tiempo pensar que los hombres cambiarán. Es tiempo de que
nosotras cambiemos. La fórmula que nos funcionaba cuando éramos jóvenes
pierde su efecto a medida que envejecemos. Para muchas de nosotras es
tiempo de cambiar nuestra fórmula. Y el dinero desempeña un papel clave en
la ecuación. El sexo nos dio poder cuando éramos jóvenes, ahora el dinero
nos da el control conforme nos hacemos mayores.
Katherine Hepburn lo dijo muy bien: «Mujeres, si les dan a escoger entre
dinero y atractivo sexual, tomen el dinero. A medida que se hagan mayores,
el dinero se convertirá en su atractivo sexual».
Los tiempos han cambiado en muchas formas y las mujeres necesitamos
cambiar con ellos. Lo que ofrece este libro es una guía básica del cambio. Si
estás convencida de que tu mejor estrategia financiera es que un hombre te
mantenga hasta el día en que te mueras, entonces te deseo suerte. Para el resto
de nosotras, que estamos listas para hacer algunos cambios, que queremos
más control sobre nuestra vida y ya empezamos a entrar en acción, ofrezco
una alternativa.
Una familia
Algunas tenemos el lujo de contar con la riqueza de nuestra familia para
sustentarnos a lo largo de los años. Pero con toda seguridad no es el caso de
la mayoría. Varias amigas mías, en lugar de que sus familias se encarguen de
ellas, ahora ellas se encargan de sus familias. Una amiga de Honolulu se llevó
a su madre a casa cuando ya no pudo cuidarse sola y se convirtió en su
principal cuidadora. El costo de cuidarla no sólo era alto, sino que también
perdió ingresos por el tiempo que debía pasar atendiendo a su madre.
Otra amiga está pagando 8000 dólares al mes por los gastos del asilo de
su madre. Nunca planeó esa situación.
Una mujer de Scottsdale hace poco heredó la casa familiar cuando murió
su madre. Sus padres vivieron en ella durante 30 años. El problema era que la
casa había aumentado tanto de valor que, cuando la heredó, también heredó
una cuenta de predial inmensa. La mujer no podía pagar los impuestos y,
como resultado, debió vender la casa para pagarlos y casi se quedó sin
herencia.
Aquí está otro escenario que Susan compartió conmigo hace poco y en
realidad se vuelve cada vez más común. El padre de Susan había amasado
activos sustanciales en bienes raíces, negocios y acciones a lo largo de su
vida. Su madre murió y su padre se volvió a casar. Lo sorprendió una
enfermedad terminal y, mientras estaba en el hospital, su nueva esposa hizo
que cambiara el testamento para que todos los activos fueran de ella.
Desheredó por completo a Susan, a su hermano y a su hermana. Cuando el
padre murió, ella no obtuvo nada de la fortuna.
El punto que persigo en estos ejemplos no es insistir en todo lo que podría
salir mal, pero sí destacar lo esencial que es prepararse para lo que pueda
pasar. Y animarte a que te digas la verdad respecto de quién o de qué
dependes para tu futuro financiero.
Lo que ocurre dentro de las compañías y el gobierno destacará razones
adicionales de por qué depender financieramente de tu familia puede no ser tu
elección óptima.
Una compañía o un gobierno
El 31 de octubre de 2005, la revista Time incluyó una historia de portada con
el encabezado: La gran estafa del retiro. El subtítulo afirmaba: «A millones
de estadounidenses que piensan que se retirarán con beneficios les espera una
desagradable sorpresa. Cómo las corporaciones asaltan los bolsillos de la
gente… con ayuda del Congreso». El artículo explicaba cómo las principales
compañías norteamericanas han usado o literalmente robado las pensiones de
sus trabajadores. La legislación gubernamental permitió a las compañías
simplemente evadir las promesas hechas a sus empleados de proporcionarles
pagos mensuales de jubilación y beneficios médicos en sus años de retiro.
El artículo afirmaba que: «Una investigación de Time ha concluido que
mucho antes de que el trabajador estadounidense alcance la edad de retiro,
una decisión política del Congreso que favorece intereses corporativos y
especiales por encima de los trabajadores, llevará a millones de ancianos (una
gran mayoría de mujeres) a la pobreza; dejará al margen a millones más y
convertirá los años de retiro en una etapa de necesidad para todos, con
excepción de los adinerados».
Aquí está lo que llamó mi atención al leer el artículo. El autor destacaba
cinco casos de personas víctimas de un problema de pensión. Todas eran
mujeres. A una de 69 años le cortaron su pensión de 1200 dólares mensuales,
que obtuvo a la muerte de su marido. Hoy junta latas de aluminio y genera 60
dólares adicionales al mes para sobrevivir.
Otra mujer, de 60 años, trabajó para la Corporación Polaroid durante 35
años en la que empezó como archivista hasta ascender a la junta directiva.
Participó en un plan de acciones para empleados (PTAE). Cedió ocho por
ciento de su salario para pagar ese plan con la esperanza de tener miles al
retirarse y vender sus acciones. El valor de éstas cayó en picada y por malas
decisiones e intervención del Congreso esta mujer perdió entre 100 mil y 200
mil dólares. Además, esperaba obtener decenas de miles en pagos de pensión
y beneficios. Cuando todo estuvo dicho y hecho, recibió un cheque por 47
dólares en una sola emisión.
Las cinco mujeres que aparecían en el artículo creían estar preparadas
para tener seguridad financiera en sus años de retiro y ahora enfrentan la
pobreza. Es escandaloso. Y no parece haber ningún indicador de que el
sistema de pensiones resucite en el futuro. Es probable que se convierta en
algo del pasado.
Y esto no sólo les ocurre a las mujeres, también a incontables maridos y
familiares. Esta crisis no es específica de un género.
Así que, de nuevo, si tu marido o tu familia son tu salvavidas financiero,
toma en cuenta lo anterior.
En lo que respecta al gobierno, tanto el sistema de seguridad como
Medicare (seguro médico) están básicamente en bancarrota. No sé si
resolverán ese problema. La mayoría de las encuestas indica que hombres y
mujeres de veintitantos y treinta y tantos años, están conscientes de que tal
vez no haya Seguridad Social ni Medicare disponibles para cuando se retiren.
Igual que con los planes de pensión, el gobierno se ha mostrado incapaz de
cumplir las promesas hechas a quienes han contribuido a la Seguridad Social
y al Medicare durante toda su vida laboral.
Es tu elección
Entonces, un hombre, familia, compañía o gobierno quizá esté para apoyarte
en el futuro… yo simplemente no contaría con ello, no apostaría mi futuro
financiero completo a algo sobre lo que no tengo control total.
Todo se reduce simplemente a hacer una elección: ¿busco independencia
o dependencia financiera para mí? Es una elección consciente. Si eliges
dependencia financiera debes saber que aceptas que alguien más sea
responsable de tu bienestar financiero, así como las consecuencias buenas y
malas que esto conlleva.
Si, por otro lado, tu elección es independencia financiera, en
consecuencia optas por la libertad a largo plazo sobre la comodidad a corto
plazo. Estás decidiendo el camino más difícil, del cual se apartan muchas
mujeres para tener el camino más fácil y con consecuencias en el futuro.
Estoy segura de que cualquier mujer comprometida a controlar su vida
financiera tendrá éxito. Hay mujeres que lo hacen todos los días.
Este libro trata sobre independencia financiera porque creo que la clave
de la libertad para las mujeres se encuentra primero en que sean libres a
nivel financiero.
Descarga de audio gratuita.
Kim Kiyosaki y Sharon Lechter, las mujeres.
detrás de la marca Mujer Millonaria, hablan.
sobre mujeres e inversión.
Visita:
www.richwoman.com/richwoman.
Capítulo 1
Almuerzo con las chicas
Soy una mujer por encima de todo lo demás.
Jacqueline Kennedy Onassis.
Me encanta la ciudad de Nueva York. Es verdaderamente fabulosa y única…
Tanta energía, tanta actividad, nunca hay un momento aburrido. Llamé un
taxi y el chofer se orilló y me recogió en la calle 51 cerca de Times Square.
Las calles estaban llenas como siempre de hombres y mujeres de negocios
camino a sus reuniones; vendedores de relojes, bolsas y castañas tostadas;
personas mirando los escaparates y hombres y mujeres hambrientos camino a
almorzar, que es a donde iba yo. «¿A dónde?», preguntó el chofer. «Al hotel
Plaza», contesté. Era un día bellísimo, fresco, frío… mucho cielo azul y un
poco de viento que hacía que el ambiente se sintiera un poco más frío.
El trayecto al hotel fue más corto de lo que calculé. «Son 5.70 dólares»,
anunció el chofer ante la entrada principal. Al bajar del taxi me sentí un poco
nerviosa y emocionada al mismo tiempo. Había volado de Phoenix a Nueva
York para un almuerzo. No tenía idea de qué esperar y, para ser honesta, ni
siquiera estaba segura de con quién iba a almorzar. Pensé que la reunión
podía ser maravillosa o un gran error. Pero una cosa era segura,
definitivamente no sería aburrida.
El correo electrónico que había recibido dos meses antes decía:
¡Hola, chicas!
Está bien. ¡Lo logramos! Tenemos la fecha, la hora y el lugar para
nuestra reunión. Nos vamos a ver todas el 22 de marzo a las doce del
día en el hotel Plaza de Nueva York para almorzar. Desde Honolulu
hasta Nueva York… Sí, los tiempos han cambiado. No puedo esperar
para verlas y escuchar sus historias.
Con cariño.
Pat.
Pat y yo fuimos amigas cuando estudiábamos en la Universidad de Hawai.
Nos conocimos en una clase de filosofía y compartimos un apartamento
durante un año. No nos habíamos visto en cerca de veinte años. Pat decidió
que era momento de reunir a nuestro «grupo Hawai».
Estaba formado por seis amigas cercanas. Todas nos conocimos en
nuestros días memorables, por decir lo menos, en Honolulu. Éramos jóvenes,
solteras y vivíamos en las Islas. Nos divertíamos muchísimo.
No sabemos cómo lo hizo Pat, pero consiguió llevarlo a cabo. Nos rastreó
a las cinco (que ahora estábamos viviendo en diferentes ciudades de Estados
Unidos), organizó horarios, eligió una ubicación y fijó la fecha para una
reunión del grupo Hawai. Todas habíamos perdido contacto, así que no era
un asunto sencillo. Algunas estábamos casadas y teníamos nuevos apellidos.
Todas nos habíamos ido de Honolulu. Yo me mudé varias veces y estoy
segura de que las demás también. Pero todo estuvo en manos de Pat, «la
señorita organizada», e hizo del encuentro una realidad.
La última vez que estuvimos juntas fue en un almuerzo en Honolulu hace
veinte años. Todas empezábamos nuestra carrera y teníamos enormes sueños.
Maduramos mucho juntas en Honolulu. Estaba muy emocionada por ver en
qué andaban todas… y de qué modo se habían desarrollado sus vidas.
Caminé por las alfombras rojas de la entrada del hotel. El portero
mantuvo la puerta abierta y, al entrar al vestíbulo, sentí como si el tiempo se
hubiera detenido. De inmediato reconocí a Pat y a Leslie a un metro de
distancia. Pat estaba perfectamente bien arreglada, ni un cabello fuera de
lugar, incluso cuando se quitó el sombrero. Su atuendo, estupendamente
combinado. Sus botas se veían como nuevas, al igual que los guantes que
hacían juego. Cada detalle había sido cuidado. Siempre fue así. Me recordaba
a la meticulosa Feliz Unger en el programa de televisión The Odd Couple.
Pat siempre exigió que todo fuera así. Por eso llegó casi una hora antes.
Quería asegurarse de que todo estuviera exactamente como lo había planeado
para nuestra reunión. Sí, a Pat se le puede llamar para organizar cualquier
cosa. Por supuesto, te volverá loca al mismo tiempo, atendiendo cada detalle
con minuciosidad.
Leslie, de pie junto a Pat, seguía siendo la artista. Vestida en capas
coloridas (una falda larga y holgada, playera estampada brillante, chaleco,
mascada, un saco demasiado grande para su talla) todo suelto… casi lo
opuesto de Pat. Leslie se veía como si acabara de entrar con el viento. Y me
preguntaba todo lo que podría encontrar en el enorme bolso que llevaba al
hombro. Por ser la artista, nunca sabías qué esperar de ella. Daba la
impresión de ser distraída y tener la cabeza en las nubes, pero en realidad era
muy brillante. Si estaba trabajando en la pintura de un edificio construido en
1800, aprendía la historia del edificio, de los artistas de esa época y sus
estilos pictóricos. En verdad amaba su arte y lo vivía.
Nos dimos un fuerte abrazo y las tres empezamos a parlotear de
inmediato. Ni siquiera nos dimos cuenta de que ya llevábamos casi veinte
minutos platicando emocionadas, cuando Janice cruzó la puerta volando,
directo de la Costa Oeste. Bufando y resoplando, completamente sin aliento,
un poco despeinada, nos echó un vistazo y dejó escapar: «¡Es maravilloso
verlas! ¿Pueden creer que estemos juntas en Nueva York?», gritó. «¡Me tomó
un siglo cruzar la ciudad! Además mi junta se alargó. ¿No es un día
hermoso?». Pat, Leslie y yo asentimos en silencio entre nosotras como para
decir que algunas cosas (o personas) nunca cambian. Fue la entrada de la
Janice que todas conocíamos y queríamos. Siempre tenía diez cosas en la
mente al mismo tiempo. Hablaba rápido. Caminaba rápido. Tenía una energía
ilimitada. Y nunca hacía una entrada silenciosa a una habitación.
La última vez que estuvimos todas juntas fue en un
almuerzo en Honolulu veinte años antes. Todas estábamos
empezando nuestra carrera y teníamos enormes sueños.
Maduramos mucho juntas en Honolulu…
Hablamos por algunos minutos más y luego las cuatro miramos a la hostess
cuando sonó el teléfono de Pat. «Qué lástima», escuchamos decir a Pat.
«Parece que estarás trabajando toda la noche. Muchas gracias por el esfuerzo.
Te pondré al tanto de todo. Cuídate».
«Tracey no puede llegar. Tiene una fecha límite para un proyecto en el
que ha trabajado todo el mes. Pensaba que lo tenía terminado, pero esta
mañana su jefe hizo un cambio significativo en el proyecto, de manera que no
puede irse», comentó Pat. «Tracey ha invertido su tiempo y ha trabajado para
subir por la escalera corporativa. Por desgracia, como hoy, su carrera a
menudo tiene prioridad sobre su vida. Dijo que realmente quería estar aquí».
«¿Dónde está viviendo?», preguntó Leslie.
«En Chicago. Trabaja para una gran empresa de telefonía celular»,
contestó Pat.
La hostess nos condujo hacia nuestra mesa. Pat reservó una maravillosa
en una esquina del salón. Incluso había una pequeña caja de nueces de
macadamia cubiertas de chocolate para conmemorar nuestros días en Hawai.
Y, para nuestra gran sorpresa, cada lugar tenía una fotografía enmarcada de
nuestra última reunión veinte años atrás en Honolulu. Todas sabíamos que
sería un almuerzo inolvidable.
Al mirar la foto, cada una insistió en que no había cambiado nada nuestra
apariencia. «Y estoy segura de que nuestros trajes de baño hoy nos quedarían
justo como entonces», dijo Janice de manera sarcástica mientras todas
dejábamos escapar un ligero gruñido.
«¿Dónde está Martha? ¿Vendrá?», pregunté mientras llenaban nuestros
vasos de agua. Pat respondió: «Esperaba vernos, pero tuvo que cancelar en el
último minuto. Dijo que su madre no está bien y que no se sentía cómoda
dejándola sola tres días. Por lo que entendí, su padre murió hace años, así que
sólo están Martha y su madre. Nunca tuvo hermanos ni hermanas. Envió
saludos a todas».
«Bueno, cuatro de seis es bastante bueno», añadió Janice.
Justo entonces nuestro mesero se acercó con una cubeta para champaña
en una mano y una botella fría en la otra. Pat pensó en todo. Se colocaron
copas sobre la mesa. Descorcharon la champaña y la sirvieron con cuidado en
cada una de nuestras copas.
«Propongo un brindis», anunció Pat. «Por las amistades maravillosas que
persisten a través de los años». Sostuvimos en alto nuestras copas y
brindamos.
Luego nos dispusimos a disfrutar de un almuerzo largo y sin prisas.
Capítulo 2
Las chicas
Recuerda, Ginger Rogers hacía todo lo que hacía
Fred Astaire, pero lo hacía hacia atrás y en tacones.
Faith Whittlesey.
La plática no decayó ni por un minuto. Teníamos conversaciones una a una y
luego todo el grupo se unía. Hablábamos con quienes estaban frente a
nosotras y a un lado. Teníamos mucho de qué conversar.
Janice, la más ruidosa del grupo, gritó hasta donde estaba Leslie y dijo:
«Entonces, Leslie, cuéntame qué has hecho durante los últimos veinte años».
El poder de su voz captó la atención de todo mundo, dejamos de hablar y nos
dimos vuelta para escuchar la respuesta de Leslie.
La historia de Leslie
Leslie comenzó: «¿Recuerdan que en nuestro último almuerzo en Hawai
pensaba dejar Honolulu y buscar más oportunidades?». Todas asentimos.
«Bueno, me mudé a la ciudad de Nueva York cerca de seis meses después.
Pensé que debía ir a donde estaba la acción, que sería mi mejor posibilidad de
entrar al mundo del arte comercial. Tuve suerte de encontrar en seguida un
empleo en una firma pequeña de diseño gráfico. Eso me dio tiempo para
conocer la ciudad y descubrir lo que realmente quería hacer. Estuve un poco
vacilante al principio… mudarme de Hawai a Nueva York fue tremendo. Ni
siquiera me había subido al metro antes. Y muy pronto aprendí a cargar mis
zapatos de tacón, no a caminar con ellos. Tuve varios empleos después,
incluyendo uno en el departamento de arte de Bloomingdales y Macy’s.
»En mi tiempo libre siempre pintaba. Arreglé una esquina de mi
apartamento como estudio de arte con mi caballete y pinturas. Mi actividad
favorita era empacar mis aditamentos y elegir un punto, como Central Park o
Rockefeller Center, y pintar durante horas. Hace unos años tuve mi propia
exposición en una galería de arte de la ciudad. Fue algo maravilloso para mí.
El asunto no me dio a ganar mucho dinero, pero vendí algunas piezas y fue
emocionante el simple hecho de haber expuesto mi trabajo.
»Luego conocí a Peter, el hombre de mis sueños, un artista colega. Nos
enamoramos y casamos un año después. Ahora tenemos dos hijos, un niño y
una niña. Pero dos artistas viviendo juntos no son una pareja fácil.
Definitivamente no fue el sueño que imaginé. Él tenía un estudio en la
ciudad, donde solía pintar y le iba bien vendiendo sus pinturas y dando clases
de arte. Pero creo que el problema fue que éramos demasiado parecidos.
Digo, ¡éramos artistas! Los dos somos espontáneos, no muy estructurados y
ninguno era capaz de manejar una cuenta de cheques. Nos gastábamos el
dinero. Nuestro matrimonio duró seis años, luego nos separamos y quedamos
como amigos.
»Desde entonces, básicamente he estado educando sola a nuestros dos
hijos. Peter ayuda un poco en lo económico, pero no gana mucho. Mi hija
tiene catorce años y mi hijo doce. Hoy pinto cuando puedo, lo que no es muy
seguido. Trabajo en una galería de arte aquí en la ciudad, justo al final de la
calle. Ha sido difícil ser madre divorciada. El costo de la vida es tan caro en
Manhattan, que nos mudamos a Nueva Jersey donde puedo costear un mejor
estilo de vida y los niños tienen escuelas decentes. Así que, con todo, las
cosas están funcionando bien, pero lo que es seguro es que no es la vida que
planeé cuando tenía veinte años».
«No me imagino educando sola a dos niños», dijo Janice. «¡Apenas
puedo cuidar de mí misma! Creo que por eso sigo soltera. Y el costo de la
vida en Los Ángeles puede ser alto, pero no como en Nueva York.
Reconozco tu mérito, Leslie».
«Gracias», contestó Leslie.
«¿Cómo es la vida en Los Ángeles?», preguntó Pat, mirando a Janice.
«Nunca he pasado mucho tiempo en California».
La historia de Janice
«Adoro Los Ángeles», comenzó Janice. «Imagino que, además, disfruto de
mi negocio… la mayor parte del tiempo. Como dije, nunca le entré a eso del
matrimonio. Estuve muy cerca de hacerlo hace ocho años, pero justo antes de
que enviáramos las invitaciones de la boda él me anunció que tenía que
“encontrarse a sí mismo”. ¡Y se largó a Europa! Seis meses después me
escribió para decirme que no estaba listo para casarse. ¡Como si para
entonces no me hubiera dado cuenta! Lo último que supe es que se había
mudado a Bali o Fiji y vivía con una chica de veinte años. Imagino que
finalmente “se encontró a sí mismo”. No he tenido muchas ganas de seguir
ese camino desde entonces. Y hoy, a medida que me hago mayor, salir con
alguien no es tan fácil como antes. Cada vez veo más hombres mayores con
mujeres más jóvenes. ¿Cómo compites contra eso?
»Así que mi trabajo es el centro de mi vida. Seguí trabajando un tiempo
con la pareja con la que empecé en Honolulu. ¿Recuerdan, tenían un negocio
de regalos tropicales? Cuando me inicié con ellos tenían una tienda.
Extendieron su negocio a tres tiendas en Honolulu, una en Maui y otra en la
Gran Isla. Luego se expandió su negocio de correo directo hacia la zona
continental. Trabajé con ellos aproximadamente cinco años. Tenía ahorrada
una cantidad decente, así que decidí echarme el clavado e iniciar algo propio.
Como entendía el negocio de las ventas al menudeo, pensé que sería mi
mejor apuesta. Puedo hacerlo sola, pensé.
»Bueno, descubrí lo equivocada que estaba. Mi brillante idea era abrir
una pequeña tienda de comida gourmet. Sólo sabía de una en Honolulu y
pensé que estaba haciendo un gran negocio. Tomé todo el dinero ahorrado,
conseguí un préstamo para pequeños empresarios y renté un local justo fuera
de Waikiki en una calle transitada. Compré la mercancía y abrí las puertas.
Estaba segura de que la gente se agolparía en la puerta. Después de estar en
mi tienda cuatro días sin un solo cliente, algo me intranquilizó: nunca dije a
nadie que estaba ahí. Simplemente asumí que la gente llegaría. Luego aprendí
la diferencia entre vender artículos no perecederos y comida. También
descubrí que mi contrato de arrendamiento tenía una severa penalización por
retrasos en el pago de la renta.
»Estuve cerca de renunciar muchas veces. No obstante, llamé a mi
antigua jefa y le pedí ayuda. Al principio se rió. “¡Bienvenida al mundo de
los empresarios!”, dijo. “Cuéntame qué está pasando”. Se convirtió en una
gran mentora para mí y me ayudó a darle un giro al negocio. No creo que lo
hubiera logrado sin su guía.
»Lento pero seguro, mi negocio comenzó a encarrilarse. Estaba muy
emocionada cuando puse mi primer anuncio de “se solicita ayudante”.
Finalmente, tenía suficientes ventas para contratar a alguien que me ayudara.
Después de que mi primera tienda pegó, abrí una segunda. Ésa también tuvo
dificultades al principio pero, al final, ambas crecieron hasta tener ventas
constantes y ganancias decentes.
»Luego empecé a ponerme ansiosa y tuve otra de mis brillantes ideas: una
tienda de prestigio de productos para que las mujeres se consintieran. Tiene
un ambiente relajante y una gama completa de productos, desde aceites para
el baño y velas, hasta servicios en los que nuestro vendedor arregla que la
cena sea enviada a casa de la clienta. Así que vendí mis tiendas en Hawai y
llevé mi concepto a California. “¡Pan comido!”, pensé». Janice tomó aire e
hizo una pausa. «Por poco lo pierdo todo. Los negocios en Los Ángeles eran
completamente diferentes a los de Honolulu. Las reglas son distintas. Los
productos que la gente quiere son diferentes. La actitud es otra. Fue como
empezar de la nada. Aprendí un montón y, para abreviar la historia, hoy
tengo tres tiendas: dos en Los Ángeles y una en San Diego. Planeé la tienda
para mujeres, pero se está volviendo realmente popular entre los hombres. Y
estoy concentrando mucha de mi energía en Internet y en tiendas en línea
también. ¡Vaya mundo éste!
»Es mucho trabajo. Tengo doce empleados en total y es otra historia.
Constantemente voy de un lado a otro entre Los Ángeles y San Diego y
luego, por supuesto, viajo para hacer compras, asistir a ferias comerciales,
juntas y convenciones para seguir mejorando mi negocio. Me gustaría decir
que estoy haciendo una fortuna, pero la verdad es que gran parte de lo que
gano se reinvierte en el negocio», confió Janice. «Me encanta mi trabajo,
pero la verdad espero con ansias el día en que pueda relajarme y ver cómo
entra el dinero. A todas luces está tomando más tiempo del previsto».
Brindamos: «¡Por las decisiones! ¡Porque todas
aprovechemos al máximo las que hemos tomado y tomemos
buenas para los años por venir!».
»Veo en retrospectiva lo mucho por lo que he pasado en los últimos veinte
años y parece una eternidad. Luego recuerdo nuestros días despreocupados en
Honolulu y parece como si hubiera sido ayer. ¿Podemos regresar a esa
época?», dijo Janice.
De inmediato comenzamos a recordar cómo nos conocimos, las fiestas en
las playas, nuestros viajes a las islas exteriores, los primeros empleos, los
alimentos locales que más extrañábamos, los trajes de baño diminutos, las
mejores horas felices… ah y los chicos.
Leslie preguntó: «Pat, recuerdo tu primer empleo. Estabas tan
emocionada de trabajar para ese periódico. Nunca podíamos callarte cuando
empezabas a hablar sobre las historias en las que trabajabas. ¿Sigues
escribiendo?».
La historia de Pat
Amaba escribir. Y amaba los temas de actualidad. Hizo una maestría en
ciencias políticas y periodismo. Desde temprana edad supo que quería viajar
por el mundo como corresponsal extranjera, escribiendo sobre
acontecimientos globales. Tras graduarse de la universidad sólo envió dos
currículos a los periódicos más importantes de Honolulu. Cuando le
preguntaron qué haría si no la contrataban, contestó: «Me he preparado para
esta entrevista durante cuatro años. Si dicen que no, no me detendré hasta que
digan sí».
Pat por lo general era algo reservada, a menos que estuviera cavando
profundo en una historia periodística. Podías encontrarla en su escritorio,
rodeada de pilas de libros, revistas y periódicos. Siempre buscaba hechos y
era una adicta a las noticias. Suscrita a cinco periódicos diferentes, tenía
prendido día y noche el canal de noticias. Si alguna vez querías saber qué
estaba pasando en el mundo, podías preguntarle a Pat. Poseía una seguridad
que todos admirábamos. Sabía qué deseaba y a dónde iba. Sin embargo, a
veces la vida interfiere con nuestros sueños.
«Me estaba yendo muy bien en el periódico», comenzó Pat. «Me daban
más y mejores tareas. Iba por buen camino en mi plan tanto a nivel
profesional como personal. Conocí a mi marido, Grant, alrededor de tres años
después de empezar en el periódico. Ambos teníamos grandes sueños.
»A Grant le ofrecieron una fantástica oportunidad en Dallas, en uno de
los bancos más grandes de la ciudad. Me pidió que me casara con él y dije
que sí. Sabía que extrañaría Hawai y mi trabajo pero esa oportunidad tenía
muchas ventajas para nosotros a nivel económico. Lo siguiente que supe fue
que estábamos listos y rumbo a Dallas. No me preocupaba conseguir un
empleo en algún periódico de Dallas, pero luego sucedió lo inesperado.
Descubrí que estaba embarazada. Completamente imprevisto».
Todas bromeamos porque nos resultaba difícil creer que algo en la vida
de Pat pudiera ser «completamente imprevisto». Sonaba tan alejado de su
estilo.
«Quizá», continuó, «pero… ¡nada más intenten encontrar empleo estando
embarazadas! Imagino que me engañaba a mí misma al pensar que no sería
difícil. Pero definitivamente lo fue. Sabía lo que pensaba un entrevistador
cuando le decía que estaba embarazada: “¿Para qué desperdiciamos nuestro
tiempo? Te entrenaré y luego te irás de aquí en seis o siete meses”. Nadie
parecía muy entusiasmado en contratar a una mujer embarazada, mucho
menos a la madre de un recién nacido. Así que eso me dejó fuera de la
jugada. Escribía un poco, pero más bien dependíamos del ingreso de Grant.
Era frustrante y desalentador. Realmente me detuvo.
»Pensamos que como queríamos dos o tres hijos era mejor tenerlos en ese
momento y luego, cuando estuvieran un poco más grandes, yo retomaría mi
carrera de periodista. Bueno, unos cuantos años se convirtieron en muchos.
Me convertí en madre y ama de casa con tres hijos maravillosos. Grant fue
ascendido y hoy es un ejecutivo de alto rango, gana muy buen dinero, así que
no me puedo quejar. En realidad no hemos necesitado el dinero de un
segundo empleo, así que no regresé a la redacción periodística. Ahora, dos de
nuestros hijos entrarán pronto a la universidad y siento que por fin tengo
tiempo para dedicarme a escribir, pero ha cambiado tanto el mundo de las
noticias y he perdido tanto impulso con los años, que no estoy segura de tener
la suficiente energía para regresar».
La mesa más ruidosa del restaurante ahora estaba en silencio. Podíamos
percibir el arrepentimiento en la voz de Pat. Estábamos incómodas y calladas.
Ninguna supo qué decir. Luego Pat levantó la vista de su copa y dijo, como si
leyera nuestra mente: «Miren, todas hemos tomado decisiones y yo he
tomado las mías. ¿Hay algunas cosas que hubiera hecho diferente? Claro.
Pero a pesar de todo elegí la maternidad por encima de mi carrera y no me
arrepiento de eso», terminó con firmeza.
Pat fue clara como el agua y su comentario liberó la tensión de nuestra
mesa, lo cual incitó a Janice a levantar su copa. Afirmó: «¡Por las decisiones!
¡Porque todas aprovechemos al máximo las que hemos tomado y tomemos
buenas para los años por venir!». Y brindamos.
Leslie, mirando su copa vacía, dijo: «Creo que estamos listas para un
poco más de champaña. Y luego quiero oír acerca de Kim».
Capítulo 3
Mi historia
Si obedeces todas las reglas, te pierdes toda la diversión.
Katherine Hepburn.
El mesero alcanzó a escuchar el comentario de Leslie y de inmediato se
acercó a nuestra mesa llenando nuestras copas. En cuanto se alejó, Leslie
preguntó: «¿Y qué ha pasado en tu vida en los últimos veinte años, Kim?».
«Ha sido toda una aventura», comencé. «Recuerdo que cuando tenía trece
años leí un libro sobre cuatro hombres y mujeres que viajaron por Europa, en
sus últimos años de adolescencia, casi llegando a los veinte. La historia
describe de manera vívida las aventuras que encontraron en el camino: lo
bueno y lo malo. Como en esa época vivía en Nueva Jersey, donde nací y me
crié, ese libro me abrió los ojos al hecho de que había un mundo más allá de
Nueva Jersey, Nueva York y Pensilvania, fue una de las razones por las que
me mudé a Hawai».
«Recuerdo que tu familia vivía en Oregon», dijo Pat.
«Cuando tenía catorce años nos mudamos de Nueva Jersey a Nueva
York», contesté. «Fue mi primer vistazo al mundo que existía fuera de la vida
que conocí mientras crecía. Tuve una probadita de lo mucho que hay por ver
en este mundo y decidí verlo».
«Así que cuando mis padres me preguntaron en dónde quería estudiar la
universidad, dije: “Hawai”. Pensé que sería un lugar fascinante para vivir y
explorar. No sorprende que me preguntaran cuánto tiempo pasaba en el salón
de clases y cuánto en la playa. Punto válido. Pero sabiendo que yo no era la
estudiante modelo y que probablemente no tendría éxito en una universidad
tradicional, aceptaron el primer año… pensando que después sacaría de mi
sistema “ese asunto de Hawai’ y pensaría en serio en mi educación”.
»Sí, dejaste Hawai», dijo Pat. «Pero regresaste».
«Así fue», reconocí. «Como quería viajar, de hecho me cambié de
universidad cinco veces en cuatro años. Terminé graduándome en la de
Hawai con un título en mercadotecnia. Soy la más pequeña de tres hijas y,
como mis padres nos mantuvieron a las tres durante la universidad, cuando
recibí mi diploma lo envié a mis padres con una nota que decía:
“¡Felicidades! Ustedes merecen esto más que yo”».
«Recuerdo haber conocido a tus padres en un viaje que hicieron a
Honolulu», dijo Pat. «¡Eran tan divertidos!».
«Soy muy afortunada», dije. «Mis padres siempre han sido maravillosos
ejemplos para mí. Desde que tengo uso de razón, siempre me dijeron que
podía lograr cualquier cosa que quisiera. Ellos me animaron a pensar por mí
misma y repitieron una y otra vez: “Lo más importante de todo es que seas
feliz”. Y ellos vivieron lo que me enseñaron. Mi madre, maestra de escuela
que daba clases tanto en el sistema escolar tradicional como a niños con
necesidades especiales, siempre ha sido la más optimista. A través de ella,
aprendí el significado de la amabilidad, de preocuparse por los demás y de no
quedarse atorado por las pequeñas contrariedades que se presentan.
“¿Realmente vale la pena alterarse tanto?”, solía preguntar. Mi padre, hombre
de negocios y vendedor profesional, fue mi ejemplo de honestidad e
integridad. Él me enseñó que si hago un trato con alguien, debo cumplirlo a
toda costa. Actualmente, mis padres son los más orgullosos de lo que
hacemos Robert y yo».
«Y, como todas nosotras, amabas las islas y te quedaste», dijo Janice.
«Enfrentémoslo», dije. «Todas éramos jóvenes, solteras, vivíamos en
Honolulu y teníamos pocas responsabilidades. ¿Qué no es amar?».
«Es muy cierto», dijo Janice. «Aquéllos fueron tiempos muy divertidos».
Mi primer empleo
Una de las primeras lecciones de padre rico que Robert compartió
conmigo fue la siguiente: La clave para el cuadrante
«I» o del inversionista es tener tu dinero trabajando para ti
de modo que tú no trabajes por dinero.
Continué con mi historia. «Mi primer empleo de tiempo completo fue en el
departamento de medios de una de las agencias de publicidad más grandes de
Honolulu. Era un empleo excelente. Como Honolulu es un lugar muy
pequeño conocí muy rápido a la comunidad publicitaria. Y era un grupo muy
divertido. De la agencia pasé al otro lado del terreno de la publicidad y
conseguí un puesto en ventas publicitarias. Ahí trabajaba la última vez que
nos reunimos. Como tal vez recuerden, las ventas no eran algo innato en mí y
no tenía ningún programa de entrenamiento en mi trabajo. Estaba literalmente
de aprendiz allí. Tenía 25 años y dirigía una revista que servía a la comunidad
de negocios de Honolulu. Mi objetivo principal era vender anuncios para la
publicación. Tenía otros dos representantes de ventas trabajando para mí. Si
no vendíamos, no había revista. Con cada número existía la presión de
incrementar el número de anuncios respecto al anterior. Luchábamos cada
mes. Y cada mes lo sacábamos adelante».
«Ahí estabas cuando tuvimos nuestro último almuerzo juntas en
Honolulu. ¿A dónde te fuiste?», preguntó Leslie.
«Estuve en la revista cerca de dos años y decidí que era el momento de un
gran cambio. Mi plan era el siguiente: Paso 1, mudarme a Nueva York, la
Meca de la publicidad para el mundo entero. Paso 2: ascender por la escalera
corporativa. Paso 3: ¡ser recompensada con la oficina en la esquina de
Madison Avenue! Era mi plan y lo seguía… o eso pensaba.
»Pronto me di cuenta de que había un problema. Resultó que para
ascender por la escalera corporativa tendría que destacarme en acatar
órdenes. Necesitaba ser una empleada ejemplar en seguir instrucciones. Y,
como ustedes saben, realmente no me gusta que me digan qué hacer. La
historia claramente ha demostrado que seguir instrucciones no es mi fuerte.
No mencioné que me despidieron dos veces de mi primer empleo, ¿o sí?
»De modo que decidí que era momento de pasar a un Plan B. Acepté mi
defecto de carácter. Era inútil trabajar para alguien más. Pensé para mis
adentros: “Ya sé lo que haré. ¡Seré mi propia jefa!”.
»Esto de inmediato me llevó a mi siguiente dilema: no sabía nada sobre
cómo iniciar un negocio. No había crecido cerca de dueños de negocios. No
tenía idea de cómo comenzar. ¿Qué tipo de negocio quería? Me abrumé sólo
de pensarlo. Pero por lo menos sabía una cosa: quería mi propio negocio.
Cómo llegar ahí era otra historia. Como era una chica audaz de veintitantos
años, decidí mudarme a la ciudad de Nueva York y planearlo desde ahí».
Mi primera cita con Robert
«Invité a mi amiga Karen al T. G. I. Friday’s de Honolulu para hablar sobre
mis planes de mudarme a la Gran Manzana», expliqué. «Nos vimos después
de nuestro entrenamiento en el gimnasio y mientras estábamos sentadas en el
bar ella vio a su amigo Robert con sus amigos. Saludamos y eso fue todo… o
eso pensé.
»Para abreviar una larga historia, Robert me pidió que saliera con él
durante casi seis meses. Yo seguía diciendo que no. Le expliqué que me
estaba mudando a Nueva York y no podía pensar en una nueva relación. Para
hacer más interesante la trama, resultó que Karen fue novia de Robert casi
ocho años antes. Así que Robert llamó por teléfono a mi amiga Karen y le
dijo: “Karen, sé que tú y Kim son buenas amigas. ¿Me harías un favor?”.
Karen dijo: “Sé que tienes algo entre manos. ¿Qué quieres?”. Robert, como
vendedor que es, dijo: “¡Quiero una recomendación!”. “Sabía que no era una
llamada social”, rió Karen.
»Bastante segura, Karen empezó a decirme lo maravilloso que era Robert.
El problema era que hacía un trabajo de ventas tan bueno que ahora estoy
convencida de que Robert le sigue gustando. Y como soy muy fiel con mis
amigas, no iba a salir con alguien por quien ella aún sintiera algo. Así que
pasaron otros dos meses. Proseguí con mi plan de mudarme a Nueva York.
Ya para entonces, Karen me había convencido de que no estaba interesada en
Robert en el plano sentimental. En los meses en que Robert estuvo en plena
persecución, me envió flores, postales de sus viajes, tarjetas con notas
personales y más flores. Así que una tarde Robert me llamó al trabajo y me
invitó a salir. Me intrigaba y me gustaban sus atenciones, así que dije: “¿Qué
tal hoy en la noche?”.
»De vuelta a las habilidades de Robert como vendedor, por las muchas
llamadas que le hizo a Karen, descubrió mis dos cosas favoritas: buena
champaña y paseos por la playa. Eso fue lo único que necesitó para poner en
marcha el plan de nuestra primera velada juntos. Cuando me estacioné en la
puerta del lujoso hotel frente a la playa Cabeza de Diamante, donde vivía
Robert, el valet abrió la puerta de mi pequeño Toyota Celica color naranja y
dijo: “Usted debe ser Kim; Robert la espera. Permítame llevarla a su
apartamento”. Entramos al vestíbulo y tomó el elevador hacia el apartamento
de Robert. Abrió la puerta. Entré y hablamos un poco. Luego bajamos las
escaleras para llegar a Michel’s, uno de los restaurantes más finos de
Honolulu, justo en la playa. El maitre se acercó. “Señor Kiyosaki, tengo lista
su mesa con vista a la playa y su champaña se está enfriando”. Está bien…
estaba impresionada. Mientras servían la champaña, el maitre reapareció para
sugerir: “Si quieren, ¿por qué no toman su champaña y dan un paseo por la
orilla del mar?”. Está bien, ya es suficiente. Me conquistó. Y hemos estado
juntos desde entonces…».
Socios de negocios… a primera vista
«En esa primera cita, nos quedamos despiertos hasta las tres de la mañana
hablando. Todavía recuerdo la pregunta clave que me hizo Robert esa noche:
“¿Qué quieres hacer con tu vida?”. De inmediato, de mi boca salieron las
palabras: “Quiero tener mi propio negocio. No soy muy buena recibiendo
órdenes y amo los negocios, así que parece que la solución para mí es tener
uno propio”. Su respuesta fue: “Yo te puedo ayudar con eso”. Un mes
después, comenzamos juntos nuestro primer negocio juntos. Además de ser
compañeros desde esa primera cita, hemos sido socios de negocios desde
entonces.
»Esa noche, Robert me explicó el modelo de negocios que su padre rico
le había enseñado. Dibujó este diagrama:
»Saqué una libreta de notas de mi bolso y copié el diagrama de los
cuadrantes.
»“Lo denomino Cuadrante del flujo de dinero”, dijo Robert. “Representa
los cuatro tipos de personas en el mundo de los negocios. E es para
empleado. A es para autoempleado. D es para dueño de negocios e I es para
inversionista”.
»“Justo en este momento soy una E”, dije. Y cuando vi por primera vez
ese cuadrante, pregunté a Robert: “¿Cuál es la diferencia entre una persona
autoempleada y el dueño de un negocio?”.
»“Robert explicó que una persona autoempleada puede ser médico,
contador, mecánico o cosmetóloga. Ella es la dueña del negocio y trabaja en
él. Los A con frecuencia son los únicos productores de ingreso en sus
negocios. El dueño depende de otras personas que trabajan en el negocio y lo
opera con muy buenos sistemas. Microsoft, Harley Davidson y Starbucks son
ejemplos de D. Aquí está la diferencia entre los dos: si un A se toma un mes
de vacaciones, entonces su ingreso se detiene un mes. Cuando descansa, su
ingreso también lo hace. Si una persona del cuadrante D toma un mes o un
año de vacaciones, cuando regresa, su negocio estará funcionando igual o
mejor que sin ella”. Robert dijo: “La clave para el cuadrante I o del
inversionista es tener tu dinero trabajando para ti, de modo que tú no debas
trabajar por dinero”.
»“Así que idealmente quiero pasar del lado D al I del cuadrante, donde mi
negocio me dé a ganar dinero esté yo ahí o no y mis inversiones hagan lo
mismo”, concluí.
»“Ése es el plan”, dijo Robert.
»Dos meses después iniciamos nuestro primer negocio juntos. Diseñamos
un logotipo con las palabras “Ganar/Ganar” y lo bordamos en playeras y
chamarras que vendimos en varias conferencias, seminarios y convenciones a
lo largo de Estados Unidos. El propósito de ese primer negocio fue generar
ingresos y financiar nuestro viaje y colegiatura para asistir a esos programas
educativos durante un año, mientras nos preparábamos para construir nuestro
siguiente negocio».
Nota: Cuando hablo con mujeres sobre negocios e inversión, las animo a
pasar del lado E y A del Cuadrante del flujo de dinero al lado D e I. Ahí es
donde tus esfuerzos reciben mayor recompensa. (Por favor lee el libro El
Cuadrante del flujo de dinero de la serie de Padre rico, publicado también
por Aguilar, para saber más.).
1985. El año infernal
«En diciembre de 1984 vendimos todo lo que teníamos, que no era mucho, y
dejamos Honolulu para empezar a construir nuestro negocio en el sur de
California. No pasó mucho tiempo, cerca de dos meses para ser exactos, antes
de que nos hubiéramos acabado el dinero que teníamos. Estábamos en
bancarrota y sin trabajo. Nos faltaba mucho para lanzar nuestro negocio.
Hubo veces en que incluso no teníamos ni un techo, dormíamos en un Toyota
Celica golpeado. Honestamente puedo decir que 1985 fue el peor año de
nuestras vidas».
«¿Cómo fue?», preguntó Pat.
«¿Han escuchado a alguien decir: “El dinero no compra la felicidad”?»,
pregunté.
«Por supuesto», dijo Leslie.
«Bueno, puedo decirles de primera mano que el dinero te puede hacer
miserable. Yo solía pensar que los ricos eran avaros, malos y sin corazón.
Pero luego descubrí de primera mano que esas características de ninguna
manera están reservadas para los acaudalados. Cuando Robert y yo no
teníamos nada, discutíamos, nos culpábamos el uno al otro. Surgió el
resentimiento… definitivamente no estábamos en nuestro mejor momento,
nos sentimos muy estresados. La peor parte para mí fue que mi autoestima
tocó fondo. Siempre fui una mujer muy optimista, feliz, decidida y segura de
mí misma. Pero cuando pasamos por ese periodo abrumador, comencé a
dudar de todo lo que conocía y en lo que creía, incluyendo mi habilidad para
lograr cualquier cosa. Solía preguntarme: “¿De verdad sé algo?”. Lo que
comenzó como unas cuantas dudas personales, creció rápidamente en espiral
a lo que en esa época parecía un enorme hoyo negro del que era imposible
salir».
«¿Y cómo superaste ese desastre?», preguntó Pat.
Una noche de refugio
«Robert y yo tocábamos a la puerta de gente que medio conocíamos y
preguntábamos si podíamos pasar la noche en su casa. Hubo una noche
durante ese horroroso periodo, que ninguno de los dos olvidaremos nunca.
Nuestras tarjetas de crédito estaban al tope. En esos días no todos tenían las
máquinas para poder verificar el estatus de la tarjeta de crédito que se usaba.
Así que una tarde nuestro amigo nos llevó al motel 6-Pence. Era barato, cerca
de la autopista en San Diego. Entré al vestíbulo y puse mi tarjeta de crédito
en el mostrador, cruzando los dedos para que el encargado no la revisara.
Manualmente, tomó una impresión de mi tarjeta y me entregó la llave de
nuestra habitación. Me contuve de saltar de alegría justo ahí, en el vestíbulo.
Casi iba corriendo cuando crucé la puerta hacia el coche. “¡Tenemos un
cuarto! ¡Tenemos un cuarto!”, dije lo más fuerte que pude sin que me oyera
el empleado del hotel.
»Para muchos, era un motel barato. Para nosotros, esa noche, era el cielo.
Cruzamos la calle para llegar al Kentucky Fried Chicken y compramos una
cubeta de pollo. Luego fuimos a la tienda de abarrotes y adquirimos un cartón
de cerveza. Regresamos a nuestro cuarto, por fin, los dos solos. En ese
momento todo estaba bien. Teníamos un refugio en medio de la tormenta.
Esa noche simplemente nos abrazamos, sin saber qué nos depararía el día
siguiente, pero por lo menos por una noche estábamos bien.
»Estoy segura de que ni Robert ni yo habríamos superado ese año, de no
habernos tenido el uno al otro. Todo el tiempo, amigos y familiares nos
decían a ambos: “¿Por qué no consiguen un empleo?”. Tomen el sueldo por
un tiempo hasta que su negocio esté funcionando. Sabíamos que conseguir
empleos sería dar un paso atrás. Habíamos llegado hasta ese punto, no
renunciaríamos entonces. También sabíamos que si optábamos por la
comodidad del sueldo, quizá nunca construiríamos nuestro negocio. Viendo
en retrospectiva, nuestro motor fue esa horrible situación. Nos condujo a
encontrar una forma de salir del desastre en que estábamos. Y la salida no fue
fácil, pero no fue consiguiendo un empleo. Estábamos decididos a construir
nuestro negocio».
Es tiempo de tomar el control
Continué: «Finalmente llegamos al punto en que simplemente habíamos
tenido demasiado de ese caos. Robert llegó a la conclusión de que nadie
mejoraría su vida excepto él y de que era tiempo de tomar medidas drásticas.
Yo dejé de sentir pena por mí misma. Dejé de culpar a los demás por mis
circunstancias. Y los dos simplemente decidimos controlar nuestro futuro y
ponernos a trabajar. Y eso hicimos».
«¿De qué era su negocio?», preguntó Janice.
«Construimos una compañía de educación enfocada al mundo
empresarial», contesté. «Mientras Robert construyó varios negocios en
Honolulu antes de mudarnos a California, estudió por años la forma en que
aprende la gente y nuevos e innovadores métodos de enseñanza. Nuestro
negocio creció a once oficinas en siete países del mundo. Constantemente
estábamos de viaje, sobre todo en otros países».
Leslie preguntó: «¿Cuándo se casaron?».
«Nos casamos en noviembre de 1986 en La Joya, California», dije. «Al
negocio de ninguna manera le estaba yendo de maravilla, pero podíamos ver
un futuro más brillante».
«¿Qué pasó con ese negocio?», preguntó Pat. «¿Todavía lo tienen?».
Expliqué: «En 1994, después de diez años de dirigir la compañía, la
vendimos y nos retiramos. Yo tenía 37 años y Robert 47. Lo mejor es que
éramos libres».
«¿Libres en el ámbito financiero?», preguntó Pat.
«Sí. Ya no teníamos que trabajar para ganar dinero», contesté. «Fue una
gran sensación».
Leslie preguntó: «Entonces, ¿debieron vender su compañía por mucho
dinero para no tener que trabajar nunca? En especial si tú apenas tenías 37
años. Eso quiere decir que tendrían suficiente dinero para 50 o 60 años, o
más».
Me reí. «Es lo que la gente piensa. No fue la venta de nuestra compañía lo
que nos permitió retirarnos. Si tuviéramos que depender de ese dinero para
vivir, probablemente habríamos quemado el dinero obtenido en unos dos
años».
«No entiendo», dijo Leslie, confundida.
«Pudimos retirarnos en 1994 por nuestras inversiones. Cada mes
obteníamos dinero proveniente de esas inversiones, en especial en bienes
raíces, eso cubría nuestros gastos. A eso me refiero cuando digo que éramos
libres a nivel financiero».
Mi primera inversión
«Yo no sé nada sobre inversiones», admitió Pat. «Me resulta muy ajeno».
«Yo tampoco sabía», dije. «Cuando empecé en el camino de los
inversionistas, honestamente ni siquiera sabía lo que significaba la palabra
inversión. Tenía una curva de aprendizaje muy escarpada frente a mí».
«¿En qué invertiste?», preguntó Janice.
«Comencé con bienes raíces. Es lo que tiene más sentido para mí.
Compré mi primera propiedad para alquilar en 1989. Era pequeña y linda,
con dos recámaras y un baño, en Portland, Oregon. Estaba apenas a dos
cuadras de donde vivíamos. Debo decirles que fue lo más aterrador que he
enfrentado. Estaba muerta de miedo, preocupada. Temía cometer errores que
nos costarían dinero. En realidad no sabía qué esperar.
»No entraré en detalles ahora. Pero estaba extasiada cuando después de
mi primer mes como propietaria recibí la enorme ganancia o flujo de dinero
de 50 dólares por esa inversión. En ese momento estaba pasmada. Hoy
controlo bienes raíces por muchos millones de dólares al igual que otras
inversiones. Y es gracias a mis inversiones, que arrojan grandes cantidades de
flujo de dinero mensual, que soy completamente independiente y libre a nivel
financiero».
Janice dijo: «Cuando pienso en la palabra “invertir” pienso en fondos de
inversión o acciones y bonos. No pienso por lo general en bienes raíces.
¿Ganas dinero comprando y vendiendo casas?».
«No, no es mediante la compra y venta de casas, sino de comprar y
conservar la propiedad. Pero ése es un tema importante. Podemos hablar de
ello más tarde si queremos».
Rich Dad Company
«¿Qué hicieron Robert y tú después de retirarse?», preguntó Leslie. «No te
puedo imaginar descansando en la alberca todos los días».
«Definitivamente no fue el caso», dije y sonreí abiertamente. «Ese año
compramos un rancho de 34 hectáreas en un pequeño pueblo llamado Bisbee,
una comunidad artística sobre las montañas del sur de Arizona. Había una
choza destartalada en la propiedad, que en realidad era un viejo depósito de
diligencias en los días del lejano oeste. Lo convertimos en una maravillosa
casa de una recámara con estudio de artista separado. No había televisión, ni
radio… sólo paz y silencio.
»Fue en la tranquilidad de Bisbee donde Robert escribió el libro Padre
rico, padre pobre, con el subtítulo Qué le enseñan los ricos a sus hijos
acerca del dinero, ¡que las clases media y pobre no! Mientras Robert escribía
en Bisbee, yo estaba en Phoenix convirtiendo un pequeño hotel en un edificio
de apartamentos. Era la primera vez que lo hacía y me alegra decir que
resultó un éxito.
»Y hablando de éxito, Padre rico, padre pobre es ahora uno de los cuatro
libros que han estado durante más tiempo en la lista de libros más vendidos
del New York Times. Antes del lanzamiento de Padre rico, padre pobre,
creamos un juego de mesa llamado Cashflow 101. Diseñamos el juego para
enseñar con detalle a la gente qué hicimos para alcanzar libertad a nivel
financiero. Al jugar, la gente obtiene experiencia de primera mano en
inversiones y en manejo de su dinero. En el juego, el propósito es salir de la
“carrera de la rata”, donde vive la mayor parte de la gente todos los días, y
llegar al “carril rápido”, donde se encuentran las mayores inversiones. Y la
clave para pasar de un carril a otro es algo llamado flujo de dinero: cuando el
flujo que recibes de tus inversiones es mayor a tus gastos mensuales,
¡entonces estás fuera de la carrera de la rata!
»Robert, yo y nuestra socia de negocios, Sharon Lechter, publicamos
Padre rico, padre pobre. Imprimimos mil ejemplares del libro en abril de
1997. Para ser honesta, pensamos que tendríamos regalos de Navidad que nos
durarían los siguientes diez años. Ninguna librería lo quería. Ningún
distribuidor estaba dispuesto a tocarlo. Ningún mayorista nos devolvía
siquiera las llamadas. Así que empezamos a venderlo nosotros mismos. El
primer lugar donde lo pusimos a la venta fue en el lavado de autos de un
amigo nuestro. Lo colocamos donde pudimos. El libro lentamente comenzó a
vender. Se corrió el rumor y en dos años Padre rico, padre pobre estaba en la
lista de libros más vendidos del New York Times. ¡Estábamos por las nubes!
»Francamente, no nos propusimos construir otra compañía, pero The Rich
Dad Company ha crecido más de lo que esperábamos. Hoy, el libro se ha
traducido a más de 46 idiomas y se vende en más de 97 países; el juego
Cashflow 101 a 16 idiomas y sigue aumentando. Hay una serie completa de
libros de Padre Rico, al igual que de Asesores de Padre Rico, escrita por
personas que nos asesoran en materia de inversiones. El negocio ha crecido y
lo sigue haciendo como una marca a nivel mundial que representa
independencia y libertad financiera. Nadie está más agradecido y rebosante
de alegría que Robert y yo».
«¡Vaya vida!», exclamó Leslie. «Has estado muy movida los últimos
veinte años… desde no tener hogar, luego retirarte y tener ahora una
compañía internacional sumamente exitosa. Eres muy afortunada. Me
encantaría estar en tu lugar hoy».
«Definitivamente soy afortunada», reconocí. «Pero no sé si la mayoría de
las personas estarían dispuestas a pasar por lo que Robert y yo soportamos
para llegar a donde estamos. Tomamos el camino difícil (el que muchas
personas evitan) a cambio de lo que pensábamos sería el camino más fácil en
el futuro. Por fortuna, proceder así dio frutos. De modo que ésa es mi
historia. Una cosa es segura, no ha sido aburrido».
Una nota especial para las mujeres
Cunado hablo con tantas mujeres que he conocido gracias a The Rich Dad
Company, en repetidas ocasiones me piden: «Por favor, ¿podrías hablar sobre
inversiones a las mujeres?». Fue el motor para este libro. Su propósito
principal es simple y sencillamente inspirar a las mujeres a entrar en acción y
entender que volverse independientes a nivel financiero no es gran ciencia.
Cualquiera puede hacerlo. Sólo toma un poco de tiempo y educación.
Un punto que espero esté claro como el agua en este libro es el siguiente:
hoy más que nunca nosotras, como mujeres, no podemos depender de alguien
más, sea marido o pareja, padres, jefe o gobierno, para que se encargue de
nosotras a nivel financiero. Lo que era verdad para nuestras madres y
abuelas, no aplica en nosotras el día de hoy. En mi opinión, las mujeres deben
aprender a invertir para garantizar una vida segura para ellas y sus hijos. Ya
no es sólo una opción. Las reglas han cambiado y es el momento de controlar
nuestro futuro financiero.
Capítulo 4
Hace veinte años… en las islas
Las mujeres quieren hombres, carreras, dinero,
hijos, amigos, lujos, comodidad, independencia,
libertad, respeto, amor y pantimedias de tres
dólares que no se corran.
Phyllis Diller.
Después de escuchar lo que había hecho cada una durante los últimos veinte
años, regresamos a nuestros días en Hawai. Los «¿se acuerdan?» comenzaron
a fluir.
Pat levantó la mano: «¿Quién se acuerda de nuestro último almuerzo
juntas?».
La mesa quedó en silencio durante aproximadamente medio minuto
mientras nos transportábamos de regreso a las islas. Ninguna había crecido en
Hawai. Todas llegamos ahí por razones obvias: playas llenas de arena,
excelente estilo de vida, cálidas aguas del océano, clima apacible y:
¡diversión!, ¡diversión!, ¡y más diversión! Mi primer viaje a Hawai fue con
mi familia cuando estaba en preparatoria. En esas vacaciones decidí que la
gente más afortunada del mundo vivía en Hawai y que ahí viviría yo.
Todas nos remontamos a nuestros días de soltería y despreocupación en el
paraíso. Al final, Janice rompió el silencio: «Hace veinte años en el Lanai de
Tahití».
Leslie rió. «Fue en enero. Un hermoso día soleado. Todavía recuerdo a
Janice con su sombrero grande y flojo y a Martha con su diminuto top rosa de
lunares. Los hombres estaban babeando».
«Recuerdo que estábamos sentadas afuera, justo frente a la playa. Se
podía oler el bronceador», agregó Pat. «Y era estrictamente vino de la casa,
no champaña costoso. Eran tiempos maravillosos. Sin responsabilidades, sin
preocupaciones, apenas ganábamos dinero, pero vivíamos bien».
«Y todas estábamos en excelente forma puesto que vivíamos con el traje
de baño puesto», dijo Janice.
«Todas maduramos mucho juntas», dije. «Qué mal que Martha y Tracey
no pudieron estar aquí hoy. Habría sido muy bueno que estuviéramos todas
juntas. Pero, Pat, hiciste un excelente trabajo para rastrearnos. Te debemos
una».
La historia de Martha
Leslie rememoró: «Recuerdo que Martha siempre estaba en traje de baño.
Siempre llevaba en la playa su tabla para surfear. Sí, era la mejor “chica
surfista”. Creció en las playas del sur de California. No era de sorprender que
con su amor por el océano y por todo lo relacionado con él estudiara
oceanografía».
Janice agregó: «Recuerdo que la última vez que estuvimos juntas, Martha
empezaba a trabajar en el Instituto de Vida Marina. Estaba en el séptimo
cielo. Su pasión había sido siempre preservar los océanos y la vida marina.
¡Tenía la misión de salvar al mundo! Su sueño era trabajar con Jacques
Cousteau en su famoso barco, Calypso. ¿Saben si alguna vez estuvo cerca de
cumplirlo? Tú hablaste con ella, Pat».
«Sólo hablé con ella un rato», dijo Pat. «Le pregunté por qué había
regresado a California. Dijo que originalmente regresó para ayudar en el
negocio de su padre por un par de meses cuando su mejor empleado se fue.
Pero luego dijo que simplemente se quedó. Me contó que era más fácil. Y
podía surfear cuando quisiera. Recuerdo que dijo que su vida entonces era
“muy cómoda”. Pero se notaba desgastada cuando hablamos. Aparentemente,
su padre murió y ahora ella y su madre viven juntas. Como mencioné, no
pudo venir porque su madre no se encontraba bien y Martha la está cuidando.
Eso debe ser difícil».
«Han pasado veinte años», suspiró Pat.
«Y mi vida es casi 180 grados diferente de como la
imaginé. ¿Qué pasó?». «Creo que se llama
“vida”», dijo Leslie. «La vida pasó».
«Entonces, ¿nunca regresó a la oceanografía?», pregunté.
«Aparentemente no. Evitó el tema cuando le pregunté al respecto»,
respondió Pat.
«Eso me sorprende», dije.
«¿Dijo si se casó o tenía hijos?», preguntó Janice.
«No lo dijo», respondió Pat.
La historia de Tracey
«¿Cómo está Tracey? ¿Qué hace?», pregunté.
«Sonaba realmente frustrada cuando hablé con ella hace rato», comenzó
Pat. «Estaba muy abrumada por no poder estar aquí y, en sus palabras, “harta
y cansada del mundo corporativo”. No estoy segura si solo era el momento,
las dificultades con su proyecto actual o si había más que eso. Aunque
cuando he hablado con ella en otras ocasiones no suena muy feliz que
digamos. Simplemente no tiene emoción en la voz. Parece cansada. Sé que
está casada y tiene dos hijos. Ser ejecutiva de su compañía y educar a dos
hijos (y un marido) no es un camino fácil. Tracy es bastante sorprendente».
«Bueno, parece que Tracey llevó a cabo su plan», contesté. «Ella y yo nos
conocimos a través del trabajo… Bueno, algo así. ¿Recuerdan que todos los
viernes por la noche en Honolulu, después de trabajar, la ciudad cerraba las
calles principales del centro? Todos los restaurantes permanecían abiertos
hasta tarde. Había bandas tocando. Las calles llenas de gente, en su mayoría
los que trabajaban en el centro o cerca de él. Podías vagar de un restaurante o
bar a otro. Era un lugar excelente para conocer gente, en definitiva, uno de
los beneficios de trabajar en el centro. Ahí fue donde conocí a Tracey. De
inmediato nos llevamos bien. Resultó que las dos asistíamos a la escuela de
negocios de la Universidad».
Proseguí: «Tracey tenía una verdadera atracción por el mundo
corporativo. Su plan era ascender en la escalera corporativa y parece que fue
exacto lo que hizo. Recuerdo que justo después de la universidad consiguió
empleo en un puesto provisional trabajando para una de las compañías
locales de comida y pronto fue ascendida varias veces hasta un puesto muy
importante. Solía contarme sobre sus viajes de negocios a las islas exteriores
y sobre cuánto le gustaba interactuar con clientes. Definitivamente, estaba en
su elemento. Confío que todavía sea así».
«Es sorprendente lo mucho que pasó en los últimos veinte años», suspiró
Pat. «Mi vida es casi 180 grados diferente de como la imaginé cuando estaba
empezando por mi cuenta. Tantos giros que nunca esperé».
«Creo que se llama “vida”», afirmó Leslie. «La vida pasó». Hizo una
pausa y dijo: «No sé si todas recuerdan la conversación que tuvimos hacia el
final de nuestro último almuerzo juntas y qué nos llevó a estar juntas hoy
aquí». Todas admitimos que no sabíamos exactamente a qué conversación se
refería Leslie.
«Fue algo semejante a esto», recordó Leslie. «Janice se reunió con
nosotras cerca de media hora después, bufando y resoplando. Hablando a mil
kilómetros por minuto sobre todas las cosas que la retrasaron».
«Algunas cosas nunca cambian», interrumpió Pat.
«¡Oye! ¡No es justo!», rió Janice.
Nuestro pacto a veinte años
Leslie hizo un vívido recuento de nuestra conversación de tantos años atrás:
«¿De qué han estado hablando?», preguntó Janice mientras el bolso le
resbalaba del hombro y su sombrero grande y flojo estaba a punto de caer de
su cabeza. «¿Qué me he perdido? Pónganme al corriente. Pónganme al
corriente».
Todas dimos versiones abreviadas de en qué punto estábamos de la
conversación. Y luego Pat dijo: «Me pregunto qué estaremos haciendo todas
dentro de veinte años».
«¡Dentro de veinte años!», gritó Martha. «¡Apenas podemos pensar en lo
que haremos después de este almuerzo, mucho menos en lo que pasará dentro
de veinte años!».
«¡En veinte años estaremos viejas!», vociferó Tracey. «¿Quién quiere
pensar en eso?». Todas reímos. No queríamos pensar, punto. Sólo queríamos
disfrutar de nuestro almuerzo con las chicas.
Pero Pat insistió, «Vamos, chicas, ¿en dónde se ven, qué quieren estar
haciendo?».
Janice entró en la conversación: «Quiero ser muy rica, estar locamente
enamorada y viajar por el mundo».
«¡Yo me quedo con eso!».
«¡Yo también!».
«¡Y yo!».
«¡Inclúyanme!».
Todas estábamos pensando: «¡Oh! Eso nos evita una discusión larga,
seria, introspectiva y profunda respecto a nuestro futuro. Es un día muy
agradable para pensar en nuestro futuro. Parece como si nos hubieran hecho
esa misma pregunta desde que estábamos en la primaria: “¿Qué quieres ser
cuando seas grande?”. Simplemente vamos a disfrutar el día de hoy».
De cualquier manera, Pat hizo un último intento. «Estoy segura de que
nos estaremos frecuentando a lo largo de los años, pero al final quizá
tomemos diferentes direcciones. ¿Qué tal si todas acordamos reunirnos de
nuevo en veinte años? ¿No sería divertido ver qué hacemos entonces?».
Para sacar del tema de una vez por todas a Pat acordamos que veinte años
después nos reuniríamos para un «almuerzo de chicas» y compartiríamos
nuestras experiencias. Por supuesto, no hubo discusión respecto a quién lo
organizaría y cómo nos mantendríamos en contacto hasta entonces. Pero
habíamos tomado la decisión y sin más podíamos disfrutar del almuerzo.
Todas reímos y aplaudimos la evocación que Leslie hizo de nuestra
conversación junto a la playa. Estaba en lo correcto.
«Recuerdo haber logrado que todas aceptaran reunirse, pero olvidé el
resto», admitió Pat.
«Sólo prométeme que no vas a ponernos a pensar profundamente en este
almuerzo también», insistió Janice riendo.
«Lo dejaré a alguna de ustedes esta vez», dijo Pat.
«¿A alguien le gustaría un postre?», preguntó nuestro mesero.
Capítulo 5
No sólo se trata de dinero
Puedes tenerlo todo. Simplemente no
puedes tenerlo todo a la vez.
Ophra Winfrey.
No pudimos resistirnos a ordenar un par de postres para compartir entre las
cuatro. Cuando el mesero se fue con nuestra orden, Leslie preguntó: «Kim,
dijiste que te retiraste hace varios años, ¿correcto?».
«Sí, en 1994», respondí.
«A todas luces no parece que estés llevando una vida descansada,
relajada. Mi imagen del retiro es pasar tiempo en el campo de golf, en el club
o descansar en las cubiertas de los cruceros. Parece que estás trabajando más
que nunca».
Me reí. «Definitivamente no diría que tengo una vida relajada. Aunque
tocas un buen tema. Pienso que en la mente de la mayoría de las personas la
palabra “retiro” supone esas imágenes idílicas: una pareja recostada en una
playa de arena blanca, jugando dieciocho hoyos de golf o viajando a esos
lugares lejanos con los que siempre soñaste».
«Me gustan los lugares lejanos y las playas de arena blanca», confesó
Janice.
«A mí también», acordé. «También disfruto de una ronda de golf. Y, lo
más importante para mí, amo los nuevos retos y aprender. Y mi trabajo es
una parte muy importante de mi vida. El asunto es que no se trataba tanto de
estar retirada o dejar de trabajar, era que me encontraba en una posición
financiera en la cual ya no tenía que trabajar si elegía no hacerlo. No
necesitaba el dinero de mi trabajo o negocios para vivir. Podía elegir lo que
quería. Literalmente era libre a nivel financiero para hacerlo».
Leslie siguió con el tema: «Entonces, si no te importa que lo pregunte,
¿cómo llegaste a esa posición? Sé que dijiste que tenías dinero proveniente de
tus inversiones, pero no entiendo cómo eso pudo ser suficiente para retirarse.
Quiero decir, para no tener que trabajar debiste hacer una fortuna. ¿Cómo lo
lograste?».
«Primero que nada, no hice una fortuna», dije. «Fue un proceso que
comenzó años atrás para nosotros. El padre rico de Robert siempre le dijo:
“Debes aprender a hacer que tu dinero trabaje duro para ti, de modo que tú no
debas trabajar duro para ganar dinero”. Decía que mientras tú fueras el que
trabajara por dinero nunca serías libre, porque siempre tendrías que trabajar
para recibir dinero».
«¿A quién te refieres con “el padre rico de Robert’?”, preguntó Janice.
»Su padre rico era el mejor amigo de su padre; dejó la escuela a los trece
años para mantener a su familia. Logró convertirse en uno de los hombres
más adinerados del estado de Hawai. Robert da crédito a su padre rico por
mucho de lo que ha aprendido sobre dinero e inversiones.
»Cuando Robert tenía nueve años, su padre rico empezó a enseñarle
cómo hacer que su dinero trabajara para él. Y es lo que yo empecé a aprender
en 1989. Ese año, aprendí cómo poner a trabajar a mi dinero para mí. Fue
entonces cuando entré al mundo de las inversiones».
«Está bien, has mencionado inversión varias veces», dijo Leslie con
impaciencia. «Yo tengo algunas preocupaciones reales en lo que respecta a
las inversiones. ¡La gente pierde dinero al invertir! Pienso que es muy
arriesgado. ¡Y demasiado confuso! ¡Necesitas la mente de un mago
financiero para entender las inversiones! Yo soy artista; con trabajos puedo
llevar una chequera. ¡Creo que nunca podría invertir!».
«Yo siempre he dejado las inversiones a mi marido», dijo Pat.
«Simplemente parece que no tengo talento para eso. Es tan complicado… Y
nunca puedo entender de qué hablan los corredores». Luego preguntó:
«¿Juegas en la bolsa? ¿Haces mucho dinero comprando y vendiendo
acciones? Mi marido apenas parece quedar tablas cuando invierte».
Janice agregó: «Yo tengo algunas acciones y fondos de inversión pero no
les presto mucha atención. Los compré hace años. Hago eso de “comprar y
retener”, pero en realidad es como “compra y espera a que aumenten de
valor”. Además, estoy demasiado ocupada con mi negocio como para
molestarme».
Permanecí en silencio después de escuchar sus comentarios. Todas
esperaban que respondiera. Elegí mis palabras con cuidado: «Lo único que
dije fue la palabra “inversión” y las tres tuvieron reacciones automáticas.
Leslie dice que es demasiado arriesgado. Pat que es muy complicado. Y
Janice que no tiene tiempo. Todas me dicen por qué invertir no es para
ustedes».
Seguí adelante: «Retomemos el asunto. Leslie me preguntó cómo me
retiré. Dije que a través de las inversiones. Pero déjenme ser clara, mi meta
no era invertir, ni siquiera era hacerme rica. Mi meta era ser independiente a
nivel financiero. A muy temprana edad supe que no quería depender de nadie
—ni de un marido, ni de un jefe, ni de mis padres— para mi bienestar
financiero. Para mí, la independencia financiera es libertad. Mientras
dependiera de alguien para mi supervivencia no sería libre. Simplemente eso.
La forma como se definía para mí la independencia financiera era: el
momento en que tuviera más dinero entrante cada mes —sin que yo trabajara
por él— que el saliente para mis gastos mensuales. Hay muchas maneras de
lograrlo», expliqué. «Por supuesto, está la lotería, pero sabía que mis
posibilidades de pegarle al gordo eran prácticamente nulas. No planeaba
heredar dinero. Y no me iba a casar con alguien por dinero».
Janice interrumpió: «¿Recuerdan a Erica, que trabajaba en el gimnasio?
Se casó por dinero con un tipo 30 años mayor que ella. Vaya que tiene
anécdotas que contar. No sé quién ha tenido más aventuras, él o ella».
Todas miramos a Janice con gran sorpresa.
«Lo siento, sólo pensé que podía mencionarlo en la conversación», dijo.
«Como dije, no me iba a casar por dinero», resumí.
«Algunas personas hacen sus fortunas en negocios. Incluso conforme
Robert y yo construíamos los nuestros, no había ninguna garantía de éxito. Y
si los nuestros eran exitosos, ¿por cuánto tiempo querríamos dirigirlos? Así
que cuando fui introducida al mundo de las inversiones me interesé».
Leslie se veía confundida. «Sabes, sí reaccioné. Y mientras estoy sentada
aquí me doy cuenta de que en realidad no sé lo que significa la palabra
“invertir”».
Sonreí. «Como dije, yo tampoco. Y para ser honesta no fue tanto la idea
de invertir la que llamó mi atención, fue el concepto de tener dinero entrante
cada mes proveniente de mis inversiones, por el cual literalmente no tenía
que ir a trabajar. Como dijiste antes, Leslie, cualquiera de nosotras necesitaría
una fortuna para no tener que trabajar. Y si estaba planeando vivir de mis
ahorros, entonces necesitaría una fortuna en ahorros. Pero si tenía dinero
entrante cada mes proveniente de mis inversiones, entonces no necesitaría
adquirir una enorme suma de dinero para vivir. ¿Le están encontrando
sentido?».
Las tres, vacilantes, asintieron con la cabeza.
«¿Así que para ti es más importante tener dinero fijo entrante cada mes en
lugar de amasar grandes cantidades en ahorros?», preguntó Pat.
«Sí», contesté. «Se llama flujo de dinero. Cada mes, el efectivo fluye».
«¿Cuánto flujo de dinero necesitas al mes?», preguntó Pat.
Llegó el momento en que me pregunté: «¿Qué quieres
hacer con tu vida?». Ahora tenía opciones. Podía hacer
lo que quería simplemente porque lo deseaba,
no porque necesitara hacerlo.
«Excelente pregunta. Trabaje o no, quiero que cada mes entre dinero que
pague todos mis gastos… De eso se trata simplemente. Fue mi meta desde el
inicio. Adquirir inversiones que arrojaran suficiente flujo de dinero al mes
para pagar por mi estilo de vida. ¿Y qué es lo importante en eso? Que a los
37 años quedé en libertad. En ese punto ya no tenía que ir a la oficina,
perderme cosas que deseaba realizar o tolerar que mi jefe me dijera qué
hacer. Ya no necesitaba depender de nadie por dinero. Era libre de hacer lo
que quería en cualquier momento. Creo que para mí fue el punto en que
realmente comencé a preguntarme: “¿qué quieres hacer con tu vida?”. Fue
como estar de regreso en Honolulu hace veinte años, empezando y con todas
esas opciones disponibles para mí, sólo que no estaba preocupada por dinero.
Ahora era cuestión de elegir qué hacer porque lo deseaba, no porque
necesitara hacerlo. La independencia financiera consiste en tener opciones.
»Déjenme agregar una cosa más. Veo a muchas mujeres atrapadas en
matrimonios miserables porque dependen de sus maridos, o a mujeres en
empleos que odian porque necesitan un sueldo fijo. En mi opinión, se quedan
porque han elegido “seguridad” sobre “autoestima”. Eso para mí es el mayor
crimen de todos. Muchas mujeres eligen una situación medio infeliz por
razones financieras y luego dicen: “El dinero no es tan importante”. El dinero
desempeña un papel más grande en la vida de las mujeres de lo que admitiría
la mayoría. Sólo pregúntate, si tuvieras todo el dinero del mundo, ¿quizá
existen algunas cosas que harías de manera diferente en tu vida? El dinero
tiene el poder de mantener atrapada a una mujer o de ponerla en libertad.
Depende de ella».
Las tres mujeres en torno a la mesa estaban en silencio. Pienso que atrapé
su atención.
Por qué las mujeres deben convertirse en
inversionistas
Una joven periodista se me acercó hace poco y me dijo de una manera
bastante apasionada: «Debemos hacer que las mujeres estén conscientes de
que necesitan encargarse de su dinero. ¡No pueden depender de alguien más
para que lo haga en su lugar!». Después de hablar más con ella, descubrí de
dónde venía la pasión. Resulta que su madre de 54 años acababa de
divorciarse. Había quedado básicamente sin nada y se mudó con su hija,
quien debía mantener a ambas. Esta situación fue una llamada de atención
para la joven periodista y la cimbró. Al ver hacia delante, descubrió que si su
sueldo fijo se detenía, tenía cerca de 7000 dólares de respaldo. De pronto, se
vio impulsada a la acción.
Como dije en la introducción de este libro, el «cómo» de la inversión,
cómo comprar y vender acciones, cómo manejar una propiedad de alquiler o
analizar una inversión de negocios, es el mismo para hombres y mujeres. Sin
embargo, las razones de por qué las mujeres deben convertirse en
inversionistas son muy diferentes.
Sabemos que llevamos vidas distintas a las que llevaron nuestras madres.
Es sorprendente qué tan diferentes. A continuación menciono seis razones de
por qué las mujeres necesitan entrar en el juego de las inversiones.
1) Las estadísticas
Las estadísticas sobre mujeres y dinero son sorprendentes. Las siguientes
cifras son estadounidenses. No obstante, encuentro que para otros países del
mundo son muy similares o apuntan en la misma dirección.
En Estados Unidos:
47% de las mujeres con más de 50 años son solteras. Esto significa
que son responsables de sí mismas a nivel financiero.
El ingreso por jubilación que reciben las mujeres es menor al de los
hombres porque una mujer está fuera de la fuerza laboral un promedio
de 14.7 años en comparación a 1.6 años en el caso de hombres. Las
mujeres por lo general son las principales responsables de cuidar del
hogar. Esto, aunado a salarios más bajos, resulta en beneficios de
jubilación de tan sólo ¼ respecto a los de los hombres (fuente:
National Center for Women and Retirement Research, NCWRR)
50% de los matrimonios terminan en divorcio. ¿Y por lo general quién
cuida de los hijos? La mujer. Así que ahora ella es la única
responsable de sí misma… y de sus hijos. ¿Y cuál es el tema número
uno por el que pelean las parejas? Dinero.
En el primer año de un divorcio el nivel de vida de una mujer baja en
promedio 73 por ciento.
Desde 2000, se espera que las mujeres vivan en promedio de siete a
diez años más que los hombres (fuente: Ann Letteeresee, 12 de junio
de 2000), lo que significa que deben tomar medidas para esos años
adicionales. Sin embargo, las mujeres casadas de la generación del
baby boom pueden esperar vivir más que sus maridos, en promedio de
quince a veinte años.
La mujer promedio nacida entre 1948 y 1964 probablemente
permanecerá en la fuerza laboral hasta los 74 años, debido a la
cobertura de pensión y ahorros financieros inadecuados (fuente:
Nacional Center for Women and Retirement Research, 1996.)
De los ancianos que viven en la pobreza:
Tres de cada cuatro son mujeres (fuente: Morningstar Fund
Investor).
80% de las mujeres no eran pobres cuando sus maridos vivían.
Aproximadamente siete de cada diez mujeres en algún momento de su
vida viven en la pobreza.
¿Qué nos dicen estas estadísticas? Cada vez más mujeres, en especial
conforme envejecen, no están educadas o preparadas para cuidarse a nivel
financiero. Hemos pasado la vida entera cuidando a nuestras familias, pero no
tenemos la habilidad para ver por nosotras en este sentido vital. Dependemos
de alguien más para que lo haga por nosotras: un marido o pareja, un jefe, un
pariente o el gobierno; o simplemente pensamos que todo saldrá bien. Los
cuentos de hadas con los que crecimos fueron justo eso.
Tres estadísticas finales por considerar.
90% de todas las mujeres tendrá la responsabilidad exclusiva de sus
finanzas en algún momento de su vida. No obstante, 79% no ha hecho
planes al respecto.
58% de las mujeres nacidas durante el baby boom tiene menos de 10
mil dólares de jubilación.
Sólo 20% de las mujeres de la generación del baby boom tendrá
seguridad financiera en el retiro (fuente: Ms. Magazine, 2002). Esto
significa que 80% de nosotras no la tendrá. Sin embargo, el hecho de
que estés leyendo este libro indica que estás inclinándote hacia el 20
por ciento. Idealmente, conforme más mujeres inviertan, ese 20%
aumentará de manera significativa.
2) Evitar la dependencia
No te casas para divorciarte. No comienzas un nuevo trabajo esperando que
te despidan. Sin embargo esto sucede cada vez con más frecuencia. He dicho
esto antes, pero, mujeres, si dependen de su marido, jefe o de cualquier otra
persona para su futuro financiero, piénsenlo dos veces. Puede que ellos
simplemente no estén ahí cuando ustedes los necesiten. Con frecuencia quizá
ni siquiera nos damos cuenta de lo dependientes que somos hasta que nos
enfrentamos con nuestra llamada de alerta personal.
Mi historia personal es ésta. Robert y yo hemos sido socios de negocios
desde un mes después de nuestra primera cita. Construimos varios negocios a
lo largo de los años.
Llevábamos seis años con nuestra compañía de educación empresarial
cuando una discusión me llevó a una epifanía. La compañía estaba operando
en Australia, Nueva Zelanda, Estados Unidos, Hong Kong, Singapur, Malasia
y Canadá. Construimos los negocios con Robert como figura principal,
vocero y visionario, lo cual tenía perfecta lógica de negocios. Un día Robert y
yo tuvimos un desacuerdo que se convirtió en una gran pelea. Al calor de la
discusión azoté la puerta de nuestra casa. Ninguno de los dos razonaba en ese
momento. Necesitaba tiempo para pensar y caminé en la zona de la montaña
cercana a nuestra casa. Mientras estaba sola con mis pensamientos, la
realidad me asestó un golpe.
Toda mi vida me enorgullecí de ser independiente. Desde el momento en
que conseguí mi primer empleo en la preparatoria supe que no sería
dependiente mientras ganara dinero. Y, aunque construí esta compañía con
Robert desde cero, la verdad me golpeó en la cara: de repente comprendí que
si Robert y yo nos separábamos, no sólo perdería mi matrimonio… ¡sino
también mi negocio! Como Robert era la figura central de nuestra compañía,
si se iba, el negocio colapsaría. Y, si se quedaba, entonces yo me iría. De
cualquier manera, la realidad era que, sin darme cuenta, me había dispuesto a
ser dependiente de Robert. ¡No podía creerlo! Sé que Robert no lo veía de esa
forma, pero yo sí. Fue mi llamada de alerta. Y ahora quería asegurarme de
que cualquier decisión que tomara sería la correcta para mí… y no para mi
cuenta bancaria.
Robert y yo resolvimos nuestra discusión y estaba claro que deseábamos
seguir juntos por mucho tiempo. Pero esa llamada de alerta tuvo un efecto
que cambió mi vida. Hasta ese momento, había comprado algunas
propiedades para alquilar, pero lo veía como un pasatiempo. Ahora era mi
medio de alcanzar la libertad. Ahí fue cuando la pasión entró e invertir ya no
fue un pasatiempo para mí, fue una misión.
Hubo un enorme, inesperado beneficio cuando me convertí en
inversionista. Una vez que entendí las reglas del juego y aprendí cómo hacer
dinero de manera pasiva, sin trabajar, por primera vez me di cuenta de que ya
no necesitaba a Robert. Aún más revelador fue descubrir que quería estar con
él, no por necesidad sino por deseo. En ese punto nuestra relación adquirió un
nuevo significado. Estábamos juntos porque ambos lo deseábamos.
Otro inmenso regalo fue que mi autoestima creció en este proceso. Como
resultado, Robert y yo teníamos más respeto, amor, igualdad y felicidad en
nuestro matrimonio.
3) Sin techo de cristal
Un obstáculo para muchas mujeres en el mundo corporativo es el mito del
techo de cristal: establece que por nuestro género, las mujeres sólo podemos
llegar hasta cierto nivel en la escalera corporativa.
En el mundo de las inversiones, a los mercados bursátiles no les importa
si eres mujer o si eres hombre, blanco o negro, alguien con título universitario
o que nunca terminó la preparatoria. A los mercados bursátiles sólo les
interesa qué tan inteligente eres con tu dinero. La clave es educación y
experiencia. Cuanto más inteligente seas en tus decisiones, mayor será tu
éxito como inversionista. No hay límites, no hay techo —ni de vidrio ni de
nada— para las mujeres en el mundo de las inversiones.
4) Sin límites de ingreso
Debido al techo de cristal y a la desigualdad de sueldos entre hombres y
mujeres, una mujer a menudo está limitada en cuanto al ingreso al que aspira.
Algunos estudios muestran que mujeres con la misma educación y
experiencia que sus contrapartes masculinas ganan cerca de 74 centavos por
cada dólar de sus compañeros. En las inversiones, el dinero que puedes ganar
es ilimitado. Eres completamente responsable de ello y controlas la cantidad
de dinero que deseas ganar como inversionista.
Como yo no quería que nadie me dijera cuánto podía ganar, no tener
límite respecto a mi ingreso me atrajo en gran medida.
5) Aumento de la autoestima
Personalmente, pienso que es uno de los mayores beneficios para las mujeres
inversionistas. No es poco común que la autoestima de una mujer se relacione
con su habilidad para mantenerse. Depender de cualquiera para tu vida
financiera puede reducir tu propio valor. Puedes hacer cosas que no harías si
el dinero no fuera un problema.
He visto elevarse la autoestima de muchas mujeres una vez que saben
cómo salir adelante en lo financiero por cuenta propia. Y cuando la
autoestima de una mujer se eleva, las relaciones a su alrededor se
intensifican. Su vida mejora en general porque se sienten bien consigo
mismas y toman decisiones que les resultan legítimas. Con cada pequeña
victoria, tu seguridad aumenta. Una mayor seguridad conduce a una
autoestima más alta, que a su vez conlleva un éxito más grande y el mayor
regalo de todos: la libertad.
6) Control de tu tiempo
Un gran impedimento para las mujeres (quizá más frecuente que para los
hombres) en lo que respecta a las inversiones es el tiempo. Esto es
especialmente cierto para las madres que a menudo pasan muchas horas del
día cuidando a los hijos. Escucho a muchas mujeres decir: «Después de
regresar del trabajo, debo preparar la cena, ayudar a mis hijos con su tarea y
lavar los platos. ¡Para cuando todos están en la cama y tengo un momento
libre, estoy exhausta!».
Como inversionista controlas tu tiempo. Invertir es algo que puedes hacer
con tiempo parcial o completo, desde tu casa, oficina o donde sea.
También es algo en lo que puedes incluir a tus hijos. Muchas madres me
han dicho que los llevan a ver propiedades o inversiones en negocios
potenciales. Y un gran bono adicional es que, cuando incluyes a tus hijos en
el proceso de inversión, en realidad les estás enseñando a ser inversionistas.
Te conviertes en maestra justo como el padre rico de Robert para él.
Yo no tengo hijos, pero ciertamente comprendo el deseo de pasar tiempo
con ellos, verlos crecer, estar ahí en todos sus «primeros momentos». Es una
de las mayores libertades que existen: tiempo. Ser inversionista te permite
pasar tu tiempo como quieres, con tus hijos, cónyuge o pareja, de vacaciones
o en tratos potenciales. Tienes el control de tu tiempo.
Resumen
Las seis razones anteriores explican por qué las mujeres y las inversiones van
de la mano. Las estadísticas demuestran cuánto han cambiado los tiempos y
señalan que nuestra educación financiera ya no es un lujo, sino una
necesidad. Depender de alguien más para tu futuro financiero es como tirar
los dados en Las Vegas. La recompensa puede estar ahí, al final, pero el
riesgo es altísimo. Los techos de cristal y los límites al ingreso van en contra
de lo que muchas mujeres han buscado por siglos. Ambos desaparecen en el
mundo de las inversiones. Y los dos regalos más grandes que existen (un
sentido más alto de tu valor y tiempo para hacer con él lo que quieras) pueden
ser tuyos. Hoy en día, las inversiones ya no son sólo una buena idea para las
mujeres, son imprescindibles.
Capítulo 6
«¡No tengo tiempo!»
Creo que somos las únicas responsables de nuestras elecciones
y tenemos que aceptar las consecuencias de cada hecho,
palabra y pensamiento a lo largo de nuestra vida.
Elizabeth Kubler-Ross.
Pat habló primero: «Todo esto es bastante revelador. Claramente me puedo
sentir dependiente de mi marido a nivel financiero. Nunca me siento
realmente cómoda tomando esas decisiones porque siento que él es quien
gana el dinero, así que no tengo mucha gestión. Tengo mi propio guardadito
que he ahorrado y que uso para lo que quiera.
Sin embargo, lo que me asombra y realmente me incomoda es una buena
amiga que está en mitad de un divorcio luego de 22 años de matrimonio. Se
quedará con muy poco cuando todo se haya resuelto… salvo la pensión para
los niños. Ella encaja justo en esas estadísticas. Además, no ha estado dentro
de la fuerza laboral en los últimos dieciocho años. Casi tiene 50 y además de
sacar adelante las cuentas, busca qué poner en su currículo. Está
aterrorizada», concluyó Pat.
Janice se veía un poco inquieta: «Déjame preguntarte esto», comenzó.
«Amo mi negocio y planeo pasar el resto de mi carrera en él o venderlo con
una buena ganancia. ¿Por qué necesito invertir? Siento que tengo un plan
sólido».
«Tienes un plan excelente», le dije. «De lo que estoy hablando es de tener
opciones. Si tu plan funciona como imaginas, entonces maravilloso. Y,
conociéndote, harás que así sea. En cuanto a The Rich Dad Company, haber
llegado en principio a la compañía con independencia financiera, realmente
incrementó el éxito de nuestro negocio. Cuando empezamos la compañía,
Robert y yo no necesitábamos dinero para vivir. Lo mismo era cierto en el
caso de nuestra socia, Sharon. Así que en cada decisión que tomábamos nos
preguntábamos: “¿Cuál es la mejor decisión para la compañía?”, no “¿Qué
pondrá más dinero en nuestros bolsillos?”. Eso por sí solo aceleró el
crecimiento de nuestra compañía. Nos condujo a tomar mejores decisiones
para el negocio.
»Aquí hay otro ejemplo de una mujer que ama su trabajo», continué.
«Tengo una muy buena amiga, Carol, dentista. Es dueña de su consultorio.
Hace poco le diagnosticaron cáncer de mama. Gracias a Dios el doctor lo
detectó a tiempo y ella está bien. Me llamó poco después del calvario y dijo:
´Ésta ha sido una enorme llamada de alerta para mí. Voy por ahí como una
dentista exitosa, ganando un ingreso excelente, disfrutando lo que hago y de
repente tengo cáncer. De inmediato comencé a pensar en qué pasaría si no
pudiera trabajar. Mi buen ingreso rápidamente se iría a ceros. Y mis ahorros
podrían mantenerme por un año». Fue un momento aterrador. No sólo
enfrentaba el cáncer, sino, para colmo, un posible desastre financiero.
»Como resultado de esa llamada de atención, hoy es dueña de varias
propiedades para alquilar que arrojan un ingreso mensual sano y está
preparando su consultorio para que funcione sin ella, si alguna vez elige
dejarlo».
«De nuevo», terminé, «simplemente se trata de darte opciones».
Janice asintió en conformidad.
La excusa número 1 de las mujeres
«Pero, Janice, tú hiciste la primera y más importante pregunta que una mujer
necesita resolver cuando se trata de empezar algo nuevo».
«¿Qué pregunté?».
«Algo que si no respondes con honestidad arruinará tus posibilidades de
éxito», dije. «Primero, déjame decir esto: no estoy aquí hoy para
convencerlas de convertirse en inversionistas fabulosas… aunque creo que
sería algo muy inteligente de su parte. Estamos aquí hoy para ponernos al
corriente respecto a las vidas de las demás, para tener un maravilloso
almuerzo juntas, hablar de “los viejos tiempos” y disfrutar del día».
«Eso está bien», dijo Pat. «Esto se está poniendo bueno».
«Bien, porque a veces no puedo evitar compartir con personas que me
importan lo que he aprendido en el transcurso de los años. Y cuando
empiezo, es difícil que me callen. Así que, si parece que estoy predicando,
ofrezco disculpas. Lo que he hecho y he aprendido no es porque sea lista,
tenga un título universitario, habilidades especiales o sepa más que cualquier
otra persona. Lo que he hecho no es porque tengo esas brillantes ideas que
me vienen a la mente. No tiene nada que ver con eso. Pero he aprendido de
muchos maestros excelentes… la mayoría ni siquiera se da cuenta de que son
maestros. Son personas de negocios, inversionistas, escritores, padres y
amigos. Así que, cuando hablo sobre inversiones y sobre lo que hago,
comparto con ustedes una combinación del conocimiento y experiencia de
todas esas personas.
»En verdad no estoy aquí para hablarles sobre nada. Sólo soy un poco
entusiasta porque he visto cómo la vida de muchas mujeres ha dado un giro
para mejorar desde que entraron en este juego. En vez de que yo siga hable y
hable, si quieren conversar más al respecto lo podemos hacer en otra ocasión.
Por ahora disfrutemos nuestra reunión».
Cuál es la pregunta
«No tan rápido», interrumpió Janice. «Dijiste que yo había hecho una
pregunta importante. Quiero saber cuál».
Miré a Pat y a Leslie. «¿Ustedes dos quieren escuchar esto? Puedo hablar
con Janice después sobre el tema».
«No, continúa», exclamó Leslie. «Definitivamente quiero escucharlo.
Sólo estoy sorprendida con lo que escucho porque, para ser del todo honesta,
he buscado algunas respuestas al respecto».
Pat agregó: «Tienes mi atención, aunque algunas cosas que dices parecen
muy lejanas para que las pueda entender. Continúa».
«Está bien», comencé. «Janice hizo “la” pregunta. Pero antes de entrar en
materia déjenme darles una pista. Déjenme hacerles a todas una pregunta. Si
les dijera, pasemos tres días completos a la semana, todas las semanas,
haciendo ejercicio y poniéndonos en forma, ¿qué dirían?».
«Estoy demasiado ocupada. No puedo dejar mi negocio con tanta
frecuencia», comenzó Janice.
«Sí, claro, no puedo tomarme tres días de mi trabajo. Es demasiado
tiempo», secundó Leslie.
«Yo lo haría si tuviera tiempo. Realmente estoy fuera de forma», terminó
Pat.
«Tiempo. Siempre es cuestión de tiempo, ¿no es cierto?», pregunté.
Todas asintieron con la cabeza.
«Estamos demasiado ocupadas. No tenemos tiempo. Aunque es algo que
sabemos que sería bueno para nosotras, los requerimientos de tiempo son
demasiado grandes».
«Entonces, ¿a qué quieres llegar?», preguntó Leslie.
Proseguí: «A menudo usamos excusas, disfrazadas de razones, cuando no
queremos hacer algo. Las razones suenan perfectamente lógicas y aceptables,
pero en realidad es la forma que tiene una persona de decir: “No voy a hacer
eso” o “No quiero hacer aquello”. ¿Y la excusa o razón número uno que usa
la gente hoy en día, cuál es?».
Lo que he hecho y aprendido no es porque sea lista, tenga
un título universitario, habilidades especiales o sepa más
que cualquier otra persona.
Lo que he hecho no es porque tengo ésas
brillantes ideas que me vienen a la mente.
No tiene nada que ver con eso.
Pero he aprendido de muchos maestros excelentes…
la mayoría ni siquiera se da cuenta de que
son maestros. Son personas de negocios, inversionistas,
escritores, padres y amigos.
«¡No tengo tiempo!», dijo Leslie.
«¡Exacto! Y a menudo no tenemos tiempo. Sin duda todas estamos muy
ocupadas. Con qué frecuencia decimos: “Si tan sólo el día tuviera más
horas”. Esto es especialmente cierto en el caso de las mujeres. Cuántas
tenemos carreras de tiempo completo, hijos, un marido o una relación,
además de actividades cotidianas adicionales. Así que cuando alguien sugiere
agregar otra actividad que demande nuestro tiempo explotamos.
»Cuando decimos “no tengo tiempo”, sólo afirmamos “lo que tengo en mi
plato es más importante que la actividad adicional que sugieres”. No está bien
ni mal decir “no tengo tiempo”. Pero la pregunta que deben hacerse es
“¿realmente qué es más importante?”. A menudo la excusa de no tener
tiempo es una respuesta automática porque estamos abrumadas y no podemos
imaginarnos agregando una cosa más a la carga de trabajo».
«¿Y qué tal si realmente estamos hasta el tope de trabajo y actividades y
simplemente no tenemos tiempo?», preguntó Janice.
«Es una buena pregunta», reconocí.
«Soy buena con las preguntas, no tanto con las respuestas», rió Janice.
«Lo cual es un perfecto regreso a nuestra pregunta original», respondí.
«La razón o excusa número uno que escucho de las mujeres cuando les hablo
sobre empezar a invertir es, adivinaron: “¡No tengo tiempo!”. De manera que
si hacen malabares con familia, carrera, obras de caridad, deportes, por no
mencionar el simple hecho de mantenerse en contacto con amigos y la vida
cotidiana, ¿cómo encuentran tiempo?
Por desgracia no podemos añadir más horas al día. A partir de hablar con
muchas mujeres parece claro que la forma como “encuentras tiempo” es la
respuesta a la pregunta original de Janice».
«Qué es…», rogó Janice.
«La pregunta crítica que hiciste fue: “¿Por qué necesito invertir?”».
Las tres mujeres estaban totalmente desconcertadas.
«¿Y por qué es la pregunta más importante?», preguntó Leslie con una
mirada confundida.
Tu motivo personal
«Porque la mayoría de las personas piensan que el primer paso para invertir
es aprender los “cómo”», contesté. «Cómo encontrar un buen corredor de
bienes raíces. Cómo adquirir una opción de compra. Cómo ubicar un buen
negocio donde invertir. Los cómo no son difíciles de aprender. Toma algo de
tiempo (ahí está de nuevo esa palabra) y algo de educación. Pero el paso real
en lo que respecta a la inversión es encontrar por qué quieres o necesitas
aprender. ¿Por qué tomarías este reto? ¿Qué te motivaría e impulsaría a
invertir tiempo y esfuerzo para convertirte en una buena inversionista?».
«Yo sólo quiero hacer suficiente dinero, de modo que no tenga que ir a
trabajar todos los días», ofreció como respuesta Leslie.
«¿Ganar suficiente dinero, de modo que ya no tengas que ir a trabajar, te
inspira leer libros, hacer esfuerzo físico, asistir a seminarios, buscar y reunirte
con expertos en inversiones y ceder tus días libres?», pregunté.
«¡Vaya! Suena como demasiado trabajo. Me canso de sólo pensarlo»,
respondió.
«Entonces no es tu por qué. Si no te inspira, no es una razón fuerte y
apremiante para hacerlo», expliqué.
«Entonces, ¿cuál es una razón apremiante? ¿Puedes darnos un ejemplo?»,
preguntó Pat.
Pensé por un momento. «Está bien. ¿Recuerdan cuando les pregunté
sobre pasar tres días enteros a la semana haciendo ejercicio?». Todas
asintieron con la cabeza. «Obviamente ninguna de ustedes tenía una razón
apremiante para hacerlo. Cada una dio la razón de por qué no podían cumplir
con el compromiso. ¿De acuerdo?», pregunté.
De nuevo asintieron.
Continué. «¿Qué tal si fueran al médico a una revisión y les dijera que
tienen una enfermedad extraña y si no hacen ejercicio tres días completos a la
semana morirán? ¿Ahora tendrían una razón apremiante para hacer
ejercicio?».
Sus ojos se abrieron al máximo.
«Eso con toda seguridad me funcionaría a mí», dijo Janice. «De pronto,
hacer ejercicio se convertiría en mi prioridad».
«¡Ahí lo tienes!», dije emocionada. «En un inicio, hacer ejercicio no era
prioridad en su vida. En cuanto descubres esa razón, se convierte en la
principal prioridad. Es exactamente a lo que me refiero cuando hablo sobre
encontrar tu propio por qué».
«Entonces si no descubres la razón real de por qué, no es una prioridad y
probablemente no lo harás», dijo Pat.
«O no te mantendrás. Si comienzas, las probabilidades son que pierdas
interés y te rindas», añadí. «¿Cuántas veces hemos comenzado algo que
parecía muy importante pero nunca lo terminamos? Probablemente se debe a
que sonaba como una idea excelente, pero nunca nos tomamos tiempo para
revelar la verdadera razón para hacerlo. En lo que respecta a iniciarse en la
inversión, hay una gran curva de aprendizaje, así que no es suficiente decir
que mi razón es “Quiero hacer más dinero” o “Quiero comprar propiedades
para alquilar” o “Quiero retirarme”. Todas ésas son razones, pero dudo de
que las inspirarían cuando estuvieran listas a renunciar, porque se pone un
poco difícil o sienten que han hecho “suficiente” y los resultados aún no
llegan. Su personal por qué debe ser deslumbrante y conmovedor, de manera
que cuando comiencen a dudar de lo que hacen su por qué las mantenga en
marcha».
«Entonces el solo hecho de decirme a mí misma: “Debería invertir” o
“Tal y cual dijeron que era una buena idea” no me motivará a seguir adelante
porque no he descubierto mi beneficio profundo, lo que representa para mí
verdaderamente», dijo Leslie.
Algunos por qué
«Exactamente. El otro día escuché un fantástico por qué», dije. «Estaba
hablando con un caballero, Peter, padre soltero con un hijo de siete años. Me
dijo: “Soy ingeniero. Veo a mi hijo unos minutos en la mañana, luego el
padre de otro niño lo recoge para llevarlo a la escuela y me voy a trabajar. Si
tengo suerte llego a casa antes de que se acueste. La razón por la que quería
ser libre a nivel financiero era simple y sencillamente para llevar a mi hijo a
la escuela todos los días. Eso era todo. Bueno, me tomó cuatro años y hoy
soy libre. El flujo de dinero de mis inversiones paga por mi estilo de vida. Y
hoy llevo a mi hijo a la escuela todos los días. Probablemente soy la única
persona en la autopista de Los Ángeles atorado en medio del tránsito a la
hora pico con una enorme sonrisa en el rostro”. Ésa es una valiosa razón de
por qué».
«Eso me recuerda a mi vecina», dijo Leslie. «Ella y yo hablamos a
menudo y comparte conmigo lo frustrada que se siente por ser madre soltera.
Sus padres se divorciaron cuando tenía cinco años y él obtuvo la custodia. El
problema era que su padre siempre estaba trabajando o persiguiendo a su
siguiente novia. Mi vecina dice que tuvo muy poca a nula guía o estabilidad
mientras creció. Básicamente la cuidaron niñeras. En consecuencia, sólo
deseaba que sus hijos supieran que eran amados, protegidos y cuidados todos
los días. Simplemente quería pasar el mayor tiempo posible con ellos. Su
dilema, como el de tantas mujeres, es que debe trabajar tiempo completo para
mantener a su familia, lo que a veces incluye noches y días. Tiene su razón
de por qué. Sólo que no sabe qué hacer al respecto».
«Mi hermana es otro ejemplo», anunció Pat. «Desde que fue capaz de
abrir un libro ha soñado con viajar por el mundo. Solía devorar libros sobre
tierras extranjeras. Sus trabajos finales siempre tenían lugar en ubicaciones
exóticas. Acumuló una enorme colección de folletos y artículos de todos los
lugares que soñaba visitar. Constantemente me dice que quiere vivir su sueño
antes de ser demasiado vieja para disfrutarlo. Estaría muy emocionada con
esta conversación».
«Hay incontables por qué. Estoy segura de que todo el mundo tiene uno.
Sólo que no tomamos tiempo para descubrirlo. Por desgracia, para muchas de
nosotras nuestro por qué nos da un golpe en la cara como llamada de
atención».
«¿A qué te refieres con una “llamada de atención”?», preguntó Janice.
«¿Recuerdan que mencioné a mi amiga dentista? Su por qué se hizo claro
como el agua cuando le diagnosticaron cáncer. De hecho tuvo dos llamadas
de atención. La primera fue obviamente por su salud. Comenzó a estudiar el
cáncer. ¿Cuáles eran las posibles causas? ¿Qué podía hacer diferente para
mejorar sus probabilidades? ¿Necesitaba cambiar su dieta o hábitos de
trabajo? De repente, su salud fue su prioridad número uno.
»La segunda llamada de atención se relacionaba con dinero. Se daba
cuenta de que si no podía trabajar, no tendría ingresos. Sus ahorros eran casi
inexistentes. No tenía apoyos si no podía trabajar. Fue la patada en el trasero
que necesitaba para tomar el control de sus finanzas a largo plazo».
«He visto eso a menudo con varias personas en lo que respecta a su
salud», agregó Janice. «La mayoría nunca consideramos la salud como
nuestra principal prioridad, hasta que enfrentamos un problema… es el
primer susto. Para mí, siempre es una batalla cuando suena el despertador por
la mañana: ¿voy al gimnasio o me doy vuelta y regreso a la cama?».
«Yo hago eso algunas veces», se quejó Leslie.
«Yo me he sentido culpable por ello, más de una vez», agregué. «Así que
volviendo a esa excusa número uno, “No tengo tiempo”, una vez que
descubres tu verdadera razón de por qué quieres invertir (o la razón real de
por qué quieres empezar algo nuevo) entonces la excusa desaparece».
«Porque se convierte en la principal prioridad en tu vida», terminó Pat el
razonamiento. «Porque puedo ver lo que realmente representa para mí».
Leslie interrumpió: «En realidad no es diferente a cuando estábamos
empezando hace veinte años. Nuestra prioridad entonces era nuestra carrera.
En ello nos concentrábamos. ¡Nos emocionaba tomar ese nuevo reto! Ahí
pasábamos la mayor parte de nuestro tiempo… entre chicos, playa y citas…
era lo número uno para todas. Pero después, en lugar de hacer que las cosas
fueran una prioridad en mi vida de manera deliberada, reaccioné ante lo que
sucedía y eso determinó la ruta que ha seguido mi vida hasta ahora. Ahora me
doy cuenta de que nunca hice de mis prioridades una prioridad».
«Eso es bastante filosófico», bromeó Janice. «Pero en verdad es un gran
tema. Me doy cuenta de que sólo me he dado una opción en términos de mi
futuro (construir mi negocio y venderlo)… y si funciona, genial. Pero ¿si
ocurre algo inesperado o me consumo con él? Necesito más de una opción y
en especial me gusta la idea de tener dinero cada mes sin trabajar para
obtenerlo. Cuéntame más al respecto, porque es un tema del que no sé
absolutamente nada. También empezaré a pensar en mi razón de por qué voy
a comprometer tiempo y energía para volverme, como tú dices, independiente
a nivel financiero… sin importar qué haga con mi negocio. ¡Qué idea tan
liberadora!».
«Lo que obtengo de todo esto», agregó Pat, «es que no estoy segura de
que alguna vez haya pensado en mi por qué hago cualquier cosa. Sólo porque
se necesita hacer. Nunca me he sentado y dicho: “Éstas son mis prioridades”.
Simplemente circulo con la vida un día y otro, sin cuestionar por qué lo hago.
Vaya, ahora puedo ver cómo esto me daría mucho más control sobre mi
vida».
Leslie preguntó en voz alta: «¿Cómo diablos entramos en una discusión
tan pesada? ¡Cielos! Esto comenzó como un agradable almuerzo, ¡y ahora
hablamos sobre cambiar nuestros mundos! ¿Quién empezó todo esto?».
Todas callamos en ese momento. Luego terminó: «Bueno, quienquiera que
haya sido… gracias… es justo lo que necesitaba escuchar».
Acordamos mantenernos en contacto. Aplaudimos a Pat por la
organización del almuerzo y salimos al aire fresco para tomar nuestros taxis.
Mientras se acercaba el primero, Janice gritó: «¡Oh no! ¡Tenía que asistir a
una gran inauguración hace media hora! ¡Perdí la noción del tiempo por
completo!». Mientras subía al taxi, dijo: «¡Fue muy divertido! ¡Llámenme!»,
y partió en un remolino.
Las tres nos miramos: sí, algunas cosas nunca cambian.
Cómo descubrir tu motivo para
independizarte a nivel financiero
Busca un lugar tranquilo sin distracciones, un ambiente que te permita
ponerte en comunicación contigo. Tómate tu tiempo, no te apresures. Tu
razón personal puede llegar en un instante o quizá descubras que deseas
pensar al respecto durante un tiempo.
1. a) Pregúntate: «¿Cuál es mi verdadera razón para querer ser
independiente a nivel financiero?»
¿Qué harías si nunca tuvieras que volver a trabajar?
¿Qué pasaría si tuvieras todo el tiempo del mundo para
pasarlo exactamente como quisieras?
¿En qué sería distinta tu vida si el dinero no fuera una
preocupación?
2. b) Escribe todas las ideas que te vengan a la mente.
3. a) Pregúntate de nuevo: «¿Cuál es mi razón más profunda,
medular, para querer ser independiente a nivel financiero?».
Busca más profundo.
b) Escribe todas las ideas que se te ocurran.
4. a) Pregúntate de nuevo, llegando a lo más profundo: «¿Cuál es mi
razón íntima, sincera, para querer ser independiente a nivel
financiero?»
b) Escribe todas las ideas que te vengan a la mente.
Continúa haciéndote la pregunta una y otra vez, yendo cada vez más a
fondo dentro de ti, hasta que tu razón personal sea clara como el agua.
Capítulo 7
¿Qué significa ser independiente
a nivel financiero?
No deseo que (las mujeres) tengan poder sobre
los hombres, sino sobre sí mismas.
Mary Wollstonecraft.
¿Exactamente qué es independencia financiera? ¿Significa que tienes un
empleo bien remunerado y puedes mantenerte? ¿Significa que has ahorrado
una buena suma de dinero que te dure para los próximos 30 o 40 años? Para
muchas personas, la libertad financiera se traduce en: «Voy a trabajar hasta
que tenga 65 años y luego me retiraré».
Hay muchas ideas sobre lo que constituye la independencia financiera. La
siguiente definición la he usado durante bastante tiempo y me permitió
retirarme a los 37.
Primero, permíteme decir lo siguiente: te recomiendo que leas Padre rico,
padre pobre (Aguilar, 2004), libro escrito por mi marido, Robert. Es una
historia de la vida real basada en sus dos «padres». El «pobre» era su padre
biológico, doctor con alto grado de educación que trabajaba como supervisor
de escuelas para el estado de Hawai. Robert lo llama su «padre pobre»
porque, sin importar cuánto dinero ganara, siempre estaba quebrado al final
de mes. El «padre rico» de Robert, como dije a mis amigas, era el mejor
amigo de su padre. Tuvo muy poca educación formal y logró construir un
imperio de bienes raíces en Hawai. De modo que Padre rico, padre pobre es
una historia sobre lo que ambos enseñaron a sus hijos (Robert y su mejor
amigo) sobre el tema del dinero.
La mayoría de las filosofías y conceptos que sigo en torno a dinero,
riqueza y libertad financiera son resultado de lo que aprendí de Robert al
hablar y escribir sobre su padre rico. Así que, en vez de darte una versión de
tercera mano de las lecciones de padre rico, te propongo leer el libro. Te dará
los fundamentos y un cimiento sólido para construir. Leerlo resulta realmente
imprescindible si piensas en serio sobre tu futuro financiero.
Lo más sorprendente de la información proveniente de padre rico es lo
que hizo para adquirir su riqueza: lo opuesto en casi 180 grados a lo
recomendado por los «expertos financieros». Además, no es una gran ciencia.
No es complicado. Simplemente se necesita algo de tiempo, educación y
sentido común.
De modo que, regresando a educación financiera, ¿qué es eso? Déjame
afirmar claramente que la siguiente definición y fórmula me permitió
mantener y hacer crecer mi soberanía financiera. He escuchado definir la
independencia financiera de muchas formas y por muchas personas. No hay
respuesta correcta o incorrecta. Simplemente explico los términos y criterios
que uso al invertir, mismos que me llevaron a ser libre a nivel financiero.
La fórmula es la que el padre rico de Robert le enseñó. De nuevo, para
una explicación más completa, por favor lee Padre rico, padre pobre.
La fórmula es la siguiente:
Compro y creo activos que generan flujo de dinero. El flujo de dinero
de mis activos paga mis gastos. Una vez que el flujo mensual
proveniente de mis activos es igual o mayor a mis gastos mensuales,
entonces soy independiente a nivel financiero. Soy libre a nivel
financiero porque mis activos arrojan flujo de dinero y trabajan para
mí. Ya no debo trabajar por dinero.
¿Qué es un activo?
El padre rico de Robert tenía una forma de poner las cosas en términos muy
realistas. Su definición de un activo, que yo uso, es:
«Un activo, si dejas de trabajar, es algo que pone dinero en tu bolsillo».
Simple. Si dejaras de trabajar hoy, lo cual significa que tu salario se
detendría, ¿de dónde llegaría dinero a tu bolsillo? La mayoría de las mujeres
a quienes explico esto por primera vez responden: «De ninguna parte». No
habría dinero.
Una mujer insistía: «Pero mi brazalete de diamantes es un activo».
A lo cual respondí: «¿Lo vas a vender?».
«¡Por supuesto que no!», dijo indignada.
«Bueno, entonces, ¿te está poniendo dinero en el bolsillo hoy?».
«No», admitió en voz baja.
«Entonces es simple. Según la definición de padre rico, no es un activo.
El día que lo vendas y ponga dinero en tu bolsillo, será considerado un
activo».
Un activo puede ser una propiedad de alquiler con flujo de dinero
positivo. Puede ser un negocio en el que invertiste y te da flujo de dinero
anual. Puede ser una acción que paga un dividendo. La clave es que sea una
inversión de la cual recibas dinero con regularidad, que te proporcione
efectivo positivo.
En el otro lado de la moneda, un pasivo, de acuerdo con padre rico, saca
dinero de tu bolsillo. Si dejaras de trabajar, las probabilidades indican que tu
auto quitaría dinero de tu bolsillo cada mes mediante pagos, gasolina y
mantenimiento. Tu casa te quitaría dinero cada mes en forma de hipoteca,
predial, seguro y mantenimiento. Todo eso es flujo de dinero negativo.
De acuerdo con padre rico, la razón por la que la gente se mete en
problemas financieros o nunca sale adelante es que tiene pasivos que les han
hecho creer que son activos. Una de las lecciones más importantes que
aprendí de padre rico fue saber la diferencia entre activo y pasivo.
Así que la primera parte de la fórmula es comprar o crear activos. Y un
activo, según padre rico, arroja flujo de dinero positivo.
¿Qué es flujo de dinero?
Hay dos aspectos clave que atiendo al adquirir activos. El primer elemento, y
el más importante, es: flujo de dinero.
Digamos que pones una cantidad de dinero en una inversión. Pueden ser
acciones, bienes raíces o un negocio. Cada mes (o trimestre o año) recibes
una ganancia (o pago) por el dinero que invertiste.
En el mundo de las acciones, el dividendo de una acción que compras es
un flujo de dinero.
Aquí hay un ejemplo del mundo de los negocios: inviertes 25 000 dólares
en el nuevo negocio de comida gourmet de tu amiga. (No es que yo esté
recomendando que inviertas dinero con amigos… ésa es otra historia). Cada
mes recibes un cheque de 400 dólares como ganancias, son flujo de dinero.
Aquí hay un ejemplo del mundo de bienes raíces: pagas 20 000 dólares
como enganche por una propiedad para alquilar de dos unidades. Al final de
cada mes, después de cobrar la renta, pagar gastos de la propiedad e hipoteca,
tu ganancia neta es de 300 dólares, dinero que fluye directamente a tu
bolsillo.
¿Por qué invertirías, si no es por flujo de dinero? La mayoría de las
personas invierten por una de dos razones: flujo de dinero o ganancias de
capital.
Ganancias de capital
Las ganancias de capital se obtienen una sola vez. El flujo de dinero es una
ganancia constante. Por ejemplo, compras una casa por 100 000 dólares. La
vendes por 130 000. Después de pagar una comisión al agente de bienes
raíces y cerrar costos, tu ganancia neta es de 20 000 dólares: representan tu
ganancia de capital.
Si compras una acción en 20 dólares y la vendes en 25, la ganancia que
obtienes de la venta se considera ganancia de capital.
Para obtener estas ganancias debes vender tus inversiones o activos. Para
obtener más ganancias de capital, o beneficios, debes comprar y vender la
siguiente inversión o activo.
El flujo de dinero sigue fluyendo mientras tengas el activo (y se
administre bien). Cuando vendes ese activo, el flujo de dinero termina. Si
vendes la inversión, tus ganancias entrarán en la categoría de ganancias de
capital.
¿Cómo calculas el flujo de dinero?
Calcular tu flujo de dinero en dividendos de acciones y negocios (asumiendo
que eres estrictamente un inversionista en el negocio y no lo estás operando
realmente) es bastante sencillo. Cuando compras una acción que paga un
dividendo, es tu flujo de dinero. Realmente no hay nada que calcular respecto
al flujo de dinero. Pero hay otra fórmula importante para calcular, junto con
el flujo de dinero, de la cual hablaremos a continuación.
Calcular el flujo de dinero para una inversión pura de negocio no es
diferente. Pones tanto dinero como tu inversión y recibes un cheque cada mes
o cada trimestre por ese negocio y el uso de tu dinero. El flujo de dinero que
recibes por lo general proviene de las ganancias de ese negocio.
Si esto te suena poco común, no debería ser así. No es distinto a una
cuenta de ahorros. Los intereses que recibes por tus ahorros pueden
considerarse flujo de dinero. El problema con los ahorros es que las actuales
tasas de interés de uno a dos por ciento de tu flujo de dinero, son casi nada.
Como inversionista, quieres que tu dinero trabaje duro por ti. Y una ganancia
de uno a dos por ciento es muy poco.
Con inversiones en bienes raíces, sea una casa para una familia, un
edificio de apartamentos, de oficinas o un centro comercial, el cálculo es el
mismo. La ecuación es:
La parte esencial de la ecuación es que tu flujo de dinero sea positivo, no
negativo.
¿Por qué el flujo de dinero es tan importante para la independencia
financiera?
La independencia financiera significa una sola cosa para mí: libertad.
Soy libre de hacer lo que quiero, sea tener una vida de ocio o ir tras una
nueva empresa. Soy libre de estar con las personas que elija. Soy libre de fijar
mis horarios. Mi tiempo es en verdad mío.
Compro y creo activos que generan flujo de dinero. El flujo
de dinero de mis activos paga mis gastos.
Una vez que mi flujo de dinero mensual proveniente de mis
activos es igual o mayor que mis gastos mensuales, entonces
soy independiente a nivel financiero.
Soy libre a nivel financiero porque mis activos
arrojan flujo de dinero y trabajan para mí.
No debo trabajar por dinero.
Libertad significa tener más opciones. Si pudieras escoger entre volar en
clase turista o en primera clase, ¿cuál elegirías? La mayoría de las personas
no tienen esa opción. Vuelan en clase turista porque es lo único que pueden
pagar. Si pudieras comer en un buen puesto de tacos o cenar en un restaurante
gourmet de cinco estrellas, ¿cuál elegirías? Depende del ánimo que tengas.
(Yo probablemente optaría por el puesto de tacos). El asunto es que con
libertad financiera puedes elegir. Muchas personas sólo tienen una opción: la
comida barata.
Así que, ¿cómo encaja en todo esto el flujo de dinero? Mientras tenga que
trabajar, no soy libre. (Puedo elegir trabajar, lo cual es muy diferente a tener
que trabajar). Si debo hacer algo todos los días y generar dinero para vivir,
entonces no soy libre.
Lo que me encanta del flujo de dinero positivo es que el dinero entra cada
mes, trabaje o no trabaje. Mis edificios de apartamentos arrojan dinero cada
mes a mi bolsillo. Mis propiedades comerciales generan ganancias jugosas
que recibo puntualmente. Las regalías de los libros de Robert dan un ingreso
mensual por el cual ya no debe trabajar. Escribe el libro una vez y, si el libro
tiene valor y es recomendado por quienes lo leen, entra flujo de dinero;
sucede, trabaje Robert o no.
La meta número uno es tener más flujo de dinero entrante del que sale por
gastos. Quiero comprar y crear cosas que generen ese flujo de dinero sin
tener que trabajar por él. A eso llamamos activos.
Quiero que mis activos trabajen para mí, en vez de que yo trabaje por
dinero.
Por esta razón las ganancias de capital son un beneficio secundario para
mí, no un objetivo primario. Debo vender el activo para recibir ganancias de
capital. Luego ese dinero se usa en gastos y entonces debo comprar otra
inversión y volver a venderla. Ese dinero se destina a gastos y el ciclo
continúa. Nunca soy realmente libre.
Otros dicen: «Ahorraré suficiente dinero para vivir el resto de mi vida». Y
está bien. Sólo piensa en lo siguiente: ¿cuánto dinero tendrás que ahorrar para
vivir? ¿Cuál será la tasa de interés de tus ahorros cuando te retires? ¿Vas a
contar cada centavo que gastes por miedo a quedarte sin dinero? ¿Tu nivel de
vida bajará para estirar el dinero ahorrado? Sólo unas cuantas preguntas que
hacen pensar…
Sé que Robert y yo, teníamos una meta: comprar y crear activos que
generaran el flujo necesario para pagar nuestros gastos cada mes. En 1994
decidimos «retirarnos» haciendo justo eso.
Lo mejor es que no necesitas grandes cantidades de dinero para ser libre a
nivel financiero. En 1994, Robert y yo teníamos 10 000 dólares cada mes
provenientes de nuestras inversiones. Nuestros gastos en esa época eran
aproximadamente de 3000 dólares al mes. En ese punto fuimos libres.
Teníamos dinero más que suficiente cada mes para manejar nuestros gastos.
Por supuesto, no queríamos detenernos ahí, así que continuamos
comprando y creando activos. Nuestro flujo de dinero creció y permitió que
nuestros gastos crecieran, lo que elevó nuestro nivel de vida.
¿Cuál es el segundo elemento al analizar un activo?
Mencioné que tengo dos puntos clave al analizar inversiones potenciales.
El primero es flujo de dinero. El segundo, que va de la mano con el flujo de
dinero, es la ganancia sobre la inversión (rendimiento de la inversión).
¿Qué es una ganancia sobre la inversión (rendimiento)?
Tu ganancia sobre la inversión (o rendimiento de la inversión) es eso: la
cantidad de efectivo que el dinero que invertiste te paga o regresa. En otras
palabras, ¿qué tan duro trabaja para ti el dinero invertido?
Hay muchas maneras de calcular la ganancia sobre la inversión, según lo
que midas. Cuando me refiero a ganancia sobre la inversión, por lo general
quiero decir lo que en inversiones se denomina ganancia por dinero invertido.
Sólo me interesa una cosa: cuánto dinero entra a mi bolsillo.
Algunas fórmulas consideran la depreciación al calcular la ganancia sobre
la inversión. Otra asume que el flujo de dinero que recibes se reinvierte de
inmediato y lo toma en consideración. Cada fórmula es precisa, dependiendo
de qué quieres medir. Yo prefiero mantenerla simple. Todo es flujo de dinero.
¿Cómo calculas la ganancia por dinero invertido?
Es muy simple. Se muestra como un porcentaje y por lo general se
calcula como cifra anual. La ecuación es:
Flujo de dinero anual / cantidad de dinero invertido.
= Ganancia por dinero invertido.
Por ejemplo, compro una propiedad para alquilar, cuyo costo es 100 mil
dólares. Daré un enganche de 20% o 20 mil dólares. Cada mes tengo un flujo
de dinero positivo de 200 dólares por un flujo de dinero anual de 2400
dólares. Esos 2400 (mi flujo de dinero anual) dividido entre 20 000 dólares
(la cantidad de dinero que invertí en la propiedad) = 12% de ganancia por
dinero invertido.
Consideremos la compra de una acción. Compras 2500 dólares en
acciones que dan dividendos. Recibes un dividendo anual de 100 dólares,
divididos entre 2500 = 4% de ganancia por dinero invertido.
Ahora, veamos la cuenta de ahorros promedio actual. Puedes recibir 2%
de interés sobre tus ahorros. Si tienes 1000 dólares en ahorros, el banco te
pagará 20 dólares anuales.
De nuevo, la fórmula es simple. ¿Cuánto dinero invierto? ¿Y cuánto
dinero recibo por esas inversiones?
Todo el razonamiento enfocado en el flujo de dinero es: quieres que tu
dinero trabaje duro para ti, no que tú debas trabajar duro por tu dinero. La
ganancia sobre la inversión mide específicamente qué tan duro trabaja tu
dinero por ti y te permite comparar el desempeño de tus inversiones. Si
recibes 2% de ganancia sobre la inversión (rendimiento), no está trabajando
muy duro. Si recibes 50%, realmente tienes un miembro activo en tu equipo.
Mantente en sintonía.
El camino que me condujo a ser libre a nivel financiero no requiere gran
ciencia. La fórmula es bastante simple. Sin embargo, no necesariamente es
fácil. Toma tiempo y educación. No llegará de la noche a la mañana. Pero te
garantizo que cuando empieces a ver dinero entrante, el juego se hará muy
divertido… y tus esfuerzos y resultados mostrarán que el viaje vale la pena.
Entonces, si esta fórmula es tan simple, ¿qué impide a las mujeres entrar
en acción y controlar su vida financiera?
Ya explicamos la excusa número uno para no hacer algo, dicen y creen:
«No tengo tiempo». Confío en que te resultará claro que siempre puedes tener
tiempo para algo que es importante para ti.
No es que no tengamos tiempo, es que elegimos hacer otras cosas con
nuestro tiempo… cierto, la mayoría ya corremos a un millón de kilómetros
por hora. Sólo debes saber que si te dices, como es posible en este momento,
«no tengo tiempo», entonces no has hecho de esto una prioridad, no has
encontrado el por qué. Pero puedo decirte de primera mano que cuando las
mujeres hacen de su bienestar financiero una prioridad no hay nada que las
detenga. Y cada vez más mujeres lo hacen.
Así que, ¿de qué otra forma nos contenemos las mujeres? La segunda
excusa más popular que escucho de miles de mujeres no sólo es tonta, sino
aberrante. No es una excusa válida, está tan lejos de la verdad que es absurda.
La excusa número dos que las mujeres usamos es…
Capítulo 8
«¡No soy lo suficientemente inteligente!»
Pienso que la clave es que las mujeres
no se fijen ningún límite.
Martina Navratilova.
Alrededor de una semana después de nuestro almuerzo en Nueva York,
estaba en el auto camino a una junta cuando sonó mi celular.
«Hola, Kim, habla Leslie. ¿Tienes un minuto?».
«Claro».
«He estado pensando mucho en la conversación que tuvimos en el
almuerzo, sobre invertir y ser independiente a nivel financiero. Todo suena
bien. Parece exactamente lo que quiero, pero sigo llegando al mismo
problema una y otra vez».
«¿Qué problema?», pregunté.
Leslie explicó: «Toda mi vida he estado en el arte. Colores, formas,
estilo, técnica. Así funciona mi mente, no de manera metódica y analítica. El
punto es que soy un caos respecto a números y matemáticas. Simplemente no
pienso que tenga la suficiente inteligencia en lo que a invertir se refiere. Y
cada vez que pienso iniciar, se me nublan los ojos. Incluso salí a comprar The
Wall Street Journal. ¡Igual podría estar leyendo en chino! Pienso que hay
personas que tienen un don natural para este asunto y entienden de números,
pero yo no».
La frustración de Leslie era bastante notoria. De modo que dije con
cautela: «Primero, déjame preguntarte esto: ¿has encontrado tu razón de por
qué deseas empezar a invertir?».
«El porqué está claro como el agua», contestó Leslie. «Lo único que
quiero es pintar. El arte es mi pasión. El problema es que estoy tan ocupada
en la galería para pagar mis cuentas que nunca tengo tiempo para pintar.
Quiero tomar mis pinturas y mi caballete, pasar días pintando en lugares
maravillosos y únicos. Idealmente, me gustaría viajar a Europa y pintar ahí,
así como estudiar a los grandes maestros. Hay cursos de arte que me
encantaría tomar. Si me quedara un solo día de vida, pintaría. Sí, estoy muy
consciente de mi razón».
«Felicidades. Ahora inicia tu proceso», declaré.
«¿Qué proceso?», preguntó un poco frustrada.
«Hacerte rica o ser libre a nivel financiero no sucederá de la noche a la
mañana. Cada vez que emprendemos algo nuevo hay una curva de
aprendizaje por la que debemos pasar. Y puede ser muy incómodo, en
especial al principio, porque entramos en un terreno del que sabemos muy
poco».
«Imagino que es como cuando aprendí a manejar», dijo. «Al principio me
sentía como idiota porque pisaba demasiado el acelerador o saltaba sobre el
freno y casi salía por el parabrisas. Casi choqué el auto la primera vez que
estuve en la autopista».
«Exactamente de eso hablo. Hoy no piensas dos veces respecto al
acelerador, el freno o siquiera el volante. Es casi automático. Al principio, la
curva de aprendizaje era enorme. Ahora es un hábito», la tranquilicé.
«Entonces es un proceso y hay mucho que aprender», prosiguió. «Pero no
sé si soy lo suficientemente inteligente para asumir esto. Invertir parece ser
un juego de hombres. Tal vez su talento para los números es mejor que el
mío. No sé si puedo competir en un juego de hombres».
«Primero que nada», dije, «tienes razón. Los hombres son buenos con los
números… 90-60-90… para ser exactas».
Leslie rió.
«Pero, en serio, ¿por qué piensas que es un juego de hombres?».
Leslie respondió: «Bueno, no veo o escucho de muchas mujeres
inversionistas en las noticias. Todos los de alto nivel parecen ser hombres. En
lo personal, no sé de muchas mujeres ejemplares en lo que respecta al dinero
o las inversiones. Pienso que los hombres tienen una mejor comprensión del
tema que las mujeres».
«Una pregunta para ti», dije con tranquilidad. «¿Los hombres eran
mejores que las mujeres para elegir funcionarios públicos? ¿Por eso es que
sólo los hombres votaban hace tiempo? ¿Eran mejores estudiantes que las
mujeres? ¿Eran mejores para escuchar y valorar la evidencia? ¿Por eso
durante años sólo los hombres estuvieron sentados como miembros del
jurado?».
«¡Por supuesto que no!», exclamó Leslie.
«Debes entender que hay una gran diferencia entre hacer algo mejor y
hacerlo por más tiempo», subrayé.
«En cuanto a que no tienes la suficiente inteligencia para invertir, hay
sólo tres cosas clave que necesitas entender y luego apuesto a que esa idea se
desvanecerá para siempre. Así sucedió en mi caso».
«Está bien, soy toda oídos. ¿Cuáles son?», preguntó.
Nuestra conversación telefónica continuó y le dije lo que ahora comparto
contigo.
Lo que nos han enseñado a las mujeres
1) Educación.
Enfrentémoslo: no ha habido buena información para las mujeres en lo que
respecta al dinero. De hecho, mucho de lo que se enseña raya en lo
degradante: cómo llevar una chequera, comprar un seguro de auto, reducir
gastos, ahorrar centavos en la tienda de abarrotes. Honestamente, creo que
somos un poco más inteligentes que eso.
Sí, debes poner en orden tus finanzas. Sí, por supuesto, debes conocer las
bases. Todo eso es muy importante. Pero eso no es suficiente hoy en día, es
sólo el comienzo, los cimientos. Una vez que entiendes las bases, entonces
debes tomar un papel activo para alcanzar tus propias metas financieras.
Si escucho a un hombre decir una vez más de manera condescendiente:
«Oh, mi esposa maneja todas nuestras finanzas», voy a gritar. Nueve de cada
diez veces ella no maneja las finanzas. Paga las cuentas y lleva la chequera.
Eso es todo. Si sondeas más a fondo descubrirás que cede a su marido todas
las decisiones de inversión y de compra más importantes. Él maneja la
compra y venta de acciones, las transacciones de bienes raíces y, la mayoría,
si no es que todas, las decisiones financieras.
Y cuando su esposo muere y ella debe manejar los asuntos financieros, no
tiene idea de qué hacer. El hecho alarmante es que 80% de las mujeres viudas
son pobres, y no lo eran cuando sus maridos vivían. Recuerda, 90% de
nosotras seremos las únicas responsables de nuestros asuntos financieros en
algún momento de nuestra vida. El marido de una mujer se ha ido y ella no ha
tenido ninguna experiencia ni educación respecto a las finanzas, de manera
que decide mal o pide al «señor Ayuda» (el especialista financiero, el
corredor de bolsa, el agente de bienes raíces, el planificador estatal) que
venga a rescatarla. «Yo me encargaré de eso en su lugar», dice. «Permítame
ayudarla a administrar su dinero. Le arreglaré el portafolio de inversión
perfecto y usted ni siquiera tendrá que pensar en ello». Bueno, querida, si tú
no estás pensando en tu propio dinero, ¿realmente crees que otra persona lo
hará?
A continuación hay un panorama aterrador en el caso de Dawn, de San
Luis. Ella escribe:
Tengo 58 años. Mi marido murió de manera inesperada. No tengo idea
de cuánto dinero tenemos ni dónde se encuentra. Él mismo lo
administraba y se enorgullecía de asegurarse de que yo nunca me
preocupara por el dinero, lo que significa que nunca hablamos del
tema.
Ahora que se ha ido me siento como un bebé desvalido de un año que
quiere ponerse de pie pero aún se cae. He estado en la oscuridad todos
estos años. Justo antes de que comenzara el funeral de mi marido, fui
con mi amiga y le pregunté: «¿Cómo pagas un funeral? Estoy
completamente perdida».
Así que si piensas en serio en tomar el control de tus finanzas y no quieres
terminar como Dawn, la conclusión es que llevará tiempo y educación,
además de cometer unos cuantos errores. Es un proceso. No sucederá de la
noche a la mañana. Pero, por favor, no cometas el mayor error de todos,
pensar que los hombres saben más que tú, sólo porque alguien se denomina
«experto en finanzas». No asumas que sabe todo lo que es mejor para ti y tu
dinero. Si piensas: «Todos saben más que yo», entonces serás presa de los
«señores Ayuda» o del mundo y nunca controlarás tu dinero.
Sí, debes poner en orden tus finanzas. Sí, por supuesto que
debes saber las bases. Todo eso es muy importante.
Pero opino que eso no es suficiente hoy en día, es sólo el
comienzo, los cimientos.
Una vez que entiendes las bases, entonces es momento de
tomar un papel activo y alcanzar tus propias metas financieras.
El primer paso es educarte. ¿Qué significa exactamente? Hay tanta
información allá afuera, ¿por dónde comienzas?
El punto de inicio será diferente para cada persona. Puedes empezar por
aprender sobre diferentes tipos de inversiones disponibles. Probablemente
encontrarás que te sientes atraída hacia un cierto tipo; para mí, son los bienes
raíces. Para mi amiga la contadora, son acciones en papel. A mi amiga la
empresaria le encanta invertir en compañías que inician. A lo largo de tu
proceso educativo descubrirás qué inversión te resulta mejor.
A continuación hay una lista parcial de fuentes para ayudarte a obtener la
educación que necesitas.
Lee libros
Hay cientos sobre dinero e inversión para quienes empiezan o son
inversionistas con poca experiencia. Se recomienda la lectura del
glosario al final de este libro.
Escucha cintas de audio y discos compactos
Llévalos en tu auto y escúchalos mientras conduces. Aprovecha el
tiempo en medio del tránsito, en el trayecto de ida y de regreso del
trabajo o mientras haces mandados. Las citas de audio y discos
compactos pueden tratar desde administración de dinero e inversión
hasta desarrollo personal. Tu actitud y mentalidad desempeñan un
papel crucial en cualquier cosa que emprendas. Como dijo Henry
Ford: «Si piensas que puedes hacer algo o que no puedes hacer algo,
estás en lo correcto». Algunos discos recomendados se enlistan en el
glosario.
Invierte en seminarios, conferencias y talleres educativos
Pueden ser programas gratuitos en tu localidad o clases pagadas.
Varias universidades, negocios, clubes comunitarios, organizaciones y
grupos de inversión locales ofrecen a menudo tales programas.
Algunos están planeados para mujeres.
Lee periódicos y revistas financieros
The Wall Street Journal, Investor’s Business Daily y Barron’s son tres
periódicos llenos de información. Incluso si no entiendes toda la
terminología, sigue leyendo y tu conocimiento se incrementará de
manera notable. Hay un libro excelente publicado por The Wall Street
Journal titulado Guide To Understanding Money and Investing. Este
libro te enseña cómo leer e interpretar The Wall Street Journal.
Suscríbete a tu periódico de negocios local
Ahí obtendrás un caudal de información sobre lo que sucede en tu
localidad. Pronto serás consciente de los artículos relacionados o que
afectan varias decisiones de negocios.
Habla con agentes de bienes raíces, corredores de bolsa y agentes de
negocios
Hazles preguntas. Pueden darte un caudal de información. Sólo debes
estar consciente de que la mayoría están ahí para venderte algo, así
que mantén los ojos abiertos. He encontrado que muchos de los
corredores exitosos están muy dispuestos a compartir información y
educación con otros.
Tres consejos: 1) Hay tantos malos agentes como buenos. Para
encontrar uno confiable, pide recomendaciones. 2) Específicamente
con los de bienes raíces, asegúrate de trabajar con uno de inversión y
no con uno residencial que sólo quiere venderte una casa. No hablan el
mismo idioma. 3) Cuando sea posible, trabaja con agentes que sean
inversionistas. Muchos son sólo vendedores, no inversionistas. Un
agente que también es inversionista entiende tus necesidades y deseos
mucho mejor que quien no lo es.
Habla con otros inversionistas
Busca personas que inviertan en lo que tú estás interesada y habla con
ellas. De nuevo, probablemente encontrarás que los más exitosos
estarán felices de compartir contigo lo que saben.
Únete a un club de mujeres inversionistas
Según Ken Janke de Better Investing, las mujeres representan ahora la
mayoría de los clubes de inversión del mercado bursátil: «En 1960, la
membresía a clubes de inversión era 90% de hombres y 10% de
mujeres. Hoy es más de 60% de mujeres». En lo personal, recomiendo
clubes que se enfoquen en educación sobre inversiones. No
necesariamente apoyo los clubes en que los miembros juntan su dinero
para comprar inversiones. He visto arruinarse varias amistades por
reglas poco claras en torno a inversiones conjuntas. Para encontrar
clubes de inversión de mujeres, busca en tus periódicos y revistas
locales para encontrar las reuniones que tienen lugar en tu localidad.
Entra a internet y busca clubes de mujeres en tu zona. Asiste a las
reuniones de la red local de mujeres de negocios y pide referencias de
clubes de inversión.
Inicia tu propio club de mujeres inversionistas
Mantén altos tus estándares. Acepta sólo mujeres que tomen en serio
su futuro financiero, que se apoyarán y animarán para alcanzar sus
metas.
¿Qué haces en un club de inversión?
Se puede comenzar como un grupo de estudio donde lees y discutes un
libro en grupo. O elige un producto de audio o video para estudiar en
conjunto. (Hay una lista de productos de Padre Rico al final del libro
que puede ser un buen punto de partida para un club nuevo o ya
existente.)
Se llevan oradores invitados que sean inversionistas exitosos, agentes
confiables (que estén ahí para educar, no para venderte un producto),
administradores de propiedades, expertos en ventas (que instruyan
sobre cómo vender. Esto te ayudará en casi todo lo que emprendas),
cualquiera que se sume a tu conocimiento sobre inversiones.
Se analizan inversiones potenciales. Se llevan tratos de bienes raíces
específicos, intercambios de posibles acciones e inversiones de
negocios al grupo para que las mujeres puedan analizarlas y aprender
juntas. En un inicio, se puede encontrar un inversionista o profesional
con experiencia que hable sobre cómo analizar esas inversiones.
Cuantas más inversiones analices, mejor será tu habilidad para
distinguir una buena oportunidad de una mala.
Únete a un club Cashflow en tu localidad
Hay casi 2000 clubes Cashflow en todo el mundo. En internet
encontrarás el más cercano. También puedes visitar nuestro sitio
www.richdad.com para ver una lista de clubes Cashflow. Cada uno es
diferente. La mayoría incluyen el juego de mesa Cashflow, se apoyan
en sus metas de inversión, llevan oradores invitados y, lo más
importante, aprenden juntos cómo sacar el mayor provecho de sus
futuros financieros.
Usa internet
En la red busca todo tipo de información sobre las inversiones de tu
elección. Es una fuente increíble de materiales de referencia, juntas y
conferencias, contratos, sitios de inversión con chats y foros de
discusión.
Conduce por la ciudad
Date una idea de lo que está pasando con los bienes raíces y negocios
en tu zona. A menudo las personas piensan que deben encontrar la
ciudad o mercado «correctos» para invertir, cuando por lo general
encuentran oportunidades increíbles a la vuelta de la esquina. Cuanto
más cerca estés físicamente de tus inversiones, mejor será tu
probabilidad de éxito. Es mucho más fácil mantener el dedo en el
renglón de un mercado si está a dos cuadras que a 2000 kilómetros de
distancia.
Ve los programas de televisión sobre finanzas
De nuevo, puede que no entiendas todo pero con seguridad aprenderás
mucho y escucharás el vocabulario del mundo de las inversiones.
Cuanto más escuches, más entenderás.
Suscríbete a boletines financieros
Los boletines pueden darte un rápido resumen de lo que pasa en los
diversos mercados de inversión, tendencias económicas a nivel
regional y global, así como consejos sobre a qué prestar atención en el
futuro. Varios están enlistados en el glosario.
Pregunta, pregunta y pregunta
Recuerda, las mujeres tenemos una ventaja aquí. Como hemos tenido
tan poca educación sobre inversiones, no debemos fingir que sabemos
todas las respuestas. Cuantas más preguntas hagas, más lista te
volverás.
Además, puedes encontrar un nuevo mentor en el proceso. Por cierto,
la educación nunca se detiene. Mientras quieras aumentar tus
inversiones, y expandir tu portafolio, siempre habrá nuevos niveles de
aprendizaje. A medida que cambian los mercados y crecen mis
inversiones, descubro que debo ponerme al corriente y ampliar mi
conocimiento financiero.
2) El proceso versus el resultado
Siempre tengo en mente que invertir es un proceso. No hay fórmula secreta.
No hay pastilla que puedas tomar para hacerte rica. No te vas a la cama una
noche y te despiertas adinerada a la mañana siguiente. Quizá hay gente allá
afuera que promete esas cosas, pero no es real.
No es diferente a bajar de peso. Si quieres bajar y no recuperarlo, te
sometes a un proceso. Haces ejercicio con regularidad, cambias tu dieta, y
con el tiempo comienzas a ver resultados. No sucede de la noche a la
mañana… a menos que te hagas una liposucción. Pero aun así ajustas tu
estilo de vida para que el efecto perdure.
En el proceso de volvernos inversionistas, aprendemos. Obtenemos algo
de experiencia de primera mano. Cometemos errores y aprendemos de ellos.
Ganamos experiencia. Y en el proceso, crecen nuestro conocimiento,
seguridad y habilidades. Por no mencionar nuestras cuentas de banco. Pero la
clave es: este proceso al que nos sometemos es incluso más importante que la
meta misma. Porque la persona en quien nos convertimos, como resultado del
aprendizaje, errores y experiencias, es el verdadero valor. Hay un proverbio
chino que dice:
El viaje es la recompensa.
En 1985, cuando Robert y yo pasamos por ese «año del infierno»,
innegablemente fue el peor de nuestras vidas. Mi autoestima estaba hecha
trizas. Las contrariedades eran constantes. Mi voz interna, lo que me decía a
mí misma, era negativa de manera persistente: «No puedes hacer eso», «Vas
a fracasar», «No sabes nada», «No tienes esperanza». Honestamente algunas
noches solía ir a la cama pensando que sería mucho más fácil si nunca volvía
a despertar. No había ninguna duda de que era el punto más bajo de mi vida.
Y ahora, muchos años después, mirando en retrospectiva ese momento,
descubro que Robert y yo pasábamos por nuestros propios procesos. No
fingíamos: era una miseria. No obstante, pasar por eso, tocar fondo y luego
emerger a la superficie, fue probablemente una de las mejores cosas que
pudieron pasarnos. Cuando estaba en mitad de todo no sabía si tenía en mí lo
necesario para salir adelante. Pero el pasar por ese proceso juntos, haciendo
lo necesario a nivel individual y como pareja, y salir del otro lado con éxito,
fue una experiencia increíble para forjar nuestro carácter. Como resultado,
ese tiempo en extremo difícil nos hizo más fuertes y listos a nivel individual,
y más comprometidos y seguros como pareja. La persona en quien me
convertí y la persona en quien se convirtió Robert durante el proceso lo
hicieron invaluable. Ésa fue la verdadera recompensa.
Te garantizo que en tu propio proceso cometerás errores… a veces
enormes. Enfrentarás desafíos. Tendrás momentos de miedo. Habrá veces en
que tomarás decisiones sin un resultado positivo. En esos momentos tu
carácter se pone a prueba. Si huimos del desafío, no crecemos. No
aprendemos. Si aceptamos ese reto, sea que tengamos éxito o no, es un hecho
que creceremos y seremos mejores. Y la ganancia de «capital intelectual y
emocional» no tiene precio.
Capítulo 9
Cómo ser más inteligente… rápido
Si pudiera vivir mi vida de nuevo,
cometería los mismos errores, sólo que más pronto.
Tallulah Bankhead.
Las luces se encendieron para Leslie. «No es que no sea inteligente»,
comenzó, «es que nunca me han enseñado esas cosas. Nadie me enseñó a
pensar así. No es diferente a aprender equitación. Tendría que empezar por el
principio y tomarlo literalmente paso a paso».
«Así es», le dije.
«Tengo algo que decirte», confesó Leslie. «He puesto los noticiarios de
finanzas y algunas veces me pierdo completamente en los términos y
vocabulario que usan. Me abruma y me confunde por completo. Es difícil
seguir cuando no sé lo que significan la mitad de las palabras».
3) Jerga
«Mencionas un punto muy importante», contesté. «De hecho es el número 3.
Se llama jerga y hay mucha en el vocabulario del mundo del dinero y las
inversiones».
Continué: «Pienso que mucha de la confusión en torno a las inversiones
tiene que ver con las palabras que usan los expertos, semiexpertos y nada
expertos. A veces pienso que las personas usan toda esa jerga para
confundirnos a propósito, sonar inteligentes o con el fin de que compremos
algo. No queremos admitir que no sabemos de qué hablan. Yo lo he hecho.
He hablado con alguien que arroja palabras que no entiendo y, en lugar de
pedir que las explique, finjo que entiendo porque no quiero parecer estúpida».
Las palabras son herramientas poderosas. Domínalas y tu
nivel de comprensión de la nueva información aumentará de
manera notable. Cuando te topes con una palabra que no
entiendes… búscala en un diccionario, entiende lo que
significa y continúa leyendo.
«Odio admitirlo, pero hice exactamente eso hace dos meses», dijo Leslie,
riendo. «Fui a la gran inauguración de un nuevo restaurante italiano. El dueño
era un cliente mío de la galería. Me uní a un grupo que hablaba sobre el
mercado bursátil. Todos estaban emocionados sobre una nueva compañía que
acababa de hacerse pública. Decían que amigos de sus amigos estaban
involucrados en ella y que iba a ser el próximo Microsoft. Bueno, ¡pura jerga!
No dejaban de soltar su léxico elegante. Para mí era un galimatías. Recuerdo
algo sobre una relación precio/gasto y que la acción participó en la bolsa
Nasdaq. Parecían tan conocedores y emocionados. Aunque no sabía de qué
hablaban, sentía que tenían una información secreta que nadie más poseía,
salvo ese pequeño grupo. Así que, al siguiente día compré algunas acciones.
Eso ocurrió hace dos meses. Hoy mis acciones valen la mitad de lo que pagué
por ellas y lo que escucho es que la predicción futura para la compañía no es
demasiado brillante».
Me reí. «Pienso que el término que escuchaste fue relación
precio/utilidad, que compara el precio de una acción con las ganancias de la
compañía el año anterior, y la bolsa Nasdaq, completamente electrónica. No
tienen instalaciones físicas. Pero no te sientas mal por querer entrar en la
bolsa de Cenicienta. Todos deseamos creer el cuento de hadas», la
tranquilicé. «Si te hace sentir un poco mejor, yo no sólo creí en el cuento de
hadas… ¡pensé que había comprado acciones de la gallina de los huevos de
oro! Las compré en un fondo de acciones privadas. Quería creer todas las
promesas, todas las ganancias “demasiado ciertas para ser verdad”. Toda la
emoción, la fórmula secreta, el Santo Grial. Como no entendía las palabras y
frases que usaban, no supe cómo verificar qué era cierto y qué no. Sonaban
como si supieran de qué estaban hablando. Así que compré todo. Lo siguiente
que supe fue que la compañía era investigada y el dueño fue a la cárcel.
Incluso cuando salió a la luz toda la publicidad negativa, seguí creyendo que
los titulares eran una mentira y las promesas se harían realidad. Resulta que la
publicidad era cierta y perdí mi inversión completa. Conclusión: no hablaba
el idioma y no me molesté en aprenderlo porque quería que el cuento de
hadas se hiciera realidad».
Leslie dejó escapar un gran suspiro: «Lamento tu pérdida… pero me hace
sentir mejor saber que nadie consigue el éxito de una sentada. También saber
que yo no soy la única que se confunde y abruma con la jerga financiera».
«Apreciarás esta historia», le dije. «Robert tuvo una entrevista en la
ciudad de Nueva York en uno de los programas televisivos sobre finanzas. El
entrevistador usaba todo tipo de jerga: derivados, relación P/U, niveles de
resistencia, etcétera. Robert lo detuvo en mitad de la discusión y dijo:
“Prefiero mantener el lenguaje sencillo”. Y continuó la entrevista usando
palabras cotidianas. Cuando salimos, un joven se acercó. Tenía como 29
años, bien vestido con traje y abrigo. Dijo que trabajaba en Wall Street.
Estrechó la mano de Robert y dijo: “Acabo de ver su entrevista y quiero
agradecerle por mantenerla simple de modo que todo el mundo pueda
entender lo que dice”. Pensé que era todo un cumplido viniendo de alguien
que estaba en el negocio».
«¡Vaya! Siento un gran alivio», admitió Leslie. «Creo que muchas
mujeres pueden pensar que no son lo bastante inteligentes para entrar en el
mundo de las inversiones porque, como yo, suponen que son las únicas que
no entienden. Comprendo que es un proceso educativo y hay que aprender
sobre la marcha».
Terminó diciendo: «¡Gracias por tu tiempo! Eso aclara bastante mis
dudas. ¿Cuándo vuelves a Nueva York?».
«Estaré ahí en aproximadamente dos meses», dije.
«Si tienes tiempo, vamos a vernos. ¡Yo invito el almuerzo!».
Cómo sabes cuando no sabes
Una amiga mía ha estudiado muchos años la forma en que aprende la gente y
me enseñó una herramienta valiosa. Me preguntó: «¿Alguna vez te has
encontrado leyendo el mismo párrafo una y otra vez?».
«Sí», dije. «Lo hago a menudo. ¿Por qué pasa eso?». Su investigación
encontró que cuando las personas leen una palabra que no entienden, pierden
la concentración. Esto, de manera casi inconsciente, les hace releer la oración
o el párrafo varias veces. Una vez que las personas leen una palabra cuyo
significado no conocen, la comprensión del fragmento completo disminuye.
Así que pregunté a mi amiga: «¿Cómo lo superas?».
«Es fácil», dijo. «Lo único que debes hacer es buscar la palabra en el
diccionario, entender qué significa y continuar la lectura. Tu nivel de
comprensión aumenta».
Así que ahora me esfuerzo por tener un diccionario cerca y buscar las
palabras que no entiendo. Y una señal segura de que he pasado una palabra
mal entendida es cuando releo una sección varias veces.
En lo que respecta al mundo de las inversiones, la jerga es desenfrenada.
Puedo leer cuatro palabras que no entiendo en una oración. Tan sólo quiero
pasarlas y pretender que no son importantes. En cambio, hago un mejor
esfuerzo si tomo el diccionario y busco las palabras. Es más que sólo leer la
definición. Quiero asegurarme de que entiendo el significado claramente. A
veces me remonto a la primaria donde la maestra solía decirme que usara
cierta palabra en una oración. ¡Funciona! Puede consumir un poco de tiempo
al principio pero en definitiva incrementa mi comprensión de lo que leo y mi
vocabulario cotidiano.
El glosario al final de este libro define muchos términos comunes de
finanzas e inversiones. No incluye todas las palabras que encontrarás, así que
recomiendo algunos buenos libros sobre inversiones y finanzas para
agregarlos a tu biblioteca y sentirte más informada cuando se presente la
jerga.
Mejor comprensión, mejores resultados
Hace años hablé con un corredor de bienes raíces de inversión sobre un
edificio de 24 apartamentos. Y comenzó a escupir la terminología. «La
relación del préstamo sobre el valor es de 80 por ciento. La tasa de
capitalización es de 90 por ciento. La tasa interna de retorno es de 19 por
ciento». (Todos esos términos se encuentran en el glosario). Y siguió y
siguió. Así que le pregunté: «¿Exactamente qué significa tasa de
capitalización?». Él dijo: «Bueno, cuanto más alta sea, mejor es el trato».
«Pero ¿exactamente cómo se determina una tasa de capitalización? ¿Cuál
es la ecuación? ¿Y qué mide en específico?».
Me miró perplejo y luego dijo: «En realidad no es tan importante; lo que
importa es el buen trato que representa este edificio».
El hecho es que no tenía idea de lo que hablaba. Usaba las palabras, pero
no sabía a qué se referían. Apreciarás lo siguiente: ese corredor de bienes
raíces no sólo estaba desconcertado por su propia jerga, sino que sus números
sobre esa propiedad tampoco tenían sentido. No era un trato tan maravilloso.
Tres reglas sencillas
En lo que respecta a la jerga, he aprendido tres reglas a seguir:
1. Incrementa tu vocabulario día con día
No te sientas intimidada o, más aún, no seas floja cuando alguien use
una palabra que no entiendes. Si tienes una conversación y surge una
palabra poco familiar, pide a quien la usó que la explique o escríbela y
búscala después. Si lees o ves televisión y aparecen nuevos términos,
búscalos en un diccionario.
2. Haz preguntas
Siempre sé curiosa. Incluso cuando ya tengas algún conocimiento
sobre el tema, sigue haciendo preguntas. Siempre puedes aprender
más. Dos cosas suceden cuando preguntas a un experto o semiexperto.
a. Creas una relación con la persona porque ve que realmente te
interesas en su tema.
b. Aprendes más.
3. Luce estúpida cada vez que puedas.
No temas decir: «No sé». La forma más rápida de impedir tu
aprendizaje es pretender que tienes todas las respuestas, actuar como
si supieras de qué habla una persona cuando no es así. Tener miedo a
lucir estúpida sólo te hace estúpida.
Pienso que una de las ventajas que tenemos las mujeres hoy en día es que la
mayoría no hemos sido educadas en el mundo del dinero, las finanzas y las
inversiones. Así que no tememos decir: «No sé». Ni siquiera se espera que
sepamos. No tenemos miedo de hacer preguntas ni admitir que, aunque
parezcamos súpermujeres, en realidad no tenemos todas las respuestas.
No permitas que la jerga y todas esas palabras intimidantes y confusas se
conviertan en obstáculo para ti. Son sólo palabras. Y cada palabra tiene una
definición que se puede encontrar en un diccionario. En lugar de abrumarte,
emociónate cada vez que escuches un nuevo término, porque con cada
palabra nueva te vuelves mucho más inteligente y mejor inversionista.
Capítulo 10
«¡Estoy muerta de miedo!»
Obtienes fuerza, valor y seguridad a través
de cada experiencia en la que te atreves
a ver al miedo a la cara. Debes hacer lo
que piensas que no puedes hacer.
Eleanor Roosevelt.
Hablemos de miedo
No podemos ignorar que muchas mujeres experimentan miedo a invertir. La
pregunta que escucho una y otra vez, en especial entre quienes por primera
vez invierten es: «¿Cómo supero mi miedo?». Si piensas que eres la única
alterada cuando llega el momento de comprar tu primera propiedad para
alquilar, invertir en ese primer negocio o cada vez que comprometes el dinero
de cualquier inversión, por favor, debes saber que no estás sola.
Aunque el miedo puede advertirnos sobre lo que amenaza
la vida, también puede ser un asesino… un asesino de
sueños, de oportunidades, de nuestro propio crecimiento y
pasión personal, de vivir nuestra vida al máximo.
Las ventajas y desventajas del miedo
¿Qué es lo mejor del miedo?
El miedo tiene una ventaja. Nos alerta respecto de posibles situaciones que
amenazan la vida. Tal vez sientas miedo al escuchar un ruido extraño en la
noche. Cuando piensas que alguien puede meterse a tu casa, de inmediato
tomas las precauciones necesarias. El miedo puede detonarse cuando caminas
sola a través de un parque por la noche, de modo que rápidamente encuentras
la ruta más segura para salir. Si conduces en mitad de una tormenta de nieve
con casi nula visibilidad, el miedo puede hacer que te orilles hasta que el
temporal se calme. Así que a todas luces hay un lado positivo en el miedo.
También hay un lado destructivo en el miedo. Aunque puede advertirnos
sobre hechos que amenazan la vida, también puede ser un asesino… un
asesino de sueños, de oportunidades, de nuestro propio crecimiento y pasión
personal, de vivir la vida al máximo.
Cada vez que entramos a un terreno que no es familiar, que nos resulta
desconocido, un poco de miedo puede ser bueno para motivarnos a ver con
mayor cuidado los números de esa propiedad o sintonizar el reporte especial
por televisión sobre la industria en la que acabamos de comprar acciones. Un
poco de miedo puede mantenernos alerta y a veces evita que cometamos
errores. Ahí es donde nos beneficia el miedo.
El lado dañino del miedo es cuando nos paralizamos y no hacemos nada.
Decimos «no» a una oportunidad de manera automática, sin siquiera
pensarlo. Lo único que vemos son las cosas que saldrán mal. Podemos
espetar todas las razones por las que la inversión es una mala empresa,
arriesgada y poco prudente. El miedo a cometer errores, a perder dinero y a
sufrir decepciones personales gana.
Entonces, ¿por qué permitimos que el miedo nos detenga? Dos razones de
por qué sucede:
«¡Me voy a morir!».
Una de las funciones de la mente, a través del miedo, es advertirnos de
situaciones que amenazan la vida. Sin embargo, la mente a menudo percibe
algo amenazante cuando no lo hay. Por ejemplo, aquí está una mente
hablando: «¡Invertir es arriesgado! ¡Estoy perdiendo dinero! ¡¿Y si no puedo
pagar mis deudas?! ¡¿Y si no puedo pagar mi hipoteca?! ¡El banco hará un
juicio hipotecario! ¡Me quedaré sin casa! Quedaré en la calle. Oh, Dios mío,
¡me voy a morir!».
¡Vaya! Cuánta charla. No obstante, es el tipo de trucos que puede
jugarnos la mente. ¿Realmente moriremos si hacemos una inversión? Por
supuesto que no. Pero esas respuestas automáticas, inconscientes, a veces
dirigen nuestra vida.
Cuando sientas que ese miedo paralizante se apodera de ti al analizar una
oportunidad de inversión nueva y poco familiar, primero admite que esa
situación no amenaza tu vida. No es una situación en donde las opciones son
«o lo haces o te mueres». En segundo lugar, de manera racional revisa pros y
contras. ¿Cuál es la ventaja? ¿Cuál es la desventaja? ¿Cómo puedes reducir la
desventaja? En otras palabras, saca del camino a tu mente irracional.
El miedo como una excusa.
Una segunda razón, más evidente, de que el miedo toma el control es cuando
resulta más fácil no enfrentarlo. Cuando enfrentamos algo desconocido, que
nos desafía o presiona, existe incomodidad. Lo fácil es no hacer nada.
Por ejemplo, ¿alguna vez has tenido que dar una charla en público? Los
expertos dicen que el miedo número uno es hablar en público. Si tienes ese
miedo, lo más fácil es no enfrentarlo, no dar la charla.
Lo más difícil sería confrontar tu miedo, escribir tu discurso, practicar,
tomar un curso de cómo hablar en público, practicar un poco más y
finalmente pararte en el podio. Al pasar por ese proceso, creces. Al alejarte,
te haces más pequeña.
¿Puedes pensar en este instante en algo que, de llevarlo a cabo, aunque
resultara aterrador e incómodo, mejoraría tu vida y la volvería más plena por
haberlo hecho? (Tal vez comprar la primera o la siguiente inversión). Son
ocasiones en que el miedo puede impulsarte hacia delante o convertirse en
excusa para no hacer nada. En esos momentos, aceptas el reto y enfrentas tu
miedo o decides no participar, huir y quedarte donde estás. En realidad nunca
permanecemos: crecemos o nos encogemos. Con el mundo moviéndose y
cambiando tan rápido, las decisiones expanden o contraen nuestra vida. No
creo que haya un punto intermedio.
El miedo como activo
El miedo puede ser el activo más grande que tenemos. Cada vez que aparece
y tienes claro que no se trata de una situación que amenace tu vida, significa
que hay una oportunidad de crecer. A menudo es a través de ese proceso
agitado como más crecemos. ¡Y cuando lo logras es estimulante! No eres la
misma persona que antes del proceso.
Piénsalo de esta forma: el miedo nos hace crecer. En vez de temer al
miedo, míralo directo a los ojos y date cuenta de que acabas de develar tu
siguiente nivel de crecimiento… si eliges aprovecharlo.
Ralph Waldo Emerson cambió mi vida con esta cita: «Quien no está
venciendo algún miedo todos los días, no ha aprendido el secreto de la vida».
Dos tipos de dolor
Las palabras más tristes que existen conforme la gente envejece son: «Si tan
sólo hubiera (llena el espacio en blanco)…». «Desearía haber hecho (llena el
espacio en blanco)…». Había algo más para ellos pero, con frecuencia por
miedo, se contuvieron. Puede ser miedo al fracaso, a no encontrar algo mejor,
a perder o a ser humillado. Sea cual sea, fue más poderoso que la oportunidad
de una vida más apasionante, alegre y satisfactoria. Escuché a Anthony
Robbins, orador motivacional, decir desde el podio: «Hay dos tipos de dolor:
el dolor del fracaso y el del arrepentimiento».
Yo eligiré el del fracaso todos los días de mi vida. Para mí, el
arrepentimiento es el peor castigo que puedo infligirme. Sé cuándo flaqueo.
Sé cuándo renuncio. El asunto es que en los momentos en que me contuve,
tuve una elección. Y elegí ser cobarde en lugar de valiente.
Nadie debe reprocharme cuando no me atrevo a hacer algo. Estoy muy
consciente de esos momentos. Y es al mirarlos en retrospectiva cuando el
dolor del arrepentimiento es más agudo.
Para algunas mujeres significa renunciar a su carrera. Para otras, que su
carrera se interponga entre ellas y su familia. Y el arrepentimiento típico es
conservar una relación o matrimonio que no las satisface porque es «fácil» y
«cómodo».
El arrepentimiento que espero que ninguna de nosotras enfrente jamás es
haber ignorado nuestros intereses financieros y permitir que alguien más
dicte lo que considera mejor para nosotras.
Sin duda se necesita valor para hacer cambios drásticos en la vida y
enfrentar lo desconocido. La buena noticia es que cuando elegimos al valor
sobre la cobardía, ganamos, pues crecemos. Y entonces no puede haber
arrepentimientos.
Un momento de valor
Apuesto a que la mayoría podemos recordar un momento de valentía que
enfrentamos de jovencitas o del que fuimos testigos. El otro día estaba
observando a una niña de siete años y me trajo recuerdos.
Se preparaba para saltar del trampolín de la alberca por primera vez. La
observé mientras subía por la escalera, aferrándose al barandal con fuerza.
Dio el último paso hacia el trampolín y miró el lugar donde terminaba. Nada
más existía para ella. Se paró ahí por lo que pareció una eternidad. Luego dio
su primer paso adelante, aferrándose al barandal, y sólo estaban ella, el
trampolín y el agua, la cual probablemente le parecía a kilómetros de
distancia.
Muy titubeante, caminó hacia el final del trampolín, con las piernas un
poco temblorosas. Y llegó el momento de la verdad: iba a dar ese enorme y
atemorizante salto al agua o a darse vuelta, descender por la escalera, bajar y
decir: «No puedo hacerlo».
Se quedó de pie por un par de minutos más y luego, con todo el valor que
pudo reunir, dio un suspiro profundo, cerró los ojos y saltó del trampolín
hacia lo desconocido.
Al entrar en el agua hubo un chapoteo. Cuando asomó la cabeza tenía la
sonrisa más grande, más brillante, de oreja a oreja. «¡Lo hice!», gritó
extasiada. Estaba muerta de miedo, pero lo hizo. ¿Y qué quiere hacer a
continuación? Volver a subir por esa escalera y echarse un clavado desde lo
alto otra vez… y otra vez… y otra vez…
Esa niña de siete años en realidad no es diferente a ti o a mí. La situación
puede serlo, pero la intensidad del miedo y el terror justo antes de la decisión
de saltar o no saltar, ya sea a una alberca o a una nueva aventura, es común a
todas.
«¿Cómo supero mi miedo?»
En lo que respecta a invertir, a menudo entramos en terreno desconocido.
Muchas de nosotras hacemos algo por completo nuevo. No tenemos
experiencia. Es seguro que no poseemos todas las respuestas. Ningún
inversionista las sabe. De modo que la curva de aprendizaje es empinada y la
probabilidad de cometer errores es alta. Y estamos jugando con dinero real,
lo que siempre añade un poco de drama al asunto.
Nuestro miedo puede venir en muchas formas. Podría ser a perder dinero
o cometer errores (a lo cual realmente no debes temer porque ya está dado:
cometerás errores). Tal vez hayas oído, como yo, que uno de los mayores
miedos de las mujeres es el miedo a terminar como vagabunda en las calles,
en bancarrota y sin hogar. (Y si ves algunas estadísticas sobre mujeres
mayores y su dinero, ese miedo puede ser justificado). Sea cual sea el miedo,
si existe, admítelo.
Una forma de reducir el miedo, por supuesto, es mediante educación y
experiencia. Cuanto más aprendas y sepas sobre ciertas inversiones, más
segura estarás de tus decisiones. Cuantas más inversiones realices, más
tranquila y conocedora te volverás. Por lo tanto, el miedo desempeñará un
papel menos trascendente en cada nueva inversión.
Un ejercicio que cambia la vida
La mayoría experimentamos miedo, acaso franco terror. ¿Cómo superarlo?
Participé en un curso de supervivencia; se trataba exclusivamente sobre el
manejo del miedo. En uno de los ejercicios debía trepar hasta lo alto de un
poste de madera, similar a uno telefónico, pararme sobre él sin usar las
manos, luego saltar y coger un trapecio colgante. De inmediato pensé que la
parte más aterradora, por mucho, sería ese salto hacia el trapecio. No fue así.
Mientras escalaba el poste tomando y pisando cada saliente, pensé: «Esto no
es tan malo». Luego llegué a la última saliente, lo que significaba que el
único lugar para colocar las manos era la parte superior y plana del poste, que
quizá medía 30 centímetros de diámetro. El terror estaba a punto de
asestarme un golpe. Tenía las dos manos en la parte superior del mismo y mis
pies en las dos últimas salientes. El paso más aterrador del ejercicio era, sin
manos, colocar los pies sobre el poste. Estaba paralizada. Pareció una
eternidad mientras estuve en esa posición. Al final, el instructor me gritó:
«¿Qué sucede?».
Le pregunte: «¿Cómo supero mi miedo?». Respondió: «No se trata de
deshacerte de tu miedo, sino de controlarlo cuando aparezca. Sólo da el
siguiente paso».
Debo decirte que necesité todo mi esfuerzo para poner un pie sobre el
poste y luego el otro. Estaba sobre esa diminuta plataforma, donde apenas
cabían mis dos pies, con los brazos estirados a los lados para tener equilibrio.
«Lo hice», pensé. Luego entró el miedo número dos. Ahora tenía que saltar y
coger el trapecio a 1.80 metros de distancia. Simplemente repetí lo que mi
instructor me había dicho: «Se trata de controlar tu miedo. Sólo da el
siguiente paso».
Con eso di un respiro largo y profundo, brinqué del poste, salté por el aire
y cogí el trapecio. Mientras me bajaban a tierra mi cuerpo temblaba más que
cuando empecé. Mi instructor caminó hacia mí y preguntó: «¿Entendiste la
lección?». Cada célula de mi cuerpo había comprendido.
Enfrentar el miedo a mi primera inversión
¿Tenía miedo cuando estaba en la oficina de la compañía de títulos, lista para
firmar los papeles de mi primera propiedad? Estaba aterrorizada.
En 1989, Robert, fungiendo él mismo como instructor de una clase de
supervivencia, me dijo: «Kim, es tiempo de que empieces a invertir».
«¿Invertir? ¿A qué te refieres con invertir?», pregunté, totalmente
confundida.
Robert me explicó algunos de los principios de padre rico sobre inversión
y bienes raíces, y dijo: «Ahora depende de ti entenderlo».
«¡Oh, no!», pensé. «¡Quiere que escale hasta la punta de ese poste otra
vez!».
Y comenzó mi educación sobre inversiones.
La única sugerencia que me hizo Robert fue: «Revisa el vecindario». Así
que eso fue justo lo que hice. A unas cuadras de donde vivíamos en
Eastmoreland, cerca de Portland, Oregon, había un vecindario llamado
Westmoreland. Era una comunidad maravillosa llena de casitas lindas con
patios y porches. El área rodeaba un parque, y las tiendas de antigüedades y
restaurantes le añadían un toque de pueblo viejo.
Para no alargar la historia, me topé con una pintoresca casa que se vendía,
con dos recámaras y un baño. Tenía un patio agradable y una cochera aparte.
Incluso una linda mariposa de metal adherida al frente de la casa. Perfecto. El
precio de venta era 45 mil dólares. Tenía que dar 5 mil. Y después de hacer
todos mis cálculos, pensé que podía ganar entre 50 y 100 dólares mensuales
de flujo de dinero. El flujo de dinero significa que cobro la renta al inquilino,
pago los gastos (impuestos, seguro, agua, etcétera) e hipoteca, y el dinero
restante es el flujo de dinero que entra directo a mi bolsillo.
Como era mi primer trato de bienes raíces, no sabía lo que estaba
haciendo. Así que revisaba todo tres o cuatro veces (techo, plomería,
estructura del edificio, impuestos, seguro)… todo es posible. Hablé con
varios administradores de propiedades para ver en cuánto se podía rentar la
casa. Estaba lista.
Y aun así, cuando llegó el momento de firmar los papeles en la oficina de
la compañía de títulos y entregar mis 5000 dólares, mi mano temblaba tanto
que apenas pude firmar. Hice toda mi tarea respecto a esa propiedad. Revisé
tres veces todos mis números. Entonces, ¿por qué estaba asustada? No dejaba
de decirme: «Sólo da el siguiente paso».
De nuevo, ésa fue mi primera compra de bienes raíces de inversión.
Simplemente no estaba segura de si mi análisis era correcto. Hice mi mejor
esfuerzo para calcularlo. «¿Pero qué tal si había cometido un error? ¿Qué tal
si había algo mal en las cuentas? ¿Qué tal si, en vez de hacer dinero cada
mes, perdía dinero? ¿Qué tal si hay un gran problema de plomería o con el
techo? ¿Qué tal si pierdo mis 5 mil dólares?». Todos esos pensamientos
corrían en mi cabeza mientras en la mesa veía el cheque que estaba a punto
de entregar.
«Quizá simplemente no debería hacer este trato», me dije. «Eso sería lo
más fácil. Quizá necesito aprender más antes de comprar algo. Si es un trato
tan bueno, ¿por qué no todo el mundo quiere comprar la casa?». Todos esos
pensamientos parecían una excusa razonable para no hacer el trato. Podía
encontrar muchas personas que validarían mi decisión de retirarme.
Pero luego me dije: «Kim, has investigado mucho esta propiedad. Parece
tener sentido con base en lo que sabes. Si no continúas, probablemente nunca
invertirás en bienes raíces. Es ahora o nunca. Da el salto y toma la barra». Y
con eso, firmé los papeles, entregué mi cheque por el enganche y fui la
orgullosa dueña de mi primera inversión.
¿Cometí errores en esa propiedad? Sí. ¿Me costaron dinero? Sí. ¿Que si
mis cuentas salieron exactamente como lo había planeado? No. ¿Fue mi
inversión más importante en la vida? Por supuesto. Fue la primera. Me puso
en marcha. Abrió la puerta que condujo a más y más inversiones.
¿Estuve asustada y nerviosa en el siguiente cierre y en los posteriores? Sí.
De hecho, hubo un trato de bienes raíces donde literalmente estaba llorando
de miedo porque estaba segura de que la propiedad estaba a punto de caerse.
También salí de ésa. Y con cada nueva inversión aprendí un poco más y más.
Me volví más lista. Obtuve más conocimiento. Verdaderamente es un
proceso que llevas paso a paso.
En el capítulo 20 explicaré la inversión que eliminó para siempre 95 por
ciento de mi miedo. Fue una de mis grandes lecciones de vida.
La historia de un inversionista:
«dar el siguiente paso»
La siguiente es una historia inspiradora: una mujer que enfrentó sus miedos
en su primera propiedad de inversión. Como resultado, está feliz y hoy es una
inversionista exitosa.
Historia de vida:
Mi marido y yo éramos dueños de un negocio pequeño. Corríamos
muy rápido pero no llegábamos a ninguna parte. De hecho, nos
estábamos rezagando cada mes.
Yo tenía 47 años, dos hijos en la universidad y tres en casa. Me
resultaba difícil encontrar tiempo para estudiar, aprender y buscar
tratos potenciales de bienes raíces. Pero, de alguna manera, busqué el
tiempo necesario porque sabía lo importante que eso sería para mí y
para mi familia. Mi esposo me apoyó y disfrutamos aprendiendo
juntos. Decidimos que yo me enfocaría en bienes raíces mientras él
estudiaba otras inversiones.
Fue una enorme responsabilidad para mí cuando llegó el momento de
cerrar el trato por nuestra primera propiedad de inversión, un edificio
de apartamentos. Se necesitarían todos nuestros ahorros y me estaba
muriendo de miedo. Cada hora cambiaba de opinión respecto al trato.
No hay duda de que lo hubiera abandonado de no ser por el apoyo de
algunas personas clave a mi alrededor.
No dejaba de decirme que había invertido mucho dinero y tiempo en
mi educación financiera en los últimos dos años y que sabía lo que
hacía. Me repetía esto una y otra vez para acallar esa vocecita que
constantemente me decía que no sabía qué demonios hacía, cómo podía
pensar que eso funcionaría y que iba a perder todo el dinero de mi
familia, etcétera.
Hoy puedo verlo en retrospectiva y reír. Es una gran sensación.
Proseguí con el trato y esa propiedad está completamente llena de
inquilinos y generando un flujo de dinero muy bueno. Estoy y seguiré
aprendiendo y comprando más propiedades de inversión. Simplemente
me hago más lista y segura, y me divierto cada vez más.
Capítulo 11
¿Qué tanta riqueza tienes?
Una mujer siempre será dependiente
hasta que lleve un bolso propio.
Elizabeth Cady Stanton,
activista por los derechos
de las mujeres (1815-1902).
Una mañana abrí mi correo electrónico y reconocí una dirección que no había
visto en un tiempo. El mensaje decía lo siguiente:
«¡Hola, Kim! ¡Soy yo, Janice! Estaré en Phoenix mañana por un viaje de
un día que surgió casi sin pensarlo. ¿Estás disponible para un rápido
almuerzo? ¡Ciao! Janice».
Respondí:
«¡Hola, Janice! Mañana me queda perfecto. Me encantaría saber cómo te
ha ido y escuchar qué has hecho. Saludos, Kim».
Decidimos la hora y el lugar.
En su último correo electrónico, Janice escribió emocionada: «Kim, he
estado pensando mucho en lo que hablamos en Nueva York. Estoy
empezando a entenderlo cada vez más, en especial mientras trabajo día y
noche en mi negocio. Estoy ansiosa por hablar más al respecto. ¡Te veo
mañana! Ciao, Janice».
Al día siguiente supe que debía estar emocionada porque era la primera
vez que podía recordar a Janice sentada a la mesa cuando llegué. ¡De hecho
había llegado temprano! Se estaba despidiendo de alguien en su celular
cuando me acerqué a la mesa.
Se puso de pie de un salto y nos dimos un gran abrazo. «Te ves ma-ra-vi-
llo-sa», rió.
«Me alegra mucho que me escribieras», dije. «Tú, por supuesto, te ves
fabulosa como siempre».
Desde ese momento, el almuerzo fue un poco confuso. Hablamos sin
parar durante casi dos horas. Sé que comimos algo, pero la comida no fue el
centro de nuestra reunión.
Comencé: «A ver, dime qué ha pasado».
«¡El dinero me controla!»
«Mi mente ha estado dando vueltas desde que nos vimos la última vez. Sin
duda, no tengo todo claro, pero estoy empezando a ver atisbos de cómo
podría ser mi vida si el dinero no fuera un problema. Nunca me di cuenta de
cuántas de mis decisiones se basan simplemente en ganar más dinero versus
lo que es mejor para mí y mi negocio», confesó Janice.
«Por ejemplo», prosiguió, «la semana pasada tuve que tomar una
decisión. Había dos eventos a los que podía asistir, pero eran el mismo día así
que tuve que elegir. Uno era más que nada un día educativo y de relaciones
con algunas de las personas más importantes en la industria de las ventas al
menudeo. Ése era el programa al que en realidad quería asistir. El otro era
como una miniferia comercial donde podía vender mis productos».
«Cuéntame qué hiciste», dije con curiosidad.
«Mi proceso de decisión no tuvo nada que ver con lo que sería mejor a
largo plazo para mi negocio», dijo frustrada. «Toda la decisión se redujo a
qué me haría ganar más dinero hoy. Así que elegí la feria comercial».
«¿Y?», pregunté.
Janice continuó: «La feria comercial básicamente fue una pérdida de
tiempo. Vendí muy poco. Los asistentes en realidad no eran mis clientes. Y
no la disfruté. En cambio, de haber asistido al otro evento, hubiera conocido
y hecho preguntas a dos de mis principales “héroes” de negocios, cuya
asistencia no se anunció. La retroalimentación de los amigos que asistieron
fue fenomenal. Sentí que pude aprender muchas cosas excelentes para el
crecimiento de mi compañía. Yo me fui por el dinero rápido, a corto plazo».
«Muy buena lección», comenté.
«De nuevo, fue un pequeño vistazo de cómo podría ser mi vida si mis
decisiones no dependieran tanto de cuánto dinero ganaré hoy», dijo. «Lo que
estoy empezando a entender es que si supiera que mis gastos básicos están
cubiertos y no dependieran de mi negocio, entonces sería mucho más
divertido porque tomaría las mejores decisiones a largo plazo para mi
negocio… y para mi vida.
»Ayer rechacé desayunar con una mujer que hace lo que me gustaría
hacer dentro de dos años. ¿Y en cambio qué hice? Tenía una junta con mis
tres vendedores clave porque nuestras ventas estuvieron bajas el mes
pasado», dijo. «Ahora bien, sé que esas juntas son importantes. Lo estúpido
es que hubiera podido tener esa junta más tarde el mismo día o incluso la
mañana siguiente. Pero quizá nunca tenga la oportunidad de encontrarme
frente a frente con esa mujer que verdaderamente podría impulsar mi
negocio. Y eso simplemente es estúpido».
«Entonces, ¿cuál es tu plan a partir de este punto?», pregunté.
«Bueno, siento que tengo una razón genuina de por qué quiero empezar y
moverme hacia lo que tú llamas independencia financiera. Pretendo que mi
negocio sea divertido, un lugar donde aprenda y crezca, y quienes ahí
trabajen aprendan, se desarrollen y persigan sus sueños y metas, como yo los
míos. Eso, para mí, sería emocionante y satisfactorio». Podía ver la pasión en
sus ojos mientras hablaba.
«Ésa es una razón poderosa», reconocí.
Janice y yo seguimos hablando.
Compartí con ella la conversación que tuve con Leslie sobre que pensaba
que no era lo suficientemente inteligente, sobre todo debido al lenguaje usado
por los «expertos». Discutimos la importancia de aprender el vocabulario, la
jerga del dinero, las inversiones y las finanzas.
«Ésa es la clave», concordó Janice. «Porque cuando escucho toda esa
palabrería simplemente me desconecto. Y entonces pierdo interés en el
tema».
Pasamos una buena parte de nuestro almuerzo discutiendo lo que es la
independencia financiera y por qué el enfoque principal está en el flujo de
dinero.
El siguiente paso
«Entonces, ¿a dónde voy a partir de este punto? ¿Cuál es mi siguiente paso?»,
presionó Janice.
«¿Recuerdas cuando dije que la meta número uno de la independencia
financiera era tener más flujo de dinero entrante —sin trabajar— del que sale
en la forma de gastos?», pregunté.
«Sí. Me gusta esa idea», respondió. «Y la otra cosa que me encanta es que
no se necesita una enorme cantidad de dinero para ser libre a nivel financiero,
y siempre pensé que era la única forma de lograrlo».
«Es cierto. La independencia financiera, de acuerdo con la fórmula que
uso gracias al padre rico de Robert, es diferente para cada persona. La
cantidad de flujo de dinero que necesitas para ser libre a nivel financiero será
diferente de la que necesitaría tu vecino o tu mejor amiga».
Compartí con Janice cómo Robert y yo quedamos libres a nivel financiero
en 1994. «Nos tomó sólo cinco años alcanzar la libertad financiera.
¿Recuerdas que les conté sobre mi primera propiedad de inversión que
compré en 1989: una casa pequeña de dos recámaras y un baño? Bueno,
cinco años después, como resultado del flujo de dinero de nuestras
inversiones, que principalmente eran en bienes raíces, teníamos un total de 10
mil dólares al mes entrando a nuestro bolsillo. No es mucho dinero, pero lo
bello es que nuestros gastos en ese momento eran de sólo 3 mil dólares. Así
que en ese punto estuvimos libres. Ya no teníamos que trabajar para cubrir
esos 3 mil dólares al mes. En cambio, el dinero ahora estaba trabajando para
nosotros y 10 mil dólares entraban a nuestro bolsillo cada mes».
«Piénsalo», comencé. «Ser libre e independiente a nivel
financiero significaría que nunca más tendrías que trabajar
por dinero porque cada mes tendrías suficiente de tus
inversiones para cubrir tus gastos. Así que tu riqueza es
infinita porque nunca se agota».
Janice interrumpió: «Entonces, mi siguiente paso es calcular cuánto flujo de
dinero necesito para cubrir mis gastos mensuales».
«¡Eso es! Podemos hacerlo en este momento, si quieres».
«¡Vamos a hacerlo!», dijo y golpeó la mesa con el puño.
Cómo determinar cuánta tanta riqueza tienes
«Está bien, vamos a descubrir cuánta riqueza tienes», dije.
«¿Exactamente cuál es tu definición de riqueza?», preguntó Janice.
«Excelente pregunta», contesté. «La palabra riqueza tiene incontables
definiciones. Yo uso la que me enseñaron hace años. La definición proviene
de un brillante inventor, filósofo y filántropo llamado R. Buckminster Fuller.
Su definición de riqueza es: “La capacidad de una persona para sobrevivir X
número de días en adelante”.
Dicho en términos financieros, la pregunta es, ¿cuántos días podrías
sobrevivir sin trabajar? Y las palabras clave son sin trabajar. Si dejaras de
trabajar hoy, lo que significa que tu ingreso laboral se detendría también,
¿cuánto tiempo sobrevivirías con la cantidad de dinero que tienes?».
«¿Cómo lo calculo exactamente?», preguntó Janice.
«En realidad es bastante simple», respondí. «Primero sumas todos tus
gastos. Eso es lo que te cuesta “sobrevivir” cada mes. Si no tuvieras un
salario o ingreso proveniente de tu negocio, ¿cuánto dinero necesitarías cada
mes para vivir?».
«¿Quieres decir cuáles son mis gastos netos con los que podría vivir?
Porque podría eliminar comer fuera, cosa que hago a menudo, o podría ir de
compras con menos frecuencia», explicó Janice.
«Me alegra mucho que lo hayas mencionado porque es una diferencia
importante. Esta fórmula está basada en tu nivel de vida actual. No estoy
hablando de mudarte a una casa más pequeña ni vender tu coche y usar el
autobús. No soy partidaria de vivir “debajo de tu nivel”. ¿Por qué querrías ser
independiente a nivel financiero si tendrías que rebajarte a un estilo de vida
que no disfrutas? La libertad financiera consiste en vivir en el nivel de vida
que quieres. Así que hoy tienes un nivel y esos gastos son los que usaremos.
Siempre puedes aumentar tu nivel de vida en el futuro… lo que recomiendo
ampliamente».
Paso número 1
Janice asintió feliz con la cabeza. «Así que si sumo mis gastos incluirían los
siguientes puntos».
Janice hizo su lista en el momento (las cantidades están en dólares):
Pago de hipoteca
Predial
Seguro de casa
Gastos generales de la casa (servicios, agua, teléfono, cable)
Pago del auto
Gasolina
Comidas y entretenimiento (comidas en casa y fuera)
Compras varias (ropa, artículos para la casa)
Revistas / periódicos / libros
Viajes / vacaciones
$2500
$300
$150
$350
$550
$150
$500
$500
$50
$250
Cuando hagas tu propia lista, a continuación añadimos otros gastos que
podrías incluir:
Pago de hipoteca.
Predial.
Seguro de casa.
Gastos generales de la casa: servicios, agua, teléfono, televisión por
cable.
Renta.
Pago(s) del auto.
Mantenimiento del auto.
Gasolina.
Gastos de transporte (tren, autobús, taxi).
Comidas (en casa).
Comidas (fuera de casa).
Entretenimiento: espectáculos, conciertos, actos deportivos, etcétera.
Compras varias: ropa, artículos para el hogar, libros, cuidado del
cabello, etcétera.
Revistas / suscripción a periódicos.
Viajes / vacaciones.
Niños:
Niñera.
Escuelas.
Ropa.
Compras varias.
Deportes / clases.
Seguro médico.
Ejercicio / gastos de gimnasio.
Gastos de la mascota (alimento, salud, pensión).
Mantenimiento del jardín.
Otros gastos de vehículos (barco, motocicleta, remolque).
Programas educativos.
Gastos de estacionamiento.
Cualquier otro gasto extra.
Tras revisar la lista de Janice, pregunté: «Entonces, ¿cuál es tu cantidad total
de gastos mensuales?».
«4900 dólares al mes», anunció.
«¿Y fuiste honesta en tus números?», indagué.
«Bueno», dudó, «probablemente gasto un poco más en ropa y
entretenimiento. Quizá debería inflar un poco esas cifras. Podría ser bueno
poner una categoría para “reservas” o “gastos varios”, pues pueden ocurrir
cosas inesperadas».
«Excelente idea», aplaudí. «Cuanto más honesta seas contigo misma
sobre tus números, más grande será tu posibilidad de alcanzar tu meta».
Agregué: «Cuando Robert y yo estábamos quebrados, lo más difícil para
mí era encontrarme con mi contadora dos veces al mes. No era una
experiencia agradable sentarme con ella en cada reunión y enfrentar la verdad
de cuán poco dinero entrante había y cuánto dinero salía, así como de la
cantidad de deudas que teníamos. Pero debo admitir que ser honestos
respecto a dónde estábamos nos permitió fijar metas claras y lidiar con cada
acreedor y situación que se presentara. De habernos mentido respecto a
dónde estábamos a nivel financiero, quizá seguiríamos con esas deudas».
«Entiendo», respondió Janice.
Hizo algunos ajustes a sus números y luego anunció: «Mis gastos
mensuales son de 5300 dólares».
«Bien hecho», la felicité. «Es el paso número uno para descubrir cuánta
riqueza tienes. ¿Lista para el paso dos?, pregunté.
»Por supuesto», contestó Janice.
Paso número 2
«El siguiente paso es calcular cuánto dinero tienes actualmente, sin incluir el
sueldo de tu empleo o trabajo. En otras palabras, si dejaras de trabajar hoy,
cuánto tendrías en ahorros, bonos y acciones que podrían venderse de
inmediato y, por supuesto, flujo de dinero generado por activos».
«¿Qué hay de mis joyas o la platería de mi abuela? ¿No cuenta?»,
preguntó Janice.
«No cuento ese tipo de objetos por dos razones», expliqué. «Primero, no
sé si los puedo vender. Si se puede, probablemente valen mucho menos de lo
que pensé. Y, segundo, el ejercicio consiste en asumir tu nivel de vida actual.
Si comienzas a vender todo lo que puedas, bajas tu nivel de vida».
«Tiene sentido», admitió Janice. «Está bien, déjame hacer mi lista, lo cual
no tomará nada de tiempo».
Cuando todo estuvo dicho y hecho, Janice tuvo la siguiente lista
(cantidades en dólares):
Ahorros
Acciones
$18 000
$ 6000
«Ésta es mi lista», declaró Janice. «Sabía que sería rápido. El punto es que
podría tener un total de 24 mil dólares disponibles».
Paso número 3
«Bien», dije. «Ahora simplemente divide los 24 mil dólares entre tus gastos
mensuales de 5300, ¿qué obtienes?».
Janice buscó en su portafolio y sacó una calculadora. «A ver, 24 mil entre
5300 dólares. Da un total de 4.5», dijo Janice algo perpleja. «¿Qué significa
eso?».
«Significa que tienes cuatro meses y medio de riqueza. Si dejaras de
trabajar hoy, tendrías dinero para cubrir cuatro meses y medio».
Vi cómo caían los hombros de Janice. Me miró un poco aturdida y dijo:
«Eso no es mucho. Nunca lo había visto de esa forma».
«No hay una respuesta correcta y otra incorrecta aquí», señalé. «Es
simplemente tu punto de partida. Muchas personas, si dejaran de trabajar hoy,
tendrían cero riqueza o peor, riqueza negativa».
«Entonces, la ecuación es: tomo el dinero ahorrado y divido esa cantidad
entre mis gastos mensuales. ¿Es correcto?», preguntó.
«Así de simple. Y en un minuto hallaremos la pieza que falta en el
rompecabezas», dije. «Pero digamos que los gastos mensuales de una persona
son de 2500 dólares. Tiene 5000 dólares ahorrados. Esos 5000 divididos entre
2500 es igual a 2, lo que significa que puede mantener su estilo de vida
durante dos meses. Ahora, vamos a la pieza que falta», continué. «La
ecuación completa es ésta». Escribí en una servilleta:
Ahorros (o dinero disponible)
+ Ingreso entrante sin trabajar/gastos mensuales de vida
= Tu riqueza.
«Y obviamente no tengo dinero entrante por el que no tenga que trabajar. Es
la parte que falta, ¿no es cierto?», concluyó Janice. «Entonces, ¿cuál es la
meta? ¿Tu número de riqueza debe ser el número de meses que piensas vivir?
¡Sería un número enorme!».
«¿Cuál es la meta?»
«Sería un número enorme», estuve de acuerdo. «Pero haces una pregunta
excelente. Para ser independiente a nivel financiero, tu riqueza debe ser
infinita».
«¿Infinita?», preguntó confundida.
«Piénsalo», comencé. «Ser libre e independiente a nivel financiero
significaría que nunca más tendrías que trabajar por dinero porque cada mes
obtendrías suficiente de tus inversiones para cubrir tus gastos. Así que tu
riqueza es infinita porque nunca se agota».
«Si pensara que necesito un millón de dólares para el resto de mi vida,
entonces debo trabajar realmente duro para ahorrar tanto dinero. Eso me
tomaría mucho tiempo y quizá nunca alcance la meta. Y, aunque lo lograra,
ese millón de dólares terminaría por gastarse y estaría en grandes problemas».
«Es exactamente de lo que estoy hablando», dije.
«Entonces mis gastos determinan la cantidad de flujo de dinero que
necesito. Y ahora que sé cuáles son mis gastos, puedo fijar la cantidad de
dinero entrante que necesito de mis inversiones», dijo en voz alta.
«¡Entendiste!», dije con una sonrisa. «Se llama flujo de dinero. Tu dinero
está entrando. Y el flujo de dinero que proviene de tus inversiones se
denomina ingreso pasivo. ¡Es pasivo porque no trabajas por él!».
Janice dijo emocionada: «¡Mi meta es recibir 5300 dólares de flujo
mensual sin tener que trabajar para ganarlos!».
«Sí, 5300 dólares al mes… o más», dije.
«O más», concordó.
«Ahora, la siguiente pregunta es cómo hacer eso».
«¡Es exactamente lo que estaba a punto de preguntar!», rió. «Pero de
hecho me lo explicaste al hablar sobre tu fórmula para invertir. Dijiste que
compras o creas activos. Los activos son inversiones que ponen dinero en mi
bolsillo. ¡Así que el siguiente paso es cómo encontrar activos que pongan
dinero en mi bolsillo!», exclamó triunfante.
Luego Janice dijo: «Sólo tengo una última pregunta antes de que nos
vayamos. No tengo mucho dinero. Ya viste cuánto tengo ahorrado. ¿No
debes tener dinero para hacer dinero? ¿No se necesita mucho dinero para
entrar al juego de las inversiones?».
«Maravillosa pregunta», contesté. «Sé que ambas tenemos prisa, así que
retomemos este tema por teléfono en la semana».
Mientras salíamos del restaurante, dije a Janice: «Sólo déjame decirte esto
respecto a tu pregunta sobre el dinero: tener dinero puede ser uno de los
mayores beneficios respecto a invertir. ¡Hablaremos pronto! ¡Ciao!».
Capítulo 12
«¡No tengo dinero!»
El dinero no puede comprar la felicidad, pero te
hace sentir muy cómodo mientras eres miserable.
Clare Boothe Luce.
Estaba planeando un viaje a Nueva York y recordé haber dicho a Leslie que
la buscaría en mi próxima visita. La llamé al celular.
«¿Hola?», respondió Leslie.
«¡Hola, Leslie! Habla Kim. ¿Tienes algunos minutos para hablar?».
«¡Por supuesto!», contestó.
«Oye, voy a estar en Nueva York en aproximadamente dos semanas.
¿Quieres que nos veamos?», pregunté.
«¡Siempre y cuando podamos almorzar!», rió.
Yo sonreí. «Imagino que el almuerzo es lo nuestro. Janice estuvo en
Phoenix hace unos días y nos vimos… para almorzar, por supuesto».
Hablamos varios minutos y decidimos un día y una hora. «Tú elige el
lugar», sugerí.
«Tengo un lugar favorito. Veré si está disponible y te avisaré», respondió.
Colgamos.
Otro almuerzo con las chicas
«Deja que la artista busque un sitio único para almorzar», pensé mientras me
aproximaba al sitio donde nos encontraríamos.
Saqué el teléfono celular, pues no estaba exactamente segura de dónde era
ese «lugar favorito» de Leslie. «¡Hola, Leslie! Estoy cruzando el puente.
¿Voy a la derecha o a la izquierda?», pregunté.
«A la derecha, sigue el camino y nos verás. No puedes perderte. Hermoso
día, ¿verdad?», dijo.
Reí para mis adentros mientras caminaba. No había una sola nube en el
cielo. El día era cálido de modo que sólo necesitaba una chaqueta ligera. Al
pasar por la curva, claro, ahí estaba. Sentada en mitad de un cobertor rojo
brillante colocado en el pasto de Central Park, con una enorme canasta de
pícnic junto a ella, sonriendo de oreja a oreja.
Saludé con la mano mientras caminaba hacia ella. Me sorprendió ver a
otra mujer a su lado, de espaldas a mí. No se movió cuando Leslie me
devolvió el saludo.
Mientras me acercaba a ellas reconocí de inmediato a la otra mujer.
«¡Tracey! ¿Pero qué estás haciendo aquí?», exclamé. Nos dimos un fuerte
abrazo.
«Estaba tan desilusionada por haberme perdido la última reunión que,
cuando dijiste que venías a Nueva York, Leslie me llamó y preguntó si podía
unirme», dijo. «No iba a perder otra oportunidad de recuperar el contacto, en
especial después de que Leslie me contó lo mucho que se divirtieron juntas».
Pasamos la siguiente hora poniéndonos al corriente sobre nuestras
vidas… y comiendo un fabuloso almuerzo que Leslie había preparado.
Tracey nos contó lo agotada que estaba con su empleo en Chicago. «Mi vida
no es vida», dijo con aire de arrepentimiento. «Estoy trabajando más que
nunca, pero no veo las recompensas. Me dan aumentos, pero no parezco salir
adelante. Mi marido trabaja tanto como yo. Tenemos dos niños: uno en
secundaria y otro en séptimo grado. Hago malabares con todo pero, para ser
honesta, al final del día simplemente no siento que esté progresando. Corro a
toda velocidad para mantenerme en el mismo nivel. Realmente estoy lista
para un cambio.
»Lo que en realidad me asustó», agregó, «es que hace un par de meses
vendieron la empresa donde trabaja mi marido y había una posibilidad de que
lo despidieran porque la compañía que compró la suya estaba remplazando a
muchos empleados con los propios. Gracias a Dios no lo despidieron, porque
eso hubiera sido un enorme golpe a nuestro ingreso. Pero me demostró lo
vulnerables que somos en nuestras finanzas».
Leslie entró en la conversación: «Compartí con Tracey algunas de las
conversaciones que hemos tenido sobre el dinero y alcanzar libertad
financiera y parecieron tocar una fibra en ella».
«Como puedes ver, el momento no podía haber sido mejor para mí»,
admitió Tracey.
Igual que durante nuestros almuerzos de jóvenes, hablamos sin cesar.
Tracey habló sobre lo difícil que es llevar una carrera y una familia. Bromeé
con ella y recordé una cita de Gloria Steinem, feminista fundadora de la
revista Ms. Magazine: «Todavía me falta escuchar a un hombre pedir consejo
sobre cómo combinar matrimonio y carrera».
Todas reímos… y luego permanecimos calladas al darnos cuenta de lo
cierto de esa afirmación.
Tracey dijo: «Pienso que por eso la idea de “No tengo tiempo” parece
influir tanto en mi vida. Cada vez que alguien sugiere cualquier cosa que me
quitará un minuto de mi preciado tiempo, esas palabras salen de mi boca de
manera automática. Noté que eso fue lo primero que me pasó por la mente
cuando Leslie habló sobre su conversación relacionada con el dinero y las
inversiones. Pero me siento tan fuera de control que necesito hacer un cambio
drástico. Es una de las razones por las que estoy aquí hoy».
Déjà vu… Una pregunta familiar
El por qué de Tracey comenzaba a revelarse. Cubrimos mucho terreno en
poco tiempo. Luego Tracey trajo a cuento una pregunta familiar: «Pero ¿no
necesitas dinero para invertir?, ¿no necesitas primero dinero para hacer
dinero?».
Sonreí. «Deberíamos llamar por teléfono a Janice porque es la pregunta
exacta que hizo cuando salíamos de un restaurante el otro día. No tuvimos
tiempo de entrar en materia».
Tracey habló. «Realmente me avergüenza admitirlo, pero después de
todos estos años de explotar nuestro talento, mi marido y yo hemos ahorrado
muy poco. Tenemos nuestro plan de retiro 401(k) y un par de fondos de
inversión, más una pequeña cuenta para la educación de nuestros hijos, pero
además de eso gastamos casi todo, a veces más de lo que ganamos».
«Si te hace sentir mejor, Tracey, estás en mucho mejor forma que yo»,
confesó Leslie.
«Entonces, ¿no se necesita dinero para hacer dinero?», preguntó Tracey
una vez más.
«Permítanme tan sólo decir esto y es con lo que dejé a Janice después de
nuestro almuerzo», comencé. «No tener dinero fue lo mejor para mí cuando
empecé a invertir».
Las dos mujeres me miraron, confundidas.
«¿Cómo puede ser?», preguntó Leslie. «Estoy con Tracey, pienso que
debo tener dinero para invertir».
«Pero ¿necesitas dinero antes de empezar a ver?», contesté.
«No entiendo», dijo Tracey.
Contesté: «¿Alguna vez han dicho las palabras: “En cuanto tenga dinero,
haré tal y cual” o “Cuando tenga un poco de tiempo libre haré equis cosa?”.
¿Alguna de esas frases les suena familiar?».
Tracey respondió. «Sí. Yo sin duda las he dicho, en especial la frase sobre
el tiempo libre. ¿Y?».
«¿Alguna vez encontraste tiempo?», indagué.
Pensó unos segundos y luego admitió: «Casi nunca».
Leslie entró en la conversación: «Yo digo muy seguido, “en cuanto tenga
algo de dinero”. ¿Y saben qué? Esas cosas que quiero hacer “cuando tenga
dinero” nunca suceden. ¿Y saben por qué? Porque el dinero siempre parece ir
a otra cosa. Es casi como si decir esas palabras garantizara que lo que deseo
no sucederá».
«Es el punto», dije. «Cuando escucho que alguien dice: “Empezaré en
cuanto tenga dinero”, estoy casi segura de que nunca lo hará. Ese
pensamiento por sí solo, “en cuanto tenga dinero”, justifica que no hagas
nada porque no puedes… hasta que tengas dinero. Es una excusa excelente
para no hacer nada».
«Entonces, si tengo poco o nada de dinero para invertir, ¿qué hago?»,
preguntó Tracey, un poco frustrada.
«¿Puedo contarles una historia que cambió mi mentalidad con respecto a
necesitar dinero para invertir?», pregunté.
Tracey y Leslie asintieron con la cabeza.
«No tenemos dinero»
«Cuando Robert y yo vivíamos en Oregon y estaba empezando mi carrera, no
teníamos dinero ahorrado. De hecho, muy poco dinero, punto. Pagar nuestras
cuentas cada mes era una aventura en sí misma. Una tarde, regresamos de un
viaje de negocios de cinco días en Australia. Literalmente acabábamos de
cruzar la puerta, con maletas en mano todavía, cuando sonó el teléfono. Era
nuestro corredor de bienes raíces. Dijo que teníamos una hora para ver un
edificio de apartamentos de doce unidades que acababa de enlistar en ese
momento. Fuimos las primeras personas a quienes llamó. Si no recibía
noticias nuestras en una hora, lo ofrecería al siguiente inversionista en la lista.
Como estábamos regresando de 24 horas de vuelo, estábamos exhaustos.
Robert dijo: “Yo iré a verlo”. Todavía recuerdo mis palabras cuando subió al
auto, conociendo nuestro penoso estatus financiero: “¡No lo compres!”.
»Por supuesto, Robert regresó emocionado y las primeras palabras que
salieron de su boca fueron: “¡Lo compré!”.
»No lo podía creer. “¿Qué? ¡No tenemos el dinero!”, dije de manera
automática.
»“Bueno, si no conseguimos dinero, no lo compramos”, dijo. “Pero
pensemos cómo podríamos conseguir dinero. Firmé la oferta, la cual aceptó
el vendedor y dice que tenemos dos semanas para hacer nuestra inspección en
la propiedad, incluyendo el estado financiero. Si no nos gusta lo que vemos,
estamos en libertad de deshacer el trato. Pero eso también significa que
tenemos dos semanas para averiguar cómo conseguir el dinero”.
»Debo admitir que yo estaba un poco aprensiva.
»Conseguimos la información financiera respecto a la propiedad gracias
al corredor. Llamamos a nuestro amigo Drew en Canadá, un inversionista en
bienes raíces muy exitoso. Dijo que estaba interesado, de modo que le
enviamos los números por fax. Necesitábamos 50 mil dólares para el
enganche por esa propiedad que se vendía en 330 mil. Una hora después de
enviar los números por fax, Drew llamó y dijo: “Realmente me gusta esa
propiedad. Es un trato excelente. Entro con 50 por ciento”. Eso significaba
que él pondría 25 mil dólares y sería dueño de la mitad del edificio de
apartamentos. Ahora sólo necesitábamos conseguir los otros 25 mil.
“¡Excelente!”, dijo Robert. «Te llamaré mañana con más información».
»Estábamos en el auto cuando recibimos la llamada de Drew. Fue en el
momento en que dijo: “Cuenten conmigo”. Algo peculiar y estimulante me
sucedió. Me volví hacia Robert y dije: “Si Drew, cuya vida es la inversión en
bienes raíces, piensa que es un trato tan bueno, entonces debe ser bueno”.
Robert estuvo de acuerdo. Yo sonreí y dije: “Hagamos el trato nosotros
mismos. ¡Hay que ser dueños del 100 por ciento!”.
»Robert pisó el freno y orilló el auto. “Mira”, dijo con impaciencia,
“Drew está dispuesto a poner la mitad y eso hace que sólo tengamos que
conseguir 25 mil dólares. Si compramos esa propiedad solos, regresaremos al
punto de partida”. Hubo un silencio. Nuestras mentes divagaban. Ambos nos
miramos y luego Robert dijo: «Está bien. Hagámoslo.’
»Muchas personas podrían pensar que lo que hicimos fue algo estúpido.
A veces nosotros mismos lo pensamos. Rechazamos algo seguro y pudimos
terminar sin nada. Era todo o nada.
»Estábamos como al principio, buscando 50 mil dólares. Fuimos de un
banco a otro y todos nos rechazaron. Nos acercamos a gente que conocíamos
y preguntamos si podían prestarnos el dinero a una tasa de interés
razonable… nada. Luego revisamos nuestras finanzas con mucho detalle y
logramos una pequeña cantidad del dinero necesario. Nos volvimos a nuestro
negocio y dimos con algunas nuevas ideas que podían generar ventas
adicionales inmediatas antes de cerrar el trato por la propiedad. En total,
logramos reunir 25 000 dólares. Yo pensé para mis adentros: “Ahí es justo
donde estábamos cuando Drew dijo que sí”.
«Cuando escucho a alguien decir: “empezaré en cuanto
tenga el dinero” pienso que se justifica por no hacer
nada porque no puede… hasta tener el dinero.
Es una excelente excusa para no actuar».
»Seguimos adelante. Nos quedaban tres días antes de que nuestro tiempo
expirara. Como un último esfuerzo, nos acercamos a nuestro banco. A
propósito lo habíamos evitado en nuestra primera ronda porque sólo teníamos
alrededor de 3500 dólares en nuestras cuentas personales y de negocios, así
que asumimos que ese banco no sería muy receptivo.
»Robert y yo entramos y pedimos hablar con James, el gerente. Lo
habíamos visto en varias ocasiones. Nos sentamos ante su escritorio. Le
explicamos el trato de bienes raíces. Le mostramos las cuentas y explicamos
de qué manera pagaríamos el préstamo con el flujo de dinero de la propiedad.
James tranquilamente se volvió hacia nosotros y dijo: “Tienen muchas
agallas al venir aquí. Primero que nada, sé cuánto dinero tienen ambos con
nuestro banco. En segundo lugar, sólo han sido clientes nuestros por dos
meses”. Sabíamos que venían las malas noticias.
»James continuó. “Aunque considerara, tan sólo por un segundo, este
préstamo, lo cual es dudoso, primero necesito que ambos firmen este
documento. Así que, ¿por que no hacen eso por lo menos?”, sugirió.
»Imaginamos que estaba haciendo su mejor esfuerzo por ser educado y
aminorar el rechazo que seguramente vendría a continuación.
»Firmamos el documento y se lo entregamos. Él lo colocó en un fólder de
papel manila. Luego nos miró con una sonrisa en el rostro y dijo:
“Felicidades, acaban de obtener su préstamo”.
»Estábamos asombrados. “¿En serio? ¿Nos está dando el préstamo?”,
pregunté. “La propiedad tiene sentido”, dijo. “Además, sólo los he visto un
par de veces pero puedo ver lo comprometidos que están con su negocio, y
confío en que estarán igual de comprometidos con sus inversiones. Buena
suerte”.
»Así salimos del banco, todavía sorprendidos. Llamamos a nuestro
corredor de bienes raíces y proseguimos el trato… al 100 por ciento.
»Ahora bien, ese gerente de banco no tenía una razón lógica para darnos
el préstamo. ¿Cómo habríamos podido adivinar que se arriesgaría con
nosotros? A veces el dinero brota en los lugares más inesperados. La magia
sucede. Pero el punto es que nunca habríamos conseguido el dinero o
comprado la propiedad si no nos hubiera impulsado el edificio de
apartamentos y no hubiéramos tenido una fecha límite», terminé.
¿Sin dinero? No hay problema
«Parece como si estuvieras diciendo exactamente lo opuesto a lo que yo
pensé que debería hacer», dijo Leslie. «En lugar de buscar el dinero primero,
se debe encontrar la inversión. ¿Cierto?».
«Es justo lo que estoy diciendo», reconocí. «La mayoría de las personas
dicen: “Primero conseguiré el dinero y luego compraré la inversión”. En
cambio, yo he aprendido a decir: “Primero buscaré la inversión y luego
conseguiré el dinero”».
«Continúa», dijo Leslie, titubeante.
«Es simple», continué. «Encuentra primero la inversión. Haz que sea
realidad para ti. Emociónate al respecto. Por ejemplo, si es una propiedad
para alquilar de tres recámaras y dos baños, visítala, tócala, recórrela, calcula
el flujo de dinero, imagínate de propietaria, habla al respecto. Ahora ya no es
tan sólo una idea o teoría, es algo real. En ese punto, tu mente entra en acción
y te sorprenderá lo creativa que te vuelves para encontrar financiamiento. Es
lo mismo para una inversión en un negocio o cualquier otra inversión que te
emocione. Por lo general, lo que más me emociona es el flujo de dinero que
me pagan las inversiones».
«Así que encuentro primero la inversión en lugar del dinero», repitió
Leslie. «Eso significa que puedo empezar de inmediato. Para ser honesta, me
estaba desanimando un poco la parte de conseguir el dinero. Lo único que
podía imaginar era trabajar más duro. Me cansé de sólo pensar en ello, razón
por la cual nunca hice ningún esfuerzo para buscar inversiones».
Tracey entró en la conversación: «Entonces, ¿si encuentro una buena
inversión, el dinero aparecerá milagrosamente?».
«No aparecerá si esperas y no haces nada», dije. «Debes entrar en acción,
salir y encontrarlo. Hay dos cosas que funcionan a tu favor si tienes una
inversión específica a tu alcance. Primero, estás motivada por una inversión
real de la que puedes hablar y presentar a los prestamistas e inversionistas
potenciales. En segundo lugar, por lo general tendrás una fecha límite para
conseguir todo el dinero. Ahora hay una urgencia, de modo que no puedes
decir: “Trabajaré en eso más adelante”. Debes actuar de inmediato. Con
cuanta más gente, prestamistas e inversionistas potenciales hables, más
energía creas y más oportunidades se te abrirán. La energía atrae energía. Ahí
ocurre la magia… como el gerente de banco que nos otorgó el préstamo».
Leslie preguntó: «¿Siempre encuentran el dinero? ¿Alguna vez no han
podido hallarlo?».
«Definitivamente no hay garantías, pero de esa forma por lo menos estás
dentro del juego. Tienes una oportunidad. O puedes decirte: “No tengo el
dinero. No puedo pagarlo” y salirte del juego antes de empezar. Al ir tras el
dinero, las probabilidades de conseguir la inversión pueden ser de 50 a 100
por ciento. Pero si ya decidiste que no puedes pagarlo, entonces tus
probabilidades son cero».
No tener dinero es un beneficio
Tracey preguntó: «Entiendo lo de rastrear primero la inversión. No estoy
segura de que entiendo cómo no tener dinero es un beneficio. Parece que
ustedes pasaron por muchos esfuerzos para encontrar el dinero».
«Buen punto», contesté. «Sí se necesitaron muchos esfuerzos, como en el
caso del siguiente trato y del siguiente. De hecho, para casi todas las
inversiones que hemos hecho, no disponíamos del dinero que necesitábamos.
Cuando yo empecé a invertir, fue simplemente porque no teníamos mucho
dinero. Hoy no tengo dinero porque todo nuestro dinero siempre está
invertido».
«Y no tener dinero es un beneficio porque…». Tracey insistió.
«Porque te obliga a pensar, a ser creativo. En vez de tener solo una
estrategia para financiar mis inversiones, como usar mi propio dinero, tengo
incontables maneras de hacerlo. El beneficio más importante es que nunca
dejaré que la excusa de que no tengo el dinero me impida ir tras una buena
inversión. Es sorprendente lo que puedes hacer cuando debes actuar», dije.
«Una de las mayores lecciones que el padre rico de Robert le enseñó fue
nunca decir: “No puedo pagarlo”. Cada vez que dices esas palabras, tu mente
se cierra. En vez de decir que no podía pagar algo, su padre rico solía
preguntarse: “¿cómo puedo pagarlo?”. Al hacerte esa pregunta, tu mente se
abre y busca respuestas».
Cómo encontrar dinero
La primera parada que hace la mayoría de las personas para conseguir un
préstamo o fondos adicionales es un banco tradicional. Cuando ese primer
banco los rechaza, se rinden y dicen: «No puedo obtener un préstamo». Ahí
están otra vez las palabras «no puedo». No se dan cuenta de que el banco al
que acudieron como primera opción no presta dinero para el tipo de
propiedad o negocio que buscan. Bancos diferentes prestan dinero a
diferentes tipos de inversiones. Aparte de los bancos tradicionales, a
continuación presento otros métodos para financiar tus inversiones.
Descubrirás maneras adicionales de conseguir dinero conforme crezca tu
experiencia.
Financiamiento del vendedor: Como en el caso de una propiedad para
alquilar, el vendedor actúa como el banco. El acuerdo con el vendedor
especifica la cantidad del préstamo, la tasa de interés que pagarás y la
duración o término del préstamo.
Financiamiento a partir del flujo de dinero: Hay muchos tipos de
préstamos disponibles. Ahí es donde tu corredor hipotecario o de
negocios puede ser un miembro valioso de tu equipo. Esos corredores
saben qué prestan los prestamistas y para qué inversiones. El
prestamista paga los honorarios del corredor, no tú.
Préstamos asumibles: En bienes raíces, una propiedad puede tener un
préstamo incorporado a la propiedad, lo que implica que «asumes» el
préstamo existente con poco esfuerzo de calificación de tu parte.
También debes asumir los términos del préstamo, lo que incluye tasa
de interés, término del préstamo y cualquier otro detalle.
Otros inversionistas: Hay muchas personas con dinero, pero sin
interés, tiempo o experiencia para encontrar y administrar ciertas
inversiones. Si puedes demostrar que tu inversión (sea en bienes
raíces, un negocio, certificados fiscales, metales preciosos o lo que
sea) dará al inversionista una buena ganancia por su dinero, entonces
los inversionistas individuales pueden ser una buena fuente de
financiamiento para ti.
Familiares y amigos: Puedes acercarte a familiares y amigos para que
inviertan contigo. Tú pones tiempo y esfuerzo y ellos, el dinero. Si te
acercas a tus familiares o amigos para recibir financiamiento, entonces
te ofrezco dos consejos: 1) Trata a tus familiares y amigos como
inversionistas, no como personas que quieres y que «te echarán la
mano». Si tú vas a ser inversionista, maneja cada asunto de manera
profesional. Demuestra a tus inversionistas cómo recuperarán su
dinero y una buena ganancia. Realiza contratos entre tú y ellos. 2)
Debido a la relación emocional con tus familiares y amigos, no
necesariamente recomiendo tomar este camino. No vale la pena
arriesgar una amistad por una inversión que quizá no rinda frutos. He
visto peleas familiares donde el cuñado que prestó dinero a su cuñada
necesitaba desesperadamente ese dinero siete meses después, y ella
hacía malabares por encontrar un nuevo financiamiento. No lo vale.
Trata cada inversión como un negocio separado, porque eso es
exactamente.
«Siempre hay dinero»
Dije a mis amigas: «Justo la semana pasada, un corredor con quien trabajo
acudió a mí con una inversión en bienes raíces. Después de algunos intentos,
mi oferta fue aceptada. El corredor me vio luchar por conseguir el enganche,
el cual provino de tres fuentes distintas. Podía decir que él estaba un poco
nervioso de que yo no lo consiguiera. El día que cerramos el trato por la
propiedad, me volví hacia él y dije: “Gracias por un trato excelente. Llámeme
en cuanto encuentre otro. Mañana no sería muy pronto”.
»Me miró y dijo: “¿Mañana? ¿Pero no está usted sin dinero? Pensé que
este último trato se había llevado todos sus fondos”». Sonreí con seguridad.
«Siempre puedo encontrar el dinero para un gran trato».
Tracey dijo: «Entonces la conclusión es que no debo enfocarme en
conseguir primero el dinero. Si lo hago, las probabilidades son que nunca
empiece. En cambio, debo concentrarme en encontrar primero la inversión.
Una vez que la encuentre, me concentraré en el dinero. Me gusta».
«Así es», contesté. «Ahora déjenme compartir con ustedes dos un consejo
final que Robert y yo hemos usado durante muchos muchos años. Así es
como pueden acumular dinero día con día sin hacer cambios drásticos
respecto a lo que hacen en este momento. Pero primero, pásenme la charola
del queso».
Capítulo 13
Más sobre el dinero
Una buena meta es como un ejercicio
extenuante… hace que te estires.
Mary Kay Ash.
«¿Y cuál es ese buen consejo?», preguntó Tracey.
«Les contaré otra historia», comencé. «¿Recuerdan cuando Robert y yo
nos mudamos a Oregon, sin ahorros y apenas con algo de dinero para pagar
nuestras cuentas?».
Las dos mujeres asintieron con la cabeza.
«Fue en esa época cuando descubrimos que necesitábamos hacer algo
diferente o, de lo contrario, a nivel financiero, siempre estaríamos detrás de la
octava bola. Aunque ganábamos muy poco entonces, decidimos que para
tener futuro financiero debíamos dar pasos hacia ese futuro en el presente».
«¿Y qué hicieron?», preguntó Leslie.
«Lo primero fue contratar un contador», le dije.
«¿Por qué un contador?», preguntó. «Dices que apenas tenían dinero.
¿Por qué necesitaban un contador si tenían poco dinero?».
«¿Saben lo fácil que es mentirse respecto al dinero?», pregunté. «Yo solía
pensar en esa época que de alguna manera nuestros problemas se resolverían
solos milagrosamente. Siendo optimista como soy, lo último que quería era
enfrentar nuestro dilema financiero. “Si no lo pienso, simplemente
desaparecerá”, era mi mantra».
Leslie rió: «¿Acaso lees la mente? Es exactamente lo que yo hago».
«Es mucho más fácil que enfrentar la verdad, ¿no es cierto?», contesté.
«Así que lo más difícil era contratar un contador con quien me reuniera dos
veces al mes. Cada dos semanas, Betty nos echaba en la cara nuestros oscuros
hechos financieros. Era como una madre que no deja a su hija levantarse de la
mesa hasta que ha comido sus verduras. Betty no me dejaba irme de nuestra
reunión hasta que cada factura y cada dólar (o falta de él) fuera analizado y
diera cuenta de él. No era agradable. Temía cada reunión».
«¿Hay un lado bueno en esta historia?», Tracey bromeó conmigo.
Reí. «El lado bueno era saber dónde estábamos a nivel financiero. No
fingía que todo iba bien o las cosas simplemente se resolverían. Sabía la
verdad respecto a nuestro ingreso y gastos. Y una vez que supimos dónde
estábamos, de manera realista pudimos averiguar a dónde queríamos ir y
cómo llegar ahí».
Continué. «Antes de Betty, la contadora, yo era como un avestruz que
esconde la cabeza en la arena. No era diferente a llamar a un restaurante y
preguntar: “¿Cómo llego a su restaurante?”, sin indicarles de dónde vengo. Si
la hostess del restaurante no sabe dónde estás, entonces ¿cómo puede darte
indicaciones hacia dónde quieres llegar?
»Así que, si quieres saber a dónde quieres ir a nivel financiero, debes
saber exactamente en dónde estás hoy».
Súperconsejo
«Al reunirnos con Betty cada dos semanas, lo primero que Robert y yo
comprendimos fue que no estábamos apartando nada para nuestro futuro.
Cada centavo que ganábamos era para pagar nuestras cuentas lo mejor que
podíamos. Así que nos comprometimos a pagarnos primero a nosotros y
luego a nuestros acreedores. Me doy cuenta de que el término “pagarse a sí
mismo primero” es casi cliché y significa cosas diferentes para personas
distintas. Aquí está lo que significa para nosotros.
»Nuestro plan era simple. Por cada dólar que entrara a nuestro hogar, sin
importar de dónde viniera, primero tomábamos 30%. Si entraban 100 dólares,
tomábamos 30. Si era un dólar, tomábamos 30 centavos. Luego dividíamos el
dinero en tres cuentas:
1. Cuenta para inversión (10%)
2. Cuenta de ahorros (10%)
3. Cuenta para caridad o diezmo (10%)
Después de tomar el 30%, entonces el dinero restante pagaba las cuentas.
Pagarnos primero a nosotros significaba que 30% era para construir nuestro
futuro financiero.
»La clave para este programa es que debes apegarte a él. No puedes decir
“Me saltaré este mes, pero al siguiente guardaré doble”. Las probabilidades
indican que el mes siguiente no te pondrás al corriente. La parte más
importante de este proceso es la disciplina o compromiso de apegarte a cada
dólar que entre. No es tanto la cantidad que apartas cada mes, sino el hábito
de hacerlo una y otra y otra vez con cada centavo que recibes. Una vez que
has establecido el hábito, se vuelve automático.
»Puedes elegir diferentes porcentajes. Elegimos 30% porque sabíamos
que significaba un esfuerzo para nosotros, dada nuestra situación financiera.
Si eligen un porcentaje o cantidad más bajo, está bien. Les aconsejo que no se
lo hagan demasiado fácil por dos razones.
»Primero, si hacen que los porcentajes sean demasiado ligeros, les tomará
más tiempo ver resultados sustanciales. Segundo, si no ven buenos resultados
rápidamente, pueden perder interés y descontinuar el hábito. Creo que debe
haber algo de esfuerzo, de sacrificio, para que valga la pena. Sean creativas.
Si lo hacen, se sorprenderán de lo rápido que crecen esas cuentas.
»Algo importante fue darnos cuenta de que ese 30% era nuestro futuro. Si
no empezábamos a prepararnos para ese futuro financiero entonces, no lo
tendríamos».
Tracey preguntó: «Pero si estaban luchando por salir adelante, ¿cómo
pagaban sus cuentas?».
Comencé riendo. «¡Es exactamente lo que preguntó nuestra contadora
Betty! Nuestra conversación continuó de la manera siguiente: “Betty, lo que
queremos hacer es tomar 30% de cualquier dinero que entre. Ese dinero se va
a tres cuentas bancarias que sólo podemos tocar para inversiones y obras de
caridad. La cuenta de ahorros es sólo para emergencias extremas”.
»Betty dijo: “¡No pueden hacer eso! Tienen cuentas por pagar. ¿Cómo
van a pagarlas?”.
»Dije: “Pagaremos algo a cada acreedor cada mes. A veces puede que
paguemos menos de lo que pidieron. Si es necesario, les llamaré por teléfono
y les explicaré que garantizamos pagar el 100%, pero quizá tengamos que
extender el plazo”.
»Betty dijo: “Tengo una idea mucho mejor. ¿Por qué no pagamos sus
deudas por completo y luego apartamos todo lo que reste?”.
»Dije: “Es lo que todo mundo dice que hará. El problema es que nunca
queda nada. Apeguémonos a este plan y yo manejaré a los acreedores”. Betty
gruñó».
«¿Y sus acreedores no acechaban de día y de noche?», preguntó Leslie.
«Es una pregunta válida», contesté. «Definitivamente no les recomiendo
que no paguen sus cuentas. La tasa de bancarrotas en Estados Unidos está
fuera de control y, en muchos casos, las personas simplemente quieren evadir
sus cuentas y responsabilidades financieras. Yo no apoyo eso en lo absoluto.
Nos aseguramos de que todas nuestras cuentas quedaran pagadas por
completo y estuvimos en constante comunicación con nuestros acreedores
para asegurarnos de que entendían que se les iba a pagar por completo.
»El punto principal es que hay más de una forma de lidiar con los
problemas financieros. Deben ser creativas. Vean todas sus opciones. Creen
opciones. Pregúntense: “Si entrara en este programa de págate a ti primero,
¿cómo podría hacerlo? ¿Qué necesito hacer diferente?”. De nuevo, no era
simplemente ahorrar un poco de dinero extra, sino construir nuestro futuro
financiero. Y les diré que el dinero creció en esas cuentas más rápido de lo
que imaginamos».
«Explica de nuevo para qué eran esas cuentas», preguntó Leslie.
Dibujé tres cajas en un pedazo de papel:
«Primero, necesitábamos invertir, así que abrimos una cuenta para
inversión. Segundo, creíamos fielmente en la idea de que debes dar para
recibir así que abrimos una cuenta para caridad y diezmo. Tercero, abrimos
una cuenta de ahorros generales como colchón para emergencias reales u
oportunidades especiales».
«El concepto de “pagarse a sí mismo” no es consentirte con un nuevo par
de zapatos o derrochar en un viaje a Tahití. Se trata de cuidarte a nivel
financiero para el futuro», dijo Leslie de manera reflexiva.
«Exactamente», reconocí. «Y traes a cuento un punto excelente porque la
gente a menudo se confunde al respecto y gasta el dinero por el que ha
trabajado tan duro en “lujos” para ella… y vuelve a terminar en cero. De
hecho, el enganche de 5000 dólares para mi primera propiedad de alquiler (la
casita de dos recámaras y un baño) fue el primer dinero que salió de nuestra
cuenta para inversión».
»Es un poco difícil apartar 30% y vivir solo con 70% de lo que gano»,
lamentó Leslie.
«Imagino que, si fuera pan comido, todo el mundo lo haría», contesté.
«Sé creativa. Piensa aproximadamente cuánto dinero en total entró a tu casa
el año pasado. ¿Entiendes?».
«Entiendo», contestó Leslie.
»Ahora toma 30% de esa cifra e imagina cuánto más habría en tus cuentas
bancarias hoy si hubieras empezado ese ejercicio hace un año».
Leslie estaba sonriendo ante la idea.
«Así que piensa en lo que tendrás y no en lo que te habrías sacrificado»,
sugerí.
Leslie parecía confundida: «¿Sacrificar?», preguntó.
«Sí», sonreí. «Sacrificar. Como una forma de hacer las cosas y que
probablemente has hecho siempre sin darte cuenta de ello y te impide
avanzar».
«Entiendo», sonrió.
«¿Siguen practicando ese hábito hoy en día? ¿Siguen apartando 30% del
total?», preguntó Tracey.
«Lo hacemos, aunque ahora los porcentajes son mucho mayores a 30%.
La única diferencia es que la prioridad número uno en la que gastamos
nuestros ahorros son nuestras inversiones».
Las tres seguimos hablando. Todas disfrutamos al máximo la elección de
«restaurante» de Leslie, sin mencionar su deliciosa comida y bebida.
Saboreamos hasta la última migaja. Estábamos relajadas viendo toda la
actividad en el parque cuando el teléfono celular de Leslie sonó…
Ejercicio:
Capítulo 14
«¡Mi pareja no está interesada!»
El poder es la capacidad de no tener que complacer.
Elizabeth Janeway.
«¡Hola!», dijo Leslie, animada.
«¡Hola, Leslie, habla Pat!», le contestaron.
Leslie rió. «¡Pat! Tenía el presentimiento de que podías ser tú. Qué bien
que puedas reunirte con nosotras para almorzar… aunque nos comimos casi
todo. Dame un minuto». Leslie puso su teléfono celular en altavoz. «Pat,
saluda a Tracey y a Kim».
«¡Hola! Me alegra oír que Tracey pudo llegar. Está bien, ahora tienen que
ponerme al corriente de todo lo que han estado hablando».
Tracey entró en la conversación. «Desearía que estuvieras aquí con
nosotras. Gracias por llamar. De hecho me he estado poniendo al corriente
con Kim y Leslie respecto a su última reunión. Leslie y yo hemos hablado de
su discusión sobre dinero, finanzas e inversiones y quería escuchar más, es
una de las razones por las que estoy aquí. Ha sido una gran conversación. ¡Te
extrañamos!».
«Yo también desearía estar ahí», respondió Pat. «Están pasando muchas
cosas por aquí. Sé que estaría mejor estando con ustedes».
Pat continuó: «Saben que compartí con mi marido parte de nuestra
conversación del almuerzo en el Plaza… sólo las conversaciones sobre
inversiones, no las partes sobre nuestros días de solteras. Simplemente no
parece interesado. Su comentario fue: “Ganamos suficiente dinero. No creo
que necesitemos arriesgarlo invirtiendo. Estamos bien”. Y fin de la
conversación. Y hasta ahí llegaron también mis esfuerzos. Es difícil empezar
algo nuevo si tu socio número uno no está interesado, más aún cuando él es
quien lleva el dinero a casa. No estoy segura de cómo manejar esto».
Nos quedamos calladas en el otro extremo del teléfono.
Pensé para mis adentros: «Ésa es la pregunta del millón de dólares. ¿Qué
haces si tu pareja no está interesada en invertir y tú sí? ¿Cómo obtienes su
apoyo? ¿Y cómo llegas a un acuerdo acerca del dinero que se invertirá? No se
trata sólo de inversiones sino de la relación… y ésa es por completo otra área
de psicosis». Varios pensamientos giraban en mi cabeza.
Miré hacia arriba y tanto Leslie como Tracey me observaban como
diciendo: «¿Qué le dices? Dile algo. ¿Qué debería hacer Pat?».
Yo no sabía qué decir. No tenía experiencia personal con este tipo de
situaciones. La mía era justo lo opuesto. Tenía un socio que constantemente
me impulsaba a aprender y a invertir cada vez más. Pero, mirando en
retrospectiva, me había topado con muchas muchas mujeres que habían
hecho la misma pregunta. Así que sabía que Pat no estaba sola.
Las primeras palabras que salieron de mi boca fueron: «Pat, no tengo la
respuesta para ti. Desearía tener la solución mágica, pero pienso que tu
pregunta es una de las más engañosas que hay. No sólo se trata de dinero. A
todas luces se trata también de su relación. Así que déjame pensarlo y hablar
con algunas personas, y te devolveré la llamada con lo que descubra. ¿Está
bien?».
«Eso sería genial», contestó Pat. «Gracias». Las cuatro continuamos
hablando. Decidimos terminar justo antes de que empezara la hora pico. Nos
abrazamos, incluyendo a Pat vía telefónica, y no sabíamos cuándo nos
veríamos otra vez, pero sí que seguiríamos en contacto.
Un problema no poco común
La pregunta de Pat se quedó conmigo. ¿Qué haces si tú quieres empezar a
invertir pero tu pareja no está interesada?
Un rasgo que encuentro en las mujeres sobre este tema es que la mayoría
tomará en consideración de manera plena y cuidadosa a todos los que la
rodean al hacer cambios o tomar decisiones importantes en sus vidas. Mucho
más que los hombres. Creo que ésa es la razón por la que esta pregunta surge
de manera tan inmediata para muchas mujeres cuando empiezan a invertir.
Las mujeres, en general, tienden a incluir en sus decisiones a quienes las
rodean mientras los hombres asumen una actitud más competitiva, más
individual. Una amiga hizo una excelente analogía en torno a este tema.
Preguntó: «¿Alguna vez has visto niños en una fiesta en la alberca? Si pides a
un grupo que se alinee al lado de la alberca y salten juntos, esto es lo que
verás: todos se alinearán y luego cada niño irá por su lado tratando de superar
al otro. Jack opta por el mayor chapuzón. Charlie salta más lejos. Pete se echa
el mejor panzazo. Y Danny es el que permanece en el agua por más tiempo.
»Pídele lo mismo a un grupo de niñas, ¿qué es lo que hacen? Se alinean
amablemente, se toman de la mano y saltan a la alberca juntas a la cuenta de
tres».
Ahora, yo no tengo nada en contra de la competencia. Me encanta. Mi
punto es que, como mujeres, en general tendemos a considerar los
sentimientos y pensamientos de quienes nos rodean, al igual que el impacto
que tendrán en ellos, mucho más que los hombres. Así que es natural que la
pregunta: «¿Qué pasa si mi pareja no está interesada en invertir?», surja a
menudo en el caso de las mujeres.
He escuchado esta pregunta una y otra vez. (Sólo para que lo sepas, los
hombres también la hacen). Simplemente nunca he tenido la respuesta. Tengo
la suerte de tener una pareja como Robert, quien no sólo me apoya con mi
inversión sino también con entereza (y quiero decir con entereza); me anima
a seguir aprendiendo y a tomar desafíos cada vez más grandes. Él
continuamente me incita a ir más allá de donde pienso que puedo ir. Así que
personalmente no tengo experiencia de primera mano en esto; no obstante, sé
que muchas mujeres, al igual que hombres, se enfrentan a esta situación.
Cuatro opciones
Como mejor lo veo, hay cuatro opciones para una mujer respecto a este
dilema. Puede:
1.
2.
3.
4.
Invertir con su pareja como equipo.
Invertir por su cuenta… con el apoyo de su pareja.
Invertir por su cuenta… sin el apoyo de su pareja.
No invertir.
Opción número 1: Sería mi ideal. Como dice el dicho, dos cabezas piensan
mejor que una. Invertir involucra un conjunto de talentos, desde buscar el
trato y negociar los términos hasta entregar la oferta final. A menudo las
parejas que trabajan como equipo descubren habilidades que nunca supieron
que tenían y las incluyen en su estrategia de inversión. Como ambos están
aprendiendo sobre la marcha, encuentran que ahora tienen mucho de qué
hablar. Toman decisiones compartidas, estudian y aprenden en equipo y
pasan mucho más tiempo juntos. En la mayoría de los casos, eso es excelente
para el éxito de la relación así como para el de la inversión.
Como me escribió Jasmine:
Mi marido y yo sentíamos que tenía que haber una mejor forma de
vivir la vida que ser esclavos de nuestros empleos corporativos, con
mucho estrés. Comenzamos leyendo libros juntos, lo cual marcó una
gran diferencia porque los contextos (el panorama amplio) de los dos
se estaban expandiendo al mismo tiempo. Leer, comentar los libros y
explorar nuevas ideas se convirtió en una actividad divertida que
podíamos compartir, al igual que decidir cómo dividiríamos las tareas
principales de nuestra inversión en bienes raíces. Como mujer, me
gusta saber que tengo una estructura de apoyo; no imprescindible, pero
simplemente me gusta saber que está disponible para mí.
Opción número 2: Es la siguiente mejor opción. Si tienes el apoyo de tu
pareja, entonces no libras una ardua batalla. Él está de tu lado y, asumo,
quiere que ganes. De hecho he hablado con muchas inversionistas que
empiezan en ese punto. El marido dijo: «Adelante. Te apoyo pero no estaré
involucrado de manera activa».
Lo que sucede a menudo es que, una vez que comienzas el proceso, y
especialmente una vez que él ve que entra dinero, es difícil de ignorar. En vez
de ser un apoyo pasivo, su nivel de interés aumenta y se vuelve cada vez más
participativo. Como gritó una mujer en una plática que daba cuando pregunte
qué hacen las mujeres para que sus maridos o parejas que no están
interesados en invertir lo estén: «¡Muéstrale el dinero!».
A continuación hay un ejemplo maravilloso de un caballero cuya esposa
no estaba interesada. Lo incluyo porque pienso que a veces las mujeres no
nos damos cuenta del deseo tan grande que tienen los hombres de nuestra
vida de que nos volvamos una mayor parte de la suya:
Comencé por mi cuenta y ella observaba al margen. Yo solía trabajar
todo el día, a veces incluso en dos empleos; luego llegaba a casa, comía
un bocadillo y salía en busca de mi primera propiedad que me diera
flujo de dinero.
Después de recibir muchos «no», finalmente obtuve un «sí» de un
vendedor y rápidamente cerré el trato por una propiedad que generaba
350 dólares mensuales de flujo de dinero. Créeme que quise rendirme
mil veces durante ese primer intento, pero mi deseo y determinación
me llevaron a continuar. Que mi esposa se me uniera algún día en esta
emocionante empresa era uno de mis mayores factores de motivación.
Esto continuó durante un año. Yo llegaba a casa después de trabajar
todo el día y luego trabajaba la mitad de la noche en mantener mis
propiedades. Que ella me ayudara en una forma más directa a todas
luces habría ayudado, pero no la molestaba al respecto.
En algún punto del camino, ella empezó a sentirse emocionada. Vio mi
compromiso, mi sacrificio y mi fe en ese vehículo de inversión… ¡y
vio el dinero!
Es un poco loco criar a dos hijos, administrar más de 40 unidades y
lidiar con todo lo que esto conlleva. Mi esposa es la mejor. Estoy muy
orgulloso de lo que ha logrado. Ha sido un camino de desarrollo
personal para ambos. Vemos la necesidad de crecer y aprender
constantemente. Nunca habría imaginado que nuestra relación pudiera
ser tan sorprendente. No hay nada comparable a cuando obtenemos
algo juntos… juntos.
Opción número 3: Es una posición difícil. No sólo estás entrando en un
mundo completamente nuevo, sino que lo estás haciendo sin el apoyo de la
persona número uno en tu vida. Así que no pretendo y no diré que es pan
comido; no lo es. No obstante, con el tiempo, como en el caso del caballero
anterior, una vez que tengas un poco de éxito y resultados visibles, tu pareja
puede cambiar y convertirse en tu mayor apoyo. Las mujeres que están en
esta situación, y hay muchas, dependen más que nunca del apoyo de otras
personas, idealmente otros inversionistas.
Aquí es donde un grupo de inversión de mujeres podría resultar
invaluable, al igual que clubes y organizaciones afines. Si estás en esta
situación, rodéate de personas con metas y ambiciones similares a las tuyas.
Opción número 4: Odio incluirla como opción, pero en realidad es lo que
muchas mujeres optan por hacer: no invertir. Como me dijo una mujer: «Si
mi marido no está detrás, entonces temo que será demasiado difícil para
nuestro matrimonio. Espero que al final termine por participar». Por
desgracia, no hay un arreglo rápido ni una respuesta fácil para hacer que un
cónyuge o pareja que no está interesado suba a bordo. Sin embargo, hay
mujeres haciéndolo en todo el mundo.
Cómo hacer que tu cónyuge
o pareja suba a bordo
Al hacer la pregunta a inversionistas: «¿Cómo hacer que tu cónyuge se
interese en la inversión?», escuché algunas soluciones muy creativas y
prácticas que ha llevado a cabo la gente. A continuación menciono algunas:
Megan
Estaba convencida de que quería entrar en el juego de las inversiones. Había
estado coqueteando con la idea durante dos años y llegó el tiempo de actuar.
Se sentó con su marido, Jeff, y le explicó lo que quería hacer y que deseaba
que fuera parte de ello.
Su respuesta fue: «No tengo tiempo para esto. Mi trabajo consume todo
mi tiempo. Parece ser importante para ti así que adelante. Manténme
informado sobre lo que haces».
Se sintió decepcionada de que él no compartiera su entusiasmo, pero el
hecho de que por lo menos quisiera escuchar lo que ella estaba haciendo era
una especie de consuelo.
El interés de Megan eran las propiedades para alquilar. Después de
aproximadamente cuatro meses de investigar diferentes áreas y de aprender
sobre el mercado, encontró exactamente el tipo de casa que buscaba.
Mientras lo analizaba, le vino una idea sobre cómo involucrar a su marido en
su primera propiedad.
El domingo siguiente sugirió que fueran a desayunar a «un restaurante
que sé que es muy bueno». Se ubicaba a unas seis cuadras de la propiedad
que había encontrado. Jeff es diseñador gráfico, muy creativo y artístico. Así
que Megan lentamente lo condujo hacia su casa, se detuvo enfrente y
preguntó: «Jeff, si ésta fuera tu propiedad, ¿qué harías para arreglarla?».
Jeff dijo: «Primero hay que limpiar el jardín. El camino de entrada podría
tener adoquines con pasto en medio. Toldos contemporáneos y pintura de un
color más cálido darían a la casa una mayor sensación de bienvenida. Y
definitivamente remplazaría la puerta».
Creo que los dos temas más odiados del mundo son
relaciones y dinero. Así que, cuando los juntas,
cualquier cosa puede suceder.
No es de sorprender que el tema número uno por el que
pelean las parejas hoy en día es… ¿puedes adivinar? Dinero.
«¿Quieres hacer eso conmigo?», sonrió.
«¿De qué estás hablando?», preguntó y luego comprendió. «Ésta es la
propiedad que quieres comprar, ¿verdad?».
Ese día, Megan y Jeff se convirtieron en verdaderos socios de inversión
en bienes raíces. De manera inteligente, Megan descubrió cómo encender el
interés poniendo en juego sus verdaderos talentos. Mientras hablaba le
explicó los números y cómo lidiar con corredores, pero a Jeff no pudo
importarle menos. Pero cuando vio la propiedad a través de su mirada
artística, tuvo un interés personal en el proyecto.
Cuando mencioné esta historia a otra mujer con una pareja desinteresada,
dijo: «¡Eso es perfecto! Mi pareja ama la jardinería. Respecto a cada jardín de
nuestro vecindario comenta cómo él podría hacerlo mejor. ¡Ahora puede!».
Edwin
Edwin escribió:
La forma en que logré que mi esposa y mis hijos se interesaran fue
simplemente involucrándolos. Jugábamos Cashflow 101 con
regularidad como familia, de modo que los niños aprendieran al mismo
tiempo que nosotros. Los fines de semana hacíamos nuestros recorridos
en busca de propiedades en nuestra minivan. Jugábamos «El precio es
correcto» (adivinando los metros cuadrados, el número de habitaciones
y baños, y el precio) luego tomábamos el folleto para ver quién estaba
más cerca. En otras palabras, creamos juegos e hicimos que fuera
divertido para todos los involucrados.
Leia
Fue algo astuta en su forma de abordar el asunto:
Cuando mi padre me dio un ejemplar de Retírate joven y rico, lo
devoré. Eso era lo que quería… ser libre a nivel financiero. Traté de
dar a mi esposo todas las noches la versión de las notas de Cliff (puesto
que no es un lector ávido), pero no significaban nada para él. Mencioné
este problema a un amigo. Sabiendo que ese fin de semana haríamos un
viaje de seis horas en auto, me prestó su ejemplar de Padre rico, padre
pobre en disco compacto. Mi marido, al estar atrapado conmigo
durante seis horas y al tener un aprendizaje más auditivo, no tuvo otra
opción que escuchar.
Y sucedió algo sorprendente… ¡epifanía! De repente todo hizo clic.
Tuvimos excelentes conversaciones durante el resto del viaje sobre
esas ideas y sobre cómo podíamos cambiar nuestra vida. Ahora hemos
empezado nuestro negocio de inversión y acabamos de comprar una
propiedad.
Andrea
Se tiró el clavado final:
Mi marido era corredor de bolsa de altos vuelos en Kuala Lumpur,
Malasia. En 1998, después de la crisis financiera asiática, quebró su
negocio y perdimos más de la mitad del valor de nuestro patrimonio en
la bolsa.
Nos mudamos a Estados Unidos. Mi marido regresó a la industria de
servicios financieros e invirtió en la bolsa lo que nos quedaba (¡de
nuevo!). Yo empecé un pequeño negocio desde la casa. En 2000,
nuestro portafolio se había incrementado en 60% y lo incité para que
vendiera. Por supuesto, no escuchó a la esposa. Dijo que
mantendríamos la inversión para el «largo plazo». Como la típica
esposa buena que deja que el marido sea el capitán del barco, no insistí.
Dos semanas después, la bolsa cayó. Nuestros ahorros de toda la vida
habían desaparecido casi por completo.
Luego vino el 11 de septiembre de 2001 y nuestros dos negocios se
salieron de carril. Teníamos una enorme hipoteca, no nos quedaban
ahorros y no teníamos opciones. Puedes imaginarte la tensión y el
resentimiento en nuestro hogar. No era saludable para nuestros niños ni
para nosotros.
Finalmente, me enfrenté a mis propios sentimientos de miedo, enojo y
resentimiento. Como muchas mujeres, cedí mi poder a mi marido
porque él era el principal proveedor. Le pedí que me escuchara por una
vez y que me tratara como una socia en todos los aspectos de nuestra
vida, incluyendo el financiero. Le pedí que dejara de ponerse a la
defensiva y de enojarse cada vez que habláramos sobre dinero. Le pedí
que trabajáramos juntos como equipo y que dejara de combatir y
ridiculizar mis ideas. Le di un ultimátum… o se sentaba a la mesa
como mi socio y trabajábamos juntos para salir de nuestro desastre
financiero o tomábamos caminos separados. Corrí un riesgo enorme,
sabiendo las consecuencias que tendría en nuestra vida, en especial las
consecuencias para nuestros hijos.
Por fortuna, mi apuesta dio resultado. Finalmente éramos un equipo,
trabajando juntos por el beneficio de nuestra familia. Yo ya no era la
«esposita», sino una socia de trabajo con voz y voto en este
matrimonio. Hoy le hemos dado la vuelta. Tenemos ocho condominios
de alquiler en Waikiki y completamos dos proyectos de desarrollo de
propiedades. En dos años estaremos fuera de la carrera de la rata y por
fin libres a nivel financiero.
Sé que no es fácil alcanzar la libertad financiera si tu pareja no está de tu
lado, y espero que no se necesite una amenaza de divorcio para que tu pareja
despierte.
Un pensamiento más
Al escuchar a numerosas personas hablando sobre este tema, hubo dos
sugerencias consistentes que surgieron una y otra vez. La primera fue:
cuando sea posible, incluye a tu cónyuge o pareja en el proceso. Sea cual sea
el vehículo de inversión tras el cual decidas ir, involucra amablemente a tu
pareja en lo que haces y aprendes. Al principio puede ser simplemente
señalar un artículo pertinente en el periódico o hablar sobre un orador a quien
escuchaste discutiendo las tendencias en tu mercado local de bienes raíces.
Muchas personas afirmaron que tuvieron éxito en interesar a sus parejas al
incluirlas a lo largo del proceso. Más comunicación, no menos, fue la clave
para muchas de ellas.
La segunda recomendación fue que las mujeres dieran el primer paso, que
tomaran la iniciativa. Una mujer dijo: «Sabía que dependía de mí que las
cosas empezaran. Confiaba en que mi marido entraría en el juego. Al final lo
hizo. Vio lo dedicada y entusiasta que era, lo cual atrajo su atención. ¡Y
cuando vio el dinero quedó enganchado!».
Tu relación respecto al dinero
Todas esas historias traen a cuento una pregunta que la mayoría de las parejas
debería atender: «¿Cuál es la calidad de su relación respecto al dinero?».
En otras palabras, ¿hablan abiertamente sobre su situación económica? En
su relación, ¿uno de ustedes es quien toma las decisiones financieras?
¿Discuten y toman esas decisiones juntos? ¿El dinero es un tema que los dos
discuten muy poco, si es que lo hacen?
La razón de estas preguntas es que creo que los dos temas más odiados
del mundo son relaciones y dinero. Así que, cuando los juntas, cualquier cosa
puede suceder. No es de sorprender que el tema número uno por el que
pelean las parejas hoy en día es… ¿puedes adivinar? Dinero.
«¿Quieres ser rico?»
Al principio de nuestra relación, Robert me hizo la siguiente pregunta: «¿Te
gustaría ser muy rica?». Pensé para mis adentros: «Qué extraña pregunta. ¿A
quién le disgustaría?».
Dije a Robert: «Definitivamente, sí. ¿Por qué lo preguntas?».
Dijo: «Te sorprendería la cantidad de mujeres con las que me he topado a
las que les parece ofensivo enfocarse en hacer mucho dinero. O piensan que
es superficial tener como meta ser rico. Hay muchas personas en el mundo
que piensan que el dinero no es un tema que se deba discutir abiertamente. Es
sorprendente que hablar de dinero, algo que usamos todos los días del año,
sea un tabú. Nunca lo entendí. Como decía mi padre rico: “Puede que el
dinero no sea lo más importante en tu vida, pero afecta todo lo importante”.
Afecta el nivel de cuidados de salud que recibes, tu educación y la de tus
hijos, alimentación, abrigo, etcétera. La razón por la que la gente no habla de
ello va más allá de mi entendimiento. Yo tengo planes para ser muy rico, así
que quiero saber cómo te sientes al respecto. Ésa es la razón por la que te hice
esa pregunta».
Después, hablamos mucho más sobre el tema. Explicamos cuál era el
estilo de vida de cada uno. Discutimos si en nuestras familias se habló de
dinero o no mientras crecíamos. ¿Qué nos decían a cada uno sobre el dinero
cuando éramos niños? A menudo, el comportamiento que tiene tu familia
respecto al dinero se reflejará en tus relaciones adultas. ¿Qué representaba el
dinero para cada uno?
Fue una conversación fascinante, que no había tenido nunca antes con
nadie. Muchos de los puntos que discutimos ni siquiera los había pensado
previamente. Fue muy refrescante y, por supuesto, hizo que surgieran muchas
preguntas en mi mente.
El asunto es que cada uno advirtió en dónde estaba parado el otro en el
tema del dinero. También nos dio permiso de hablar abiertamente entre
nosotros sobre todo lo relacionado con el dinero. El velo misterioso que a
menudo nubla el tema había sido levantado.
Cómo hablar de dinero
Si el dinero no es algo de lo que puedas hablar de manera abierta, quizá
desees hacer una cita especial con tu pareja y comenzar la conversación. A
continuación hay algunas preguntas que los dos podrían responder para
empezar:
¿Qué les decían sus padres respecto al tema del dinero?
¿Sus propias ideas difieren de las de sus padres?
¿Qué representa el dinero para ustedes?
¿Cuál es su idea general respecto a las personas muy ricas?
¿Qué tan rico es «muy rico»?
Muchas personas no se sienten cómodas hablando sobre dinero por una u otra
razón, así que, si recibes un poco de resistencia inmediata de tu pareja al
lanzar el tema, simplemente tómalo con tranquilidad y amabilidad. No es
distinto a traer a cuento cualquier tema que pueda ser incómodo.
Simplemente lo abordas desde varios ángulos hasta que encuentras el que
obtiene respuesta. He descubierto que, una vez que pongo el pie inicial en la
puerta, el resto fluye de manera bastante natural.
De regreso a Pat
Llamé a Pat para retomar la conversación que habíamos dejado pendiente en
nuestra última llamada telefónica. Hablamos sobre la forma en que ella y su
marido manejan el dinero en su matrimonio. No fue una gran sorpresa
descubrir que rara vez se habla del tema. Él gana el dinero y ella paga las
cuentas. Hasta ahí llega el asunto. Hablan sobre gastos financieros
importantes como casa, coches y vacaciones. Toda la inversión la hace su
marido, lo que se reduce a la compra de algunos fondos de inversión y, en
ocasiones, una acción que su corredor les recomienda. Aparte de eso, el tema
del dinero no se toca en casa de Pat.
«Éste puede ser mi mejor momento como periodista, hacer que mi esposo
en realidad se abra y hable sobre dinero», declaró Pat. «Esto necesitará
pinzas, pero es un excelente punto de inicio».
Compartí con Pat algunas de las historias de inversionistas que
empezaron justo como ella. Permaneció en silencio mientras se las leí. Podía
escuchar cómo giraban los engranes de su cabeza.
«Gracias por compartirlas conmigo. Las piezas ya están empezando a
tomar su lugar. Debo decir que es realmente bueno saber que hay otras
mujeres en mi misma situación y que entraron en acción e hicieron algo al
respecto. Estaba empezando a sentirme atrapada. Ahora puedo ver algunas
opciones. Mi mayor preocupación era que esta situación fuera a causar una
ruptura grave en mi matrimonio. Escuchar sobre otras mujeres me dice que es
posible hacerlo, que hay soluciones, puedo tomar el control ahora y no
esperar y desear que mi marido entre al juego. Mi escenario ideal será que mi
marido participe en esto conmigo, puesto que pienso que eso nos dará una
meta común y fortalecerá nuestro matrimonio. Y si elige no hacerlo, no
puedo dejar que eso me detenga. ¡Te informaré cómo salen las cosas!», dijo
Pat, con entusiasmo.
El tono en la voz de Pat era vivo. «¡Te deseo todo lo mejor!», dije. «Te
conozco, Pat, y una vez que pones la mente en algo, obtienes lo que deseas.
¡Adiós!».
Cuando colgamos, me pasó por la mente este pensamiento pasajero: ya no
estaba preocupada por Pat. Ella estaría bien. Era su marido quien me estaba
poniendo un poco nerviosa. Su vida estaba a punto de cambiar.
Capítulo 15
Por qué las mujeres somos
excelentes inversionistas
A nosotras las mujeres no nos importa poner
nuestra fotografía en el dinero, siempre y cuando
podamos poner nuestras manos en él.
Ivy Baker Priest,
Tesorera de Estados Unidos, 1954
Es tiempo de que de una vez por todas se rompan esos viejos estereotipos
femeninos con los que hemos sido educadas muchas de nosotras. Podemos
creernos el mito de que las mujeres y la inversión no se mezclan. (O como
contestó un hombre ignorante cuando le dije que estaba escribiendo un libro
sobre mujeres e inversiones: «Mujeres e inversiones, ¡eso es un oxímoron!
Mujeres y gastar, sí. Pero no mujeres e inversiones». ¿Puedes creerlo? Yo
elegí no responder. Me enseñaron a elegir sabiamente mis batallas. Este tipo
era todo, menos sabio).
Podemos fingir que no somos inteligentes, que somos tontas y nos
confunde el tema de las finanzas. Podemos desempeñar el papel de la mujer
detrás del hombre (sea tu jefe, marido, incluso socio de negocios). Es un
estereotipo con el que hemos vivido y combatido por milenios.
La conclusión es que somos inteligentes. La verdad, sabemos más de lo
que parece. Además, tenemos un sentido común extraordinario. Por no
mencionar una intuición invaluable. El hecho de que dinero, inversión y
finanzas no hayan sido el fuerte de las mujeres en el pasado… ¿qué importa?
Los tiempos han cambiado y continúan en constante transformación.
Ya no es una excusa válida decir: «No soy buena con el dinero» o «No sé
nada sobre inversiones». El pasado no importa en este punto. Lo que importa
es tu elección actual.
Es tu elección
En mi opinión, hay dos opciones: 1) Aceptar que no tienes lugar en el mundo
del dinero y las inversiones, contentarte con llevar una chequera y pagar las
cuentas de la familia; o 2) tomar el control de tu vida financiera. Debes saber
que tu futuro financiero depende de ti y de nadie más. Sé inteligente con tu
dinero. Prepárate. Entra en acción. Y haz que las cosas sucedan.
Verdaderamente es tiempo de decisiones. (Y muchas de ustedes ya han
tomado la suya). Puedes hablar de ello si quieres. Pensarlo por siempre.
Investigar el tema hasta quedar morada. Pero llega un momento en que
necesitas tomar una decisión consciente en uno u otro sentido. Sugiero que
ese momento sea ahora.
Ésta es la decisión: ¿me voy a comprometer a hacer lo que sea necesario
para mi éxito financiero personal… o no? Si dices no, entiendo que aceptas
que alguien más sea responsable de tu bienestar financiero… y aceptas las
consecuencias. Si, por otro lado, estás dispuesta a comprometerte, entonces
es tiempo de dejar de lado todas las excusas y ponerte a trabajar. Muy simple,
ésa es la decisión que te espera.
La elección es tuya.
Avanzar hacia tu futuro
Hasta aquí hemos hablado sobre las objeciones, los pensamientos y la
desinformación que nos han paralizado en lo que respecta a mojar la punta de
los pies en las aguas de la inversión. Ahora es tiempo de avanzar hacia el
futuro. ¿Cómo te conviertes en una inversionista increíblemente exitosa? Si
estás empezando, ¿por dónde comenzar? Si ya eres inversionista, ¿cómo te
vuelves más exitosa? De eso trata el resto del libro.
La buena noticia.
Comencemos con la buena noticia: las mujeres son excelentes inversionistas.
Las estadísticas y las mujeres inversionistas que he conocido en todo el
mundo lo demuestran. Y cada vez más y más mujeres lo confirman día con
día.
Las estadísticas han mostrado una y otra vez que las mujeres son
inversionistas natas. A continuación hay algunos hechos:
La Corporación de la Asociación Nacional de Inversionistas (NAIC,
por sus siglas en inglés) encontró en el año 2000 que los clubes de
mujeres lograron ganancias anuales en un promedio de 32% desde
1951, versus 23% en clubes de hombres.
Un estudio de comportamiento de inversión realizado por Terrance
Odean, profesor de la Universidad de California-Davis, descubrió que
las mujeres obtienen mejores ganancias que los hombres: 1.4 puntos
porcentuales arriba.
Un estudio realizado por la NAIC en 1995 reveló que los clubes de
inversión de mujeres superaron en desempeño a los de hombres en
nueve de los quince años pasados.
Un estudio de los administradores de inversiones Merrill Lynch
encontró los siguientes comportamientos de inversión entre hombres y
mujeres:
El veredicto es: las mujeres saben cómo manejar dinero.
Mujeres versus hombres.
Hay incontables artículos sobre quién es mejor en la inversión, los hombres o
las mujeres. Yo no suscribo la idea de que, como un todo, un género es mejor
que el otro. No es cuestión de género. Si hay excelentes cantantes y otros no
tan buenos, chefs brillantes y malos, personas de negocios sumamente
exitosas y completos fracasos, asimismo, hay inversionistas ganadores y
perdedores. Es cuestión del individuo. Son sus habilidades, su conocimiento
y su experiencia lo que marca la diferencia entre ganancias y pérdidas en el
mundo de las inversiones.
Una vez dicho esto, parecen existir algunas ventajas definitivas que
nosotras tenemos, como mujeres, al acercarnos al mundo de las inversiones.
Hay muchas cosas que hacemos muy bien, algunas incluso de manera natural,
que son particularmente aplicables a ser una excelente inversionista. Ahora
bien, me doy cuenta de que no todas las mujeres tendrán estas características;
no obstante, pienso que muchas de nosotras nos veremos reflejadas en la
mayoría de ellas.
Las ocho ventajas que hacen de las
mujeres grandes inversionistas
1) No tenemos miedo de decir: «No sé».
Yo diría que, por mucho, la ventaja número uno que tenemos la mayoría de
las mujeres en cuanto a invertir es que no tenemos miedo de pronunciar las
palabras: «No sé». Estamos más dispuestas a hacer preguntas y admitir que
no entendemos algo. La persona que piensa que debe saber todas las
respuestas y tiene miedo a lucir estúpida, nunca aprende ni crece. Si quieres
aparentar que sabes todo y nunca admites que no sabes algo, nunca
preguntarás para descubrir más. Dejarás de aprender. Son quienes tienen
miedo a lucir estúpidos quienes en realidad lo son.
Mi amigo Frank tiene 85 años. Es uno de los inversionistas y hombres de
negocios más brillantes que conozco. Una cosa que me encanta de él es que
tiene la curiosidad de un niño de siete años. Está interesado en todo y siempre
está haciendo preguntas. Un día estaba con Frank y nos presentaron a un
hombre de unos 35 años. Frank preguntó: «¿En qué tipo de negocio estás?».
El hombre contestó: «Trabajo en Wall Street con compañías que quieren
hacerse públicas».
Frank dijo: «¡Eso debe ser fascinante! Cuéntame más». Y ese caballero
habló con Frank durante los siguientes veinte minutos sobre hacer públicas a
las compañías. Frank no dijo una sola palabra. Sólo escuchó con curiosidad.
Cuando nos alejamos, Frank se volvió hacia mí y dijo: «Fue muy
interesante».
Ahora, la belleza de esta historia es que Frank comenzó en Wall Street
cuando tenía veintitantos años. Ha hecho públicas muchas compañías. Lo
sigue haciendo actualmente. Tiene una enorme cantidad de conocimientos en
este terreno y, no obstante, se toma tiempo para escuchar lo que un novato
tiene que decir porque puede aprender algo nuevo. Frank es un maravilloso
modelo a seguir. Nunca se comporta como un sabelotodo y por eso sabe
mucho.
La ventaja que tenemos las mujeres al decir «no sé» es que nos abre las
puertas para obtener respuestas. Puedes preguntar en una conversación: «¿Me
lo explicarías? No estoy familiarizada con eso». O quizá leas un artículo o
escuches algo en TV que suena intrigante, pero no lo comprendes por
completo y entonces puedes consultar en internet o ir a la biblioteca para
investigarlo.
Realmente creo que tener la confianza de decir «no sé» es una de las
herramientas de aprendizaje más poderosas que tenemos como mujeres. Y sí,
se necesita confianza. Fingir conocer todas las respuestas porque no quieres
lucir estúpida viene de baja autoestima o poca seguridad en ti misma. Así que
pronúnciate y siéntete orgullosa de admitir: «¡No sé!». Te sorprenderá lo
mucho que sabrás.
2) Estamos dispuestas a pedir ayuda.
Retomando el número 1, la segunda ventaja que tenemos muchas de nosotras
es que estamos más dispuestas a pedir ayuda que los hombres. Una tarde
estaba de visita en casa de mis amigos Marie y Carl, que son esposos. Carl
estaba ocupado en el baño de visitas con herramientas esparcidas por todos
lados, luchando por arreglar el excusado. Marie entró y preguntó
inocentemente: «Carl, ¿por qué no llamo al plomero y le preguntamos cuál es
el problema?».
Hazte la siguiente pregunta: ¿Me comprometeré a hacer lo
necesario para mi éxito personal… o no? Ésa es la decisión.
«No hay necesidad de hacer eso», contestó Carl. «Lo tendré listo en un
minuto».
Una hora después, Carl salió del baño. Cansado y frustrado dijo a Marie:
«Creo que deberías llamar al plomero. El problema es más grande de lo que
pensé».
Llegó el plomero y terminó cambiando el excusado. El comentario de
Carl, por supuesto, fue: «¿Ves?, te dije que era un problema grande». Más
tarde, tras bambalinas, el plomero, amigo de la pareja, dijo a Marie que la
verdadera causa del problema era una pequeña pieza que se hubiera podido
remplazar fácilmente, pero, por todos los arreglos de Carl, el baño ya no tenía
arreglo.
La primera intuición de Marie había sido llamar al plomero y pedir ayuda.
Esto no es diferente al escenario común de la pareja perdida en los caminos
de una ciudad desconocida, donde la mujer sugiere detenerse y pedir
instrucciones. El hombre se niega, diciendo: «Descubriré dónde estamos.
Estoy seguro de que estamos en el camino correcto». En lo que respecta a las
inversiones, las mujeres pedirán instrucciones, ayuda. En eso hay dos
ventajas: primero, aprenderán algo nuevo; segundo, no perderán tiempo
averiguándolo por su cuenta.
3) Las mujeres somos excelentes compradoras.
La mayoría de las mujeres somos excelentes compradoras. ¿Por qué importa
eso? Porque sabemos cómo encontrar una oferta. La fórmula para comprar en
oferta es la misma para las inversiones: busca algo que tenga menor precio a
su valor actual y cómpralo. Ruth Hayden, educadora financiera y autora, lo
dijo mejor: «Si las mujeres compráramos (inversiones) en la forma en que
compramos en centros comerciales, estaríamos nadando en dinero. Cuando
las acciones son bajas, es como una oferta de pantimedias a tres por uno».
Las mujeres compradoras saben el valor de un bolso Louis Vuitton o de
unos pantalones de mezclilla Donna Karan. Están muy familiarizadas con el
producto, así que saben cuándo ven un buen trato. No es distinto en lo que
respecta a la inversión. Si estás familiarizada y prestas atención a ciertas
acciones o a un vecindario en particular con propiedades para alquilar,
entonces verás los buenos tratos cuando aparezcan. Si no estás familiarizada
con los «productos» y no has invertido nada de tiempo verificando precios,
entonces no sabrás ni del valor real del producto ni de la inversión. La
fórmula es la misma. Encuentra un artículo de calidad a la venta y cómpralo.
Simple.
4) Las mujeres hacemos nuestra tarea.
Las mujeres, por regla general, hacemos nuestra tarea, no nos creemos un
«súperconsejo del momento». De acuerdo con el National Center for Women
and Retirement Research, NCWRR (Centro Nacional para Mujeres e
Investigación sobre la Jubilación), las mujeres pasan más tiempo
investigando sus opciones de inversión que los hombres. Esto impide que
cedan ante caprichos y vayan tras los «súperconsejos del momento»,
comportamiento que tiende a debilitar los portafolios de los hombres.
Las mujeres tienden a no ser grandes compradoras de punto de venta. En
cambio, compran porque el trato tiene sentido.
5) Las mujeres tenemos aversión por el riesgo.
Siguiendo la tónica de la ventaja 4, algunos estudios han demostrado que las
mujeres tenemos más aversión por el riesgo en comparación con los hombres.
He escuchado argumentos de que la razón por la cual las mujeres no serán
inversionistas exitosas es que somos menos propensas a correr riesgos. Si es
cierto, ¿eso es malo?
Sé que, en mi caso, cuando entro en una inversión que siento un poco más
arriesgada o me resulta poco familiar, tiendo a estudiar un poco más de lo
habitual y hago mi tarea con un poco más de esfuerzo antes de dar mucho
dinero. Si las mujeres en verdad son adversas al riesgo, entonces eso puede
llevarlas a investigar más sobre las inversiones que persiguen, lo cual las
lleva a tener inversiones más exitosas, como lo demuestran las estadísticas.
La trampa de la que tenemos que cuidarnos es cuando nuestra aversión al
riesgo nos mantiene en constante análisis e investigación. Eso se llama
comúnmente parálisis por análisis. Si eso sucede, entonces puede que
terminemos sin hacer nada. Usa el riesgo en tu beneficio. No permitas que te
paralice.
6) Las mujeres tenemos mucho menos ego.
Estoy segura de que obtendré algo de retroalimentación de los hombres en
este punto.
Las mujeres tenemos mucho menos ego en lo que respecta a inversiones.
Mis amigas tienden a ser muy prácticas, van al grano y son muy conscientes
de la ganancia que obtienen por sus inversiones. No es un secreto que los
hombres tienden a mostrar un poco (¿o será un mucho?) de ego o alarde al
jactarse de sus inversiones. Lo único que mis amigas quieren mostrar es el
dinero. ¡Enséñame el dinero! O, como dijo Ivy Baker Priest, Tesorera de
Estados Unidos en 1954: «A nosotras las mujeres no nos importa poner
nuestra fotografía en el dinero, siempre y cuando podamos poner nuestras
manos en él».
Mika Hamilton, de Global Investment Institute, escribe:
Al estar involucrada en una compañía que entrena a las personas para
participar activamente en la bolsa, he visto a miles de hombres y
mujeres empezar en el camino hacia la prosperidad mediante varios
tipos de inversiones. Aproximadamente 80% de nuestros clientes son
hombres. Pero yo apostaría a que 80% de nuestros inversionistas más
exitosos son mujeres.
Con base en esta experiencia, comienzo a entender por qué las mujeres
tienden a ser mejores inversionistas que los hombres. Lo pensé una y
otra vez y no pude ignorar los hechos. Las mujeres son inversionistas
mucho más exitosas que los hombres.
Pero ¿por qué? Pienso que se reduce a tres palabras: ego, ego, ego. Lo
que tienen en común la mayoría de los hombres es un ego grande.
Los hombres tienden a permitir que su ego tome decisiones por ellos.
Retienen cuando deberían vender. Compran por miedo a quedar fuera
de esa gran oportunidad. Se niegan a hacer preguntas o pedir ayuda por
miedo a lucir tontos.
En otras palabras, los hombres están más interesados en parecer
fuertes, conocedores o exitosos. Invierten no para obtener el mejor trato
del mercado, sino para verse bien (o no verse mal).
Por otro lado, las mujeres son mucho más propensas a hacer preguntas
hasta que entienden por completo, aprenden y, en general, están más
interesadas en la meta (en este caso, hacer dinero) y no impresionar a la
gente que las rodea.
Por lo regular, cuando la gente decide invertir, piensa en aventurarse y
correr riesgos. Pero la verdad es que la inversión tiene mucho más que
ver con inteligencia emocional de lo que la mayoría de las personas
podría pensar. La inteligencia emocional es la habilidad de pensar de
manera objetiva respecto a una situación y no involucrarse demasiado
en ella a nivel emocional. Las mujeres, en general, poseen una
inteligencia emocional alta.
Esta cualidad hace que sean excelentes inversionistas. En lugar de
invertir de acuerdo con lo que las hará quedar bien, invertirán de
acuerdo con un plan… no de acuerdo con el humor en el que estén o si
estarán «bien» o «mal».
7) Las mujeres nos dedicamos a alimentar.
En lo que respecta a inversiones, las mujeres tendemos a alimentarlas. El otro
día hablaba con una inversionista sobre uno de sus edificios de apartamentos.
Orgullosamente habló sobre cómo había arreglado y mejorado la apariencia y
ambiente de la propiedad. Mencionó lo maravillosos que eran sus inquilinos
y cómo se había fijado la meta de conocer a cada uno. Cuidaba de su
propiedad y de sus inquilinos. Alimentaba su relación con ellos. A cambio,
sus inquilinos recomendaban los apartamentos a sus amigos. Su propiedad
estaba ocupada por completo, tenía lista de espera y, debido a eso, podía
mantener sus rentas altas en comparación con otros edificios. Por su alto
nivel de ocupación y sus fuertes rentas, el valor de su propiedad continúa en
aumento.
Parte del proceso de alimentación es establecer buenas relaciones con su
red de inversión. Esto puede incluir agentes de bienes
raíces/acciones/negocios, prestamistas financieros, inversionistas, miembros
de clubes y organizaciones, inquilinos, individuos al tanto de información
sobre futuros progresos en su ciudad, profesionales en materia de impuestos y
mentores, sólo por nombrar algunos. Cuanto más fuerte es su relación, mejor
es la información que recibe, lo que puede ser invaluable al construir un
portafolio de inversión.
8) Las mujeres aprendemos bien de otras mujeres.
Es la razón por la que cada vez tienen más popularidad los clubes de mujeres
inversionistas. Surgen en todo el mundo y son una excelente forma de
introducirse o aprender más sobre el mundo de las inversiones.
Las mujeres compartimos entre nosotras. Si descubrimos algo que
funciona, queremos transmitirlo a nuestras amigas. Ésta puede ser la razón
por la cual los clubes de mujeres superan en desempeño a los de hombres.
Las mujeres por lo general queremos que nuestras amigas tengan éxito.
La desventaja es que las mujeres a veces tomamos información de
quienes no tienen experiencia. Escucharemos el consejo porque «es mi
amiga». Por favor asegúrate de que las mujeres con quienes hables sobre
inversiones piensen como tú y tengan metas de inversión similares. De otro
modo, quizá estés desperdiciando mucho tiempo.
Por ejemplo, mi amiga Michelle acudió a mí y dijo que quería comprar
una propiedad para alquilar en Phoenix. Durante varios días vimos muchas.
Encontramos una casa de campo en una comunidad de descanso, rodeada de
árboles y con vista a la alberca. Era una de las mejores ubicaciones en todo el
complejo. Después de cobrar la renta y pagar los gastos y la hipoteca, pondría
en su bolsillo 250 dólares al mes. Era una casa perfecta para su primera
propiedad de inversión. Ella y el vendedor llegaron a un acuerdo y comenzó
la inspección y el periodo de trámites. Luego yo partí a un viaje en el
extranjero durante un mes.
Cuando regresé, llamé a Michelle y le pregunté: «¿Cuándo cierras el trato
de tu primera propiedad de inversión?».
Hubo un momento de silencio y luego dijo: «Decidí no seguir adelante
con eso».
Tomé aire y, un poco frustrada, pregunté: «¿Por qué no seguiste adelante?
Parecía una excelente propiedad para ti».
Ella explicó: «Después de que te fuiste hablé con mi amiga Candace. Le
conté sobre la propiedad y ella me dijo que era una inversión muy
arriesgada».
«¿Por qué dijo que era arriesgada?», pregunté.
«Me dijo que una amiga suya tiene una propiedad para alquilar, que no
puede conseguir inquilino y ha perdido dinero. Así que dijo que, si fuera su
decisión, no la compraría», explicó Michelle.
Después de un lapso de silencio, tuve que preguntarle: «¿Tu amiga
Candace alguna vez ha tenido una propiedad de alquiler?».
«No», contestó Michelle.
«Entonces, ¿por qué tomas el consejo sobre una inversión de la que ella
no sabe absolutamente nada?», pregunté, elevando la voz. «Es como pedirle a
un vegetariano que te recomiende un restaurante de cortes de carne. Si vas a
pedir consejo a alguien, asegúrate de preguntar a quien sepa de qué está
hablando. ¡Alguien que de hecho haya hecho lo mismo que tú!».
Sí, las mujeres aprendemos de otras mujeres. Sólo asegúrate de que las
mujeres de quienes aprendes hayan hecho, o estén haciendo, lo que tú quieres
lograr.
Es la razón por la cual me gustan los clubes de inversión de mujeres. La
mayoría de quienes están en esos clubes piensan igual y tienen una misma
meta: hacer dinero con sus inversiones. Los clubes de inversión por lo
general entran en dos categorías: 1) educativos y 2) de unión de recursos.
Como dije antes, apoyo firmemente los clubes que son educación pura, donde
las mujeres estudian y aprenden juntas. Comparten entre sí las inversiones
que tienen y las que buscan, así como lo que han aprendido en el camino.
Soy un poco recelosa respecto a los clubes en los que los miembros unen
su dinero y compran una inversión como grupo. La razón es que, a menos de
que cada miembro sea transparente respecto del acuerdo y todos los acuerdos
estén por escrito, puede haber mucho lugar para la desilusión y el enojo.
Prefiero separar la educación de la inversión real.
Podemos hacerlo… ya lo estamos haciendo
No hay gran secreto respecto a cómo invertir. Ésa es la parte sencilla. La
clave para la mayoría de las mujeres es hacer el cambio de mentalidad de «no
puedo» o «no sé cómo» a «no sólo puedo ser inversionista, sino que…
¡puedo ser una excelente inversionista!».
Hay un pequeño secreto que compartiré contigo: una vez que entres al
mundo de las inversiones… es divertido. Los comentarios inspiradores y
llenos de emoción que escucho una y otra vez de mujeres inversionistas son:
«No sé de qué tenía tanto miedo. ¡Me encanta esto!». «¡No sé por qué no lo
hice antes!». «¡Es tan divertido hacer dinero!». «¡No puedo esperar hasta mi
siguiente trato!». «¡Estoy aprendiendo tanto!».
¿Te está quedando claro? ¡Las mujeres somos inversionistas fabulosas!
Estamos hechas para esto. Cada vez más mujeres se convierten en
inversionistas… y están demostrando que somos más que buenas en esto. Y
que es divertido hacer dinero. Es divertido aprender y crecer, tener una mejor
autoestima. Lo más importante: es divertido saber que tenemos el control de
nuestra vida… y por eso, más opciones y oportunidades están disponibles
para nosotras. Es una posición poderosa y liberadora.
Capítulo 16
«¡Estoy lista para empezar!»
Los pensamientos son energía y puedes construir
tu mundo o destruirlo con tu forma de pensar.
Susan Taylor.
La única persona con quien no me había puesto en contacto de nuestro grupo
original de Hawai era Martha. Quería hablar con ella y saber cómo le estaba
yendo.
«Hola, habla Martha», respondió cuando llamé.
«Hola, Martha. Habla Kim. Una voz de tu pasado en Hawai».
«Qué bueno es saber de ti. Realmente siento no haber podido llegar a la
reunión. Hablé con Pat y con Leslie. He estado tan ocupada. Quise llamar
cuando tuvieron su almuerzo en el parque, pero surgió algo», se disculpó.
«No hay problema», dije. «¿Tienes unos minutos para conversar de lo que
ha pasado en nuestras vidas?».
Martha dudó por un momento y dijo: «Claro. Ahora es un buen
momento».
«Como tú y yo no hemos hablado, sólo quería saludarte y saber cómo iba
todo. Ha pasado mucho tiempo», comencé.
Hubo un silencio. «¿Martha? ¿Estás ahí?», pregunté.
«Está bien. Lo que pasa es esto», dijo con determinación. «He estado muy
renuente a reunirme con ustedes porque las cosas no van muy bien para mí en
este momento. Para ser honesta, mi vida no se parece en nada a lo que
imaginé que sería cuando estábamos en Hawai. Pat compartió conmigo
algunas de sus historias y, para ser sincera, me dio vergüenza mi situación en
este momento», admitió. «¿Recuerdas cuánto quería ser una oceanógrafa
reconocida a nivel mundial?».
No hay ninguna fórmula mágica para invertir… ninguna
píldora secreta que prometa que en dos días se convertirán en
inversionistas exitosas al instante. Invertir es un proceso y se
necesita «hacer la tarea» y mucho esfuerzo para ser inversionistas
inteligentes.
«Lo recuerdo bien», respondí.
«Bueno, luego de dos años de trabajar en eso, llamó mi padre y dijo que
necesitaba ayuda en el negocio de la familia. Su empleado más importante se
había ido y él estaba perdido. Dijo que sería sólo por un par de meses hasta
que contratara a una nueva persona. Crecí en el negocio, así que lo conocía
bien, pero los negocios, en general, no eran algo en lo que estuviera
interesada. Así que, por obligación, dejé mi trabajo en Hawai y regresé a casa
para ayudar por unos meses. No sé qué pasó pero esos meses se convirtieron
en un año y luego en tres y aquí sigo. Mi padre vendió el negocio hace
alrededor de siete años, pero no obtuvo mucho dinero. Era una vida cómoda
para mi mamá y mi papá pero, poco tiempo después de vender el negocio, mi
padre enfermó y una gran cantidad de sus ahorros se gastaron en cuidados
médicos. Luego murió. Estoy trabajando en dos empleos, sólo para mantener
mi cabeza por encima del agua».
«Pat dijo que tu mamá estaba enferma. ¿Está bien?».
«Sí, ahora está bien. Pero como no le quedaba mucho dinero después de
la muerte de mi padre, se mudó conmigo pues soy su única hija. Por eso estoy
trabajando en dos empleos, para mantenernos a ambas. Conforme ha ido
envejeciendo, su salud se ha convertido en un problema. Tenemos seguro,
pero nunca parece cubrir todas las necesidades. Así que han sido años
difíciles.
»Lo que más me sorprende es que al principio estaba muy satisfecha con
mi vida. Tras mudarme de regreso a San Francisco todo fue fácil. No tenía
que luchar por pagar la renta. Tenía dinero del negocio. Tenía coche y mi
apartamento estaba a dos cuadras de la playa. Podía surfear cuando quería.
Todo era muy cómodo. Supongo que por eso me quedé. Era fácil».
Continuó: «Pero he descubierto dos problemas importantes con la “vida
fácil”. Primero, siempre me pregunto qué habría pasado de seguir en la
oceanografía. Me arrepiento un poco al respecto. Y, segundo, parece que la
vida fácil ahora se ha convertido en difícil. Siempre viví al día, surfeaba
cuando quería, me gastaba cada centavo que ganaba en entretenimiento y
fiestas. Ahora esos momentos quedaron atrás y debo enfrentar el futuro, que
veo como una gran batalla.
»Así que me disculpo. Por eso no he querido reunirme con ustedes.
Realmente tengo dificultades y no soy una persona muy divertida con quien
estar».
«Puedo entender cómo te sientes y confío en que nuestra amistad es más
profunda que eso», la tranquilice.
«Gracias», dijo. «Simplemente no estoy segura de a dónde ir a partir de
aquí».
Martha sonaba muy desesperada, así que corrí el riesgo. «Déjame
preguntarte esto: ¿Estás dispuesta a hacer algunos cambios para empezar a
salir del problema?».
«Por supuesto. Algo tiene que cambiar. No puedo continuar así.
Simplemente no veo nada de luz al final del túnel», contestó.
«Si te enviara un libro, ¿lo leerías?», pregunté.
«Por supuesto que sí».
«Entonces te lo enviaré y, tras leerlo, llámame y hablaremos al respecto.
Sigue adelante. No estoy diciendo que ésta es la respuesta para ti, pero si la
información enciende la chispa de algún interés, por lo menos es un
comienzo».
«Lo leeré», dijo de manera enfática. «Empezaré en cuanto lo reciba».
Con esas palabras colgamos. Envié a Martha una copia de Padre rico,
padre pobre y esperé a recibir noticias suyas.
«Estoy lista»
Como un mes después, caí en la cuenta de que nunca había recibido noticias
de Martha. Pensé en llamarla pero decidí que, si realmente quería cambiar su
vida, debía dar ella sola el primer paso. Yo no podía hacerlo por ella.
Justo en ese momento sonó mi celular. Era Leslie. Estaba muy
emocionada: «¡Está bien, estoy lista!», exclamó.
«¿Lista para qué?», pregunté.
«Lista para aprender lo que necesito y hacer lo que debo para prepararme
a nivel financiero», declaró. «Estoy harta de irla pasando. Ya he tenido
suficiente. Estoy lista para entrar en acción. Y no son sólo palabras. Lo digo
en serio».
«Puedo verlo», contesté. «¿Qué ocasiona este deseo repentino y
urgente?».
«Hace meses», comenzó Leslie, «me inscribí en una clase de arte de dos
días en Vermont. Era una clase de paisaje en la que estábamos en el exterior
con nuestros caballetes en el hermoso campo de Vermont, lo cual es mi
actividad preferida en todo el mundo. Hice todos los arreglos y elegí una
fecha en otoño cuando las hojas tienen un color brillante. Estaba muy
emocionada por ese viaje. El día anterior, mi jefe en la galería llamó y dijo
que tenían la oportunidad de albergar la muestra de un artista muy conocido y
que yo tenía que asistir. Nunca lo dijo, pero pude escuchar en la voz de mi
jefe que era, o ir a trabajar al día siguiente o no volver nunca».
«¿Y qué hiciste?», pregunté.
Continuó: «Sentí que no tenía opción. Debía asistir a la muestra. Así que
cancelé mis planes de Vermont y estuve en la galería al día siguiente. Ahora
bien, me doy cuenta de que surgen emergencias y los planes se tienen que
cambiar, pero en ese momento me asombró qué poco control tengo sobre mi
vida. Y todo por dinero. Fue uno de esos momentos de claridad. Se
encendieron las luces para mí y no quiero retroceder. Es tiempo de avanzar».
«Vaya. Estoy emocionada por ti», dije. «Suena como si el haber tenido
que cancelar tu viaje artístico fuera lo mejor que te hubiera pasado. Te sacó
de la inercia».
«Sí, creo que así fue», dijo, reflexionándolo.
«¿Y qué harás?», pregunté.
Respondió emocionada. «Ésta es mi idea. Escúchame. Mantén la mente
abierta y dime si estás dispuesta».
«¿Estar segura de que quiero escuchar tu idea?», pregunté con vacilación.
«Eso espero. El asunto es éste», continuó. «Apartamos dos días
completos. Invitamos a las chicas del grupo de Hawai. Volamos a Phoenix. Y
pasamos dos días contigo y tú compartes con nosotras los pasos que diste
para empezar… y para mantener creciendo tus inversiones. ¿Qué opinas?».
Esta vez casi me quedé callada. «Mira, yo sigo aprendiendo sobre la
marcha. Es seguro que no tengo todas las respuestas. Y no sigo las estrategias
de inversión tradicionales que predica la mayoría de los “expertos” en
finanzas. He aprendido de algunas personas brillantes y hoy tengo personas
muy inteligentes a mi alrededor de quienes aprendo todos los días en lo que
respecta a mis inversiones».
Leslie interrumpió: «Eso lo entiendo. Quiero entender tu estrategia y
luego continuar mi aprendizaje. Lo que he escuchado hasta ahora tiene
mucho sentido para mí. Y en cuanto a la gente que te rodea hoy, esas
personas no estaban ahí cuando empezaste. Dijiste que empezaste sin nada. Y
ahí es donde estoy yo hoy. No tengo nada… salvo un fuerte deseo de
aprender y de hacer que las cosas sucedan. Así que, mirando en retrospectiva,
¿qué hiciste? ¿Cómo diste tus primeros pasos? Dijiste que las mujeres
aprenden bien de otras mujeres, así que imagino que si reunimos al grupo
aprenderemos mucho. Y es un ambiente en el que no nos sentiremos
intimidadas para hacer preguntas. No como en algunas reuniones de inversión
a las que he asistido, donde las únicas personas que hacen preguntas son
quienes quieren mostrar lo inteligentes que son. De esta forma, todas
aprenderíamos de las demás».
Reí: «Y tú una vez me dijiste que no eras una buena vendedora. Ésa fue
una charla de ventas persuasiva».
«¿Estás diciendo que sí?», preguntó.
«Sí, pero con dos condiciones», expliqué. «Las primera es que los dos
días están abiertos sólo para las mujeres que en verdad quieran aprender. Si
sólo vienen para estar con sus amigas, es mejor que no vengan y organicen
con ellas una tarde de café. El deseo de aprender, y más importante, de entrar
en acción, debe venir de su interior. No puedes convencer a nadie de ello».
«Ése es un buen punto. Yo sólo haré las invitaciones y veré quién
aparece», aceptó. «¿Y la segunda?».
«Mi segunda condición es que las asistentes deben tener clarísimo que no
existe una fórmula mágica. Todo el mundo debe entender perfectamente que
invertir es un proceso, necesitarán hacer la tarea y esforzarse para convertirse
en inversionistas inteligentes. No quiero que vengan con expectativas poco
realistas. ¿Podrías asegurarte de que estén conscientes de eso?».
«Hecho. ¿Podemos fijar una fecha?», presionó Leslie.
Sonreí. «Sí podemos, señorita “no sé cómo vender”. ¡Sí, cómo no!».
Le conté a Leslie sobre mi conversación con Martha. Le pedí que también
la invitara. «Es gracioso», dije. «Justo estaba pensando en ella cuando
llamaste. Le envié el libro hace un mes y no he sabido nada de ella».
Capítulo 17
¡Noventa por ciento del éxito consiste en asistir!
El simple hecho de intentar algo (sólo estar ahí, asistir),
es hacernos más valientes. La autoestima consiste en hacer.
Joy Browne.
Woody Allen dijo una vez: «Noventa por ciento del éxito consiste en asistir».
Creo que hay mucha verdad en esa afirmación. Muchas personas dicen que
quieren bajar de peso pero ¿en realidad asisten al gimnasio? Algunas dicen
que quieren hacer más por su comunidad pero ¿quién asiste a las juntas del
consejo municipal? Muchos decimos que pretendemos hacer cosas para
mejorar nuestra vida pero ¿realmente asistimos?
Dicho esto, estaba ansiosa por ver quién asistiría a nuestra sesión de
inversión de dos días. Leslie estaba organizando todo y preguntó a cada una
si deseaba asistir a una reunión en mi casa el viernes a las nueve de la
mañana. «Todas dijeron que querían estar ahí», me dijo.
«Ya veremos quién va», le dije.
Viernes, nueve de la mañana
El café estaba listo. Leslie llegó media hora antes con fruta y una variedad de
panecillos. «No presioné a nadie», me juró. «Simplemente les dije lo que
haríamos. Envié a todas la explicación de cómo llegar. Y dije que no había
necesidad de llamarme, sólo de asistir si era importante para ellas».
«¿Y obtuviste una respuesta positiva de todas?», pregunté.
«¡Sí! De todas. Incluso de Martha. Todas dijeron que tenían ganas de ser
parte de esto».
Serví dos tazas de café y ella y yo hablamos. Unos minutos antes de las
nueve sonó el timbre. Ambas nos miramos emocionadas, como dos niñas que
están a punto de sentarse en el primer vagón de una montaña rusa, sabiendo
que sería un gran paseo y preguntándose quién más se subiría. Nos
apresuramos hacia la puerta y abrimos.
«¡Hola! ¡Excelentes indicaciones, Leslie! El taxista supo exactamente a
dónde dirigirse. ¡Me alegra estar aquí!», dijo Tracey, un poco sin aliento.
«Tracey, ¡es maravilloso tenerte aquí!», dije con entusiasmo.
«Actúas como si estuvieras sorprendida de verme», dijo. «¿No pensaste
que vendría? No tenía duda, en especial después de lo que pasó la semana
pasada».
Caminamos hacia la cocina. «¿Qué pasó?», pregunté.
«¿Recuerdan que les conté que nos preocupaba que despidieran a mi
marido cuando vendieran su compañía?», nos refrescó la memoria.
Ambas asentimos con la cabeza.
«El viernes pasado, la compañía donde trabajo hizo un anuncio
importante», comenzó.
«Durante aproximadamente un año hubo un rumor de que nuestra
compañía iba a unirse a otra, pero lo último que supimos fue que todo había
fracasado. Entonces, el viernes por la tarde el director ejecutivo nos reunió a
todos y anunció que la unión de hecho no sucedió, pero, en cambio, ¡la
compañía había sido vendida a nuestro mayor competidor! El director
ejecutivo fue honesto con nosotros respecto de que habría cambios e hizo su
mejor esfuerzo por asegurarnos que no se habían anunciado recortes de
puestos. ¿Pero cómo podemos no estar nerviosos por todo eso?».
«¿Qué piensas que pasará?», preguntó Leslie.
«No sé, pero la semana pasada fue como trabajar en la morgue. Por
supuesto, recortarán puestos. ¡Así funcionan las cosas cuando una compañía
es comprada por otra!
Muchas personas dicen que quieren bajar de peso pero,
¿en realidad asisten al gimnasio?
Algunas dicen que quieren hacer más por su comunidad
pero ¿quién asiste a las juntas del consejo municipal?
Muchos decimos que queremos hacer cosas para mejorar
nuestra vida pero ¿realmente lo hacemos?
»Todo el mundo anda con miedo de perder su empleo. Es horrible. Y, para
colmo, desde los puestos superiores hasta abajo, nadie sabe qué depara el
futuro y no se toman decisiones. Es como si la vida de todos estuviera en
pausa. Es muy deprimente. Así que no estoy segura todavía de qué voy a
hacer, pero el momento que eligieron para estos dos días es perfecto. Es lo
único sobre lo que siento que tengo algo de control. Dios sabe que no tengo
ninguno en mi trabajo».
«¡Uf! ¡Nada como una llamada a despertar!», proclamó Leslie.
«¿Alguien está tocando la puerta?», preguntó Tracey.
Estábamos tan ocupadas hablando que no escuchamos a quien tocaba la
puerta de enfrente.
«Veamos quién está detrás de la puerta número dos», bromeé.
Las tres cruzamos el pasillo para ver quién era. Todas estábamos tratando
de adivinar quién sería. Abrí la puerta.
«¡No puedo creer que tengo diez minutos de retraso! Tenía todo planeado
minuto a minuto. Nunca llego tarde», dijo Pat, disculpándose.
«¡Vamos, Pat!», dije. Todas nos abrazamos y regresamos a la cocina.
Hablamos mientras tomábamos café, fruta y panecillos hasta
aproximadamente quince minutos antes de las diez, y llegamos a la
conclusión de que ése era el grupo. Nadie más iba a asistir.
¿Qué pasó con Martha?
Más tarde descubrí qué pasó con mi amiga Martha, quien estaba desesperada
por hacer cualquier cosa que fuera necesaria por cambiar su situación, quien
prometió leer el libro que le envié. Ella fue la única, admitió Leslie, que dijo
que definitivamente estaría en nuestra reunión de dos días. Resultó que nunca
había llegado a la página uno de Padre rico, padre pobre ni dio un paso por
hacer algo diferente de lo que estaba haciendo. Estoy segura de que no tenía
ninguna intención de estar con nosotras durante esos dos días. Martha era
mucha palabrería pero cero acción. Quería que su vida cambiara, pero no
estaba dispuesta a hacer nada diferente. No estaba dispuesta a cambiar. Punto.
Por eso me parece tan importante trabajar sólo con personas que en verdad
quieren lo que yo puedo ofrecer, que de verdad quieren aprender. De otro
modo, es como uno de mis dichos favoritos: «No enseñes a los cerdos a
cantar. Es un desperdicio de tu tiempo… y molesta a los cerdos».
Hay muchas personas que dicen desear algo, como Martha, pero no hacen
nada al respecto. La pregunta real es: ¿Estás dispuesta a hacer lo que sea
necesario para llegar adonde quieres? Yo misma lo he hecho… muchas
veces. Por ejemplo, en cuanto a escribir este libro. Durante tres años antes de
empezarlo estuve diciendo que escribiría un libro sobre inversiones para
mujeres. Lo decía y no hacía nada. Lo volvía a decir y no escribía una sola
palabra. De nuevo, pero estaba demasiado ocupada. Al final, una pareja de
amigos muy queridos me lo hicieron ver con amabilidad: «¡Vas a actuar y lo
vas a escribir o no!» fueron las palabras cariñosas de un amigo. «Palabras,
palabras y más palabras. Pero ¿dónde está?».
Carol
Otro ejemplo de deseo y nada de acción es Carol. En una época, manejó gran
parte de mi contabilidad y la de Robert y se hizo muy buena amiga mía.
Solíamos reunirnos dos veces al mes para analizar nuestras finanzas.
Repasábamos todos los números. Ella veía las diferentes inversiones y
propiedades para alquilar que estábamos adquiriendo y en cada reunión me
hacía preguntas sobre inversiones. Esto continuó durante aproximadamente
dos años.
Finalmente, en una reunión dijo: «Tengo una pregunta sobre
inversiones». La detuve en mitad de una oración y dije: «¡No más preguntas!.
Me has estado haciendo preguntas durante años, ¿y qué has hecho? ¿Qué
inversiones tienes?».
«Ninguna», respondió.
«Entonces, no más preguntas», declaré. «No voy a responder una más
sobre inversiones, ni a hablarte sobre ello, nunca más, hasta que salgas y
hagas algo. Cuando tengas tu primera inversión hablaremos de nuevo».
En nuestra siguiente reunión, dos semanas después, Carol entró orgullosa
con una hoja de papel con la lista de sus primeras compras de acciones. Dijo:
«Las acciones son sólo para que podamos volver a hablar. En realidad quiero
empezar a comprar propiedades para alquilar. Prometo que no te haré más
preguntas de bienes raíces hasta que tenga la primera».
Cumplió su palabra. Ese mes, Carol encontró una pequeña casa de
alquiler, hizo una oferta y se la aceptaron. Como no tenía mucho dinero
propio, pidió a un inversionista conocido que se hiciera su socio. Él dijo que
sí y Carol se puso en marcha. Desde entonces ha comprado varias más,
incluyendo casas para una sola familia y condominios, así como varios
edificios de apartamentos. Hoy ella es una inversionista muy activa… y
hablamos mucho.
Carol admitió que su mente entró en acción al hacer muchas preguntas.
La luz se encendió para ella cuando se dio cuenta de que habían pasado dos
años y no tenía ninguna prueba. Al hacer preguntas una y otra vez, se
convencía de que estaba «en el juego». Pero en realidad era una excusa para
no entrar en acción.
Así que la moraleja de la historia es que hay charla y hay acción. Y
asistir es entrar en acción.
Qué hay de Janice
Acabábamos de salir de la cocina hacia el área de estudio cuando sonó el
teléfono de mi casa. Era Janice. La puse en altavoz para que todas
pudiéramos escuchar.
«¡Sólo quería que supieran que estaba pensando en ustedes!», dijo en voz
alta. «¡Sé que debería estar ahí pero tengo una excelente noticia!».
«¿Cuál es la excelente noticia?», preguntó Leslie.
«¿Ven que he dicho una y otra vez que no me considero del tipo para
tener una relación a largo plazo? Bueno, puede que eso esté cambiando.
¡Conocí a un hombre! Se llama Greg. No lo conozco desde hace mucho.
Todo ha sido una especie de torbellino. Y no puedo creer que esté diciendo
esto, pero… ¡creo que estoy enamorada!», soltó.
Pat casi se cayó del taburete. «¿Tú? ¿La señorita “las cosas se hacen a mi
manera o te vas”? ¿Enamorada? Nunca pensé que escucharía esas palabras de
ti. Esto podría ser emocionante. Cuéntanos de él. ¿Desde cuándo lo
conoces?».
«Tres semanas», contestó. «Sé que no es mucho tiempo, pero pienso que
es el destino. Nos conocimos en la cafetería cerca de mi oficina. Yo entré por
un capuchino, estaba en la fila para ordenar y él entró. No dejábamos de
mirarnos y finalmente se me acercó y empezamos a hablar».
«¿Cuál es su formación? ¿En qué tipo de trabajo está involucrado?»,
preguntó Tracey con curiosidad.
Janice divagó. «Todavía no hemos hablado mucho sobre eso. Creo que ha
pasado por algunas malas experiencias de negocios y aún no se siente
cómodo para hablar al respecto. Sé que ha trabajado para varias compañías,
sobre todo en ventas. En este momento está en transición, descubriendo qué
quiere hacer. Es muy inteligente. Tiene muchas buenas ideas de negocios. Su
mente siempre parece ir a mil por hora. Está muy emocionado con mi
negocio. Incluso ha hablado de trabajar conmigo. Cuanto más lo pienso, más
me gusta la idea. A veces es cansado ser quien hace todo. Sería excelente
tener un socio que trajera ideas y tomara un poco de la carga. La razón por la
que no puedo estar con ustedes este fin de semana es que volaremos a San
Francisco para tener un fin de semana romántico», explicó.
«Todo fue idea suya. Reservó el hotel. Reservó una mesa en un
maravilloso restaurante italiano, muy íntimo, en el cual es casi imposible
entrar. Tiene una lista de espera como de tres meses. Él arregló todo».
Tracey no pudo evitar preguntar: «Dijiste que estaba en transición,
¿exactamente qué significa eso?».
Janice explicó: «Lo único que sé es que tuvo un problema con su último
negocio de consultoría y después de aproximadamente un año tuvo
problemas con su socio. Lo dejó hace dos meses y por eso está buscando qué
hacer a continuación. Como tengo mi propio negocio, sé lo difícil que puede
ser a veces. Al parecer, después de un año de haber empezado, sólo recibió
muy poco dinero. Apenas comenzaba a despegar. Se sentiría avergonzado si
supiera que les estoy contando esto, pero no tiene mucho dinero en este
momento. Todos tenemos dificultades. Y no me importa ayudarlo a nivel
financiero por algún tiempo».
Leslie preguntó con ingenuidad: «¿Entonces quién va a pagar el fin de
semana en San Francisco?».
«Yo», admitió. «Como dije, no me importa hacerlo por un tiempo
mientras se recupera. Y en verdad es listo, por lo que pienso que el momento
puede ser ideal. Me pregunto si Greg, al dejar su negocio y estar disponible,
podría ser la oportunidad perfecta para que yo tuviera un socio de negocios.
Todo parece alinearse.
»Y sé que esto va a sonar loco», dijo. «Sé que todo está sucediendo muy
rápido. Pero ¡de hecho, estamos hablando de que Greg se mude conmigo!
Nunca había considerado siquiera la posibilidad de vivir con alguien.
Díganme si no estoy loca».
«¡Estás loca!», gritamos al unísono por el teléfono.
«Lo sé. Lo sé. ¡Estoy emocionada y nerviosa al mismo tiempo!», dijo
Janice, animada. «¡Debo irme! Estoy camino al aeropuerto. ¡Pasen dos días
maravillosos juntas! ¡Adiós!».
Colgué el teléfono y las cuatro nos quedamos en un silencio estupefacto.
Tracey habló primero: «¿Escuché lo que creo? ¿Acaso Janice dijo que
este tipo, al que conoce hace tres semanas, no tiene ingresos? ¿Que ella está
pagando todo? ¿Que quizá se mude a su casa? Y aunque ella sabe muy poco
sobre sus antecedentes de negocios, ¿dijo que lo hará socio? Díganme que no
es lo que escuché».
«Eso es lo que escuché», confirmó Leslie.
«¿Pero qué demonios está pensando esta chica? ¿Está ciega?», preguntó
Tracey con total incredulidad.
«Dicen que el amor es ciego. Éste es el ejemplo perfecto», dije.
«Supongo que el tiempo lo dirá», dijo Pat.
«A mí me aprece un gorrón», dijo Tracey.
Todas estábamos un poco incrédulas.
«Y para colmo, ¡nos plantaron por un tipo!», Tracey estaba agitada.
«Odio cuando las mujeres hacen eso. ¡Qué estupidez!».
En un susurro, Pat dijo: «A lo mejor es realmente atractivo».
«A lo mejor es atractivo y joven», añadió Leslie.
«A lo mejor es atractivo, joven y heredero de una fortuna», agregué.
«Ahora finalmente está empezando a tener sentido», bromeó Tracey.
Reímos mientras imaginábamos al hombre perfecto para Janice. Pero bajo
las apariencias, todas estábamos preocupadas por ella.
Capítulo 18
¡Que comience el proceso!
Puedes aprender cosas nuevas en cualquier momento
de tu vida si estás dispuesta a ser una ganadora.
Si de hecho aprendes a disfrutar ser una ganadora,
el mundo entero se te abrirá.
Barbara Sher.
Las cuatro cruzamos la puerta trasera hacia la casa de huéspedes que
convertimos en nuestra oficina matriz. Ahí pasaríamos los siguientes dos
días. Cada una se sentó en la pesada mesa de conferencias de madera. En
medio había un montón de cuadernos y plumas. «Esto se siente bastante
oficial», comentó Leslie. «¿Por dónde empezamos?».
1. Tu motivo
«Empecemos por hablar de las razones por las cuales cada una de ustedes
está aquí y por qué han decidido hacer lo necesario para conseguir la libertad
financiera».
«Bueno, ustedes escucharon el mío cuando entré», empezó Tracey. «Tal
vez el hecho de que hayan vendido mi compañía es lo mejor que me pudo
pasar, porque en definitiva me di cuenta de que, hasta ahora, yo no tenía el
control de mi vida en muchos frentes, pero en especial en lo relacionado con
trabajo y dinero. Lo que realmente me hizo decidirme fue descubrir que, una
vez que se hiciera el anuncio, estaría esperando a que gente que nunca me
había visto decidiera mi futuro. Soy un nombre en una lista, el cual pueden
tachar en cualquier momento. Así que mi porqué es que nunca más quiero
volver a estar en esa posición. Es mi vida y, a partir de ahora, yo decidiré mi
futuro. Y mi primera decisión es tomar el control de mi dinero. Ahora veo
cómo, al trabajar por un sueldo, he sido controlada por el dinero y no tengo el
control sobre él».
Leslie fue la siguiente. «Dije a Kim mi porqué durante una de nuestras
charlas. Es muy simple. Lo único que quiero es pintar. Me hace feliz. Me
siento feliz, segura y llena de vida cuando estoy frente a mi caballete con un
pincel en la mano. Y como paso tanto tiempo en mi empleo, cada vez me
queda menos para hacer lo que me gusta. Ése es, en términos muy simples,
mi porqué».
Todas nos volvimos hacia Pat a continuación. Yo tenía curiosidad de
escuchar qué diría porque, para ser honesta, estaba muy sorprendida de que
hubiera asistido ese día.
Pat comenzó tranquilamente: «He estado reflexionando mucho desde
nuestro primer almuerzo. Descubrí que por mucho tiempo fui parte de los
sueños y metas de alguien más. Impulsaba la vida de mi marido y de mis
hijos, y dejé en segundo plano la mía. Después de nuestro almuerzo en Nueva
York decidí pasar mi vida al primer plano y comencé a preguntarme lo que
realmente quería. Y la respuesta me sorprendió.
»Nuestras conversaciones sobre inversiones encendieron una chispa de
interés en mí y, como saben, me encanta investigar los hechos, así que eso
hice. Entré a internet y comencé a aprender sobre el mundo de las
inversiones. Me fascinó. Entré a varios sitios y aprendí sobre acciones,
opciones de compra y venta, bienes raíces, inversión en negocios privados,
metales preciosos y mucho más. Pasé horas frente a la computadora
absorbiendo toda esta información. Pero lo hacía en privado. No quería
compartirlo con nadie, incluyendo a mi marido. Luego vino la parte difícil.
Como les mencioné, mi marido toma todas las decisiones financieras
importantes y mi preocupación era que, si lo mencionaba, no me tomaría en
serio y habría una gran discusión sobre dinero».
Continuó: «Así que decidí que de todas formas le diría la verdad. Y lo
hice. Le dije cómo me sentía sobre apoyar a todos los demás y que quería
algo para mí. Por primera vez en mucho tiempo, quería ponerme a mí en
primer lugar y cambiar. Le dije que había dudado en hablar con él sobre
nuestras finanzas porque el dinero siempre había sido su domino. Expliqué lo
que había aprendido en la red y quería hacer esto no como pasatiempo, sino
como tarea seria de tiempo completo. Dije que tenía mucho por aprender y
que me encantaría tener su apoyo. Y luego contuve la respiración y esperé su
respuesta».
«¿Estuvo de acuerdo con ello?», pregunté.
«Desearía que fuera así de simple», respondió Pat. «No, todavía no me
apoya por completo en esto. Pero estoy decidida y al final lo hará. Creo en
esto lo suficiente para avanzar sin su bendición. Él es de los que necesita ver
pruebas y, cuando lo haga, estoy segura de que estaremos juntos en esto. Se
siente tan atado a su trabajo en este momento que es todo lo que puede ver.
Yo ni siquiera diría que está feliz ahí, pero es lo que conoce. Cuanto más
tiempo trabaja en ese empleo, menos parece disfrutarlo. Quiero mostrarle otra
opción, la que yo considero mucho mejor. Así que de hecho estoy haciendo
esto por él. En verdad creo que esto a la larga fortalecerá nuestro matrimonio,
lo cual será el mayor regalo de todos».
«¡Vaya! Bien por ti», aplaudió Leslie. «Felicidades». «Todos parecen por
qués muy fuertes», reconoció Tracey.
«Lo son», estuve de acuerdo. «Y deben ser fuertes porque su porqué las
mantendrá firmes en los tiempos en que las cosas no vayan conforme a lo
planeado o cuando empiecen a dudar de ustedes y otros cuestionen lo que
hacen. Siempre es fácil renunciar. Todas tienen motivos poderosos para
querer esto. ¡Bien hecho!».
2. Dónde estás hoy
«Antes de llegar a donde quieren ir, deben saber dónde están», dije.
«¿Podrían imaginarse abordando un taxi sin un destino en mente? No irían a
ningún lado o bien pasarían el día dando vueltas. Así que lo que necesitan
hacer a continuación es descubrir dónde están hoy a nivel financiero. ¿Cuál
es su estado financiero actual? Y hay una sencilla forma de averiguarlo», las
tranquilicé.
«Tuve esta discusión con Janice cuando nos vimos por última vez.
Primero tienen que determinar qué tan ricas son», dije.
«Está bien. Haz una pausa justo aquí. Estoy realmente deprimida», se
lamentó Leslie. «Rica no es una palabra que usaría para describirme».
Reí. «Aquí está la definición de riqueza que uso yo: si dejaras de trabajar
hoy, ¿cuántos días podrías sobrevivir a nivel financiero? En otras palabras,
¿cuántos días, meses, años tienes de riqueza?».
Pasamos por el mismo proceso por el que pasé con Janice para calcular la
riqueza de cada una (capítulo 11). A continuación están los pasos que
siguieron:
1. Pat, Tracey y Leslie hicieron cada una la lista de sus gastos mensuales.
2. Luego sumaron el dinero que tienen en ahorros, bonos y acciones que
podrían vender o liquidar de inmediato, y flujo de dinero de sus
inversiones.
3. A continuación hicieron los cálculos: ingreso (paso 2) dividido entre
gastos mensuales (paso 1) = tu riqueza
Aquí comenzó el disgusto. «No estoy segura de lo que significan estos
números, pero no pienso que sea bueno», lamentó Leslie.
«Mi número es 7.2», dijo Tracey. «¿Qué significa?».
«Significa que tienes 7.2 meses de riqueza. Si dejaras de trabajar hoy,
podrías sobrevivir a nivel financiero durante 7.2 meses. Después tendrías que
generar más ingresos».
«¡Eso no es más que unas vacaciones extendidas!», gritó.
«Yo no me quejaría si fuera tú», replicó Leslie. «Mi número es 0.6. ¡Eso
significa que ni siquiera podría sobrevivir un mes! Creo que reprobé este
examen».
Reí. «Aquí no hay respuesta correcta o incorrecta. Su respuesta es
simplemente su respuesta. El objetivo de este ejercicio es saber dónde están
hoy. Eso es todo. Y ahora ya lo saben».
Pat interrumpió. «Lo mejor que puedo calcular, puesto que no estoy
segura de la cantidad de dinero que tenemos en ahorros e inversiones —lo
cual revela lo poco que sé sobre nuestras finanzas— es que nuestra riqueza es
de alrededor de diez meses. Y eso no es nada tranquilizador, puesto que doy
por sentado que mi marido simplemente seguirá trabajando. Pero ¿qué pasa si
por alguna razón no pudiera hacerlo? De ahí que no pasaría mucho tiempo
antes de que yo tuviera que buscar otras fuentes de ingreso para nuestra
familia, como que yo trabajara de tiempo completo. ¡Sería casi imposible
para mí mantener nuestro estilo de vida como periodista, sin haber trabajado
en diecisiete años!».
3. Tu plan: dónde quieres ir y
cómo quieres llegar ahí
«Ahora todas ustedes saben en dónde están. Felicidades», dije. «Su siguiente
paso es determinar a dónde quieren ir. Y para hacerlo, hay dos preguntas por
responder». «¿Cuáles son?», preguntó Pat.
Primera pregunta.
«La primera es: ¿están invirtiendo por ganancias de capital o por flujo de
dinero?», comencé. «¿Recuerdan cuando discutimos esto? Al invertir, por lo
general lo hacen por ganancias de capital o por flujo de dinero. Si son
inversionistas bursátiles, su enfoque principal son las ganancias de capital.
Quieren que la acción suba de precio para venderla por más de lo que la
compraron. Si compran una casa, la arreglan y venden de inmediato, así están
invirtiendo por ganancias de capital. Por lo general, si compran una casa, la
conservan y la rentan, invierten por flujo de dinero. Las acciones que les paga
un dividendo son por flujo de dinero.
»En mi caso, mis palabras favoritas son “flujo de dinero”. Siempre que el
dinero esté entrando sin que yo trabaje por él, soy libre. Sólo quiero comprar
o crear activos que al final de cada mes generen un flujo de dinero positivo
que me respalde. Es mi fórmula».
Tracey hizo una buena observación: «Sé que no quiero trabajar por el
resto de mi vida. Por lo menos, no haciendo lo que hago ahora. Y puedo ver
que, si compro y conservo las inversiones que me dan flujo de dinero cada
mes, y lo sigo haciendo, acumularé cada vez más flujo de dinero. Al final
puedo dejar de trabajar porque, mientras sea dueña de la inversión, el flujo de
dinero seguirá entrando cada mes.
»Por otro lado, si lo único que compro son inversiones que me den
ganancias de capital, debo venderlas para conseguir dinero. Así que debo
comprar y vender continuamente para incrementar el ingreso. Además, todo
indica que terminaré con una cantidad finita de dinero para vivir. Tendré que
acumular mucho dinero para mantenerme hasta el día en que muera.
Realmente son dos estrategias diferentes».
«Exactamente», contesté. «Y por favor entiende que no estoy diciendo
que una estrategia es mejor que otra. El flujo de dinero es la fórmula que uso.
Comencé a invertir por flujo de dinero en 1989. Para 1994, Robert y yo
alcanzamos la libertad financiera debido al flujo de dinero de nuestras
inversiones. No estoy hablando de amasar enormes cantidades de riqueza.
Estoy hablando de ser libre de modo que puedas hacer lo que verdaderamente
deseas.
»Déjenme decir una cosa más. Mi inversión principal es en bienes raíces.
¿Por qué? Porque me encantan. Me encanta ver propiedades y analizarlas. Me
encanta buscar sus ventajas y ver cómo hacer el mejor uso de ellas. Y me
encanta el flujo de dinero. Deben encontrar el vehículo de inversión que les
gusta; de otro modo, probablemente no tengan éxito.
»Tengo una amiga a quien he estado animando por más de un año para
que entre en los bienes raíces. Nunca empezó. Luego asistió a una plática
sobre cómo manejar acciones en la bolsa. Se enganchó de inmediato. Hoy
maneja acciones con éxito. Le encanta y, como le encanta, es buena en eso.
Así que es importante elegir la inversión que mejor se adapta a ti… la
inversión que amas».
Segunda pregunta.
Recapitulé: «Así que ésa es la primera pregunta que necesitan responder: ¿Es
flujo de dinero o ganancias de capital? La segunda pregunta entonces es:
¿cuál es su meta?».
«¡Mi meta es que quiero ser 100% libre!», dejó escapar Leslie. «Estoy
absolutamente segura de ello. No necesito una gran mansión ni autos
elegantes. Lo único que quiero es pintar. Odio preocuparme por dinero. Odio
que me digan cuándo ir a trabajar. Quiero saber que estoy lista a nivel
financiero para la vida y no tener que trabajar si no quiero. Ya he decidido ir
tras las inversiones de flujo de dinero. Quiero que entre suficiente para
manejar mis gastos, que son de 5200 dólares al mes. Eso significa que
necesito 5200 de flujo de dinero. Es mi meta».
«Eso es muy claro», dijo Pat. «Sé que no va conmigo, pero no vine aquí
con una meta en mente. Mi idea era empezar a invertir y seguir creciendo.
Pero ahora, después de haber hecho el ejercicio y descubrir que con el salario
de mi marido y nuestros ahorros tenemos dinero suficiente para un año,
necesito repensarlo. ¿Quién sabe lo que depara el futuro? Yo, sin duda
alguna, no estoy preparada si algo inesperado llega a suceder. Sí, necesito
verlo con mucha más seriedad».
Cómo llegar ahí.
«Ahora que tengo mi meta, ¿cómo llego ahí?», preguntó Leslie con
impaciencia.
«Aquí comienza su tarea», respondí. «Ahora deben crear el plan que las
llevará a su meta. ¿Cómo quieren llegar ahí? Hay tantos vehículos de
inversión disponibles, que su primera tarea es encontrar la inversión principal
que les emociona. No hay nada peor que estudiar algo que no les interesa.
Eso me remonta a mis días en la preparatoria cuando me obligaban a estudiar
trigonometría. No podía ver cómo usar eso alguna vez fuera del salón de
clases».
«Imagino que por eso reprobé biología», confesó Tracey. «Diseccionar
ranas simplemente no era para mí».
Pat interrumpió: «Todas se van a reír porque esto es muy típico en mí. En
mi investigación durante los meses pasados, de hecho encontré una lista con
algunas de las diferentes inversiones disponibles. Se la envié a Kim por
correo electrónico y ella agregó algunas más. Traje copias para todas».
Leslie dijo: «No nos reímos, Pat. Es excelente. ¡Gracias!».
A continuación está la lista de inversiones de Pat. (Hay más inversiones,
pero éstas son un buen ejemplo de lo que hay disponible).
«Pat señaló los tres tipos principales de inversiones: bienes raíces, activos
en papel y negocios», expliqué. «Y luego, como pueden suponer, hay muchos
más. Pueden invertir en futuras estrellas del deporte. Muchos atletas no tienen
medios financieros para llegar a las grandes ligas, así que un inversionista
puede proporcionar los fondos necesarios para entrenamiento, viajes y
competencias. Si el atleta alcanza la categoría profesional, entonces el
inversionista obtiene un porcentaje de las ganancias del atleta».
«Parece que puedes invertir en casi cualquier cosa», comentó Tracey.
«Así que una vez que sabes qué tipo de inversión quieres, ¿cómo se ve el
plan? ¿De qué manera calculas “cómo llegar ahí” como dices tú?».
«Es una buena pregunta, porque a menudo, cuando la gente escucha las
palabras “haz un plan”, tiende a hacerlo mucho más complicado de lo
necesario», y expliqué que «la forma en que quieres llegar ahí» significa
decidir lo siguiente:
1. ¿Cuál será mi principal vehículo de inversión? Pueden hacerlo en más
de un tipo de inversión, pero he aprendido que tengo más éxito si concentro
la mayor parte de mi tiempo y energía en uno solo.
2. Dentro de la categoría de inversiones, ¿en qué tipo de producto me
concentraré? Por ejemplo, si inviertes en acciones, ¿en qué tipos de acciones
te enfocarás? ¿En qué área te volverás experta? En mi caso, si entrara en el
terreno de las acciones de alta tecnología, fracasaría terriblemente porque no
tengo ningún interés en ellas y no sé casi nada de tecnología. Si elijo el
terreno de las acciones, debería enfocar la mayor parte de mi atención en
empresas de bienes raíces. Si eligen bienes raíces como inversión, hay casas
para una sola familia, edificios de apartamentos, de oficinas, centros
comerciales, etcétera. En especial cuando estás empezando, elige una cosa en
la que puedas volverte experta y concéntrate en ella. Cuando estés cómoda
con esa inversión, puedes pasar a la siguiente.
3. ¿Cuál es mi marco de tiempo para lograr mi meta? ¿Y cuáles son mis
marcos de tiempo para lograr metas más pequeñas en el camino hacia mi
meta principal?
«Eso es realmente lo que hay que saber respecto a “cómo quieren llegar
ahí”», concluí. «Pueden hacerlo más complicado si desean, pero les aconsejo
que no elaboren un plan detallado, muy preciso y largo que tarda tanto en
armarse que nunca logran poner manos a la obra».
«¿Cómo era tu plan cuando empezaste?», preguntó Leslie.
Sonreí. «Robert y yo hicimos nuestro extenso y profundo plan para
alcanzar libertad financiera. Era el siguiente: comprar dos propiedades para
alquilar al año durante diez. Ése fue nuestro plan. Nos concentraríamos en
casas para una sola familia. Tras diez años, determinamos que tendríamos un
total de veinte unidades para alquilar y el flujo de dinero sería mayor que
nuestros gastos. Era el plan completo».
«¿Lo lograron?», preguntó Tracey.
«Así es», dije. «Pero no en el tiempo que fijamos originalmente».
Las tres mujeres se veían un poco decepcionadas.
Continué: «Una vez que compré mi primera casita para alquilar de dos
recámaras y un baño, compramos una segunda y una tercera. En el proceso
descubrimos que era tan fácil comprar un edificio de múltiples unidades
como una casa para una sola familia. Así que, en lugar de que nos tomara
diez años adquirir veinte unidades, logramos las veinte en dieciocho meses.
Una vez que supimos dónde estábamos y a dónde queríamos ir, nos
mantuvimos concentrados en ello y todo el plan se realizó mucho más rápido
de lo que suponíamos».
Pasamos el resto del día estudiando, hablando, escribiendo, dibujando,
haciendo llamadas telefónicas e investigando en internet conforme cada una
realizaba su plan de inversión.
Al final del día, Leslie, Pat y Tracey tenían sus metas por escrito y un
gran comienzo para sus planes. Cada una estaba complacida con lo que había
logrado. Leslie vio el reloj de pared y rió: «¡No puedo creerlo! ¡Son casi las
siete! ¡Estábamos tan concentradas en el trabajo que olvidamos nuestro
tradicional almuerzo de chicas!».
«¿Qué tal una cena de chicas?», preguntó Pat.
Al crear tu plan
1. Determina tu meta.
2. Responde las siguientes preguntas:
¿Cuál será mi principal vehículo de inversión?
¿Dentro de esa categoría de inversión, en qué producto me
concentraré?
¿Cuál es mi marco de tiempo para lograr mi meta?
Capítulo 19
Tres tipos de hombres, tres tipos de inversiones
Soy extraordinariamente paciente, siempre
y cuando, al final, me salga con la mía.
Margaret Thatcher.
Durante la cena en un restauante se hizo claro que todas habíamos tenido un
día largo. La conversación volvió hacia los hombres y luego tuvo un giro
loco.
Yo comencé la discusión: «Mi amiga Cherie y yo manteníamos una
maravillosa discusión sobre hombres. Así como los hombres evalúan a las
mujeres del uno al diez, Cherie y yo señalábamos a nuestro hombre
específico en la calle y especulábamos qué tipo de hombre era».
«“Ya sabes”, dijo Cherie, “en realidad hay sólo tres tipos de hombres en
este mundo”.
»“¿Tres?”, contesté. “Definitivamente hay más de tres”.
»“Te describiré los tres tipos y tú me dices si hay más”, me desafió.
»“Trato hecho”, dije».
Cherie explicó: «Los tres tipos de hombres que hay en el mundo son los
chicos malos, los chicos buenos y los chicos tibios».
«Te escucho», dije.
«Los chicos malos son con los que tu papá no quiere que salgas», rió.
«Son emocionantes, incitantes… las mujeres no pueden resistirse. Son el reto.
Son impredecibles y siempre les echas un ojo. No son aburridos, mantendrán
tu interés. Nunca los olvidas. Y que no te sorprenda si te rompen el corazón.
Si existe una relación de amor/odio, las probabilidades indican que hay un
chico malo involucrado.
»Luego están los chicos buenos. Todas conocemos algunos. Son tus
amigos. A todo el mundo le gusta su compañía. Puedes hablar con ellos. Es
cómoda su presencia y te escucharán si tienes un problema. Rara vez peleas
con los chicos buenos, porque arreglarán la discusión antes de que se salga de
control. Son seguros y por lo general no te causan muchos dolores de cabeza.
Son predecibles. Un chico bueno casi nunca te besa en la primera cita, porque
es amable y respetuoso».
«¿Y los tibios?», pregunté.
«Son los chicos a los que simplemente quisieras infundirles un poco de
vida», declaró. «¡Son aburridos! Hay poca emoción en su vida. Una cita con
un chico tibio a menudo termina temprano después de una película. No
esperes con ellos una noche espontánea con una cena en la azotea a la luz de
las velas bajo las estrellas. Los tibios no te sorprenderán. No logran nada
genial, porque nunca quieren cambiar las cosas. Nunca se arriesgarán.
Quieren todo bien y estable. Casi todo es demasiado riesgoso para ellos. Para
resumirlo, simplemente existen».
«Ésas son tres descripciones claras», reconocí. «¿Y dices que cada chico
de este planeta entra en una de esas tres categorías?».
«Tú dime», instó. «Piensa en un chico. ¿Entra en una de esas tres
categorías?».
«Sí», admití.
«¿Cuál?», preguntó.
«Chico malo», dije.
«Así es», rió. «Ahora piensa en todos los chicos que puedas. Te apuesto a
que son chicos malos, buenos o tibios».
Repasé la lista de la mayor cantidad posible de hombres en
aproximadamente tres minutos y con bastante seguridad pude identificarlos
como uno de esos tres tipos.
«Tú ganas», concedí. «No hay necesidad de un cuarto o quinto tipo. Lo
has acotado muy bien. Mis amigas se divertirán con esto».
Los chicos malos, los buenos y los tibios
Pat, Leslie y Tracey reían. Podía ver cómo giraba su mente, catalogando a los
hombres de su vida.
«Mi novio de la universidad… ¡definitivamente era un chico malo!»,
exclamó Leslie. «Pero lo divertido es que me casé con un chico bueno. Tal
vez por eso no duró; yo quería en realidad un chico malo».
Tracey sonrió. «Los chicos malos envían flores después de la primera cita
y tú te emocionas. Pero si un tibio te manda flores, te preocupas. ¿Acaso
quiere más de la relación que tú?».
«Los chicos buenos te llevan a pasear en carruajes pero no se atreven a
dar un paso contigo. ¡Los malos quién sabe qué hacen bajo la sábana!», dijo
Pat, con una risita.
Leslie añadió: «Cuando no tuve una cita para mi baile de graduación de la
preparatoria, fui con un tibio, porque siempre estaba disponible. Era muy
agradable, pero parecía que todas las chicas populares salían con los chicos
malos. Y luego noté que con un chico malo me volví más popular».
«Parece ser cuestión de actitud», dijo Pat. «Piensen en The Fonz del
programa de televisión Happy Days. No era alto, moreno, ni guapo, pero
definitivamente era un chico malo».
«Me pregunto por qué las mujeres a menudo se sienten tan atraídas hacia
los chicos malos», dije.
«Tengo una amiga que sigue saliendo con chicos buenos y nunca dura.
Pero al que nunca olvida es al malo con el que salió durante cinco años».
«Los chicos malos son un poco peligrosos. Tienen algo de misterio», dijo
Tracey. «Corren riesgos, así que hay probabilidades de que tengan un gran
potencial. Mi marido es un buen chico. Supe cuando nos casamos que nuestra
vida sería del tipo de vida de familia promedio con dos ingresos y casa en los
suburbios. Y cuando me veo en retrospectiva y pienso en mi carrera y en mi
familia, eso era finalmente lo que quería: estabilidad y un sentimiento de
seguridad».
Leslie comentó: «Para mí, los momentos bajos son con los chicos malos,
pero los altos pueden ser muy altos. Hay una sensación de lo desconocido, las
posibilidades son ilimitadas».
«Entonces, ¿a quiénes clasificarían como chicos malos?», nos preguntó
Pat.
Yo comencé: «Mick Jagger: chico malo».
«John McEnroe, Eminem, Charlie Sheen: todos chicos malos», agregó
Tracey.
«Y, por supuesto, Rambo».
«¿Y qué hay de los chicos buenos?», pregunté.
«Si The Fonz es un chico malo, entonces Richie Cunningham de Happy
Days es uno bueno», agregó Leslie. «Definitivamente es un chico bueno. ¿Y
qué hay de Pablo Mármol de Los picapiedra?».
Reímos.
Pat sonrió. «En cuanto a los tibios, Al Bundy del programa Married With
Children es un ejemplo perfecto. Homero Simpson también encaja bien».
Tres tipos de inversiones
Pudimos continuar toda la noche enlistando a cada hombre del planeta. Pero
la conversación se fue en otra dirección.
Dije: «¿Saben?, así como hay tres tipos de hombres, les apuesto a que
también podrían clasificar las inversiones en tres tipos. Así como podríamos
encasillar a todos los chicos que hemos conocido dentro de esas categorías
limpias y claras, podríamos hacer lo mismo con las inversiones».
«No estoy segura de seguirte», contestó Leslie.
«Si toda inversión se clasificara como chico malo, bueno o tibio, ¿qué es
una inversión chico malo, bueno y tibio?», pregunté.
«Entiendo lo que dices», respondió Pat. «Por ejemplo, la inversión chico
malo es un desafío».
Hay dos tipos de inversionistas: activos y pasivos.
Si quieres ser libre a nivel financiero mediante tus inversiones,
debes ser una inversionista activa.
«Exactamente», dije. «Los chicos malos son un desafío. Debes prestarles
atención y ser precavida. No te separes de los chicos malos, porque puede
que no estén ahí cuando regreses. Debes estar muy involucrada con ellos.
Pueden ser impredecibles. Los chicos malos dan un poco más de trabajo, pero
ofrecen las mayores recompensas… si sabes manejarlos».
«Y los chicos buenos nunca te lastimarán… ¡demasiado!», anunció
Tracey.
«Sí, no necesitan tanta atención como los malos, pero tampoco puedes
dejarlos solos para siempre. Necesitan estar en comunicación contigo y
hacerles saber que te importan. Tienden más al perdón que los chicos malos.
Las recompensas nunca serán tan grandes como con los chicos malos, pero
tampoco hay tanto riesgo de que acaben contigo», afirmé.
«¿Y los tibios?», pregunté.
Leslie afirmó: «¡Los tibios son aburridos! ¡No hacen nada!».
Yo reí: «Perfecto. Pueden ignorar para siempre a los tibios y nada
cambiará mucho. No tienen que prestarles atención. De hecho, ellos no
esperan que les presten atención; por eso son tibios. Casi no hay riesgo
asociado con los tibios y por tanto, la recompensa es casi nula».
«¡Es maravilloso!», exclamó Leslie. «¡Las inversiones son justo como los
hombres! Aún mejores, porque una inversión no te dejará por otra más
joven».
«¡Una inversión no te llevará la contraria!», bromeó Tracey.
«¡Y nunca tendrás que preocuparte por dónde está tu inversión a media
noche!», agregó Pat a la diversión.
Estábamos riendo tanto que no notamos el número de comensales que nos
miraban.
¿Cuál es cuál?
Tracey nos regresó a la senda y preguntó: «Entonces, ¿cuáles inversiones son
cuáles? ¿Cuáles son chicos malos, buenos y tibios?».
Yo tomé un pedazo de papel y escribí las tres categorías:
«Repasemos algunas de las diferentes inversiones y veamos dónde
encajan», sugerí. «¿Qué hay de las acciones?».
«Si voy a comprar una acción y conservarla a largo plazo, entonces es un
chico bueno», respondió Pat. «Porque la podré observar con regularidad para
ver qué hace y le pondré atención a lo que sucede en la compañía».
«Pero ¿qué pasa si operan acciones en la bolsa?», pregunté. «¿Qué sucede
si compran y venden acciones diariamente? Pueden conservar participación
por unas horas antes de venderlas. A menudo, quienes comercian acciones en
la bolsa venden todo lo que tienen antes de que ésta cierre su día de
actividades».
Tracey respondió: «Supongo que se trata de un chico malo, porque debes
observarlo todo el día. Debes estar muy involucrada si quieres hacer
transacciones durante un día de actividades en la bolsa».
«Buen punto», reconocí. «Escribiré “acciones: compra a largo plazo” en
la columna de chicos buenos y “acciones: transacciones durante un día de
actividad bursátil” en la de chicos malos. ¿Qué hay de las acciones con
opción de compra y venta?».
Pat interrumpió: «De hecho, he estado investigando sobre las acciones
con opción de compra y venta, porque atrajeron mi interés. Creo que hay dos
respuestas. Si es una opción que expira en seis meses, lo cual significa que en
seis meses se determina si ganaste dinero o no, entonces es un chico bueno.
Estás verificándolo pero no estás muy activa al respecto. Si, por otro lado,
comercias con acciones con opción de compra y venta diariamente, entonces
es un chico malo, porque observas los precios de las acciones a cada minuto.
Debo admitir que esos chicos malos me ponen un poco nerviosa».
«Entonces, los bienes raíces pueden entrar también en diferentes
categorías, dependiendo del tipo de inversión que tengas», razonó Tracey.
«Correcto. Si simplemente presto dinero a una inversionista amiga mía
para el enganche de una propiedad, y ella a cambio hace una nota o pagaré
que establece la tasa de interés con la que me pagará, y cada mes mi amiga
me paga intereses por ese pagaré hasta que queda cubierto el préstamo con
intereses, yo diría que se trata de un buen chico. Hay un poco de riesgo en
que la propiedad no sea manejada adecuadamente y de que mi amiga no
pueda hacer los pagos, pero si es una inversionista prudente y sabe lo que está
haciendo, entonces el riesgo y mi involucramiento son bajos».
«Si deja de dar dinero por el pagaré, ¡entonces tu chico bueno se
convierte en un malo que no deja de gritar!», rió Leslie. «Ahora tienes un
desafío y requerirá tu atención».
«¿Qué hay de un edificio de 50 unidades, mal conservado, con malos
inquilinos y tiene 20 apartamentos vacantes?», pregunté.
«¡Chico malo!», gritaron todas.
«¿Por qué?», pregunté.
«Si está mal conservado y muchas unidades vacías, esa propiedad
necesitará mucha atención y esfuerzo para que alcance un buen nivel», dijo
Pat. «¡Exacto! Ahora entiendo por qué mi vecina tiene un matrimonio tan
lleno de altibajos. ¡Está casada con un chico malo!».
Leslie continuó: «Una vez que tu propiedad esté operando bien, puede
pasar de chico malo a bueno. Aún debes prestarle mucha atención, pero no
tanta como antes de arreglarla».
«¡Buen punto!», dije, impresionada por la valoración de Leslie.
«¿Los fondos de inversión?», preguntó Pat.
Tracey sonrió: «Mi experiencia personal dice “tibio”. Invierto mi dinero y
espero que algo bueno suceda. Nada pasa, salvo que he pagado mucho de
honorarios».
«Estoy de acuerdo», contesté. «Lo mismo pasa con el plan de retiro
401(k). No dejas de poner dinero y sucede muy poco con el tiempo».
Pat interrumpió. «Salvo cuando cayó la bolsa y tantos de nuestros amigos
perdieron enormes porcentajes de sus planes 401(k). Los tibios se
convirtieron entonces en perdedores sin dónde caerse muertos».
«Yo diría que comprar terrenos es un chico bueno», interpuso Tracey.
«Compras y simplemente está ahí. No necesitas prestarle mucha atención,
aunque querrás hacerlo con respecto de cualquier progreso que tenga lugar a
su alrededor, como en otros desarrollos. Y si eliges construir un complejo de
oficinas o de tiendas al menudeo, entonces toma tiempo, esfuerzo y
educación, y fácilmente podría convertirse en chico malo».
«¿Y cuáles son otros tibios?», preguntó Pat.
«¿Cuáles dirían que lo son?», agregué.
«¿Las cuentas de ahorros califican como una inversión?», preguntó.
«Porque una cuenta de ahorros no hace nada. Le metes dinero y eso es todo.
El riesgo es nulo, pero la recompensa, en especial en estos días, también».
«Perfecto ejemplo», contesté.
«Los bonos serían tibios. Justo como mi excuñado: se sienta por ahí, gana
poco o nada y nadie espera mucho de él», bromeó Leslie.
«¿Qué hay del oro y la plata?», preguntó Tracey.
«Si compro oro y plata, entonces puedo decir que tengo un chico bueno»,
respondí. «Me mantendré al tanto de las fluctuaciones de precios, pero sé que
estará ahí en la mañana. No como un chico malo».
Pat dedujo: «Las inversiones chico malo realmente podrían lastimarte si
no sabes lo que estás haciendo. Y es la razón por la que estamos aquí estos
dos días, para aprender qué hacer sin salir lastimadas».
«Excelente. Y de cualquier forma pueden salir lastimadas algunas veces.
No hay garantías», expliqué. «Pero mientras más aprendan y conozcan, las
heridas que experimenten no serán tan graves».
«Una pregunta más», dijo Leslie. «¿Qué hay de invertir en un negocio?».
«¿Vas a invertir en el negocio de alguien más o vas a operar tu negocio?»,
sondeé.
«Digamos que pienso invertir en un negocio ya existente y convertirme
en socia, de modo que también lo operaría», aclaró Leslie.
«No lo había pensado así», dijo Tracey. «Supongo que hay varias formas
en las que puedes invertir en un negocio. De hecho, mi hermano invirtió algo
de dinero en un nuevo negocio que había iniciado un amigo suyo. No tiene un
papel activo en la compañía; simplemente invirtió una pequeña cantidad
esperando obtener ganancias por su dinero. Yo consideraría que ese tipo de
inversión en negocios es un chico bueno. Aunque me gustaría asegurarme de
que, quienquiera que dirija la compañía, sabe lo qué está haciendo».
«Si no tiene experiencia y no sabe lo que hace, entonces yo llamaría
apuesta a esa inversión», agregué.
«Y si yo fuera a iniciar un negocio…», aventuró Leslie.
«Chico malo», terminó la frase Tracey. «Se trata de mucho tiempo,
esfuerzo y atención. ¡Este caso debe estar cerca del primer lugar en la lista de
chicos malos!».
Inversionistas pasivos versus activos
«Esto trae a cuento un tema muy bueno», comencé. «Hay dos tipos de
inversionistas: los activos y los pasivos. Si quieren ser libres a nivel
financiero por medio de sus inversiones, deben ser inversionistas activas.
Dudo de que alguna vez lo consiguieran sólo poniendo dinero en inversiones
pasivas. Los fondos de inversión y los planes 401(k) están bien, pero
necesitarán más si quieren ser independientes en lo financiero».
«¿Cómo determinas si una inversión es activa o pasiva?», preguntó Pat.
Expliqué: «Cada vez que entregan su dinero a otra persona para que
invierta por ustedes y no tienen interacción o control sobre la inversión, es
una inversión pasiva. Entregan su dinero y parten después. Por otro lado, ser
una inversionista activa es justo eso. Estar involucrada activamente en la
inversión».
«Entonces, comprar y administrar una propiedad de alquiler sería una
inversión activa», agregó Tracey.
«Así es», estuve de acuerdo.
«Parece como si todas las inversiones chico malo fueran en definitiva
activas», comentó Tracey. «Lo que tiene sentido, puesto que todos los chicos
malos que he conocido son muy activos».
«Y muchas inversiones chico bueno también son activas, pero el nivel de
involucramiento es menor», dijo Tracey.
«Los tibios son pasivos al 100 por ciento», dijo Pat.
«Como mi excuñado», dijo Leslie.
«Un fondo de inversión sería una inversión pasiva, al igual que un 401(k).
Pongo dinero pero no hago nada».
Tracey añadió: «Y me parece que muchos inversionistas en acciones son
en realidad pasivos. La mayoría de las personas que conozco que invierten en
acciones entregan su dinero a un corredor de bolsa y él recomienda qué
comprar y vender. El inversionista no está involucrado activamente. Puede
verificar el precio de su acción, pero no la estudia ni sigue de cerca lo que
hace la compañía detrás de la acción».
«Yo estaría de acuerdo con eso», respondí. «Si compras una acción
simplemente porque el cajero del mostrador te dio un súperconsejo, entonces
yo te calificaría como inversionista pasivo».
«Hace años nos vendieron un seguro de vida y el agente se refirió a él
como una inversión. Eso en definitiva es una inversión pasiva, porque lo
único que hacemos es pagarla. No tengo idea de cuáles son las
especificaciones de nuestra póliza», admitió Tracey.
Pat resumió: «Entonces, si compro una inversión, la meto en el clóset y
nunca le presto atención hasta venderla, se definiría como una inversión
pasiva. Cuando mi corredor de bolsa llama a mi marido y dice que
recomienda pasar algo de dinero a una acción XY, de la cual no sabemos
nada, es ser un inversionista pasivo. O si invierto dinero en el negocio nuevo
de alguien y me olvido de ello, otra vez sería una inversión pasiva».
«Eso me resulta claro», dijo Leslie.
Agregó: «La inversión en bienes raíces es un buen ejemplo de inversión
activa. Si compro una casa, la arreglo y la rento, soy muy activa respecto de
esa inversión. Si soy dueña de un centro comercial de tiendas al menudeo y
rento locales a los dueños de tiendas, es una inversión activa».
«Pero si compras acciones de un fondo de inversión en bienes raíces
(REIT, por sus siglas en inglés), que es como invertir en bienes raíces, y lo
ignoras hasta que vendes las acciones, resulta una inversión pasiva», dije.
Pat preguntó: «¿Qué pasa si compro y vendo acciones y no participo en
las transacciones bursátiles en un día de actividad, pero investigo sobre las
compañías y la industria, rastreo su historia y aprendo lo más posible sobre
cada acción en la que invierto?, ¿eso se consideraría inversión pasiva o
activa?».
Tracey respondió: «Pienso que se reduce a la palabra activa. Si estás
involucrada activamente, y eso sería investigar y aprender, yo diría que eres
una inversionista activa, versus una persona demasiado floja para aprender
que sólo desea que alguien más haga las cosas por ella».
«Bien dicho», respondí. «Personalmente no recomendaría invertir en nada
que no conozcas. Razón por la cual deben ser inversionistas activas, para que
su dinero trabaje lo más duro posible por ustedes».
«Tengo las ideas más claras ahora respecto a mi pregunta sobre invertir
en un negocio», empezó Leslie. «Puedo ser dueña y operar el negocio, lo que
es activo. Puedo invertir mi dinero en el negocio de alguien más y estar
involucrada hasta cierto punto en su manejo, lo que de nuevo es ser activa,
pero en menor grado. Esto podría implicar un trabajo físico dentro o fuera de
la compañía o mantenerme muy al tanto de lo que ocurre en ella y dentro de
la industria. Tercero, puedo invertir dinero en una compañía y simplemente
irme. Eso sería pasivo».
«Has respondido tu propia pregunta», dije.
Para resumir
«Esto es lo que entiendo», resumió Tracey. «Hay tres tipos de hombres y hay
tres tipos de inversiones: chicos malos, buenos y tibios. Cada inversión
encaja en estas tres categorías. Puedes tener inversiones pasivas en las que no
te involucras o inversiones activas que exigen tu esfuerzo y atención. Y lo
que más me impresionó es que en sí la inversión no es activa o pasiva, ¡sino
el inversionista!».
«¡Buena síntesis!», aplaudí. «Además, no digo que una inversión es mejor
o peor que otra. Para ser una inversionista exitosa, es importante saber pros y
contras de cada tipo de inversión. Pregúntate: “¿Cuáles son los riesgos y
recompensas de cada inversión que tengo?”. No esperes que un solo fondo de
inversión cubra todas tus necesidades financieras en el retiro. No está
diseñado para hacer eso, así como las propiedades para alquilar no están
diseñadas para que no las atiendas. Debes saber cuál es cuál y elegir las que
encajen en tu plan. Y recuerda, si tu meta es ser independiente a nivel
financiero, no sólo puedes ser una inversionista; debes ser una inversionista
activa».
Capítulo 20
Las primeras cuatro claves para
ser una inversionista exitosa
Si educas a un hombre, educas a una persona;
si educas a una mujer, educas a una familia.
Ruby Manikan.
A la mañana siguiente, seguíamos bromeando sobre los tres tipos de hombres
cuando entramos a nuestra sala de juntas.
Cuando todas tomaron sus asientos en la mesa de conferencias, dije:
«Antes de que regresen a la elaboración de sus planes, quiero compartir con
ustedes algunas de las claves de inversión aprendidas con los años. La
mayoría las he aprendido de la manera difícil, cometiendo muchos errores».
«Si puedo aprender de tus errores en lugar de cometerlos yo misma, ¡soy
toda oídos!», afirmó Leslie. «Estoy segura de que esos errores fueron
costosos».
«Sí lo fueron», contesté. «Pero no sólo en términos de dinero, también en
cuanto a oportunidades desaprovechadas y tiempo desperdiciado».
«Escuchemos», dijo Pat con firmeza.
Clave número 1
Comencé: «Con la primera clave ya están familiarizadas. El primer paso para
buscar cualquier inversión es: ármate con un poco de educación. Todo se
trata de educación. Cuanto más sabes, mejor te irá. Haz la tarea antes de
comenzar a invertir. Hay muchos recursos excelentes para ti. Tener un poco
de conocimiento de antemano puede marcar la diferencia entre hacer o perder
dinero.
»No saltarías al fondo de una alberca sin aprender primero por lo menos
cómo flotar en el agua te ahogarías. Saltar a una inversión de la que no sabes
nada no es diferente; las probabilidades indican que te ahogarás.
»Una de las razones por las que apoyo la industria del mercadeo en red es
que compañías realmente buenas educan a sus distribuidores. Los educan en
todo, desde ventas hasta finanzas y desarrollo personal. Las buenas
compañías no están buscando solo vendedores, quieren apoyar a la gente para
tener éxito en todas las áreas de su vida.
»The Rich Dad Company es una compañía de educación financiera. No
vendemos ni recomendamos inversiones. Lo único que ofrecemos es
educación. Entonces, depende de nuestros clientes encontrar las que se
adapten a ellos.
»Tenemos un producto, junto con la serie de libros de Padre Rico, que
considero obligatorio para cualquiera que piense en invertir seriamente: el
juego de mesa Cashflow 101.
»Cuando Robert y yo nos retiramos en 1994, la gente constantemente nos
preguntaba: “¿Cómo lo hicieron? ¿Cómo te retiraste a los 37 años?” (Robert
tenía 47). Una cosa que Robert y yo tenemos en común es que nos encantan
los juegos.
»La mayoría participamos en juegos cuando éramos jóvenes, juegos de
mesa, escondidillas, atrapados y, por supuesto, “inventar fantasías”. Recuerdo
que a los doce andaba en bicicleta por la calle en las mañanas de domingo
sintiéndome completamente libre y feliz. Iba a jugar futbol. Crecí con
deportes y hasta la fecha me encanta participar en todo tipo de juegos.
»En 1995, Robert tuvo la idea de crear un juego de mesa que mostrara
paso a paso el proceso por el que pasamos para alcanzar la libertad financiera.
La educación debe ser divertida (así como hacer dinero e invertir es
divertido). Así creamos el juego de mesa Cashflow 101 para que la gente
pudiera divertirse al aprender a invertir. El juego es un vistazo a la vida real,
a la forma de pensar de Robert y mía y a lo que hacemos como inversionistas.
Lo que hemos descubierto, mediante todos los testimonios que recibimos, es
que aproximadamente 85 a 90% de las personas que nos escriben
contándonos sobre su éxito en la inversión dicen que juegan Cashflow con
regularidad. El juego hace que la gente entre en acción.
»A continuación veremos el diagrama del Cono del Aprendizaje. Es
resultado de un estudio que llevó a cabo Dale en 1969, en el cual se propuso
mostrar cómo aprendían mejor los individuos. Lo que causa impacto es que la
parte inferior del cono muestra las formas menos efectivas en que aprende la
gente. ¿Cuáles son? Leer y tomar clases: las dos formas principales de
enseñanza de nuestros sistemas escolares. (Sin embargo, aprecio que leas este
libro). ¿Cuáles son las técnicas de aprendizaje más efectivas? Experiencia de
la vida real y simulación. Las personas aprenden mejor actuando. Por eso
creamos un juego de mesa, una simulación, para enseñar el tema de las
inversiones».
«Así que recomiendo que parte de su educación en inversión incluya
jugar Cashflow. Puede comprarlo y jugarlo con tus amigos o entrar a nuestro
sitio de internet y ubicar un club Cashflow en tu localidad; estos clubes son
educativos, sus miembros se reúnen y juegan, además de realizar otras
actividades educativas en materia de inversión».
«¡Vamos a jugarlo esta noche!», insistió Tracey.
«Es una forma excelente de terminar nuestras actividades de dos días»,
estuvo de acuerdo Leslie.
«Además del juego Cashflow y los otros productos de Padre Rico hay
muchos recursos disponibles: libros, discos compactos, DVD, seminarios,
periódicos, notas de prensa, sitios de internet y organizaciones de inversión.
La lista es prácticamente interminable. Sólo deben revisar los recursos y
buscar la información que quieren.
»Por supuesto, no hay mejor maestra que la experiencia de la vida real,
así que no piensen que van a pasar años estudiando antes de hacer un
movimiento. Obtengan un poco de educación como respaldo y luego entren
en el juego».
Clave número 2
La segunda clave, que elimina bastante el miedo a invertir, es la siguiente:
Sea cual sea la inversión que elijas, empieza en pequeña escala y espera
cometer errores. Lo harás. Yo respondo a las mujeres que me dicen que
tienen miedo a invertir: «No debes tener miedo a cometer errores; los
cometerás, te lo garantizo. Si sabes eso, no tienes nada que temer».
»Nunca olvidaré el primer error que cometí con mi primera propiedad
para alquilar. Después de tenerla durante cerca de seis meses, el inquilino se
mudó. Pensé: “¡Claro! Excelente oportunidad. ¡Subiré la renta 25 dólares al
mes!”. Como solo estaba obteniendo un flujo de dinero positivo de 50
dólares, eso incrementaría mi flujo en 50 por ciento. Me estaba felicitando
por haber tenido esa idea.
»El error que cometí es no verificar cuáles eran las rentas comparables en
el vecindario. Si hubiera hecho mi tarea, habría descubierto que lo que pedía
estaba en lo más alto de la escala. Como resultado, la casa permaneció vacía
durante meses, de modo que en lugar de ganar 75 dólares adicionales, perdí
más de 1500. Fue una buena lección.
»Así que comete tus errores con pequeñas cantidades de dinero. Aprende
las bases. Si compras acciones, no apuestes todo a una sola. Compra algunas
participaciones. Si compras bienes raíces, empieza con un edificio de una a
cuatro unidades, no con uno de 150. No esperes hacer tu agosto a la primera.
Éste es un proceso en el que aprendes conforme avanzas. Mete la punta del
pie en el agua, aprende y sigue adelante. No es un billete de lotería.
»Hace años, un amigo me recomendó un libro sobre certificados fiscales.
Se crean cuando el dueño de una propiedad no paga sus impuestos (predial)
y, si nunca lo hace, puedes quedarte con la propiedad sólo pagando los
impuestos. O, si paga, entonces la penalización que el estado impone por
pago tardío pasa directamente a ti junto con la cantidad completa de
impuestos que pagaste.
»Salí y compré dos copias de The 16% Solution, una para mí y otra para
Robert. Así que primero nos armamos con un poco de educación. Luego
fuimos a la cabecera de distrito, que es donde se compran esos certificados, y
seguimos el proceso esbozado en el libro paso a paso. Compramos alrededor
de 500 dólares en certificados fiscales. Con esa pequeña cantidad, estábamos
en el juego y aprendiendo el proceso de primera mano.
»A menudo he descubierto que la gente queda atrapada al buscar la mejor
inversión, la que pagará la mayor ganancia. Eso puede paralizar a una
persona porque ignora cuál es la mejor inversión. Puedes buscar para
siempre. Al empezar en pequeña escala, obtienes experiencia de la vida real
en varias inversiones y decides cuál es la mejor para ti».
Clave número 3
Justo como hicimos Robert y yo con los certificados fiscales:
Hay tres razones por las que esto es importante para tu éxito. La primera
es bastante obvia. Hasta que tengas algo de dinero no estás en el juego. Para
ser inversionista debes entrar en él. Llamo juego a las inversiones, porque a
veces ganas y otras pierdes. La definición de inversionista es: una persona,
compañía u organización con dinero invertido en algo. Si tu dinero no está
invertido, entonces no eres inversionista.
Esto me lleva a la segunda razón. Un poco de dinero significa un poco de
riesgo. Mucho dinero podría significar mucho riesgo. Cuando me embarco en
una nueva inversión, tomo en cuenta mi falta de conocimiento y experiencia.
Espero cometer errores, que me pueden costar dinero. Puedo aprender, tanto
con poco dinero, como con mucho.
La tercera razón es la más valiosa. ¿Alguna vez has notado lo interesada
que te vuelves cuando tu dinero está en juego? Hace poco, mi vecina compró
un Lexus convertible. Antes de comprarlo, no tenía ningún interés en los
autos. Cuando decidió comprar uno nuevo, de repente se volvió la experta en
autos del vecindario. Investigó tanto antes de tomar su decisión, que era
increíble. Pero lo hizo porque ahora tenía un interés creado: su propio dinero.
Otro ejemplo es el hijo de mi amigo, un chico de diez años. Un día
escuchó que su padre hablaba sobre comprar plata. Le preguntó sobre ello,
por qué la estaba comprando. Recibí una llamada telefónica una tarde y era el
padre. Dijo: «Mi hijo, Ben, quiere hablar contigo».
Ben tomó el teléfono: «Kim, ¡compré diez monedas de plata con mi
mesada! Pagué 7.60 dólares por moneda, ¡son 76 dólares! ¿Crees que debería
guardarlas en mi casa o conseguir una caja fuerte? Me gusta traerlas
conmigo, pero papá dice que debería ponerlas en un lugar seguro. ¡Tengo
diez monedas de plata!».
Ben observaba el precio de la plata todos los días. Le contó a su maestra
al respecto. Ella hizo que Ben ofreciera una plática a su grupo sobre su
inversión. El precio de la plata ese día estaba en 8.50 dólares por onza. ¡De
hecho, Ben hizo que los demás estudiantes calcularan cuánto dinero había
ganado desde que compró las monedas de plata! Está muy interesado ahora
en la plata y aprende sobre otros metales preciosos. ¡Tiene diez años!
Una nota al margen: Ben no es un estudiante sobresaliente en la escuela.
Como lo muestra el Cono de Aprendizaje, adquiere experiencia al actuar.
Algunos estudios han encontrado que sólo cerca de 20 por ciento de los
estudiantes aprenden mediante las técnicas del sistema escolar. Ochenta por
ciento, en cambio, no están hechos para aprender de esa manera. A través de
su interés en la plata, Ben entra a internet, lee sobre la plata y sus habilidades
matemáticas mejoran mucho porque las aplica a la vida real.
La moraleja de la historia es que si quieres aprender sobre una nueva
inversión, cómprala… pero con medida.
Clave número 4
El refrán dice: «El pasto siempre es más verde al otro lado de la barda». Las
personas siempre están buscando ese nuevo mercado maravilloso. Ya sea que
se trate del mercado de condominios recién descubierto en Las Vegas, el
próximo furor de acciones de alta tecnología o la última oportunidad de
negocios en la que todo el mundo está participando. Ese pasto siempre es más
verde que el de tu propio jardín.
La cuarta clave es:
Sin importar si sólo atestiguas o eres una inversionista experimentada, te
recomiendo mantenerte cerca de casa. ¿Qué significa esto? Exactamente lo
opuesto a actuar siguiendo un súperconsejo del momento.
La burbuja de acciones de tecnología, para la mayoría de las personas, fue
un ejemplo de gente que se aventuraba lejos de casa. Aunque las bases se
habían ido por la ventana, todo el mundo arrojaba dinero a las acciones en
tecnología. Personas que nunca habían invertido en la bolsa apostaban a que
esas acciones serían su salvación. Como todos sabemos, la burbuja se reventó
y la gente perdió millones.
Peter Lynch, exgerente del fondo de inversión Magellan y autor de Learn
to Learn lo dijo mejor respecto a las acciones:
Cada vez que compras en una tienda, comes una hamburguesa o
adquieres nuevos lentes para el sol, obtienes información valiosa. Al
mirar por ahí, puedes ver qué se vende y qué no. Al observar a tus
amigos, sabes qué computadoras compran, qué marca de refresco
beben, qué películas prefieren, si los tenis Reebok están de moda o no.
Todas son claves importantes que te pueden conducir a las acciones
adecuadas.
Te sorprendería ver cuántos adultos no logran seguir esas claves.
Millones de personas trabajan en ciertas industrias y nunca aprovechan
su asiento en primera fila. Los médicos saben qué compañías de
medicamentos hacen los mejores, pero no siempre compran acciones
en ese ramo. Los banqueros saben qué bancos son los más fuertes,
tienen los gastos más bajos y hacen los préstamos más inteligentes,
pero no necesariamente invierten en ello. Los gerentes de tiendas y la
gente que dirige centros comerciales tienen acceso a cifras de ventas
mensuales, de modo que saben con seguridad qué tiendas al menudeo
venden más mercancía. Pero ¿cuántos gerentes de centros comerciales
se han enriquecido invirtiendo en acciones de tiendas específicas que
venden al menudeo?
Esas oportunidades no sólo están cerca de casa, sino justo frente a la gente.
En un viaje a Singapur una mujer se me acercó y dijo: «Vivo en Singapur,
pero he escuchado que el mercado de bienes raíces es muy bueno en Orlando,
Florida. ¿Debería yo comprar bienes raíces ahí?».
Primero, yo no sabía si Orlando era buen mercado o no. En segundo
lugar, eso no importaba. Ella nunca antes había invertido en bienes raíces. Le
pregunté: «¿Ha estado en Orlando o planea ir pronto?». «Oh, no», respondió.
«Pensé que podría comprar la propiedad por internet».
Por lo general no doy consejos específicos, pero ésta era una emergencia.
Le dije: «No compre propiedades por internet. Si apenas está empezando, no
las compre en ciudades donde nunca ha estado y con las que no está
familiarizada. Busque propiedades cerca de casa. Y, lo más importante,
obtenga un poco de educación en materia de inversión en bienes raíces». No
tengo problema con que la gente cometa errores, pero no hay necesidad de
hacer estupideces. Esta mujer estaba programándose para un enorme y
costoso fracaso.
Tres razones para permanecer cerca de casa
En lo que respecta a bienes raíces, me gusta mantenerme cerca de casa por
varias razones.
Primero, deseas mantener la vista en el área en que inviertes. Quieres
saber si las rentas suben o bajan, si hay negocios o tiendas instalándose en esa
área, cómo están los valores de las propiedades, si la tendencia general del
área se incrementa o disminuye. Éstos son sólo algunos factores sobre los que
debes estar muy al tanto, de modo que, cuando una propiedad esté a la venta,
seas experta en esa área y sepas rápidamente si es una propiedad que te
conviene.
En segundo lugar, si surge un problema en tu propiedad, no querrás tener
que tomar un avión, rentar un auto, ir a arreglar el problema, regresar al
aeropuerto y tomar otro avión de regreso a casa. Eso te costará tiempo y
dinero.
La tercera razón por la que recomiendo mantenerse cerca de casa es que,
si piensas que siempre hay mejores tratos en otras ciudades, pasarás todo tu
tiempo persiguiendo cientos de propiedades potenciales por el mundo. En
lugar de eso, enfócate en unas cuantas áreas clave y te sorprenderá el número
de buenos tratos que aparecen.
Mi mayor error de inversión
¿Por qué soy tan firme respecto a esto? Porque el mayor error de inversión
que he cometido… hasta ahora… sucedió porque no seguí mi propio consejo.
Robert y yo estábamos en Miami y nos topamos con lo que parecía una
excelente inversión. Era una propiedad comercial para un solo inquilino
alquilada a un gimnasio importante. Eran aproximadamente 4185 metros
cuadrados. Acordamos el precio y comenzamos a ultimar detalles.
Como nunca antes había comprado ese tipo de propiedad y no estaba
familiarizada con Florida, llevé a un abogado en bienes raíces para revisar el
acuerdo que me presentaron. El primer problema fue que mi abogado era de
Arizona y no entendía las minucias de la ley de Florida. El segundo problema
fue que al abogado del vendedor, cuyo nivel de experiencia era dudoso, no le
gustó el nuestro y viceversa. Así que, en lugar de que fuera la negociación de
una propiedad, se convirtió en un combate de abogados y mi propiedad era el
extintor. Para colmo, como parecía una inversión más complicada a las que
estaba acostumbrada, en una ciudad que no conocía, permití que mi abogado
negociara por mí. Gran error. Aprendí que el papel de un abogado de bienes
raíces no es negociar, sino hacer que surjan preguntas y problemas
potenciales. Lo demás depende de mí.
Para abreviar la historia, el proceso continuó durante cinco meses. Se
complicó también porque yo no tenía experiencia en el área en la que estaba
invirtiendo. Entiendan que seguíamos trabajando en el acuerdo inicial. El
periodo de inspección aún no había comenzado.
En algún momento, volé con Robert a Miami para asistir a una reunión
con el vendedor. En minutos acordamos los últimos puntos y regresamos a
casa. Al día siguiente, el acuerdo llegó a mi escritorio… ¡y el abogado del
vendedor había cambiado lo acordado! Y el vendedor se había ido al
extranjero.
Finalmente, luego de meses, recibí una llamada telefónica una noche,
cerca de las diez, de nuestro agente. Dijo: «El vendedor está sacando del
mercado la propiedad. Se acabó». Más adelante descubrí que había otros
problemas. Pero en ese punto sentí un nudo en el estómago. Todo ese tiempo,
esfuerzo, honorarios legales… para nada. Llamé al vendedor y él verificó que
el trato estaba cancelado.
Era cerca de medianoche. Estaba sorprendida y enojada. Pero no con el
vendedor ni con los abogados. Estaba furiosa conmigo misma. El trato se
complicó porque estaba en un área de la que no sabía absolutamente nada. Y
no estaba familiarizada con ese tipo de propiedad. Pero, muy en el fondo,
sabía que sólo había una causa para todo ese desastre. La causa era: no
confiaba en mí. Tenía miedo de arruinarlo. Dejé que mi miedo tomara lo
mejor de mí, al punto de que arruinó el trato. Viendo en retrospectiva,
simplemente fue otra transacción de bienes raíces con algunas cosas que
aprender. Fue una gran lección personal.
Entonces, aproximadamente a la una de la madrugada, me estaba
torturando más. Lo único en lo que podía pensar era: «Después de todo ese
tiempo y esfuerzo, ¡debo encontrar un trato que reemplace éste!».
Entré a mi oficina en casa y junto a mi computadora había una pila de
proformas de bienes raíces enviadas por nuestros corredores. (Una proforma
es un volante o folleto que te da información sobre una propiedad en venta,
incluyendo lo que se calcula como ingreso, gastos y términos financieros).
Así que de inmediato comencé a revisar esa alta pila que había ignorado
mientras me consumía la propiedad de Miami.
Transcurrió una hora. Vi la información de una propiedad que me habían
presentado varios meses atrás. Cuanto más la veía, más me gustaba. «Me
pregunto si hay alguna posibilidad de que siga disponible», pensé.
A las siete de la mañana siguiente llamé al corredor, a quien conocía muy
bien y le tenía confianza. «Craig, ¿te acuerdas de esa propiedad de la que
hablamos hace meses, justo en la calle frente a tu oficina? ¿Todavía está
disponible?». «De hecho nunca la enlistaron», dijo. «Sólo la estaban
presentando a inversionistas serios. Llamaré al agente y averiguaré».
Me llamó media hora después. «El corredor dijo que, si estás interesada,
la venden». «¿Qué quieren por la propiedad?», pregunté. «Precio completo,
ésa es su oferta», dijo Craig. «¿Cuánto vale?», pregunté. Respondió la cifra.
«La tomo», le dije.
La ironía es que esa propiedad era casi idéntica a la de Miami. Y como yo
conocía muy bien el área y ahora sabía mucho sobre ese tipo de propiedades,
cerramos el trato en mes y medio. Además, en el proceso conocí a uno de los
mejores abogados de bienes raíces de todos los tiempos, quien renovó mi fe
en el gremio.
Y resulta que hoy esa propiedad es la mejor de todas las que tengo en
términos de flujo de dinero, valor y ubicación. Así que mi mayor error se
convirtió en mi mayor activo, tanto en términos de conocimiento como en
términos de flujo de dinero.
¿Quieren oír la mayor ironía de todas? Esa propiedad está a dos cuadras
de mi casa. Como dije antes: me gusta mantenerme cerca de casa.
Capítulo 21
Las siguientes cinco claves para
ser una inversionista exitosa
Desde hace mucho he considerado la independencia
como la mayor bendición de la vida,
la base de todas las virtudes.
Mary Wollstonecraft.
«Vaya lección… aprender a confiar en ti misma», dijo Tracey.
Pat señaló: «Pienso que es un gran problema para las mujeres, en especial
en lo que respecta al dinero y la inversión, porque es algo nuevo para muchas
de nosotras. ¿Cuál fue el mayor efecto para ti a partir de esa lección?».
Respondí: «Diría que gran parte de mi miedo en torno a la inversión
desapareció esa noche. Mis inversiones simplemente se convirtieron en eso.
Gran parte de la emoción, la reacción y la ansiedad se desvanecieron.
Aprendí que mis dudas y mis preocupaciones no tenían nada que ver con la
inversión en sí, sino mucho más conmigo. Supongo que finalmente pude
separarme de la inversión. Ahora, cuando considero una inversión, aunque no
todo el tiempo, soy capaz de analizarla por lo que es, sin dejar que mis
emociones confundan los hechos».
«Para mí, esos lineamientos quitan mucha confusión», dijo Tracey.
«¿Hay otras lecciones aprendidas en el camino?».
«Hay cinco puntos más que pienso que podrían ser útiles», contesté.
«Bien, sigue adelante», instó Tracey.
Clave número 5
Las cuatro claves anteriores llevan a ésta:
A todos nos encanta el éxito. Nos encanta ganar. Como dijo Vince
Lombardi, entrenador de futbol de los Empacadores de Green Bay:
«Muéstrenme un buen perdedor y les mostraré un perdedor». Todos estamos
en el juego de la inversión para ganar.
Si apenas empiezas, es importante experimentar algo de éxito desde el
inicio. Al seguir las claves uno a cuatro (armarse con un poco de educación,
empezar en pequeña escala, poner un poco de dinero y mantenerse cerca de
casa) creo que tus posibilidades de éxito con cualquier inversión aumentan en
gran medida.
Haz que esa primera inversión sea un éxito. ¿Por qué es tan importante?
A continuación tres razones:
Número uno: Un poco de éxito al principio construye tu confianza como
inversionista. Cuando pierdes, en especial en tus primeras inversiones,
empiezan a surgir dudas. En tu mente aparecen pensamientos como: «Tal vez
no estoy hecha para esto» o «No quiero perder más dinero» o «A quién estoy
engañando, ¡no puedo hacerlo!». Es mucho más fácil y más divertido pasar a
tu segunda inversión cuando has tenido éxito en la primera.
Con frecuencia veo personas que deciden no entrar en los tratos pequeños
y pasar directo al grande. En vez de comprar el dúplex, se van por el edificio
de apartamentos de 100 unidades. No tienen experiencia y no saben cómo
operar una propiedad grande, así que cometen muchos errores. Los inquilinos
se van porque no les responden. Los gastos se reducen al punto en que la
curva de atractivo pierde interés, así que cada vez menos inquilinos
potenciales tocan a la puerta. Las vacantes aumentan. Antes de que lo sepan,
esas personas que quisieron saltarse las bases pierden dinero todos los meses,
hasta que finalmente dicen: «¿Lo ves? Lo sabía. ¡Invertir en bienes raíces no
funciona!».
El inversionista que compra 200 acciones con opción a venta a 5 dólares
cada una e invierte 1000 dólares, puede ser mucho más prudente que el que
empieza y compra 200 acciones del mismo tipo a 30 dólares cada una e
invierte 6000 dólares.
La confianza en una misma es una ganancia secundaria del éxito de
invertir. También es un ingrediente crucial para alcanzar la independencia
financiera. Cuanta más confianza construyas con esos primeros éxitos, más
dispuesta estarás a confiar en tu juicio al invertir. Y cuanto más confíes en ti,
menor será el miedo. Esos primeros éxitos preparan la escena para tus éxitos
más allá de todo límite.
Número dos: probablemente habrá gente a tu alrededor que insista en que
invertir es arriesgado. Son quienes recortan los artículos sobre la pareja que
perdió los ahorros de toda su vida en la bolsa o sobre el inminente colapso de
los bienes raíces. Te envían directamente esos artículos. A esas personas les
encanta tener razón y viven para decir: «¡Te lo dije!». Apuesto que conoces
una o dos personas así. Están esperando a que tu primera inversión sea un
fracaso para llamar por teléfono y «consolarte» diciendo: «Ya, ya, querida, te
dije que invertir era arriesgado, pero tenías que descubrirlo por ti misma».
¡Les has hecho el día! Así que no hagamos que su vida sea maravillosa, haz
maravillosa la tuya. ¡Demuestra que están equivocados! El éxito es la mejor
venganza.
Número tres: quieres hacer dinero. Es el nombre de este juego. Te
garantizo que, en cuanto veas la primera ganancia de tus esfuerzos, todo se
vuelve más divertido. Recuerda, es un juego porque a veces ganas y otras
pierdes. Pero los juegos también están hechos para ser divertidos… ¡y hacer
dinero definitivamente lo es!
Un inversionista arriesgado
Mencioné el riesgo como punto número dos. Las personas a menudo piensan
que la inversión es arriesgada. No es cierto. Mis inversiones incluyen un
riesgo mínimo. La gente que piensa que invertir es arriesgado no invierte, o
invierte con muy poca educación y conocimiento.
Por ejemplo, la mujer de Singapur que quería comprar una propiedad en
Florida por internet… eso es arriesgado. Es más que arriesgado; es estúpido.
No tenía conocimiento de inversiones en bienes raíces ni del mercado de
Florida; tampoco tenía experiencia en administración de propiedades y estaba
a kilómetros de distancia de su propiedad. Se estaba disponiendo a perder. Si
hubiera seguido adelante, comprado una propiedad en Florida y perdido
dinero, se habría convertido en una de esas personas negativas que dicen:
«Sabía que invertir en bienes raíces era arriesgado».
La verdad es que la inversión no lo era. Ella era arriesgada. No tenía
educación ni experiencia. Quería tomar atajos. Buscaba la respuesta rápida y
fácil en lugar de invertir primero tiempo y esfuerzo para ser una inversionista
exitosa. Como dije, la arriesgada era ella, no la inversión.
¿Alguna vez has actuado siguiendo el súperconsejo del momento? La
gente lo hace todo el tiempo. Yo lo he hecho. Alguien te dice que tiene la
información secreta de una acción que se irá por las nubes. «¡Va directo a la
luna!», te dice. «Más vale que te apresures». Y sin saber nada de la compañía
o de sus productos, participas. Eso es arriesgado.
Una amiga tenía lo que consideraba la mejor estrategia de inversión del
mundo. Todas las mañanas, lo primero que hacía era sintonizar en la
televisión uno de sus programas financieros favoritos. Luego compraba
cualquier acción de las que estuvieran hablando los que participaban en el
programa. Su razonamiento era que, si las personas del noticiario promovían
la acción, entonces eso haría que otros la compraran también y elevaría su
precio. Antes de que terminara el día, vendía. En un inicio ganó dinero con su
estrategia. Era un mercado alcista; la bolsa en general subía. No tenía que
prestar demasiada atención. Pero luego la bolsa bajó. Ella estaba segura de
que su plan seguiría funcionando y, obstinada, se apegó a él. «Sé que puedo
recuperar el dinero que he perdido», se convenció. Al final terminó por
renunciar. Había perdido cerca de 10 000 dólares. Su estrategia no se basaba
en hechos ni fundamentos, sino en los pregoneros y promotores de la
televisión… una vez más, nada de educación ni experiencia. Eso es
arriesgado.
Si vas a invertir, primero aprende sobre la inversión y empieza a escala
pequeña; pon un poco de dinero y manténte cerca de casa. Disponte a ganar,
en especial en tus primeras inversiones. Crea confianza. Por supuesto,
cometerás errores, pero cuantos más cometas, más aprenderás; cuanto más
aprendas, menor será tu riesgo e incrementarás las posibilidades de éxito. Así
que disponte a ganar desde el principio.
Clave número 6
La siguiente clave se aplica muy bien a las mujeres:
Tu «círculo» está compuesto por quienes te rodean. Probablemente tengas
varios círculos en tu vida: tu círculo familiar, de trabajo o negocios y tu
círculo de amigas. Si tienes un pasatiempo o juegas un deporte, entonces
tienes un círculo con esos intereses.
Y en lo que respecta a la inversión, tienes un círculo de inversión. Son las
personas que están involucradas o te apoyan en tus metas. Hablemos de
amigos, mentores y grupos de mujeres.
Número uno: elige a tus amigas. Hace años, mi amiga Jayne me dio un
consejo muy bien pensado. Estaba conversando con ella sobre una meta que
tenía para nuestra empresa, Rich Dad Company. Era una meta grande y clara.
Le dije que quería contarle a la gente sobre esta gran visión para hacerla más
real en mi mente. Imaginaba que mientras más compartiera mi meta, mayores
probabilidades habría de hacerla realidad.
Las palabras de Jayne fueron: «Está bien compartir tu meta con otras
personas, sólo ten cuidado con quién lo haces. No todo el mundo apoya que
obtengas lo que quieres».
¿Qué? No podía creerlo. Yo soy optimista. Tiendo a pensar lo mejor para
todos en cada situación. Por lo general doy el beneficio de la duda a la gente.
Y ahí estaba ella diciéndome que fuera cuidadosa y me fijara a quién le
contaba mi meta.
Pronto logré entender por experiencia de primera mano lo que estaba
diciendo Jayne, y descubrí que estaba por completo en lo cierto.
Estaba en una fiesta hablando con un grupo de cuatro personas sobre
nuestros propósitos de Año Nuevo. Una amiga en común se unió y, muy
emocionada, reveló su meta para el año siguiente. Dijo: «No le conté a nadie,
pero este año tuve un susto de salud y terminé en el hospital por tres días. Fue
porque siempre he puesto mi salud al final en mi lista de prioridades. Así que
mi nueva meta es bajar quince kilos. Ya tengo un entrenador personal con
quien voy a hacer ejercicio tres veces por semana. ¡Sé que puedo lograrlo!».
Las cinco aplaudimos y la animamos a lograr su objetivo. En cuanto se
alejó, una de las mujeres se volvió hacia mí y murmuró: «Nunca lo logrará.
Lo ha intentado antes, ya sabes, y no funcionó. No creo que tenga la
disciplina».
Y a eso se refería Jayne cuando dijo que hay que tener cuidado con
respecto a quién le contamos nuestras metas. No sé por qué esa mujer hizo un
comentario tan negativo sobre su «amiga». Tal vez por celos, resentimiento,
competencia o algo más, pero era claro que esa mujer no estaba 100% del
lado de mi amiga. Y cuando estás luchando por conseguir tu meta, lo último
que necesitas es que interfieran los pensamientos y comentarios negativos de
otras personas. Dios sabe que ya nuestra propia mente conjura suficientes
pensamientos saboteadores. ¿Quién necesita que los amigos se sumen a ese
ruido?
A veces tu éxito, o incluso tan sólo una nueva meta que podría
incrementar tu éxito, amenazan a alguien o señalan sus carencias. Alguien
que no está avanzando en la vida puede sentir resentimiento de quienes sí
avanzan o quieren hacerlo. Así que su manera de sentirse mejor es
desencantando a la persona que lo está buscando. A las personas no les gusta
que les recuerden sus limitaciones.
Mi amiga Margaret, que ha estado en televisión gran parte de su carrera,
hizo una buena observación: «La razón por la que las telenovelas tienen tanto
éxito es que a las personas les gusta ver gente con vidas más arruinadas que
las suyas. Luego pueden decirse: “Ves, mi vida no es tan mala”. Ver que
alguien está en una peor situación que la suya justifica su vida nada exitosa y
otra vez pueden sentirse bien consigo mismas».
Puedes sentir cuando alguien está contento genuinamente por tu éxito
versus alguien que dice la palabra «felicidades», pero no lo hace de corazón.
Admito que soy muy competitiva; me encanta ganar y a veces tengo
atisbos de celos. Lo sé porque el éxito de alguien más me recuerda lo que
necesito hacer en mi vida y no he logrado. Pienso que es la naturaleza
humana. Ahora, cuando siento esos atisbos, tomo una decisión consciente: en
lugar de sentir resentimiento, hago mi mayor esfuerzo para inspirarme y
conducirme hacia mi principal objetivo: ser mejor.
La verdad es que la inversión no era arriesgada. La inversionista
lo era. No tenía educación ni experiencia. Quería
tomar atajos. Buscaba la respuesta rápida y fácil en lugar de
invertir tiempo y esfuerzo para ser una inversionista exitosa.
La inversionista, no la inversión, era arriesgada.
Así que, el secreto es rodearte de personas que sinceramente te apoyen y
animen para alcanzar tus metas. Hace años tomé la decisión de hacer
negocios y sólo mantener amistad con personas con quienes realmente
disfrutara estar. La vida es demasiado corta.
Por ello, cuando te aventures en el terreno de la inversión, ten cuidado
respecto de quiénes tienes a tu alrededor. Comparte tus metas con personas
que tengan una mentalidad similar y que idealmente tengan tus mismas
metas, que te animarán y no te desencantarán. Busca a quienes quieran
aprender y crecer y te apoyen para alcanzar tus sueños más locos. Puede que
te encuentres nuevos amigos.
Número dos: busca mentores. Son personas que hacen lo que tú quieres
hacer y son exitosos en sus campos. Tal vez tengas mentores para diferentes
áreas de tu vida: mentores de inversión, de negocios, de ejercicio, de vida
personal. Mi buen amigo y socio, Ken, es uno de mis mentores. Dueño de
una de las compañías de administración de propiedades más grande del
suroeste del país e inversionista. Ve todos los lados de una propiedad. Lo que
me encanta de trabajar con él es que nos reunimos para discutir el trato
potencial de una propiedad. Invertimos algo de tiempo en analizar pros y
contras. Después de cada reunión, salgo con el ánimo por las nubes porque
aprendo mucho más de lo que sabía al llegar.
La pregunta que muchos hacen es: «¿Cómo encuentras un mentor?». No
tengo la fórmula mágica. La mayoría de los mentores de mi vida parece que
los conocí por azar. Hay un refrán que dice: «Cuando el estudiante está listo,
el maestro aparecerá». Me parece cierto. Cuando estás comprometida y lista
para aprender, el asesor clave puede estar justo a la vuelta de la esquina.
Número tres: busca un grupo de mujeres inversionistas. Como dije antes,
las mujeres aprenden muy bien de otras mujeres. Por eso las animo a formar
grupos de estudio estables en materia de inversiones. Para repetir lo que ya
dije, apoyo los grupos enfocados en la educación versus los que juntan su
dinero para comprar inversiones conjuntas. Debes elegir con prudencia a tus
socios.
Si formas un grupo, fija estándares altos. Invita mujeres al grupo que
piensen en serio en su futuro financiero y estén dispuestas a aprender y entrar
en acción. Invita al grupo a mujeres con una mentalidad similar y abierta,
dispuestas a explorar nuevas ideas y oportunidades.
Lleva las reuniones de manera profesional. Administrar tu dinero es una
profesión. Comienza a tiempo. Termina a tiempo. Tengan una orden del día
para cada reunión. He visto a una buena cantidad de grupos de mujeres y los
más exitosos y efectivos son los que desde el principio exigen estándares
altos a sus miembros.
Los clubes de inversión también son una buena plataforma para invitar a
expertos como ponentes para mejorar tu conocimiento. Hay muchas personas
inteligentes en el mundo de las inversiones y he descubierto que las más
exitosas y brillantes, por lo general desean compartir lo que saben. Quizá no
tengan tiempo de ser el mentor de cada una, pero con frecuencia están
dispuestas a hablar frente al grupo interesado durante una hora.
El punto principal es: rodéate de personas (y esto se aplica a todas las
áreas de tu vida) que te animen, sean honestas contigo y te alienten a seguir
adelante durante los altibajos para alcanzar tus metas, en especial las
financieras.
Clave número 7
En cuanto a invertir, la mayoría de las personas quieren el «súperconsejo del
momento». «Dime qué hacer». «Sólo dame la respuesta». «Tengo 5000
dólares, ¿dónde debería invertirlos?».
Quieren el camino rápido. Para ser una inversionista exitosa, recuerda
que:
Ir tras tu independencia financiera es un proceso. No sucederá de la noche
a la mañana. No hay un esquema de «hazte rico rápido» que dure. Es como
aprender un nuevo idioma; no lo hablas con fluidez en un día. Primero
aprendes algunas palabras y frases y sigues expandiendo tu vocabulario.
Practicas, practicas, practicas y aprendes cómo mantener una conversación
decente. Al final, si sigues en ello, hablarás con propiedad el idioma.
Cada error que cometes simplemente te hace más inteligente. Vi un video
de R. Buckminster Fuller en el que construía un domo geodésico, uno de sus
inventos más conocidos. Un grupo de estudiantes universitarios erigían el
domo que él trató de construir muchas veces, pero que nunca se sostenía;
siempre se colapsaba. Esta vez, los estudiantes estaban seguros de contar con
las especificaciones correctas y de que el domo se mantendría en pie.
Mientras estaban cerca de terminar y Fuller observaba desde arriba, el domo
se colapsó una vez más. Fuller, por otro lado, estaba en éxtasis. Saltaba de
emoción. Dijo algo como: «¡Puedo ver qué hicimos mal!». No estaba molesto
porque el domo no se había sostenido. Sabía que estaba en mitad de un
proceso y cada paso lo hacía más listo y lo acercaba más a su meta.
El proceso para mí nunca termina. Estoy aprendiendo todos los días. Sé
que los errores son parte del aprendizaje. ¿Me gusta cometer errores? No, en
ese momento uno se siente miserable, pero sé que debo cometerlos para
aprender y al final conseguir lo que deseo. De optar por el edificio de oficinas
multimillonario como mi primera inversión en 1989 y que hubiera
funcionado, probablemente dos cosas habrían sucedido. Primero, hubiera
pensado que era inteligente y sabía algo sobre inversiones cuando sólo había
tenido suerte. Segundo, quizá lo haría otra vez, porque pensaría que soy lista
y tal vez terminaría como la gran perdedora, porque no tendría idea de lo que
ocasionó mi éxito en primer lugar y, por tanto, no tendría forma de
duplicarlo. Al pasar por el proceso y aprender en cada paso del camino, serás
capaz de duplicar el éxito una y otra vez. Elizabeth Taylor entendió el
proceso. Dijo: «No es el tener. Es el conseguirlo».
Clave número 8
Para seguir creciendo a nivel personal y hacer crecer tus inversiones no hay
sustituto para:
Ésa es verdaderamente la clave para el éxito. Nada permanece estático.
Los mercados siempre cambian, al igual que las reglas. Para ser una
inversionista ganadora debes cambiar conforme lo hace el mercado. Y eso
significa que siempre debes aprender. Hay tres posiciones que puedes elegir:
mantenerte al ritmo de los cambios, mantenerte adelantada respecto a los
cambios o dejar que los cambios te rebasen.
Karen, una inversionista en bienes raíces muy exitosa, le contó a una
amiga mía que iba a asistir a una clase con duración de dos días ofrecida por
una compañía privada. Karen le preguntó si quería ir con ella. «¿Por qué estás
tomando una clase sobre bienes raíces? Es lo que tú haces todos los días.
¿Qué te pueden enseñar?», preguntó mi amiga. Karen respondió: «Tal vez
por eso me va mejor que al inversionista promedio en bienes raíces. Siempre
estoy buscando, hay tanta nueva información. Nunca dejo de aprender».
Mi amiga no fue con Karen, aunque también es inversionista en bienes
raíces. El problema es que no ha comprado ni vendido una propiedad en más
de tres años porque su vieja fórmula ya no funciona y no está dispuesta a
buscar nuevas respuestas. Decidió dejar de aprender.
Y luego está mi amigo Frank, de ochenta y tantos años. Pienso que vivirá
para siempre porque nunca deja de aprender. Todas las semanas recibo
artículos de Frank relacionados con la economía mundial y las inversiones.
Una semana está en China revisando la mina de oro que hizo pública en la
bolsa. A la semana siguiente, en Vancouver, Canadá, tomando una clase de
arte. Frank nos invitó a Robert y a mí a la inauguración privada en Scottsdale,
Arizona, de un nuevo concepto en condominios. A menudo asiste a nuestros
seminarios de Padre Rico. Entiende y usa la tecnología de computación más
reciente para que sus negocios funcionen de manera más eficiente. Nunca
deja de aprender. Y tengo suerte de seguir aprendiendo de él.
Continuar aprendiendo requiere esfuerzo. No aprenderás cómo correr
medio maratón investigando en internet. Debes salir y poner los pies en el
pavimento. Quizá signifique buscar un entrenador, comenzar con distancias
cortas y poco a poco ir aumentando hasta correr los veinte kilómetros sin
colapsarte de agotamiento. No sólo se necesita vigor físico, también mental.
Debes ejercitar tu mente. Así que, por tu salud y por tu éxito financiero, sigue
aprendiendo.
Clave número 9
«Ahora, debo insistir en que nunca olviden la clave número nueve. Puede ser
la más importante de todas. Prométanse a ustedes mismas recordar por
siempre esta regla personal esencial. ¿Prometido?», pregunté.
«¡Prometido!», respondieron.
La clave número nueve es la siguiente:
Recomiendo que celebres cada éxito en el camino. Reconócete cuando
tengas éxitos. Tus éxitos pueden ser: ganar a nivel financiero, superar un
obstáculo, dejar de lado tu miedo y darte cuenta de que no te has preocupado
por dinero en meses, o sentirte completamente segura y en control de tu vida.
Habrá muchos éxitos en el camino. Son divertidos y vale la pena celebrarlos.
Algo más que es divertido es buscar la siguiente inversión, seguir el
progreso de cada una de ellas, calcular cómo incrementar el flujo de dinero de
tus inversiones, aprender algo nuevo que haga mejor la siguiente y, en
especial, ver cómo entra el dinero. Todo es divertido.
En síntesis
«Ésas son mis nueve claves principales para convertirse en una inversionista
victoriosa», terminé. «¿Alguna pregunta?».
«Cientos. Estoy segura», dijo Leslie. «Divertirme va conmigo».
«Recuerden que lo prometieron», bromeé.
«El panorama se me sigue aclarando», dijo Tracey. «Realmente ahora
entiendo que esto es un proceso. Y mientras esté invirtiendo, el proceso
nunca terminará, siempre hay más que aprender».
«Por cierto», dijo Pat, fiel a las formas. «Tomé nota de las nueve claves.
¡Estaré encantada de hacer copias para ustedes!».
Capítulo 22
«¡Muéstrenme el plan!»
Las mujeres son como bolsas de té; ponlas en agua
caliente y se hacen más fuertes.
Eleanor Roosevelt.
Las cuatro pasamos el resto del día compartiendo ideas, definiendo más
claramente lo que cada una quería y luego analizando de manera realista lo
que se necesitaría para llegar ahí.
Al final de los dos días, el nivel de energía en la habitación era alto. Era
como si acabáramos de someternos a un entrenamiento físico agotador, pero
nos sentíamos muy bien. Habíamos logrado lo que nos propusimos.
Cada una tenía su plan de acción y como dijo Leslie: «No puedo esperar a
regresar a casa y ponerlo en marcha».
Tracey, Pat y Leslie habían descubierto que su deseo era obtener su
independencia financiera. Sus planes específicos sobre cómo alcanzarla eran
diferentes. Para completar nuestra sesión de dos días, cada una resumió su
plan para el grupo.
El plan de Leslie
Leslie fue la primera. «Sabía antes de llegar que mi plan final era crear flujo
de dinero de modo que no necesitara un empleo para mantenerme. Como les
dije, odio preocuparme por dinero y, más aún, odio que me digan cuándo ir a
trabajar y cuándo tomar tiempo libre. Lo que voy a hacer es seguir en mi
trabajo, puesto que por el momento es mi única fuente de ingreso, pero
tomaré 20%, para empezar, de todo lo que gane y lo voy a ahorrar en una
cuenta para invertir. Eso me será difícil, pero quiero aumentar esa cuenta
rápidamente».
Leslie continuó: «Me siento atraída por los bienes raíces. Puedo verme
como dueña de propiedades para alquilar, hacer redes con gente involucrada
en la inversión de bienes raíces y crear ambientes agradables para la gente.
Ya sé de algunos vecindarios cerca de donde vivo que podrían ser perfectos
para obtener rentas. En cuanto llegue a casa, empezaré a investigar sobre esas
áreas y, como dijiste, me convertiré en experta en sólo unas cuantas áreas.
Incluso he conseguido a dos personas, a quienes conozco bastante bien, que
de hecho tienen un sincero interés en ser mis socias. Tendré cuidado al
respecto. Ambas se han hecho solas, así que aprenderé algo al hablar con
ellas. Sé que tengo un trabajo hecho a mi medida, pero estoy lista».
El plan de Tracey
Tracey tomó un acercamiento un poco diferente: «La venta de la compañía
para la que trabajo realmente me abrió los ojos. Nunca me había dado cuenta
del poco control que tengo sobre mi propia vida ni de lo mucho que dependo
de mi empleo. Me encanta el mundo de los negocios y me gustaría trabajar
para mí. El momento es perfecto. Incluso si mi compañía me conserva, nunca
saldré adelante, a pesar de haber entregado mi vida a la compañía y a mi
empleo. Estoy en mi oficina a las 6:30 a. m. y rara vez llego a casa antes de
las 8:00 p. m. Y cuando no estoy en el trabajo, pienso en él. Así que necesito
un cambio drástico. Aquí está mi plan», explicó.
«Me voy a sentar con mi marido y vamos a revisar a fondo nuestras
necesidades financieras actuales. Luego quiero hacer dos cosas. Primero,
trabajar para mí. ¡Podría tomar tres proyectos mañana si lo deseo! Varias
personas fuera de mi compañía me han pedido que trabaje con ellas en
manejo de proyectos, así que ahora es buen momento. Hay tres proyectos.
Eso no consumirá todo mi tiempo, aunque no me engaño pensando que será
pan comido. Probablemente ganaré lo mismo, quizá más, de lo que gano
ahora. Segundo, me daré tiempo para construir nuestras inversiones. Estoy
con Leslie; sólo quiero adquirir activos que den flujo de dinero. No estoy
segura de qué inversiones específicas quiero tener. Me inclino hacia bienes
raíces y algún negocio que no opere personalmente. Nos veo a mi marido y a
mí haciéndolo juntos. Sé que se emocionará cuando le presente todo esto. Así
que el segundo paso es determinar qué inversiones de flujo de dinero
queremos conseguir. Prometo que les tendré la respuesta en una semana. No
quiero perder ningún impulso de estos dos días. ¿Saben?, lo que más me
emociona es que por primera vez, desde que me acuerdo, siento que estoy
recuperando el control de mi vida».
El plan de Pat
«Parece que tengo interés nato en las acciones de compra y venta», dijo Pat.
«Tal vez debido a mi gusto por investigar, me siento muy cómoda en internet
y el mundo del comercio de acciones me fascina. Debo confesar que mucha
de mi investigación en los últimos meses concierne al comercio de acciones».
«Así que éste es mi plan», dijo. «Voy a aprender cómo comerciar
acciones. Y, por lo que entiendo, no es tema fácil, así que quiero aprender lo
mejor. Ubicaré programas e instructores en el tema. Comenzaré a escala muy
pequeña y sólo invertiré un poco de dinero. ¡Me siento tan llena de energía de
sólo pensarlo!».
Continuó: «Nunca dejé de escribir del todo. Tengo ahorros provenientes
de varios trabajos que me han surgido en estos años. Usaré algo de ese dinero
para financiar mi educación. Me doy cuenta de que el dinero que gane de
comerciar se considera ganancia de capitales y las inversiones de flujo de
dinero es a donde quiero llegar finalmente. En consecuencia, cualquier dinero
que gane de comerciar acciones irá a mi cuenta de inversión de flujo de
dinero. Ese dinero al final será para comprar inversiones que den flujo de
dinero.
He aprendido a confiar en mí. Y cuantos más tratos hago,
más precisa se vuelve mi intuición.
Los mayores errores que he cometido, no sólo en inversiones,
sino en la vida, son las veces que no he confiado en mí, cuando
he permitido que la gente me persuada de hacer cosas con
las que no estoy de acuerdo pero que hago de todos modos.
»Así que ganaré dinero comerciando acciones. El dinero que gane me servirá
para comprar inversiones de flujo de dinero. Este plan me funciona porque
me permite ganar dinero propio mediante la inversión sin depender de mi
marido. Si decide unirse a mí, excelente, podremos cumplir el plan más
rápido. Pero si no, yo sigo en camino hacia la libertad financiera».
«Dos cosas más», agregó Pat. «Hice llamadas telefónicas a dos mujeres
que viven en mi ciudad y desean iniciar un grupo de estudio en materia de
inversiones. Veré qué tanta seriedad tienen al respecto cuando me reúna con
ellas. Pienso que un apoyo constante sería muy útil. Y luego tuve una idea
realmente divertida, un poco descabellada. Las regalías de los libros son
buena fuente de ingreso pasivo. Algo que yo, como escritora, siempre he
querido: escribir una novela. De hecho tengo el inicio de un libro que ha
esperado en mi computadora por años. Ahora, sé que es difícil, pero nunca he
considerado un libro como fuente de flujo de dinero o de ingreso pasivo.
Como escritora, sólo soñaba con que se publicara. Pero ahora veo que es
posible incluir en mi plan financiero mi amor por escribir. También planeo
escribir más artículos y venderlos a periódicos y revistas como una fuente de
ingreso para mis inversiones. Lo principal para mí, como mencionó Tracey,
es mantener el impulso obtenido en los últimos dos días. Estoy muy
emocionada».
Hacer versus tener
Leslie agregó a eso: «Es un buen punto», dijo. «Hay mucho por hacer y no
quiero perder concentración cuando me vaya. Sé que por eso es importante
tener gente a mi alrededor que esté en el mismo camino. Pero ¿cómo evito
que todo lo que hay “por hacer” no resulte tan abrumador?».
«Una buena pregunta», respondí. «Si te concentras en todo lo que debes
hacer, quizá disminuya tu entusiasmo porque puede abrumarte. Hace años yo
hice la misma pregunta y alguien a quien admiro mucho lo explicó de la
siguiente forma:
»Ser es lo que eres, lo que te hace ser tú. Hacer es actuar, lo que haces.
Tener son tus posesiones, con lo que cuentas. De modo que quien eres y lo
que haces determina lo que tienes. Por ejemplo, si deseas tener un bebé,
debes ser una futura madre y embarazarte, ir al médico para que te revise,
cuidar tu salud, hacer preparativos para el bebé y finalmente dar a luz. La
clave es que tu enfoque desde el principio no está en las cosas que debes
hacer, sino en lo que quieres tener: “Quiero tener un bebé”».
Continué. «Deben concentrarse en lo que desean tener, porque es un
factor de motivación mucho más fuerte que lo que deben hacer. Pat, si
quieres que la revista Time te publique un artículo, ¿quién debes ser?»,
pregunté.
«Debo ser una escritora de primera», respondió.
«¿Y qué debes hacer?», pregunté.
«Encontrar qué tipo de artículos quiere la revista Time. Yo,
personalmente, quizá deba tomar algunos cursos de escritura para pulir mis
habilidades, investigar para el artículo y luego escribirlo. Debo descubrir a
quién entregárselo, enviarlo y dar seguimiento. Si mi artículo es rechazado,
tal vez deba repetir el proceso hasta lograr que se publique. Es difícil saber
todos los pasos del camino. De hecho, si supiera cuáles son, quizá nunca
empezaría», respondió.
«Ése es el punto», dije. «Concéntrate en lo que quieres tener y lo que
debes hacer se dará. En ese punto, quiénes son y qué han hecho las han
llevado adonde están hoy. Si quieren cambiar lo que tienen, entonces tienen
que cambiar lo que son y lo que hacen. Si no lo hacen, entonces se quedan
con lo que tienen y, por lo que he oído de todas ustedes, quieren cambiar y
mejorar lo que tienen. ¿Cierto?».
Todas asintieron con la cabeza.
«¿Cómo cambias lo que eres?», preguntó Tracey.
Dije: «Tomen el ejemplo de Pat. Si vende su artículo, se convertirá en una
escritora de primera. Y, no es por ofender a Pat, pero hoy en día no es la gran
escritora porque está fuera de práctica. Así que debe cambiar lo que es. Como
ella dijo, quizá deba tomar clases de redacción para mejorar, actualizarse
respecto a las publicaciones para las que está escribiendo artículos,
posiblemente conocer a los editores clave y establecer relaciones con ellos,
aceptar que sus artículos sean rechazados y volver a escribir y enviar. Al
hacer todo eso, estará a cargo de quien es. Pasará de ser una escritora
mediocre a una gran escritora. ¿Eso tiene sentido?».
«Sí», respondió Tracey. «Entonces, para que yo alcance mis metas, debo
ser la exitosa dueña de un negocio, cosa que no soy hoy, así como una
excelente inversionista, cosa que tampoco soy. Así que mi meta o lo que
quiero tener determina en quién me convierto y lo que hago».
«Exactamente. Y la mayoría de las personas primero ven todo lo que
tienen que hacer, lo cual parece demasiado trabajo y nunca obtienen lo que
quieren tener», añadí.
Pat pensó en voz alta: «Es como cuando alguien dice: “De haber sabido
todo lo que necesitaría, ¡nunca habría empezado!”».
«Es muy cierto», dijo Leslie. «Simplemente me concentraré en lo que
quiero tener, que es mi primera propiedad de alquiler, y en quién me
convierta en el proceso y lo que tenga que hacer para alcanzar esa meta
tomarán forma».
Confía en ti
«Sé que se está haciendo tarde, pero tengo una última pregunta», dijo Tracey.
«En el trabajo, cuando debo tomar una decisión difícil, una vez que tengo los
datos, el factor determinante a menudo depende de mí y de mi intuición.
¿Esto desempeña un papel en las inversiones? Porque yo pensaría que la
“intuición femenina” podría ser un bono».
«Sólo puedo contarles mi experiencia al respecto», respondí. «Un día
antes de que fuera a cerrar el trato por mi primera propiedad para alquilar,
seguía dudando. “Sí, debería comprarla”. “No, no debería comprarla”. Me
estaba volviendo loca. Al final me dije lo siguiente: “Reuniste la mayor
cantidad posible de información. Ahora confía en ti”. Me pregunté: “¿Es vas
o no vas?”. La respuesta fue: “Vas”. Al día siguiente compré la propiedad y
resultó una magnífica inversión.
»Ahora bien, si hubiera comenzado con la pregunta “¿vas o no vas?” sin
haber realizado mi investigación, sin tener los datos y tomado mi decisión
sólo con base en la intuición, entonces habría procedido tontamente. También
he descubierto que cuantos más tratos hago, más aguda se vuelve mi
intuición. A veces hago preguntas y cuestiono “¿Por qué hice esa pregunta?”
y resulta ser el punto clave del trato completo.
»A comienzos de mi vida como inversionista, compré acciones de Coca
Cola mediante un corredor de fondos de inversión que conocí. Las compré y
no les presté mucha atención hasta que un día revisé el precio y noté que
había obtenido una buena ganancia. Llamé al corredor y le dije: «Quiero
vender mis acciones de Coca Cola.’
»Él respondió rápidamente: “No, no vendas en este momento. Estoy
seguro de que van a seguir subiendo. Mira, soy un profesional, sé de qué
estoy hablando”. Le dije: “Sí, pueden subir, pero estoy satisfecha con la
ganancia y quiero vender”.
»Él continuó hablando sobre cuánto dinero ganaría yo y sobre lo molesta
que estaría si vendía en ese momento. Al final me convenció de no vender.
Una semana después, la acción comenzó a caer. Al final vendí mis acciones
con pérdida. Ése fue un caso en que no confié en mí y en mi intuición.
»Debo decir que los mayores errores que he cometido, no sólo en
inversiones, sino en la vida, son las veces que no he confiado en mí, cuando
he permitido que la gente me persuada de hacer cosas con las que no estoy de
acuerdo, pero que hago de todos modos. Las veces en que no soy fiel a mí
misma, cuando voy en contra de lo que es congruente con mis pensamientos
y creencias, son las que me han ocasionado más problemas.
»Estoy de acuerdo contigo, Tracey. Pienso que la intuición desempeña un
papel clave en el mundo de las inversiones. Yo la escucho constantemente.
Sólo que no es lo único que considero para decidir. No me dejo llevar por la
intuición. Pero siempre estoy verificando lo que siento en el estómago, hago
mi tarea, reúno mis datos. Y verifico conmigo misma. Si todo está alineado,
avanzo».
«Mi intuición me dice que a todas nos va a ir muy bien con esto», rió
Leslie.
«Tomemos un breve descanso y luego tengo una última historia antes de
hacer una síntesis», anuncié.
Capítulo 23
¡A todo motor!
Un barco en un puerto está seguro,
pero los barcos no se construyen para eso.
Grace Hopper.
«Quiero compartir una última historia con ustedes y luego será momento de
celebrar», declaré.
Un regalo especial
En la Navidad de 2004, Robert me dio un regalo. Estaba especialmente
emocionado respecto a ese regalo. Su mirada estaba fija en él. Yo no podía
desenvolverlo lo suficientemente rápido. Rasgué el papel de la pequeña caja,
lo abrí y… ¡voilà! Ahí estaba: curso de manejo Grand Prix de cuatro días en
la escuela de manejo de alto desempeño Bondurant, en Phoenix, Arizona.
Lo miré un poco confundida. Ese artículo no estaba en ninguna parte de
mi lista de Navidad.
«¡Compré uno para ti y uno para mí!», exclamó.
«Oh, ahora tiene sentido», pensé. «Se compró un regalo y lo envolvió
para que yo lo abriera».
«¿Por qué una escuela de carreras?», pregunté.
«Pensé que sería divertido», dijo. «Y nos gusta aprender juntos, ¡así que
ambos podemos hacer el curso!».
Una escuela de carreras automovilísticas nunca estuvo en los primeros
lugares de las cosas que deseo hacer antes de morir. Pero nos inscribimos y
fijamos la fecha.
El primer día en la escuela de carreras
Estábamos en la carretera conduciendo desde nuestra casa hacia la escuela
Bondurant, que se encuentra en el desierto, para nuestro primer día de clases.
No sabía qué esperar. Debo admitir que ambos estábamos un poco nerviosos.
Nunca había estado en una pista de carreras en mi vida. Cuando llegamos nos
registramos y tomamos asiento en el salón de clases… hasta ese momento,
todo iba bien. Los instructores entraron, nos dieron la bienvenida e hicieron
algunas observaciones. Un instructor recomendó que contratáramos un
seguro porque, según dijo: «Si dañan el auto, lo tienen que pagar».
«¿Dañar el auto?», pensé. «¿Puedo chocar mi auto? Esto es genial». Ya
no estaba nerviosa. Los nervios se habían convertido en terror.
A cada estudiante del curso se le pidió que se pusiera de pie y dijera por
qué estaba ahí. Éramos doce. Mientras se presentaban, Robert y yo nos
miramos con expresiones de «pienso que hemos cometido un gran error».
Resulta que las otras diez personas del grupo eran corredores profesionales o
aficionados. Estaban ahí para pulir sus habilidades. Robert y yo éramos los
únicos de Arizona. El resto era de Europa, América del Sur, Japón y de todo
Estados Unidos. Cuando llegó mi turno, me puse de pie y anuncié con voz
temblorosa: «Estoy aquí para divertirme». Y tomé asiento. Sentí que era tan
inadecuado que quería salir corriendo de ahí. Y, para colmo, era la única
mujer en la clase.
Los instructores siguieron hablando y explicaron qué íbamos a hacer la
primera hora: «Se les asignará su propio Corvette. Vamos a llevarlos a varias
pistas de obstáculos y de velocidad. En su última prueba conducirán su auto a
máxima velocidad por la pista y, cuando les demos la señal, su tarea
consistirá en pisar el freno a fondo y hacer alto total en segundos».
Sí, el terror estaba vivo y latente en mí.
Cada uno elegimos y vestimos nuestros trajes rojos de carreras de una
sola pieza y nuestro casco. Con cada paso hacia mi auto, mi corazón latía más
fuerte. Seguía pensando para mis adentros: «¿En qué demonios me metí?».
Con cautela me coloqué tras el volante de mi Corvette #04. Moví la
posición del asiento, ajusté los espejos, descubrí cómo acomodarme el
cinturón y luego di un largo suspiro. Giré la llave y encendí el motor.
Mi instructor, Les, inclinó la cabeza en mi ventana y dijo: «Todo el
mundo seguirá al auto guía, un automóvil tras otro, para llegar a la pista de
carreras. ¡Diviértete!». «¿Por qué dije que estaba aquí para divertirme?», me
pregunté. Eso fue un error. Puse el pie en el acelerador y me di cuenta de que
ya no había vuelta atrás.
Debo alabar a la escuela de carreras Bondurant por su habilidad para
enseñar. Ahí estaba yo, alguien con nula experiencia en carreras de autos y, a
través de su instrucción, completé ejercicio tras ejercicio, respirando con
fuerza durante el proceso. A veces mi instructor se sentaba en el asiento del
conductor o del pasajero de mi auto para demostrar mejor lo que quería que
hiciera. Así que siempre sentí que tenía una red de seguridad si la necesitaba.
Es un programa que recomiendo ampliamente. La escuela Bondurant en
definitiva me llevó más allá de donde pensé que podría llegar. Debes estar
preparada para esto: únicamente hubo dos emociones que experimenté
durante los cuatro días completos: terror puro o franco regocijo. No hubo
término medio.
El segundo día de carreras
Todos los días yo experimentaba un nuevo nivel de miedo. El segundo día
nos informaron sobre la agenda. Pienso que la información fue más
aterradora que manejar en sí. Escuchar lo que íbamos a hacer me sonaba
impensable sentada en el salón de clases. El segundo día estaríamos en la
pista de carreras real y compitiendo entre nosotros. Miré a Robert a través del
salón y en silencio dije: «Ésta fue tu loca idea. ¿Qué estamos haciendo aquí?
Sólo recuerda, ¡todo esto es por tu culpa!».
«¿Vas a correr a todo motor?», me preguntó el
instructor de manejo.
«Kim», dijo, «no llegaste tan lejos para
quedarte corta ahora».
«Ir a todo motor» se convirtió en mi nueva
metáfora para la vida.
Hice todo. Mi mayor victoria ese día fue cuando estábamos practicando la
salida de la carrera. Nos ordenaron colocar nuestros autos juntos en la pista.
Manejamos, como un rebaño, a velocidad lenta para simular el inicio de una
carrera Grand Prix.
Así que ahí estábamos, con los autos agrupados, manejando lentamente
alrededor de la pista, nadie podía rebasar a otro hasta que la bandera ondeara.
Yo miraba hacia la torre donde el instructor estaba parado con la bandera,
esperando la señal. De repente, el instructor ondeó su bandera y ¡partimos!
Todos los conductores se disputaban los lugares, cada uno quería tomar la
delantera. Lo hicimos varias veces. Las primeras dos vueltas me quedé
rezagada y dejé que los demás conductores me rebasaran. El miedo se
apoderó de mí. En la tercera salida sabía que necesitaba ser más agresiva.
Alineamos nuestros autos. Esta vez me encontraba más al frente del grupo.
Manejamos a media marcha alrededor de la pista esperando la señal de la
bandera. Yo observaba con insistencia y ahí estaba… el instructor ondeó la
bandera y partimos. Yo me alejé del grupo que estaba a mi alrededor y sólo
había un tipo frente a mí que había tenido un retraso respecto a la señal de la
bandera. Lo rebasé… ¡y tomé la delantera! «Nada mal para una mujer», me
dije con sarcasmo. Más tarde descubrí que el tipo que rebasé estaba tan
molesto por haber sido vencido, en especial por una mujer, que hizo que mi
victoria fuera aún más placentera.
El tercer día de carreras
Fue tan aterrador y emocionante como los dos anteriores. Justo cuando me
relajé y sentí un momento de calma, los instructores volvían a elevar las
exigencias. La cuesta se elevaba con cada ejercicio que nos ponían.
Al final del tercer día, regresamos al salón de clases para el informe del
«final del día». Entonces fue cuando anunciaron la agenda para el cuarto día.
Mi instructor comenzó: «Los últimos tres días han estado aprendiendo las
bases. Les han enseñado cómo manejar su auto en rectas, giros, vueltas,
etcétera. Mañana unirán todo. Mañana entregan sus Corvettes. Les asignarán
un auto de carreras Fórmula 1 y estarán corriendo a toda velocidad uno contra
otro en la pista de carreras. Y como un auto Fórmula 1 sólo tiene lugar para
una persona, su instructor sólo puede orientarlos cuando se orillen al pit. No
puede estar con ustedes en el auto. Están por su cuenta».
Para quienes no estén familiarizadas con las carreras —yo no lo estaba—
un auto Fórmula 1 es realmente un auto de carreras. La cabina, donde te
sientas, es tan pequeña que literalmente debes deslizarte en el asiento con las
piernas estiradas frente a ti y los pies en los pedales.
Mi adrenalina estaba subiendo. Escuchar hablar a mi instructor me llevó a
un nivel de miedo completamente nuevo. Robert y yo no nos dijimos mucho
esa tarde mientras regresábamos. Mi mente vagaba, pensando en lo que
llevaría a cabo al día siguiente: repetía una y otra vez imágenes de esos
choques de autos de carreras que se encienden en ESPN. ¿Cómo iba a poder
dormir?
El cuarto día de carreras
Era el momento de la verdad. Al entrar al salón, estaba más silencioso que de
costumbre. Los únicos que conversaban eran los conductores más
experimentados. El resto fingía en silencio que no estaba muerto de miedo.
Entré al vestidor de mujeres para ponerme el traje. Como yo era la única
en el curso, siempre tenía el vestidor para mí sola. Eso me dio aún más
tiempo para acumular en silencio el terror dentro de mí. «No puedo creer que
haya pagado para hacer esto», pensé. «Esto es lo más loco que he hecho en
mi vida. Debí haberlo sabido el primer día cuando me vendieron un seguro.
Siempre puedo fingir que me siento mal. ¿A qué te refieres con fingir? ¡Me
siento mal!». Todos esos pensamientos corrían en mi mente.
Salí y Robert me estaba esperando. De la mano caminamos en silencio y
de manera lúgubre por el estacionamiento hacia donde se encontraban los
autos Fórmula 1. Se sentía de nuevo como el primer día. Los instructores
tomaron tiempo para asegurarse de que todo el mundo estaba acomodado
dentro de su auto. Me llevaron al que iba a conducir. Mi instructor, Les, me
sonrió e hizo algunas bromas para distraer el miedo. La cabina era tan
limitada que deslizarse al asiento del conductor era como ponerse unos
pantalones de mezclilla dos tallas menor que la tuya.
¡Enciendan sus motores!
Una vez en el auto con los cinturones de seguridad y los espejos ajustados,
practiqué mi cambio de velocidades, que era bastante diferente al de los
Corvettes que había manejado. Las grandes puertas del garage se abrieron y
las siguientes palabras que escuché fueron: «Bien, todos, enciendan sus
motores». Tomé un profundo suspiro y después de mi tercer intento mi motor
encendió. Luego, al mismo tiempo, en una sola fila, seguimos al auto guía
fuera del garage hacia la pista de carreras. Con el casco puesto, podía
escuchar cada una de mis respiraciones. Estaba completamente concentrada
en llevar mi auto a la pista, nada más. En el pit, Les me dio algunas
instrucciones finales y dijo: «Cuando estés lista, ve a la pista y da algunas
vueltas lentas para sentir el auto».
Reuní todo el valor que tenía y muy lentamente salí del pit y entré a la
pista. Para ese momento, la mayoría de los conductores más avanzados ya
estaban en la pista y moviéndose a buena velocidad. Cuando llegué a la
primera curva, yo misma me estaba gritando instrucciones sobre qué hacer.
«¡Cambia la velocidad! ¡Cambia la velocidad! ¡Ápex! ¡Ápex! ¡Ápex! ¡Písale!
¡Vas! ¡Vas! ¡Vas!». Logré dar la primera vuelta. Mi adrenalina estaba en lo
más alto. Agarré velocidad. Con cada vuelta me sentía más segura. Luego los
instructores hicieron una señal a todos y practicamos algunos ejercicios con
ellos guiándonos en la pista.
Después de casi dos horas de ponernos cómodos en nuestros autos nos
consideraron listos para correr. «Cuando vean la bandera a cuadros, significa
que es tiempo de salir de la pista. Den una vuelta tranquila y vayan al pit».
Uno de los instructores nos recordó: «Dejen que pasen los autos más rápidos.
Si tienen problemas en la pista sólo levanten la mano y alguien los ayudará.
Los tres últimos días se resumen hoy. ¡Buena suerte!».
Con eso, todos nos pusimos nuestros cascos, nos metimos en los autos y
fuimos a la pista. Me estaba sintiendo bastante bien de haber llegado tan
lejos. Estaba aproximadamente en mi décima vuelta cuando me acerqué a la
curva justo antes de la recta. Cuando entré, no logré hacer el cambio de
velocidad y mi auto pasó la curva demasiado rápido. Mientras luchaba por
mantener el control del auto, comenzó a girar. Sin siquiera pensarlo, respondí
de manera automática e hice exactamente lo que me habían enseñado dos días
antes y después de cuatro o cinco giros completos mi auto se detuvo en mitad
de la pista, mirando hacia atrás. «¡Vaya! ¡Lo hice!», pensé. «Acabo de
dominar uno de mis principales miedos al correr: perder el control del auto.
Perdí el control y estoy bien». Estaba feliz conmigo. Mi seguridad crecía cada
segundo.
Una lección que cambia la vida
Giré el auto y di algunas vueltas más. Pero observé que aunque estaba
corriendo en la pista y dando vueltas, manteniendo el auto bajo control, me
sentía frustrada. Mientras conducía el Corvette, había conductores que me
rebasaban, pero también yo rebasaba a otros. Me mantenía al nivel de todos
los demás. En el auto Fórmula 1 todo el mundo me rebasaba. No podía saber
por qué. Luché con esta idea algunas vueltas más y luego, finalmente, llevé
mi auto al pit.
Les se me acercó. «Estás teniendo problemas en la pista, ¿verdad?»,
preguntó. «Sí. No lo entiendo», respondí. «No tenía problema para rebasar
autos en el Corvette, pero ahora todo el mundo me rebasa. Siento que voy
demasiado lento».
Y luego dijo las palabras que verdaderamente cambiaron mi vida: «Dime
algo, ¿estás yendo a todo motor?». «¿A todo motor? ¿Quieres decir con el
acelerador a fondo?», pregunté. «Sí. A eso me refiero», respondió. «¿Vas a
todo motor?».
Rápidamente dije: «No». Les señaló hacia la pista y dijo: «Ellos sí». «¿Y
por eso me están rebasando, porque ellos van a todo motor?», pregunté. «No
sé si puedo hacerlo».
Y luego Les me miró a los ojos, sonrió y dijo las palabras mágicas: «Kim,
no llegaste tan lejos para quedarte corta ahora». Y se alejó. «¡Maldición!»,
pensé. «Nunca termina. Incluso en las últimas horas del curso me siguen
empujando a ir más allá».
Me quedé sentada en el pit algunos minutos. Sabía que Les me estaba
observando. Lentamente manejé hacia la entrada de la pista, sin estar segura
de lo que iba a hacer. Esperé una entrada, aceleré y estuve de regreso en la
pista. Di una vuelta y seguía escuchando las palabras de Les. «No llegaste tan
lejos para quedarte corta ahora». Y en la segunda vuelta puse el pedal en el
metal, como dicen, y en segundos iba a todo motor. Antes de terminar la
vuelta, rebasé a mi primer auto y estaba gritando en éxtasis a todo pulmón.
Estaba de vuelta en la carrera.
Lo que me sorprendió fue que era más fácil dar vueltas a todo motor que
conteniéndome. ¡Era muy emocionante! Estaba tan concentrada en manejar,
en maniobrar cada una de las vueltas, que nunca vi la bandera a cuadros.
Cuando llegué a la recta, ahí estaban los tres instructores de pie en mitad de la
pista, ondeando banderas a cuadros. Yo era la única que quedaba en la
carrera. Todo el mundo había ido a los pits por un rato. Me reí mientras daba
mi vuelta de enfriamiento y llegaba al pit.
Detuve mi auto y estaba radiante al quitarme el casco. Les estaba justo
ahí. «¡Lo lograste! ¡Felicidades!», dijo. «¡Fue lo mejor! De hecho manejé
mejor al ir a todo motor. ¡Ésta es mi nueva metáfora para la vida!», exclamé.
«Hay algo que no te dije», mencionó. «No quería darte una justificación o
una excusa para no hacerlo».
«¿De qué estás hablando?», pregunté.
Les comenzó: «La mayoría de las mujeres que toman este curso, al
principio no van a todo motor en los autos Fórmula 1». «Justo como yo»,
dije. «Sí, salvo que hay una diferencia», continuó. «¿Cuál es la diferencia?»,
pregunté.
Les dijo: «Cuando llegan al pit y tengo con ellas la misma plática que
tuve contigo, 90% de ellas no van a todo motor. Se quedan cortas. No van
tras ello. No te lo dije porque no quería que te dijeras: “La mayoría de las
mujeres no van tras ello, así que yo tampoco debo hacerlo”. La clave es ésta:
si no vas a todo motor, entonces te pierdes de lo que se trata este deporte».
Pensé para mis adentros: «Y si no vas a todo motor, entonces te pierdes
de lo que se trata la vida».
Ese curso me cambió la vida.
Capítulo 24
Cena con las chicas: una celebración
Desde que nace hasta los 18 años, una chica necesita
buenos padres. Desde los 18 hasta los 35, necesita buena
apariencia. Desde los 35 hasta los 55, necesita una
buena personalidad. Y a partir de los 55,
necesita tener buen dinero.
Sophie Tucker.
«Creo que elevaste el estándar», comentó Tracey.
Yo sólo sonreí.
«Está bien. Digamos que se acabó el día… o los dos días», anuncié.
Todas estábamos listas para una agradable cena de placer.
Nos cambiamos, subimos a mi auto y recorrimos, no a todo motor, una
distancia corta para llegar a un maravilloso restaurante italiano conocido por
su pasta hecha en casa y sus frescos calamares. El valet estacionó el auto y el
anfitrión nos saludó mientras entrábamos: «Su mesa está lista. ¡Disfrútenlo!».
«¡Lo haremos!», le aseguró Leslie.
El mesero se acercó a nosotras y preguntó: «¿Puedo ofrecerles algo de
tomar?».
Pat, la organizadora, habló. «Supongo que un poco de champaña es lo
adecuado».
Nos pareció una buena idea al resto.
Pat hizo los honores y el mesero se fue para cumplir la orden.
«Éstos han sido dos días que han cambiado mi vida», reconoció Leslie.
«Mi mente sigue dando vueltas con todo lo que he aprendido de todas
ustedes. Gracias».
Todas tomamos turnos en la mesa y compartimos lo que habían
significado para cada una los últimos dos días juntas y lo que íbamos a
cambiar como resultado.
¡Brindemos por una vida maravillosa! Un brindis por la
salud, por la felicidad… ¡y por el flujo de dinero más
allá de nuestros sueños más locos!
Tracey terminó diciendo: «Mi vida nunca volverá a ser la misma. Sabía antes
de llegar que con todos los cambios en mi compañía, así como las
dificultades financieras para avanzar, si no modificaba lo que estaba haciendo
iba a obtener exactamente lo que ya tenía… o algo peor. Por primera vez en
años, siento que vuelvo a controlar mi vida».
En ese momento nuestro mesero apareció con la elección de Pat y cuatro
copas para champaña. Procedió a servirla.
«¡Tengo un brindis!», anunció Leslie.
Todas levantamos nuestras copas.
«Felicidades a todas. El apoyo y el ánimo de cada una me sorprende. Está
claro que deseamos que cada una logre sus metas financieras. Y siento que si
no logro mis metas, personalmente estaré decepcionando a cada una de
ustedes. Eso por sí solo me motiva para seguir adelante. Estoy tan agradecida
de ser parte de este grupo. ¡Por nosotras!».
«¡Por nosotras!», coreamos todas.
«¡Por nosotras… y nuestra independencia financiera!», agregó Tracey.
Volvimos a brindar.
Un cambio de mentalidad
Pat habló. «Esta mañana me desperté pensando en nuestro almuerzo juntas en
Honolulu hace veinte años. Todas teníamos una mentalidad hasta cierto punto
similar y perseguíamos nuestras metas profesionales. Es fascinante ver las
diferentes direcciones que hemos tomado desde entonces. Pero ahora estamos
aquí veinte años después, cada una en caminos de mentalidad similares,
aunque esta vez persiguiendo nuestras metas de inversión».
«Y ése es un gran cambio para mí», respondió Leslie. «Darme cuenta de
que yo, artista desde que pude sostener un lápiz de color, pasé dos días
completos de estudio y pláticas sobre dinero, inversiones y mi propio plan
para ser independiente a nivel financiero… Simplemente me asombra. Nunca
había soñado con emprender algo así. Siempre pensé que las finanzas y las
inversiones estaban por encima de mí, pero ahora me doy cuenta de que
puedo hacerlo… ¡y estoy emocionada al respecto!».
Tracey se unió. «Nunca reconocí que el miedo que sentía de que mi
marido perdiera su empleo o de que me despidieran era porque permití que
otros controlaran mi vida. Esperaba que mi jefe me dijera cómo serían mis
siguientes diez años. Me voy a casa sin miedo a eso… nunca más. Lo que me
da risa es que espero que me despidan porque estoy segura de que tendría
algún tipo de gratificación que emplearía para mi nuevo negocio. Ahora, ¡ése
es un cambio de mentalidad!».
«¡Diste en el clavo, Tracey!», contesté. «Se trata de un cambio de
mentalidad. Cambiar la forma en que piensas. Ya no ves tu empleo ni tu
sueldo como tu sostén de vida, ¿verdad?».
«Para nada», respondió. «Toda mi vida pensé que sólo había una forma
de hacer dinero y era a través del sueldo del trabajo. Y podía ganar tanto
como alguien estuviera dispuesto a pagarme, lo cual es una cantidad limitada.
Ahora mi mente ha cambiado y pienso que la cantidad de dinero que puedo
ganar es ilimitada. Ese pensamiento por sí solo ha hecho que estos últimos
dos días sean invaluables».
Leslie dijo: «Hasta que empezamos todas estas conversaciones pensaba
que la única forma en que podría ganar más dinero era con un empleo
adicional. Yo también pensaba que el sueldo era el rey. Me agota pensar en
un segundo o tercer empleo. Ahora veo mi empleo actual como una simple
herramienta para ayudarme a lograr mi meta: alcanzar la libertad financiera.
Abordaré mi trabajo en la galería de arte desde un punto de vista distinto.
Abordaré muchas cosas desde otra perspectiva, porque mucho de mi tiempo
se iba en preocuparme por las cuentas y ser capaz de hacer las cosas que
deseo. Por primera vez puedo ver la luz al final del túnel. No debo volver a
preocuparme al respecto. ¡Simplemente debo actuar!».
El cambio empieza conmigo
«Es gracioso cómo las cosas cambian a tu alrededor cuando tú cambias»,
comenté.
«Eso es muy cierto», Leslie estuvo de acuerdo. «Veo mi empleo de
manera distinta. Veo a mi jefe de manera distinta. Incluso veo mis cuentas de
manera distinta. Pero mi empleo, mi jefe y mis cuentas no han cambiado en
lo absoluto. ¡Yo cambié! Me pregunto si veré a mi exmarido de manera
distinta. Los milagros pueden suceder».
Pat rió: «Sé a qué te refieres. Yo llegué aquí esperando que mi marido
cambiara, pero no es él quien debe cambiar, soy yo. He pasado de pensar que
no puedo hacer esto sin él a saber que soy yo quien debe dar esos primeros
pasos. Mi intención todavía es que al final él se me una, pero depende de mí
que esto suceda. Es como quitarme un enorme peso de encima».
Agregué: «Quién sabe, puede ser que incluso encuentres algunos cambios
sorprendentes en él cuando regreses con tu cambio de mentalidad».
Pat sonrió ante la idea.
«Como parece que soy la organizadora del grupo», señaló Pat, «tengo una
propuesta. Hemos hablado sobre mantener el impulso que ha tenido lugar
estos dos días. Pienso que eso es muy importante».
«Apuesto a que vas a sugerir lo que estoy pensando», dijo Leslie.
«Propongo que durante los próximos seis meses tengamos una llamada de
una hora, una vez al mes, con las cuatro», recomendó Pat. «Como Tracey,
Leslie y yo apenas estamos empezando, sé que nos sería realmente útil. Y si
Kim estuviera dispuesta a ofrecer su experiencia, entonces pienso que
tendríamos algunas discusiones maravillosas, así como mayor éxito. ¿Qué
opinan?».
Las cuatro estuvimos de acuerdo. Pat se aseguró, en ese momento, de que
eligiéramos un día y una hora para la primera llamada.
Justo entonces apareció el mesero. «La dueña notó que las cuatro
obviamente están celebrando algo muy importante esta noche, de modo que
les ha enviado cuatro copas de champaña con sus felicitaciones. Les manda
decir: “Felicidades”».
Con alegría, agradecimos al mesero y a la dueña.
Esta vez, Tracey se puso de pie y anunció: «Un brindis. Gracias a todas
ustedes, por primera vez en mucho tiempo siento que tengo el control de mi
vida. ¡Brindemos por una vida maravillosa! Un brindis por la salud, por la
felicidad… ¡y por un flujo de dinero más allá de nuestros sueños más locos!
»¡Salud!».
Fin.
P. D. De regreso en mi casa, Pat revisó los mensajes en su celular. Había un
correo de voz de Janice. Exclamó: «¡En qué estaba pensando! ¿Acaso estaba
loca? El tipo no estaba buscando una relación, ¡buscaba un paseo gratis!
¡Vaya perdedor! No puedo creer que no me haya dado cuenta. ¡Ni siquiera
era tan guapo! Apuesto a que todas tuvieron dos días maravillosos juntas.
Desearía haber estado ahí. Estoy realmente enojada conmigo porque
desperdicié mi tiempo con ese tipo pensando que era mi futuro cuando pude
haber estado con ustedes cuatro creando mi futuro».
Un pensamiento final
Muchas personas dicen que el dinero no es lo más importante en la vida. Eso
puede ser cierto. Sin embargo, el dinero afecta todo lo que es importante:
salud, educación y calidad de vida.
Al final, el dinero compra una de dos cosas: la esclavitud o la libertad.
Esclava de tu empleo, de tus deudas y a veces incluso de tus relaciones. O
bien, libre de vivir tu vida como elijas hacerlo.
Al hacer que el dinero se convirtiera en algo importante en mi vida,
compré mi libertad. Eso es importante para mí… simplemente porque odio
que me digan qué hacer.
Glosario
Términos generales sobre
finanzas e inversión
ACCIONES COMUNES. Participación otorgada por la compañía que da al
comprador propiedad sobre ésta. Las acciones pueden o no pagar un
dividendo al comprador.
ACTIVO. Algo que pone dinero en tu bolsillo, trabajes o no. Los activos
incluyen bienes raíces, negocios y activos en papel como acciones, bonos y
fondos de inversión.
APALANCAMIENTO. Hacer más con menos.
BONOS. Puede tratarse de bonos municipales exentos de impuestos, bonos
corporativos o de Tesorería expedidos por el gobierno, que reflejan deuda por
la autoridad que los expide a cambio de pago de intereses al comprador.
CONTADOR. Persona con educación formal en contabilidad, mientras un
tenedor de libros no la tiene. Un contador manejará tus necesidades
financieras día a día incluyendo la preparación de tus estados financieros. Los
contadores también pueden preparar formas fiscales.
CONTADOR PÚBLICO CERTIFICADO. Ha aprobado un examen del Estado, que
le da el título de CPC. Hay muchos tipos y especialidades. No todos son
especialistas fiscales. Los CPC pueden ayudarte en aspectos de administración
de tu compañía (como jefes de contabilidad o directores ejecutivos de
finanzas), revisar tus estados financieros para propósitos de préstamos
(auditor) o ayudar con la planeación de tus impuestos (en otros países se
conoce como «contador en jefe»).
EFECTIVO. Cuenta de ahorros, dinero de fondos de mercado, certificados de
depósito.
ESTADO FINANCIERO. Hay varios tipos. Un estado de ingresos muestra un
registro detallado de ingreso y gastos para un periodo determinado. Un estado
de flujo de dinero detalla el dinero que entra y el que sale. Los individuos,
propiedades y negocios tienen su propio estado financiero.
FLUJO DE DINERO. La diferencia entre el dinero que entra a tu bolsillo como
ingreso y el que sale como gastos y deuda. El flujo de dinero puede ser
positivo o negativo.
GANANCIA DE CAPITAL. La diferencia entre el precio al que compraste una
inversión y el precio al que la vendiste, menos las mejoras realizadas y otro
dinero invertido en ella.
GANANCIA POR DINERO INVERTIDO. El objetivo de cualquier inversión:
cuánto ganarás (o perderás) por la cantidad de dinero que invertiste.
GANANCIA SOBRE LA INVERSIÓN (ROI, por sus siglas en inglés). La cantidad
de ingreso que recibes de una inversión dividido entre la cantidad total
invertida.
INGRESO DE PORTAFOLIO. Derivado de activos en papel como acciones,
bonos, fondos de inversión, etcétera.
INGRESO GANADO. El ingreso por el que trabajas.
INGRESO PASIVO. El que recibes por negocios en los que inviertes, regalías e
inversiones en bienes raíces de alquiler. Es el ingreso por el que no debes
trabajar.
MATERIAS PRIMAS. Recursos que incluyen oro, plata, cobre y otros metales
preciosos o productos alimenticios como puerco, trigo, maíz, etcétera.
PASIVO. Algo que quita dinero de tu bolsillo. Los pasivos incluyen artículos
como deudas de tarjeta de crédito, hipotecas, préstamos de auto, préstamos
escolares, etcétera.
PROPIEDAD INTELECTUAL. Un trabajo creativo original, como inventos, un
producto o marca de una compañía, que es tangible y puede protegerse
mediante una patente, marca o derechos registrados.
RIQUEZA. Según la definición de R. Buckminster Fuller, el número de días
que puedes sobrevivir sin trabajar por dinero, manteniendo tu nivel de vida.
TENEDOR DE LIBROS. Lleva un registro de tus cuentas. En la mayoría de los
casos, querrás un tenedor de libros de «peso completo», que pueda pagar
cuentas, clasificarlas adecuadamente, rastrear cuentas por cobrar y por pagar,
hacer nóminas y preparar estados financieros. Algunos tenedores de libros
organizarán la información para un contador, quien luego prepara los estados
financieros y formas fiscales.
Términos de bienes raíces.
AGENTE DEL CIERRE. Agente de tu elección (abogado, agente de
fideicomiso, representante de la compañía de cierres o agente de cierres
profesional), que maneja todos los aspectos de la transacción.
AGENTES HIPOTECARIOS. Profesionales que juntan a instituciones
financieras con dinero para prestar, con inversionistas que lo necesitan.
AMORTIZACIÓN. Pago gradual de una deuda mediante montos periódicos que
cubren tanto el capital como los intereses.
APALANCAMIENTO. En bienes raíces, pedir dinero a un prestamista
financiero para comprar una propiedad es una forma de apalancamiento. Tú
pones un pequeño porcentaje del dinero, el banco te presta el resto y tú
compras el 100% de la propiedad.
AVALÚO. Un estimado u opinión del valor de una propiedad realizado por
una persona imparcial calificada en análisis y avalúo de bienes raíces.
AVISO. Periodo de tiempo, estipulado por escrito, antes de que una acción
establecida tenga lugar. Los contratos de arrendamiento por lo general
especifican el tiempo de aviso que el arrendador debe dar al inquilino antes
de inspeccionar la propiedad, cobrar honorarios atrasados o comenzar el
proceso de desahucio.
BIENES RAÍCES. Terrenos y edificios.
CERTIFICADO DE DESESTIMACIÓN DE DEMANDA. Documento escrito por
cada inquilino donde se estipula la cantidad de renta que paga y si se ha
prometido alguna concesión al inquilino durante el resto del término del
contrato.
CIERRE. Proceso mediante el cual una propiedad pasa del vendedor al
comprador. Los cierres incluyen la entrega de un título de propiedad, ajustes
financieros, firma de pagarés y desembolso de fondos necesarios para
completar la venta.
CONTINGENCIA. Una condición en el formato de oferta o contrato que debe
cumplirse antes de que el trato pueda seguir adelante.
CONTRAOFERTA. Respuesta a una oferta de comprar una propiedad que
introduce términos o condiciones nuevos o distintos.
CONTRATO DE ARRENDAMIENTO. Un acuerdo legal entre el arrendador y el
arrendatario por ocupar la propiedad de alquiler. Un contrato estipula todos
los términos y condiciones de la relación entre arrendador y arrendatario.
CONTRATO DE COMPRA DE BIENES RAÍCES. También conocido como
acuerdo de venta, es un acuerdo legal entre comprador y vendedor que
estipula los términos y condiciones de la venta de una propiedad de bienes
raíces.
CONTRATO POR SERVICIOS. Acuerdo escrito para un proveedor de
mantenimiento, como jardinero, plomero, electricista o empleado que arregla
varias cosas, para llevar a cabo reparaciones de mantenimiento de rutina y/o
servicios de emergencia. Los contratos por servicios valen la pena cuando
tienes varias propiedades y te piden servicio con frecuencia.
COSTOS DE CIERRE. En los que se incurre para terminar una transacción de
bienes raíces.
COSTOS DE SEGREGACIÓN. Una estrategia de contabilidad que permite que
deprecies tu propiedad a una tasa acelerada.
DESAHUCIO. Proceso que consiste sacar legalmente a un inquilino de una
unidad o propiedad de alquiler. Los desahucios están garantizados si no se
paga la renta o si se rompen de alguna otra forma los términos del contrato.
DEUDA. Hipoteca o préstamo sobre una propiedad.
DILIGENCIA DEBIDA. Un proceso de investigación que proporciona
información precisa y completa respecto de los atributos físicos, financieros y
legales de una propiedad.
ENGANCHE. Dinero que se paga al vendedor en el cierre; representa un
porcentaje del precio de compra. Distintos tipos de préstamos pueden requerir
de distintos porcentajes como enganche.
FIDEICOMISO. Dinero o propiedad colocado en custodia de un tercero hasta
que se cumplan ciertas condiciones.
FINANCIAMIENTO DEL VENDEDOR. El vendedor actúa como el banco y
financia alguna parte del precio de venta al comprador. El comprador paga al
vendedor el capital y los intereses acordados.
FORMA DE OFERTA. También conocida como carta de intención de llegar a
un acuerdo para comprar una propiedad específica de un tercero.
GANANCIA DE EFECTIVO SOBRE EFECTIVO. En bienes raíces, es una cifra en
porcentaje que se obtiene al dividir el flujo de dinero anual de una propiedad
entre la cantidad de dinero que se invierte en ella (por lo general, el enganche
al cerrar el trato).
GASTO DE VIVIENDA MENSUAL (PITI, por sus siglas en inglés). Abreviación
de las siglas en inglés para capital, intereses, impuestos y seguro. El acrónimo
se usa para describir lo que debería incluirse en el pago mensual de un
préstamo hipotecario.
HIPOTECA. Acuerdo escrito que da al prestamista un interés sobre la
propiedad, así como seguridad por el préstamo.
HONORARIOS ORIGINADOS. Cargos hechos a un prestatario, establecidos
como un porcentaje de la cantidad del préstamo, por costos y honorarios
asociados con conseguir el préstamo.
INTERÉS. La cantidad, expresada como porcentaje, del total que un
prestamista cobra a quien solicita un préstamo.
LEYES DE DIVISIÓN DE ZONAS. Regulaciones que gobiernan el uso de tierra,
densidad de población, uso y tamaño de los edificios. Fijadas por los
gobiernos locales, las leyes de división de zonas por lo general cambian
conforme se desarrollan las comunidades.
MANTENIMIENTO DIFERIDO. Reparaciones y mantenimiento necesarios que
no ha hecho el vendedor. El mantenimiento que ha sido diferido puede
representar una oportunidad en un trato, pues te permite negociar el precio.
PATRIMONIO NETO. El valor de una propiedad de bienes raíces menos la
hipoteca y otros pasivos relacionados con ella.
PENALIZACIÓN POR PAGO ANTICIPADO. Cuota que se cobra al prestatario si
el préstamo hipotecario se cubre antes del término.
PRÉSTAMO ASUMIBLE. Préstamo por una propiedad que el vendedor es capaz
de transferir al prestatario.
PRÉSTAMO «GLOBO». Préstamo hipotecario en el que la cantidad restante se
debe por completo y se paga en una fecha específica, predeterminada. Los
préstamos «globo» pueden tener una mejor tasa de interés, pero tendrás que
estar preparada para pagar lo que resta del préstamo en una sola exhibición (u
obtener un nuevo préstamo) en el momento especificado.
PROCESO EJECUTIVO HIPOTECARIO. Proceso legal donde se termina una
hipoteca y el prestamista toma posesión de la propiedad. Los procesos
ejecutivos hipotecarios por lo general ocurren cuando no se realizan pagos.
PRO-FORMA. Estado financiero calculado que muestra ingreso, gastos y
términos financieros, por lo general basado en números supuestos, no reales.
PROPIEDAD POR REHABILITAR. Necesita reparaciones y renovación.
PUNTO. Uno por ciento de la cantidad del préstamo hipotecario. Un punto es
un cargo adicional que hace el prestamista al momento en que se origina el
préstamo como cargo u honorarios por servicio.
RELACIÓN PROPORCIONAL DEL PRÉSTAMO SOBRE EL VALOR. La cantidad
de un préstamo hipotecario en comparación con el valor de la propiedad
comprada. Una casa de 100 000 dólares con un préstamo de 80 000 tiene una
relación proporcional del préstamo sobre el valor de 80%.
REPORTE DE CRÉDITO. Un análisis, proporcionado por una asociación
crediticia local, de la capacidad de un individuo para pagar la deuda.
RESPUESTA AL PRÉSTAMO. Aprobación o rechazo formal de un préstamo
con base en la habilidad del comprador para pagar el préstamo y el valor de la
propiedad como colateral.
SEGURO HIPOTECARIO PRIVADO (SHP). Seguro contra fallos que expide una
compañía sobre préstamos hipotecarios convencionales. Dicho seguro por lo
general es exigido cuando el enganche es menor a 20 por ciento.
TASA DE HIPOTECA AJUSTABLE. Préstamo hipotecario cuya tasa de interés
cambia periódicamente durante el lapso del préstamo.
TASA DE PORCENTAJE ANUAL (TPA). Tasa efectiva de interés para un
préstamo. La TPA refleja todos los costos de financiamiento, incluyendo
puntos, honorarios y otros cargos y, por lo general, es más alta que la mera
tasa de interés.
TASA DE VACANTES. Cifra que representa el porcentaje de unidades no
rentadas o bien el porcentaje de tiempo en que una sola unidad permanece sin
rentarse durante el año.
TASA HIPOTECARIA FIJA. Préstamo hipotecario cuya tasa de interés es fijada
para una parte o todo el término del préstamo. La tasa de interés por lo
general será más alta que la hipotecaria ajustable.
TASA INTERNA DE RETORNO. Ganancia sobre una inversión que asume que
todo el ingreso (pasivo / flujo de dinero) que recibes de inmediato se
reinvierte de modo que estarías obteniendo una ganancia por ese dinero
también.
TÉRMINO. Periodo de tiempo en que un préstamo debe ser cubierto.
TÉRMINOS DEL FINANCIAMIENTO. Especifican el tipo de préstamo
disponible (nuevo, financiamiento del vendedor, asumible, etcétera), la
cantidad que será financiada, así como una tasa de interés calculada.
TÍTULO DE PROPIEDAD. Documento legal que prueba que se es dueño de una
propiedad específica.
TOPE. El límite, expresado como porcentaje, en la cantidad de un incremento
cargado por un prestamista según los términos de una tasa hipotecaria
ajustable. Los límites protegen al prestamista de incrementos fuertes e
inesperados en la tasa de interés. La tasa de capitalización es el Ingreso
Operante Neto dividido entre el precio de compra. No toma en consideración
la deuda. Es un indicador del valor de la propiedad. Una regla empírica
general es que cuanto más alta es la tasa de capitalización, más bajo es el
precio de la propiedad relativo a su valor. Cuanto más baja es la tasa de
capitalización, más alto es el precio relativo a su valor.
TRÁMITES DE PRÉSTAMO. El papeleo involucrado en préstamos hipotecarios.
VENCIMIENTO. Fecha en que se paga por completo un préstamo.
VENTA DIRECTA DEL PROPIETARIO (FSBO, por sus siglas en inglés). Una
propiedad que se vende sin contratar los servicios de un profesional en bienes
raíces.
Términos para analizar en las propiedades de inversión.
PRECIO POR UNIDAD. Precio de compra o precio que se pide por una
propiedad dividido entre el número total de unidades de alquiler.
PRECIO POR METRO CUADRADO. Precio de compra o precio que se pide por
una propiedad dividido entre el total de metros cuadrados rentables.
COMPONENTES DEL INMUEBLE. Tipo de unidades de una propiedad, por
ejemplo, estudio, 1 recámara / 1 baño, 2 recámaras / 1 baño, y la cantidad de
cada tipo.
RENTA POR METRO CUADRADO. Divide la renta de una unidad entre el total
de metros cuadrados que tiene. La renta por metro cuadrado te da una imagen
más precisa al comparar rentas de propiedades similares.
INGRESO BRUTO. Calculado mensual o anualmente, es el total del ingreso de
todas las unidades rentadas o no.
TASA DE VACANTES. Porcentaje de renta que no cobras con base en las
unidades desocupadas. Si tu ingreso bruto es de 1000 dólares y tu tasa de
vacantes es 10%, entonces cobrarás 1000 - 100 = 900 dólares.
OTRO INGRESO. Ingreso adicional por lavandería, estacionamiento, máquinas
dispensadoras, etcétera.
PÉRDIDA RESPECTO DEL MERCADO DE ARRENDAMIENTO. Ocurre cuando
estás cobrando rentas por debajo del mercado. Para calcularla, resta las rentas
que recibes a la renta promedio del mercado.
GASTOS DE OPERACIÓN. Todos los gastos atribuidos a la operación de la
propiedad.
INGRESO OPERANTE NETO. Ingreso cobrado, menos los gastos de operación
totales.
DEUDA O DEUDA POR SERVICIO. Deuda o pago hipotecario sobre una
propiedad.
FLUJO DE DINERO. La ganancia o pérdida de una propiedad de inversión. El
cálculo del flujo de dinero es el ingreso total cobrado, menos los gastos de
operación, menos las deudas.
GANANCIA SOBRE INVERSIÓN. Cantidad de flujo efectivo anual dividido
entre la cantidad de dinero que invertiste en el trato (principalmente el
enganche). Se muestra como un porcentaje.
Términos de activos en papel.
ACCIONES COMUNES. Participaciones en una corporación. En un inicio, las
vende la corporación y luego se comercian entre inversionistas, quienes las
compran, esperan ganar dividendos como su parte de las ganancias y que el
precio de la acción suba, de modo que su inversión valga más. Las acciones
comunes no ofrecen garantías de desempeño, pero con el tiempo han
producido mejor ganancia que otras inversiones.
ACCIONES DE PRIMER ORDEN. El nombre en inglés (blue chip stocks) es un
término prestado del póquer, donde las fichas azules son las más valiosas y se
refiere a las acciones de las corporaciones más grandes con ganancias más
consistentes. La lista no es oficial… y cambia.
ACCIONES NO COTIZADAS, (OTC por sus siglas en inglés): Acciones de más
de 28 000 compañías pequeñas y nuevas, comercializadas en la bolsa de
acciones no cotizadas. El término en inglés se originó en la época en que se
compraban las acciones libremente a un corredor local.
ACCIONES ORDINARIAS. Interés de propiedad que tienen los accionistas en la
acción de una corporación en oposición a los bonos.
ACCIONES PREFERIDAS. También son participaciones expedidas por una
corporación y comercializadas por inversionistas. En un inicio las vende la
corporación y luego se comercializan entre inversionistas.
AMEX (Bolsa de Valores de Estados Unidos, por sus siglas en inglés). La
Bolsa de Intercambio Exterior de Nueva York fue fundada en 1842. Su
nombre lo dice todo: el comercio en realidad tenía lugar en la calle hasta que
pasó al interior en 1921. En 1953 se convirtió en la Bolsa de Valores de
Estados Unidos (American Stock Exchange).
BOLSA DE VALORES DE NUEVA YORK, (NYSE por sus siglas en inglés). La
Bolsa de Valores de Nueva York proporciona las facilidades para el
intercambio de acciones y las reglas según las cuales se realiza el
intercambio. No tiene responsabilidad en fijar el precio de una acción, el cual
resulta de la oferta y la demanda y del proceso de comercialización.
BONOS MUNICIPALES. El encanto no tan secreto de los bonos municipales es
su estatus libre de impuestos. Los inversionistas no tienen que compartir sus
ganancias con Hacienda o las autoridades fiscales estatales.
CAPITAL DE RIESGO. Importante fuente para financiar compañías que
empiezan u otras que se embarcan en un nuevo giro que trae consigo algún
riesgo de inversión, pero ofrecen el potencial de ganancias futuras por encima
del promedio.
COMISIÓN DE CAMBIO Y SEGURIDAD DE LAS ACCIONES DE LA BOLSA DE
ESTADOS UNIDOS (SEC por sus siglas en inglés). Tras la Gran Depresión y
los escándalos de comercio de acciones que ésta expuso, el gobierno de
Estados Unidos creó la Comisión de Cambio y Seguridad en 1934. Su misión
es regular las actividades de quienes comercializan acciones.
CONTRATO DE DERIVADOS. Su valor está basado en el desempeño de un
índice, activo financiero subyacente u otra inversión.
CORREDOR DE BOLSA. Empleado de un mercado bursátil,
miembro/corredor/negociante que actúa como ejecutivo de cuenta para los
clientes.
DIVIDENDO. Distribución de ganancias a los accionistas, prorrateada por tipo
de valor y pagado en forma de dinero, acciones, pagarés o, en pocas
ocasiones, productos o propiedad de la compañía.
FONDO DE PROTECCIÓN. Sociedades de inversión privadas (para
inversionistas de Estados Unidos) o una corporación de inversiones en el
extranjero (para inversionistas exentos de impuestos o que no están en
Estados Unidos) en las que el socio general ha hecho una inversión sustancial
personal y cuyo memorando permite que el fondo tome tanto las posiciones
largas como las cortas, use apalancamiento y derivados e invierta en muchos
mercados.
FONDOS DE INVERSIÓN. Portafolio de acciones o bonos administrado
profesionalmente.
FRACCIONAMIENTO DE ACCIONES. Más acciones creadas a un precio más
bajo. Los accionistas se benefician si el precio vuelve a subir.
FRACCIONAMIENTO INVERSO. En un fraccionamiento inverso intercambias
más acciones por menos, digamos diez por cinco, y el precio incrementa
según corresponde. Los fraccionamientos inversos a veces se usan para elevar
los precios de una acción.
FUTUROS. Son obligaciones para comprar o vender una materia prima
específica, como maíz u oro, en un día específico y por un precio
predeterminado.
GANANCIAS POR ACCIÓN. Se calculan dividiendo el número de acciones
entre la ganancia. Si las ganancias incrementan cada año, la compañía está
creciendo.
MERCANCÍAS. Las mercancías son materias primas: el trigo del pan, la plata
de los aretes, el petróleo de la gasolina y mil productos más. Los precios de
las mercancías (o materias primas) están basados en la oferta y la demanda.
NASDAQ (Cotizaciones Automatizadas de la Asociación Nacional de
Corredores de Bolsa). El hogar principal de las compañías más importantes y
de mayor crecimiento de Estados Unidos, así como de compañías
Internacionales que comercian acciones en el Nasdaq de Estados Unidos. En
tiempo real se transmiten cotizaciones a través de una computadora
internacional y la red de telecomunicaciones a más de 1.3 millones de
usuarios en 83 países.
OFERTA PÚBLICA INICIAL (IPO por sus siglas en inglés). Para hacer pública
una compañía, lo cual significa hacer posible que los inversionistas compren
la acción, la gerencia hace una oferta pública inicial.
OPCIÓN DE VENTA A PRECIO FIJADO.
COMPRA. Derecho a comprar el artículo subyacente al precio
subsidiado hasta la fecha de expiración.
VENTA. Vender el derecho a que te compren el artículo subyacente al
precio subsidiado hasta la fecha de expiración. Se conoce como escribir
una opción.
OPCIONES DE COMPRA.
COMPRA. Derecho a comprar el artículo subyacente al precio
subsidiado hasta la fecha de expiración.
VENTA. Derecho a que te compren el artículo subyacente al precio
subsidiado hasta la fecha de expiración. Se conoce como escribir una
opción.
PRODUCCIÓN DE DIVIDENDOS. Porcentaje anual de ganancia obtenido por un
inversionista sobre una acción común o preferida. La producción se
determina dividiendo la cantidad de dividendos anuales por acción, llamado
dividendo indicado, entre el precio actual del mercado por participación de la
acción.
PROMEDIO INDUSTRIAL DOW JONES (DJIA, por sus siglas en inglés). Índice
que mide el desempeño del mercado sobre sus 30 acciones en el transcurso
del tiempo.
PROSPECTO DE COLOCACIÓN. Oferta formal por escrito para vender valores
que arman el plan de un negocio propuesto, o hechos concernientes a uno ya
existente que un inversionista necesita para tomar una decisión informada.
RENDIMIENTO SOBRE ACCIONES ORDINARIAS. Porcentaje calculado al
dividir las ganancias de una compañía por acción entre su valor de libro.
TIPOS DE BONOS.
BONOS CORPORATIVOS. Ideales para los inversionistas, pues las
compañías los usan en vez de adquirir préstamos bancarios para
financiar la expansión y otras actividades.
BONOS DE LA AGENCIA. Los más populares y mejor conocidos son los
bonos de la asociación hipotecaria, que reciben los apodos Ginnie Mae,
Fannie Mae y Freddie Mae. Muchas agencias federales y estatales
también expiden bonos y recaudan dinero para su operación y
proyectos.
BONOS DE LA TESORERÍA DE ESTADOS UNIDOS. La Tesorería de
Estados Unidos ofrece tres opciones: bonos, cuentas y pagarés. Una
diferencia clave es su término, de trece semanas a 30 años.
BONOS MUNICIPALES. Más de un millón de bonos municipales son
expedidos por estados, ciudades y otros gobiernos locales para pagar
por construcciones y otros proyectos.
BONOS Y NOTAS DEL ERARIO. Esta deuda a largo plazo es expedida
por el fondo del gobierno federal para mantener en marcha las
operaciones y pagar intereses de la deuda nacional.
CUENTAS DE LA TESORERÍA. Son el mayor componente del mercado
del dinero, el mercado para valores de deuda a corto plazo. El gobierno
las usa para elevar el dinero para gastos inmediatos a tasas más bajas
que los bonos o pagarés.
VALOR EN LIBROS. Es la diferencia entre los activos y los pasivos de una
compañía. Un valor de libro bajo o reducido de mucha deuda, por ejemplo,
significa que las ganancias de la compañía serán limitadas incluso si hace
muchos negocios. A veces un valor de libro bajo significa que los activos
están subestimados; los expertos consideran que esas compañías son buenas.
VENDER EN CORTO. La venta de un contrato por un valor o materia prima del
cual no es dueño el vendedor; técnica usada 1) para aprovechar un declive
anticipado en el precio o 2) para proteger la ganancia en una posición larga.
KIM KIYOSAKI. Con su pasión por educar a las mujeres sobre el dinero y la
inversión, Kim Kiyosaki ha reunido la experiencia de toda una vida en los
negocios, bienes raíces e inversión, cuyo objetivo siempre ha sido apoyar la
educación financiera. Kim ha sido invitada a The Larry King Show, FOX
News y al programa de televisión por Internet, A Brave Heart View. Además
ha sido anfitriona del programa PBS Rich Woman. Kim fue presentada
recientemente como defensora de la educación financiera en la revista
Essence, y es columnista de la revista on-line WomanEntrepreneur.
Además de ser una mujer que se convirtió en millonaria por sus propios
medios, Kim está felizmente casada (aunque defiende su independencia
económica con furia). Mujer millonaria, el primer libro de Kim, fue
bestseller de Business Week. Mujer millonaria es bestseller en muchos
países, incluyendo México, Sudáfrica, India, Australia, Nueva Zelanda y
otras naciones europeas. Sobre Mujer millonaria, Donald Trump dijo: «Este
libro es una lectura obligatoria para todas las mujeres. Actualmente, más que
nunca, las mujeres necesitan conocimientos financieros». El libro Mujer
millonaria también fue incluido en la Lista de Lecturas de Donald Trump de
2009.
Kim Kiyosaki y su esposo, Robert Kiyosaki, saben bien lo que es estar en la
situación de crisis financiera que muchos norteamericanos enfrentan
actualmente. En los ochenta estuvieron sin hogar ni empleo y con una deuda
de más de 400 000 dólares. En aquellos tiempos tan difíciles, crearon y
siguieron una fórmula de 10 pasos para salir de la deuda mala. Luego
compartieron la fórmula a través del CD Cómo salir de la deuda mala. Hoy
en día son exitosos empresarios y autores de diversos bestsellers.
Además, Robert y Kim Kiyosaki crearon el juego de mesa CASHFLOW en
1996 para enseñar las estrategias financieras y de inversión que Padre Rico
pasó años transmitiéndole a Robert. Esas mismas estrategias les permitieron
retirarse jóvenes. Actualmente hay miles de clubes de CASHFLOW en todo el
mundo.
En 1997, Kim y Robert fundaron The Rich Dad Company. Esta empresa
transmite el mensaje y misión de conocimiento financiero de Padre Rico, a
través de libros, juegos y otras herramientas didácticas, y ha sido reconocida
y alabada en todo el mundo.